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Me conducen a los recuerdos de los primeros
años de mi vida, una edad en que los seres humanos suelen ser sumamente
activos.
LO QUE APRENDIMOS DEL VI
ENCUENTRO HEMISFERICO DE LA HABANA
Altercom*
Fidel Castro Ruz*
16 de mayo de 2007
María Luisa Mendonça trajo al Encuentro de La Habana el
impactante documental sobre el corte manual de caña en Brasil.
En una síntesis que elaboré, como en la reflexión
anterior, con párrafos y frases del original, la esencia de lo
que María Luisa expresó fue lo siguiente:
Sabemos
que la mayoría de las guerras en las últimas décadas
tienen como el factor central el control de fuentes de energía.
El consumo de energía es garantizado a sectores privilegiados,
tanto en los países centrales como en países periféricos,
mientras la mayoría de la población mundial no tiene acceso
a los servicios básicos. El consumo per cápita de energía
en Estados Unidos es de 13 000 kilowatts, mientras el promedio mundial
es de 2 429 y en América Latina el promedio es de 1 601.
El monopolio privado de fuentes de energía es garantizado por cláusulas
en Acuerdos de Libre Comercio bilaterales o multilaterales.
El papel de los países periféricos es producir energía
barata para los países ricos centrales, lo que representa una nueva
fase de la colonización.
Es necesario desmitificar la propaganda sobre los supuestos beneficios
de los agrocombustibles. En el caso del etanol, el cultivo y procesamiento
de la caña de azúcar contamina los suelos y las fuentes
de agua potable, porque utiliza una gran cantidad de productos químicos.
El proceso de destilación del etanol produce un residuo que se
llama vinaza. Por cada litro de etanol producido, son generados de 10
a 13 litros de vinaza. Una parte de este residuo puede ser utilizado como
fertilizante, pero la mayor parte contamina ríos y fuentes de aguas
subterráneas. Si Brasil produce 17 000 ó 18 000 millones
de litros de etanol por año, eso significa que por lo menos 170
000 millones de litros de vinaza se depositan en las regiones de los cañaverales.
Imaginen el impacto en el medio ambiente.
La quema de la caña de azúcar, que sirve para facilitar
la cosecha, destruye gran parte de los microorganismos del suelo, contamina
el aire y causa muchas enfermedades respiratorias.
El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil decreta
casi todos los años en São Paulo —que representa el
60% de la producción de etanol en Brasil— una situación
de emergencia, porque las quemas han llevado la humedad del aire a niveles
extremadamente bajos, entre 13% y 15%. es imposible respirar en ese período
en la región de São Paulo donde se cosecha la caña.
La expansión de la producción de agroenergía, como
sabemos, es de gran interés para empresas de organismos genéticamente
modificados o transgénicos, como Monsanto, Syngenta, Dupont, Bass
y Bayer. En el caso de Brasil, la empresa Votorantim ha desarrollado tecnologías
para la producción de una caña transgénica, que no
es comestible, y sabemos que muchas empresas están desarrollando
este mismo tipo de tecnología, y como no hay medios para evitar
la contaminación de los transgénicos en los campos de cultivos
nativos, esta práctica pone en riesgo la producción de alimentos.
Con relación a la desnacionalización del territorio brasileño,
grandes empresas han adquirido ingenios de caña en Brasil: Bunge,
Novo Group, ADM, Dreyfus, además de los megaempresarios George
Soros y Bill Gates.
Como consecuencia de esto, sabemos que la expansión de la producción
de etanol ha generado la expulsión de campesinos de sus tierras
y ha creado una situación de dependencia de lo que llamamos la
economía de la caña, porque no es que la industria de la
caña genere empleos, es lo contrario, genera desempleo, porque
esa industria controla el territorio. Eso significa que no hay espacios
para otros sectores productivos.
Al mismo tiempo, tenemos la propaganda de la eficiencia de esta industria.
Sabemos que se basa en la explotación de una mano de obra barata
y esclava. Los trabajadores son remunerados por cantidad de caña
cortada y no por horas trabajadas.
En el estado de São Paulo, que es donde está la industria
más moderna —moderna entre comillas por supuesto— y
es el mayor productor del país, la meta de cada trabajador es cortar
entre 10 y 15 toneladas de caña por día.
Un profesor de la universidad de Campinas, Pedro Ramos, hizo estos cálculos:
en los años ochenta los trabajadores cortaban alrededor de 4 toneladas
por día y sacaban el equivalente a más o menos 5 dólares.
Actualmente, para sacar 3 dólares por día, es necesario
cortar 15 toneladas de caña.
El propio Ministerio del Trabajo en Brasil hizo un estudio en el que dice
que antes 100 metros cuadrados de caña sumaban 10 toneladas; hoy,
con la caña transgénica, es necesario cortar 300 metros
cuadrados para alcanzar 10 toneladas. Entonces, los trabajadores tienen
que trabajar tres veces más para cortar 10 toneladas. Este patrón
de explotación ha causado serios problemas de salud y hasta la
muerte a trabajadores.
Una investigadora del Ministerio del Trabajo en São Paulo dice
que el azúcar y el etanol de Brasil están bañados
de sangre, sudor y muerte. El Ministerio del Trabajo en São Paulo,
en el año 2005, ha registrado 450 muertes de trabajadores por otras
causas, como asesinatos y accidentes —porque el transporte hacia
los ingenios es muy precario— y también a consecuencia de
enfermedades como paros cardiacos y cáncer.
Según María Cristina Gonzaga, que hizo la pesquisa, esta
investigación del Ministerio del Trabajo muestra que en los últimos
cinco años 1 383 trabajadores de la caña han muerto solamente
en el estado de São Paulo.
El trabajo esclavo también es común en este sector. Los
trabajadores son generalmente migrantes del nordeste o de Minas Gerais,
que son seducidos por intermediarios. normalmente el contrato no es directamente
con la empresa, sino a través de intermediarios, que en Brasil
los llamamos "gatos", que seleccionan mano de obra para los
ingenios.
En el 2006, la Fiscalía del Ministerio Público inspeccionó
74 ingenios, solamente en São Paulo, y todos fueron procesados.
Solo en marzo de 2007, los fiscales del Ministerio del Trabajo rescataron
288 trabajadores en situación de esclavitud en São Paulo.
Ese mismo mes, en el estado de Mato Grosso se rescataron 409 trabajadores
en un ingenio que produce etanol; entre ellos había un grupo de
150 indígenas. En esa área del centro del país, en
Mato Grosso, hay esta característica de utilizar indígenas
en el trabajo esclavo de la caña.
Todos los años cientos de trabajadores sufren condiciones semejantes
en los cañaverales. ¿Cómo son estas condiciones?
Trabajan sin un registro formal, sin equipos de protección, sin
agua o alimentación adecuada, sin acceso a baños y con viviendas
muy precarias; además, tienen que pagar por vivienda, por comida,
que es muy cara, y necesitan pagar por instrumentos como botas y machetes
y, por supuesto, en caso de accidentes de trabajo, que son muchísimos,
no reciben el tratamiento adecuado.
Para nosotros, la cuestión central es eliminar el latifundio, porque
detrás de esta imagen moderna hay un problema central, que es el
latifundio en Brasil y, por supuesto, en otros países de América
Latina. También es necesaria una política seria de producción
de alimentos.
Con esto quería presentar un documental que hicimos en el estado
de Pernambuco con trabajadores de la caña, que es una de las regiones
donde más se produce la caña de azúcar, y así
ustedes van a ver realmente cómo son las condiciones.
Este documental fue hecho con la Comisión
Pastoral de la Tierra en Brasil y con sindicatos de trabajadores
forestales del estado de Pernambuco.
Así concluye su intervención la destacada y aplaudida dirigente
brasileña.
A continuación expongo las opiniones de los cortadores de caña,
contenidas en el material fílmico entregado por María Luisa.
Cuando en el documental no aparecen identificadas las personas, se indica
su condición de hombre, mujer o joven. No las incluyo todas por
su extensión.
Severino Francisco da Silva.- Cuando tenía 8 años, mi
padre se mudó al ingenio del Junco. Y cuando llegué, yo
estaba por cumplir 9, mi padre empezó a trabajar, y yo ataba la
caña con él. Trabajé unos 14 ó 15 años
en el ingenio del Junco.
Una mujer.- Hace 36 años que vivo aquí en este ingenio.
Me casé aquí y tuve 11 hijos.
Un hombre.- Hace muchos años que trabajo en el corte de la caña,
no sé ni contar.
Un hombre.- Empecé a trabajar con 7 años y mi vida es cortar
caña y desmalezar.
Un joven.- Nací aquí, tengo 23 años, desde los 9
años corto caña.
Una mujer.- Trabajé 13 años aquí en la Planta Salgado.
Yo sembraba caña, sembraba fertilizante, limpiaba caña,
hierba.
Severina Conceição.- Todos estos trabajos del campo yo los
sé hacer: sembrar fertilizante, sembrar caña. Hacía
de todo con el bombo de este tamaño (se refiere al embarazo) y
el canasto al costado, y seguía trabajando.
Un hombre.- Trabajo, todos los trabajos son difíciles, pero la
cosecha de la caña es el peor que hay en Brasil.
Edleuza.- Llego a casa y voy a lavar los platos, a arreglar la casa, cuidar
del servicio doméstico, hacer las cosas. Cortaba caña, y
a veces llegaba a casa y no podía ni lavar los platos, estaba con
las manos lastimadas, llenas de callos.
Adriano Silva.- El problema es que el administrador exige mucho en el
trabajo. Hay días que uno corta caña y cobra, pero hay días
que no cobra nada. A veces alcanza y a veces no.
Misael.- La situación aquí es perversa, el administrador
quiere disminuir el peso de la caña. Dijo que lo que nosotros cortemos
aquí es lo que tenemos y se acabó. Estamos trabajando como
esclavos, ¿entiende? ¡De esta manera no es posible!
Marcos.- El trabajo de la cosecha de la caña es un trabajo esclavo,
es un trabajo difícil. Salimos a las 3:00 de la mañana,
llegamos a las 8:00 de la noche. Es bueno solamente para el patrón,
porque cada día que pasa él gana más y el trabajador
pierde, disminuyendo la producción, y queda todo para el patrón.
Un hombre.- A veces dormimos sin bañarnos, no hay agua, nos bañamos
en un arroyito que pasa por ahí abajo.
Un joven.- Aquí no hay leña para cocinar, cada uno, si quiere
comer, tiene que salir a conseguirse leña.
Un hombre.- El almuerzo es lo que uno trae de casa, trae una comida, come
así no más, en ese sol, va tirando para adelante como puede
en la vida.
Un joven.- Quien trabaja mucho necesita tener una alimentación
suficiente. Mientras que el dueño de la planta azucarera está
en la regalía, tiene de lo bueno y de lo mejor, nosotros aquí
sufriendo.
Una mujer.- Pasé mucha hambre. Fui a dormir muchas noches con hambre,
a veces no tenía nada para comer, ni para darle a mi hija; algunas
veces yo buscaba sal, que era lo más fácil de encontrar.
Egidio Pereira.- La persona tiene dos o tres hijos, y si no se cuida,
se muere de hambre; no alcanza para vivir.
Ivete Cavalcante.- Aquí no existe sueldo, hay que limpiar una tonelada
de caña por ocho reales; se gana lo que se logra cortar: si se
corta una tonelada, se gana ocho reales, no hay sueldo fijo.
Una mujer.- ¿Sueldo? Yo no sé nada de eso.
Reginaldo Souza.- A veces ellos pagan en dinero. En esta época
ellos están pagando en dinero; ahora, en el invierno pagan todo
con vale.
Una mujer.- El vale, uno trabaja, él anota todo en un papel, se
lo pasa a la persona para que compre en el mercado. La persona no ve el
dinero que gana.
José Luiz.- El administrador hace lo que quiere con las personas.
Lo que está ocurriendo es que llamé para ’sacar la
media’ de la caña, no quiso. Es decir: en este caso, él
está obligando a la persona a trabajar a la fuerza. De esta manera
la persona trabaja gratis para la empresa.
Clovis da Silva.- ¡Eso nos mata! Uno se pasa medio día cortando
caña, piensa que va a conseguir algún dinero, y cuando él
va a medir, nos enteramos de que el trabajo no valió nada.
Natanael.- El camión de llevar ganado aquí lleva trabajadores,
es peor que con el caballo del dueño; porque cuando el dueño
coloca su caballo en el camión, él le pone agua, le pone
aserrín en el piso para que el caballo no se arruine los cascos,
pone pasto, una persona para acompañarlo; y los trabajadores, que
se las arreglen: entró, cerró la puerta y se acabó.
Ellos tratan a los trabajadores como si fueran animales. El «Pro-Álcool»
no ayuda a los trabajadores, solamente ayuda a los proveedores de caña,
ayuda a los patrones y los enriquece cada vez más; porque si generara
empleo para los trabajadores, para nosotros sería fundamental,
pero no genera empleos.
José Loureno.- Ellos tienen todo ese poder porque en la Cámara,
estadual o federal, tienen un político que representa a esas plantas
azucareras. Hay dueños que son diputados, ministros, parientes
de señores de ingenio, que facilitan esa situación para
los dueños y para los señores de ingenio.
Un hombre.- Nuestra lucha parece que no para nunca. No tenemos vacaciones,
aguinaldo, queda todo perdido. Además, un cuarto de sueldo, que
es obligación, no lo recibimos, es con lo que compramos una ropa
a fin de año y una ropa para los hijos. Ellos no nos entregan nada
de eso, y vemos que la situación se pone cada día más
difícil.
Una mujer.- Yo soy trabajadora registrada, y jamás tuve derecho
a nada, ni certificado médico. Cuando quedamos embarazadas, tenemos
derecho a certificado médico, pero yo no tuve ese derecho, garantía
de familia; tampoco tuve aguinaldo, siempre recibía alguna cosita,
después no recibí más.
Un hombre.- Hace unos 12 años que él no paga ni aguinaldo
ni vacaciones.
Un hombre.- No puedes enfermarte, trabajas día y noche arriba del
camión, en el corte de la caña, de madrugada. Yo perdí
mi salud, yo era fuerte.
Reinaldo.- Un día yo estaba con unas zapatillas en los pies; cuando
di un golpe de machete para cortar la caña, me dio en el dedo,
me cortó, terminé el trabajo y me vine para casa.
Un joven.- Botas no hay, se trabaja así, muchos trabajan descalzos,
no hay condiciones. Dijeron que la planta azucarera iba a donar botas.
Hace una semana que él se cortó el pie (señala) porque
no hay botas.
Un joven.- Yo estaba enfermo, pasé tres días enfermo, no
cobré, no me pagaron nada. Fui al médico, pedí certificado
y no me lo dieron.
Un joven.- Hubo un muchacho que llegó de «Macugi».
Estaba trabajando, en medio del trabajo empezó a sentirse muy mal,
tuvo que vomitar. El esfuerzo es grande, el sol es muy caliente y la gente
no es de hierro, el cuerpo del ser humano no resiste.
Valdemar.- Trae muchas enfermedades ese veneno que utilizamos (se refiere
a los herbicidas). Causa varios tipos de enfermedad: cáncer de
piel, en los huesos, va entrando en la sangre y daña la salud.
Uno siente náuseas, llega hasta caerse.
Un hombre.- En el período entre las cosechas prácticamente
no hay trabajo.
Un hombre.- El trabajo que el patrón te manda a hacer se tiene
que hacer; porque ustedes saben, si no lo hacemos1⁄4 Nosotros no
mandamos; quienes mandan son ellos. Si te dan una tarea, hay que hacerla.
Un hombre.- Estoy aquí esperando que un día pueda tener
un pedacito de tierra para terminar mi vida así en el campo, para
que yo pueda llenarme la barriga y la barriga de mis hijos y de mis nietos,
que viven aquí conmigo.
¿Será que hay algo más?
Fin del documental.
Nadie más agradecido que yo por este testimonio y la presentación
de María Luisa, cuya síntesis acabo de elaborar. Me conducen
a los recuerdos de los primeros años de mi vida, una edad en que
los seres humanos suelen ser sumamente activos.
Nací en un latifundio cañero, de propiedad privada, rodeado
al norte, el este y el oeste por grandes extensiones de tierra propiedad
de tres transnacionales norteamericanas que, en conjunto, poseían
más de 250 mil hectáreas de tierra. El corte era manual,
en caña verde, no se usaban entonces herbicidas, ni siquiera fertilizantes.
Una plantación podía durar más de 15 años.
La mano de obra era tan barata que las transnacionales ganaban mucho dinero.
El propietario de la finca cañera en que nací era un inmigrante
de origen gallego y familia campesina pobre, prácticamente analfabeto,
a quien primero trajeron como soldado en lugar de un rico que pagó
por eludir el servicio militar y al final de la guerra lo repatriaron
a Galicia. Volvió a Cuba por su cuenta, como lo hizo un incontable
número de gallegos que viajó hacia países de América
Latina. Trabajó como peón de una importante transnacional,
la United Fruit Company. Tenía cualidades como organizador, reclutó
un número elevado de jornaleros como él, se hizo contratista
y compró finalmente tierras en la zona colindante al sur de la
gran empresa norteamericana con la plusvalía acumulada. La población
cubana en la región oriental, de tradición independentista,
había crecido notablemente y carecía de tierra; pero el
peso principal de la agricultura oriental, a principios del pasado siglo,
caía sobre esclavos liberados pocos años antes o descendientes
de los antiguos esclavos y sobre los inmigrantes procedentes de Haití.
Los haitianos no tenían familia. Vivían solos en sus míseras
viviendas de guano y tablas de palma, agrupados en caseríos, con
la presencia de solo dos o tres mujeres entre ellos. Durante los breves
meses de zafra se abrían las lides de gallos. Allí jugaban
los haitianos sus míseros ingresos, y el resto lo utilizaban para
la compra de alimentos, que pasaban por muchos intermediarios y eran caros.
El propietario de origen gallego vivía allí, en la finca
cañera. Salía solo a recorrer las plantaciones y hablaba
con todo el que lo solicitaba o deseaba algo. Muchas veces accedía
a las solicitudes, por razones más humanitarias que económicas.
Podía tomar decisiones.
Los administradores de las plantaciones de la United Fruit Company eran
norteamericanos cuidadosamente seleccionados y bien remunerados. Vivían
con sus familias en regias mansiones, en lugares escogidos. Eran como
dioses distantes, que los hambrientos trabajadores mencionaban con respeto.
No se les veía nunca en los cortes, donde actuaban los subordinados
suyos. Los dueños de las acciones de las grandes transnacionales
vivían en Estados Unidos o en cualquier parte del mundo. Los gastos
de las plantaciones estaban presupuestados y nadie podía elevarlos
un centavo.
Conozco muy bien la familia del segundo matrimonio del inmigrante de origen
gallego con una joven campesina cubana muy pobre que, como él,
no pudo asistir a una escuela. Era muy abnegada y sumamente consagrada
a la familia y a las actividades económicas de la plantación.
Los que en el exterior lean estas reflexiones por Internet se sorprenderán
al conocer que ese propietario era mi padre. Soy el tercer hijo de los
siete de ese matrimonio, que nacimos en la habitación de una casa
de campo, muy lejos de cualquier hospital, asistidos por la misma partera,
una campesina dedicada en cuerpo y alma a su tarea, que solo contaba con
sus conocimientos prácticos. Aquellas tierras fueron todas entregadas
al pueblo por la Revolución.
Solo me resta añadir que apoyamos totalmente el decreto de nacionalización
de la patente a una transnacional farmacéutica para la producción
y comercialización en Brasil de un medicamento contra el SIDA,
el «Efavirenz», de precio abusivamente alto —igual que
otros muchos—, así como también la reciente solución
mutuamente satisfactoria del diferendo con Bolivia sobre las dos refinerías
de petróleo.
Reitero que sentimos profundo respeto por el hermano pueblo de Brasil.
Altercom
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.
Fidel Castro Ruz
Presidente de Cuba. Comandante en Jefe de la Revolución.
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