Informe de la XVI delegación astur en Colombia

Vamos compartiendo el INFORME.

En inglés, traducido por Gloria Anuxa García Ramos
En asturiano traducción de Xosé Firmu García Cosío
En castellano.
En portugués.
En francés.

Presentación
(por Tino Brugos de Confederación Intersindical-Suatea)

La Delegación asturiana de vuelta…!!!

Un año más –y con este ya van dieciséis- salió con destino a Colombia la Delegación anual de verificación para el cumplimiento de los DDHH en ese país. A estos años, habría que añadir la fase previa de funcionamiento del Programa de Acogida Temporal que, como quien no quiere la cosa, cumple ya veinte años de trabajo y experiencia acumulada.

En esta ocasión, la XVI Delegación hizo su trabajo durante la primera quincena de marzo de 2020, dejando cumplida casi toda la agenda de actividades previstas. Se trata, sin duda, de la Delegación que tendrá más fácil su paso a la pequeña historia del movimiento de solidaridad, la de la pandemia del coronavirus que, a punto estuvo de complicar seriamente su retorno desde Colombia, de ahí que, en ambientes asociativos y familiares, se escuchara un suspiro de cierto alivio cuando los componentes de la Delegación fueron alcanzando tierra asturiana tras un atropellado retorno. Finalmente, la Delegación asturiana volvió y se dispone a informar y transmitir testimonio de lo visto y vivido en tierras colombianas.

Este año fuimos diez las personas que formamos el contingente solidario. Al final nueve, debido al luctuoso fallecimiento familiar que impidió a uno de los componentes, Rafa Palacios, participar en la misma. Una Delegación en la que había veteranos de años anteriores y gente que participábamos por primera vez, hombres y mujeres, de diferentes rangos generacionales, con valores compartidos de compromiso solidario, humanismo y ternura, rabia e indignación, deseosa de ayudar a construir un mundo respetuoso en el que todas personas tengan derecho a existir, vivir libremente y poder opinar. Todos estos valores y aspiraciones, a partes iguales, son el compromiso que nos llevó a conocer e intentar explicar una situación de injusticia y violencia que tiende a perpetuarse en el tiempo, afectando a la gente más pobre y necesitada. A verdaderos parias de la tierra que han conocido guerra y muerte, expulsiones de sus tierras ancestrales, persecuciones por buscar la verdad de hechos atroces, amenazas por atreverse a difundir sus sueños utópicos para una sociedad diferente y mejor. Mucho mejor.

Mención especial merece la presencia este año de un corresponsal de Radio Nacional de España (RNE). Contamos con la presencia de Eduardo Sanz como periodista empotrado que nos acompañó durante todo el viaje de la Delegación. No sabemos si esta circunstancia pone a nuestro proyecto al mismo nivel que las grandes operaciones militares del Pentágono norteamericano, pero sí pensamos que su presencia contribuye a reforzar la legitimidad y el aval de esta y de las anteriores Delegaciones de verificación. Este dato no debería de pasar inadvertido para las autoridades asturianas, a las que año tras año, se les pide reforzar el Programa de Acogida y participar en las visitas de verificación. RNE, la radio pública, tuvo claro que estaba ante una buena oportunidad para conocer de primera mano la opinión de la sociedad civil colombiana en un momento crucial en el que se extiende el desencanto ante el mantenimiento de graves niveles de violencia. Por desgracia, en Colombia no se puede hablar de postconflicto. Como mucho, de posttacuerdo.

Precisamente sobre el escenario existente después de la firma del Acuerdo de La Habana es sobre el que se movió la Delegación. Lo hizo en unos momentos en los que se consolidaba la tendencia, ampliamente denunciada a nivel interno e internacional, de perseguir, silenciar y asesinar a decenas de líderes y lideresas de la sociedad civil tal como denunciaban informes de Naciones Unidas o Amnistía Internacional.

La existencia de quince experiencias previas, permitió que el viaje se desarrollara con un intensivo trabajo que permitió recorrer una parte significativa del territorio colombiano en poco más de una semana y entrevistarse con decenas de organizaciones y colectivos sociales, asistir a Cabildos con autoridades indígenas o a sesiones en las que se recogieron decenas de denuncias individuales de violaciones de derechos fundamentales.

Todo ello no impidió conocer, en primera persona, las difíciles condiciones en las que se desarrolla el activismo en ese país. Durante nuestra visita, fuimos testigos de amenazas en contra de la vida de algunos de nuestros anfitriones (en Casanare), lo que rápidamente denunciamos por medio de un comunicado que tuvo cierta repercusión sobre el terreno. Igualmente pudimos observar las difíciles condiciones de vida de campesinos expulsados de sus tierras comunitarias en el Chocó, que luchan por la recuperación de sus territorios ancestrales en medio de un cerco permanente por parte de grupos paramilitares que les impiden moverse libremente por la zona del bajo Atrato. Coincidió nuestra presencia con atentados contra activistas y docentes, como en el caso de Sara Fernández, de la Universidad de Antioquia. Nos reunimos en sedes que contaban con un servicio de vigilancia y seguridad, nos desplazamos en vehículos blindados, llamados eufemísticamente esquemas de seguridad. Conocimos también las claves del discurso militar oficial cuando nos entrevistamos con la máxima autoridad de la XVII Brigada del Ejército colombiano y nos informó de la inexistencia de grupos paramilitares en la zona, explicando con cinismo que esos grupos ya se habían disuelto hace tiempo. Valoramos las iniciativas del movimiento indígena, capaz de mantener una Guardia o de montar una Universidad desde la que garantizar la continuidad de su cultura y valores ancestrales.

Sin duda, una experiencia estimulante y apasionante. Tanto, que quienes fueron por primera vez, no ocultan su deseo de repetir la experiencia. Aunque quienes hacemos y presentamos este Informe de nuestra visita somos gente realista, no por ello vamos a dejar de soñar también un poco con nuestros mejores deseos. Ojalá, no sea necesaria una Delegación asturiana para el año 2022. Esto significaría que se habría alcanzado el anhelado escenario de paz y respeto a los Derechos Humanos. En ese caso, nuestra visita, la última, sería en el 2021, sin duda, sería una verdadera fiesta solidaria y de confraternización. Desde Asturies podríamos decir a nuestra sociedad civil, con plena satisfacción, deber cumplido.

Asturies. Estado Español. Mayo 2020

Año de la pandemia mundial COVID 19

Adjuntos Informe: en asturiano, en inglés, en castellano.