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Monday, 07 July 2008
Posicionamiento de Vía
Campesina
La
actual ola masiva de inversión en la producción de
energía basada en el cultivo y procesamiento industrial de
materias vegetales como el maíz, la soja, la palma aceitera,
la caña de azúcar, etc., no resolverá ni la
crisis climática ni la energética. Asimismo, traerá
desastrosas consecuencias sociales y medioambientales. Crea una
nueva y muy seria amenaza sobre la producción de alimentos
por los pequeños campesinos y el logro de la soberanía
alimentaria de la población mundial.
Durante los últimos veinte años, las políticas
neoliberales adoptadas globalmente han fallado al responder a las
necesidades básicas de las personas. Las promesas de la FAO
en la Cumbre Mundial sobre Alimentación de 1996 y en los
Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU de sacar a las personas
de la pobreza no se han cumplido. Muchas más personas están
sufriendo hambre.
Se afirma que los agrocombustibles ayudarán a a combatir
el cambio climático. En realidad sucede lo contrario. Las
nuevas plantaciones de monocultivos necesarias para producir agrocombustibles
están incrementando las emisiones de gases de efecto invernadero,
por la masiva deforestación, por la fragmentación
de las tierras comunales y por el drenaje de las zonas húmedas
que implican. Si tenemos en cuenta el propio ciclo de producción,
transformación y distribución de agrocombustibles,
no se producen menos gases de efecto invernadero que con los combustibles
fósiles, excepto en algunos casos. Además, los agrocombustibles
nunca podrán reemplazar a los combustibles fósiles.
De acuerdo a las últimas estimaciones, únicamente
cubrirán el futuro incremento del consumo desde ahora hasta
2020. Simplemente no hay suficiente tierra en el mundo para generar
todo el combustible necesario para una sociedad industrial cuyas
necesidades para transportar personas y mercancías están
continuamente incrementándose. La promesa de los agrocombustibles
crea la ilusión de que podemos continuar consumiendo energía
e incluso creciendo a un ritmo cada vez mayor. La única respuesta
a la amenaza del cambio climático es reducir el uso de la
energía en todo el mundo y redirigir el mercado internacional
hacia los mercados locales.
Mientras tanto, los impactos sociales y ecológicos de los
agrocombustibles serán devastadores. El monocultivo y la
agricultura industrial, ya sea para agrocombustibles o para cualquier
otra producción, están destruyendo la tierra, los
bosques, el agua y la biodiversidad. Expulsan de su tierra a las
familias campesinas, hombres y mujeres. Se estima que cinco millones
de campesinos han sido expulsados de su tierra para crear espacio
para monocultivos en Indonesia; cinco millones en Brasil, cuatro
en Colombia… La agricultura industrial genera mucho menos
empleo que la agricultura campesina sostenible; es una agricultura
sin agricultores.
La actual expansión de la producción de agrocombustibles
contribuye a la concentración masiva de capital por los terratenientes,
grandes empresas y transnacionales, provocando una verdadera contrarreforma
agraria en todo el mundo. Además contribuye a incrementar
la especulación en los productos alimenticios y en el precio
de la tierra. En lugar de dedicar la tierra y el agua a la producción
de alimentos, estos recursos están dedicándose a producir
energía en forma de gasóleo o etanol. Hoy, los pequeños
campesinos, los indígenas, hombres y mujeres, producen la
inmensa mayoría de la comida consumida en todo el mundo.
Si no lo prevenimos ahora, los agrocombustibles ocuparán
nuestras tierras y la comida será aún más escasa
y cara.
¿Quién comería agrocombustibles?
Una nueva alianza de algunos gobiernos con las grandes empresas
químicas, de la automoción, del petróleo y
de la agroindustria está promoviendo los agrocombustibles
con el único objetivo de ganar dinero. Estas grandes empresas
transnacionales manipulan la preocupación social por el cambio
climático y la crisis energética y se lanzan a la
producción de agrocombustibles de manera que mantengan y
fortalezcan su modelo productivo agro-industrial. Lo hacen a sabiendas
que dicho modelo es, en sí, una de las principales causas
del cambio climático y en particular por su consumo intenso
de energía.
Las transnacionales fortalecen y amplían su control tecnológico
y de mercados sobre el sector agrario, desplazando nuestra producción
campesina de alimentos basada en el empleo de semillas campesinas,
la convivencia con la biodiversidad y la energía proporcionada
por la fuerza humana o animal, elementos todos ellos que usan mucha
menos energía por unidad de alimento producido y, sobretodo
menos combustibles fósiles.
Las compañías del agro negocio saben que los agrocombustibles
producidos a gran escala no son económicamente viables. La
carrera hacia los agrocombustibles es posible solo por los tremendos
subsidios directos e indirectos de los gobiernos que la promocionan
y el capital especulativo que ya está causando enormes alzas
en los precios de los alimentos.
Las cifras provocan pavor ya que están hablando de millones
de hectáreas y miles de millones de dólares: el gobierno
de la India está contemplando la plantación de 14
millones de hectáreas con jatrofa; el Banco Interamericano
de Desarrollo dice que Brasil tiene 120 millones de hectáreas
dispuestas al cultivo de agrocombustibles; y un lobby empresarial
plantea que hay 397 millones de hectáreas disponibles en
15 países africanos. Estamos hablando de expropiaciones a
una escala sin precedentes.
Mientras las corporaciones transnacionales aumentan sus beneficios
económicos, la mayor parte de la población mundial
no tiene suficiente dinero para comprar comida. Se estima que los
agrocombustibles son los responsables del 30% de la actual crisis
de precios de los alimentos.
Cuando las grandes compañías transnacionales no son
capaces de encontrar tierras agrícolas para la producción
de agrocombustibles, imponen la deforestación de las zonas
boscosas que aún existen en el mundo y que son necesarias
para el mantenimiento de la vida en la tierra.
Miles de familias campesinas no tienen más alternativa que
sumarse al cultivo de los agrocombustibles ya que necesitan estos
ingresos para subsistir hasta la siguiente campaña. Las políticas
agrícolas nacionales e internacionales impuestas por las
instituciones financieras internacionales y por las grandes empresas
transnacionales han exacerbado la dependencia de los países
en desarrollo, llevándolos a la crisis alimentaria, a la
extrema pobreza y al hambre en todo el mundo. Por tanto, estos pequeños
campesinos no son culpables de tomar la decisión equivocada,
sino que son las víctimas del actual sistema que se les impone.
Los pequeños campesinos y los trabajadores agrarios, trabajando
en condiciones extremadamente duras con efectos dañinos en
su salud, con muy pobres ingresos, no tienen voz sobre la manera
en que su producción es utilizada. Muchas de estas personas
están trabajando bajo contratos agrícolas con las
grandes compañías del agronegocio, que son las que
procesan, refinan y venden el producto. Por tanto, son estas grandes
empresas quienes deciden canalizar estas producciones hacia los
combustibles y no al mercado de alimentos. La subida de los precios
de los alimentos pagada por los consumidores no se refleja en los
ingresos de los pequeños campesinos.
Ante la crisis energética, producción y consumo
responsables
La
producción campesina sostenible es imprescindible para alimentar
el mundo. La agricultura campesina sostenible y la soberanía
alimentaria consumen hasta 80 veces menos energía que la
agricultura industrial.
La soberanía alimentaria implica primar el empleo de los
recursos locales para la producción de alimentos, minimizando
tanto la cuantía de materias primas importadas para la producción
así como su transporte. Igualmente, la comida así
producida se consume localmente, por lo que el producto final no
tiene que viajar lejos. No es lógico comer en Europa espárragos
provenientes del Altiplano, o judías verdes frescas procedentes
de Kenia.
A través de la historia de la agricultura, los campesinos
y campesinas y la gente que habita los centros rurales han obtenido
la energía de sus tierras agrícolas para responder
a sus necesidades cotidianas. Las familias campesinas están
usando aceite de coco o de girasol, biogás, leña,
viento o agua para generar electricidad para su uso local. Estos
métodos son sostenibles e integrados dentro del ciclo de
producción de alimentos en sus tierras.
Es imperativo diseñar y adoptar actitudes responsables en
el consumo de alimentos y ajustar nuestro modo de alimentarnos,
conociendo que el modelo industrial de producción y consumo
es destructivo, mientras que el modelo basado en la producción
campesina utiliza prácticas energéticas responsables.
Por esto, La Vía Campesina continúa su lucha contra
el poder de las grandes empresas transnacionales y los sistemas
políticos que les apoyan. La crisis energética no
debería verse como un problema aislado sino como parte de
toda la crisis del actual modelo de desarrollo, donde los beneficios
tienen prioridad sobre las personas.
En su lugar, nosotros apoyamos una agricultura de pequeña
escala, diversificada, centrada en las personas con mercados locales
y modos de vida saludables, usando menos energía y menos
dependencia de recursos externos. Las familias campesinas sostenibles
cumplen la misión fundamental de la agricultura: alimentar
a las personas.
Vía Campesina denuncia:
El modelo neoliberal, las instituciones financieras internacionales
y el capital transnacional, responsables directos del las crisis
climática y alimenticia.
* La irresponsable presentación de los agrocombustibles como
una respuesta a las crisis climática y energética.
* La inmoralidad de producir agrocombustibles en un mundo asolado
por el hambre.
* La pasividad de la mayoría de las instituciones enfrentadas
con el serio riesgo planteado por la llegada de los agrocombustibles,
lo que implica que las poblaciones urbanas y rurales no puedan ni
producir ni consumir alimentos.
* El que estas mismas instituciones están en realidad colocando
los intereses económicos de las grandes empresas transnacionales
por encima de la alimentación y las necesidades nutricionales
de las mismas personas que tienen confiado representar y defender.
* El insulto de continuar promoviendo los agrocombustibles a pesar
del balance energético negativo en su producción,
procesamiento y transporte.
* El modelo neoliberal, las instituciones financieras internacionales
y el capital trasnacional, responsables directos de las crisis alimentaria
y climática.
Vía Campesina exige:
* El final de las empresas impulsadas por el monocultivo basado
en la producción de agrocombustibles. Como primer paso, ha
de ser declarada inmediatamente una moratoria internacional de cinco
años en la producción, comercio y consumo de agrocombustibles
industriales.
* Debe efectuarse una evaluación en profundidad del coste
social y medioambiental del boom de los agrocombustibles y de los
beneficios conseguidos por las grandes empresas transnacionales
en el procesamiento y comercio de las materias primas.
* La promoción y el desarrollo de la agricultura campesina
y los modelos de consumo locales y el rechazo del consumismo.
* El apoyo explícito de los gobiernos y de las instituciones
al modelo de producción y distribución de alimentos
basado en la agricultura campesina sostenible, con su mínimo
uso de energía, su capacidad para crear empleos, de respetar
la diversidad cultural y biológica y su efecto positivo contra
el calentamiento global (los suelos fértiles son el mejor
camino para capturar CO2).
* La reorientación de las políticas agrícolas
hacia las comunidades rurales sostenibles y los modos de vida basados
en la soberanía alimentaria y la auténtica reforma
agraria.
* La promoción y el desarrollo de modelos de consumo responsable.
¡Apaguemos
el fuego de los agrocombustibles y encendamos la llama de la soberanía
alimentaría!

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