28-06-08, Por Astrid
Barnet
Las
presiones de las naciones ricas por pasar de los combustibles tradicionales
a los biológicos ya se extienden hacia algunos países
de África, situación sin lugar a dudas, que implica
un aumento de la inseguridad alimentaria de ese continente, un ascenso
en el precio de los alimentos y mucha más hambre y pobreza.
Las presiones de las naciones ricas por pasar de los combustibles
tradicionales a los biológicos ya se extienden hacia algunos
países de África, situación sin lugar a dudas,
que implica un aumento de la inseguridad alimentaria de ese continente,
un ascenso en el precio de los alimentos y mucha más hambre
y pobreza.
Firmas como las estadounidenses Archer Daniels Midland (ADM) y Cargill
-presentes desde hace algún tiempo en el sector de los biocombustibles
en varias naciones- ya están en territorio africano, al igual
que la británica Actis, la cual anunció recientemente
la creación de un fondo de un millón de dólares
para invertir en ese sector.
Como era de esperarse, los efectos de estas acciones resultan ya
muy evidentes. En Tanzania, por ejemplo, miles de agricultores que
cultivan arroz y maíz están siendo expulsados de extensas
áreas de tierra fértil para que corporaciones occidentales
establezcan sus plantaciones de caña de azúcar y jatropha.
Este último, uno de los nuevos cultivos africanos para producir
combustible.
Millones
de hectáreas en Etiopía han sido calificadas como
óptimas para la producción de biocombustibles, por
lo cual algunas compañías foráneas han recibido
tierras de cultivo, bosques y zonas vírgenes.
Ni siquiera las áreas protegidas están a salvo de
la invasión de los biocombustibles en la nación etíope.
Según medios de prensa, en fecha reciente a un inversor europeo
le fueron entregadas 13 mil hectáreas de tierra en el estado
de Oromia. De ellas, un 87 por ciento conforma el Santuario de Elefantes
de Babile, patrimonio cultural concebido para especies de paquidermos
en peligro de extinción.
En Zambia, el cultivo de jatropha muestra tal auge, que numerosos
inversores occidentales suscriben contratos por 30 años de
duración, a partir de los cuales se transfiere el control
sobre la producción de la granja a compañías
foráneas, supervisoras de los pagos y precios.
La jatropha se está cultivando también en Togo, Ghana,
Senegal, Malí, Costa de Marfil y Níger. En Senegal,
los cultivos para combustibles ocupan hoy lugar central en el programa
gubernamental de renovación agrícola de ese país.
En Ghana, compañías occidentales planean plantar un
millón de hectáreas de jatropha con apoyo del gobierno;
mientras, en Benin, otras firmas han obtenido autorización
para plantar un cuarto de millón de hectáreas de cultivos
para agrocombustibles.
Sin
embargo, los agricultores y campesinos beninenses y los de muchos
otros países de la región, no poseen más de
una hectárea (como promedio) para sus cultivos de subsistencia,
además de que se pronostica los agrocombustibles provocarán
graves daños al medio ambiente.
Entidades como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo
de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) prevén que el incremento de las tierras destinadas
a producir biocombustibles provoca la elevación de los precios
de los alimentos y, a su vez, más hambre en el mundo.
Jean Ziegler, relator especial de Naciones Unidas para el Derecho
a la Alimentación, significó que Africa esta bien
posicionada para producir biocombustibles debido a la enorme cantidad
de terrenos sin cultivar y los bajos costos de la agricultura.
“El 55 por ciento de la población africana basa su
vida en la agricultura, una actividad que contribuye en 40 por ciento
con el PIB del continente y representa el 60 por ciento del ingreso
por exportaciones. Por tal motivo la producción masiva de
biocombustibles constituye crimen de lesa humanidad”.
El
pasado año, en una reflexión titulada Condenadas a
muerte prematura por hambre y sed más de 3000 millones de
personas en el mundo, el líder cubano Fidel Castro alertó
acerca del peligro de los biocombustibles, y denunció la
idea siniestra de convertir los alimentos en combustible elaborada
por el presidente George W. Bush.
Días antes de estas consideraciones de Fidel, el principal
inquilino de la Casa Blanca había declarado su intención
de producir 132 000 millones de litros de biocombustibles para el
2017.
Ahora, cientos de inversores extranjeros muestran sumo interés
en millonarios proyectos de biocarburantes en Africa, región
donde por lo general la pobreza y el hambre son consecuencias directas
de un sistema económico que viola el derecho a la vida y
la soberanía alimentaria de una gran parte de los desheredados
del Planeta. www.ecoportal.net
Argenpress
http://www.argenpress.info/

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