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Un
juguete, un esclavo
Juan
Carlos Galindo*
A principios de diciembre,
en un polígono próximo a la ciudad de Madrid la
policía se incautó de varios cientos de miles de
juguetes falsos que imitaban a las grandes marcas del mercado.
Estilizadas muñecas Barbie o elásticos Spiderman
para llenar más de diez camiones.
Las autoridades y
los medios de comunicación alertaban al unísono del
peligro moral de comprar estos juguetes: no sólo se
trataba de falsificaciones sino que, además, estaban
fabricados en China, en factorías donde trabajan menores y
donde, a diario, se violan los más elementales derechos de
los trabajadores. Lástima que se les olvidase un pequeño
detalle: todos los grandes de la industria juguetera y sus
distribuidores, todas ellas legales y prestigiosas
multinacionales, llevan a cabo las mismas prácticas.
Factorías
y cárceles
Al igual que ha ocurrido con otras
actividades, China ha ido copando el mercado de los juguetes
hasta hacerse con más del 90 por ciento de la producción
mundial. Durante años, hasta la región sureña
de Guangdong han llegado millones de chinos guiados por la
esperanza de subirse al tren del desarrollo. Originarios de las
zonas rurales del país, pronto se ven presas de un sistema
esclavista que les condena a la miseria y les niega la
oportunidad que buscaban.
Las ciudades de Shantou y
Dongguan se han convertido en el eje central de esta gran
industria. Cientos de miles de metros cuadrados inundados de
talleres de ensamblaje de juguetes.
Según denuncia
el National Labour Committee,
(NLC, organización estadounidense que lucha por los
derechos de los trabajadores en todo el mundo), en estas
factorías se trabaja a destajo para cumplir con los
encargos navideños. Es la temporada alta y los horarios se
extienden desde las 8 de la mañana hasta altas horas de la
noche. Quince horas de trabajo diario, siete días a la
semana. O lo que es lo mismo: más de 100 horas a la semana
a 12 céntimos de euro la hora. La posibilidad de ir al
baño se limita a una vez cada siete horas. Si el
trabajador sobrepasa el límite es multado.
Si
permanece más de cinco minutos fuera de su lugar de
trabajo, también. Los míseros sueldos se reciben
con varios meses de retraso y está prohibida cualquier
forma de organización. Al fondo de los inmensos polígonos
industriales se sitúan, medio escondidas, ciertas
factorías-cárceles. Según describe el
periodista español David Jiménez en su reportaje
"Explotados por los reyes
magos", estas empresas, que tienen
registrados los edificios como naves industriales vacías,
han instalado verjas en las ventanas y puertas blindadas y han
rodeado el edificio de guardias más atentos de vigilar a
los empleados que de proteger la mercancía.
Después
de una interminable jornada de trabajo todos los empleados
duermen en la misma fábrica, en cuartos de veinte metros
cuadrados compartidos por más de veinte trabajadores. Es
en estas granjas de esclavos, en estos lugares ajenos a la
civilización y los derechos humanos donde las grandes
multinacionales fabrican, directamente o por concesión,
los juguetes de los niños occidentales.
Lucrativo
negocio
Ya en 2002, el NLC acusaba a Mattel,
Wall-Mart, Toys R Us, Disney y Hasbro de servirse
de sus factorías en el gigante asiático para
reducir drásticamente los gastos de producción, a
pesar de las continuas vejaciones a las que eran sometidos los
trabajadores. Poco después, el diario The Washington Post,
poco sospechoso de veleidades izquierdistas, ratificó el
horror con la publicación de un extenso reportaje.
Quizás
el paradigma de este sistema de explotación sea Wall-Mart.
El gigante estadounidense bien podría cambiar su lema
"Precios siempre bajos, siempre" por el de "Precios
siempre bajos, cueste lo que cueste". Y es que la mayor
distribuidora del mundo no descarta ninguna medida a la hora de
cumplir con su famoso lema. Según denuncia el NLC en su
informe "Toys Of Misery" (febrero de 2004), Wall-Mart
trabaja con más de 4.000 factorías en China. En
concreto tiene contratada la fabricación de cuatro
millones de peluches en los próximos dos años en
una factoría de Mou Yip, donde miles de trabajadores
llevan desde marzo completando jornadas de 15 horas para cumplir
con el encargo.
Pero Wall-Mart está lejos de ser el
único culpable. Mattel,
por ejemplo, tiene 8.000 empleados en sus fábricas del sur
de China. Allí se elabora el nuevo accesorio de Barbie: un
ordenador portátil de plástico que alcanzará
en el mercado un precio de 50 euros, equivalente a más de
400 horas de trabajo en la factoría Mattel.
Las
empresas lo niegan todo y se escudan en sus códigos de
conducta que, como no podía ser de otra manera, prohíben
tajantemente este tipo de actividades. Pero la realidad es
tozuda. Estas multinacionales no pueden negar que fabrican sus
juguetes en China y, como ha quedado comprobado, conocen y pasan
por alto lo que ocurre en sus factorías. De hecho,
el informe "Toys Of Misery"
recoge abundante documentación al respecto (como varios
cuestionarios que obligan a aprender a los trabajadores chinos
con las respuestas a las preguntas que pueden hacerles los
inspectores) y acusa a las multinacionales de organizar
auténticas farsas a modo de investigación.
Es
cierto que en muchas ocasiones no actúan directamente sino
a través de intermediarios de Hong Kong que les permiten
lavarse las manos. Es el caso de Foreway
Industrial China, donde se trabajan 18 horas al
día por 10 céntimos la hora. Allí se
fabrican los muñecos
oficiales de la NFL, la NBA, así como
coches teledirigidos y otros juguetes para Wall-Mart, Disney y
Hasbro.
El grado de explotación ha llegado a tal
punto que la industria teme una crisis futura. En efecto, a pesar
de contar con más de 750 millones de pobres, la industria
china del juguete empieza a tener dificultades para encontrar
trabajadores. Quizás se vean obligados a subir los
salarios con el consiguiente aumento de los costes de producción.
Si lo hacen, hay quienes han amenazado con trasladar esa
industria que niegan tener a otro país del Tercer Mundo.
Para evitarlo, China ha empezado a emplear de manera
significativa a niños en la fabricación de
juguetes. Son especialmente buenos porque sus pequeñas
manos les permiten operar con más facilidad. Además
no se quejan y su capacidad de organizarse es nula.
Probablemente, ni siquiera sepan la felicidad que esos juguetes
van a originar en millones de niños occidentales. Pues
eso, Feliz Navidad.
_____________ *Periodista Agencia
de Información Solidaria
infosolidaria@infosolidaria.org
EL
GRANO DE ARENA Correo de información ATTAC n°272
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