Chaskinayrampi,
5 de enero.- Las organizaciones abajo firmantes manifestamos al Parlamento
Europeo, la Comisión Europea, los gobiernos y ciudadanos de la
Unión Europea, nuestra profunda preocupación por las políticas
que se están adoptando para favorecer el uso e importación
de biocombustibles como una alternativa a los combustibles fósiles
cuyo uso desmedido es uno de los principales responsables del calentamiento
global.
El incremento creciente de automóviles individuales, cuyo consumo
de petróleo es una de las principales causas del calentamiento
global, hace que el uso de combustible fósil aumente día
a día. En ese contexto, el uso de biocombustibles parece ser
una alternativa positiva. Sin embargo, todo indica que ello generará
graves impactos, especialmente en los pueblos del Sur.
En efecto, es muy poco probable que Europa logre ser autosuficiente
en la producción de biocombustibles a partir de la producción
nacional de cultivos energéticos, por lo que es muy posible que
lo haga a costa de las tierras de las que depende la soberanía
alimentaria de nuestros países.
Mientras los europeos mantendrán su estilo de vida en base a
la cultura del automóvil, los países del Sur, tendremos
cada vez menos tierras para sembrar alimentos, y por lo mismo perderemos
nuestra soberanía alimentaria y tendremos que basar nuestra alimentación
en comida importada, posiblemente de Europa.
En otros casos, los cultivos energéticos crecerán en América
Latina, como así también en países de Asia y África,
a costa de nuestros ecosistemas naturales. La soya se proyecta como
una de las principales fuentes para la producción de biodiesel,
pero es un hecho que los monocultivos de soya son la principal causa
de destrucción del bosque nativo en Argentina, del bosque húmedo
tropical amazónico en Brasil y Bolivia, y de la Mata Atlántica
en Brasil y Paraguay.
Los territorios indígenas también han sido afectados.
Los indígenas Enawene Nawe en Matto Grosso han declarado que
“la soya les está matando”. Al momento sobreviven
apenas 429 Enawene Nawe. Su territorio ha sido reducido a la mitad y
están rodeados por plantaciones de soya. Su salud está
deteriorada y los niños sufren de desnutrición.
Para servir al negocio de la soya, los gobiernos del Sur están
construyendo represas, hidrovías, puertos y carreteras, con los
consiguientes graves impactos sobre el ambiente. Al mismo tiempo, la
expansión de la soya está afectando la salud de las poblaciones
aledañas, donde los niveles de cáncer y otras enfermedades
ligadas a los agrotóxicos empleados en esos monocultivos aumentan
cada vez más.
Las plantaciones de caña de azúcar y la producción
de etanol en Brasil son el negocio de un oligopolio que utiliza trabajo
esclavo y las plantaciones de palma aceitera se expanden a expensas
de las selvas y territorios de poblaciones indígenas y otras
comunidades tradicionales de Colombia, Ecuador y otros países,
crecientemente orientados a la producción de biodiesel.
La situación se agrava si tomamos en cuenta que la soya sembrada
en el Cono Sur es transgénica, y que empresas privadas en Brasil
planean lanzar al mercado variedades transgénicas de caña
de azúcar para el año 2010. El rechazo a los cultivos
transgénicos es generalizado en América Latina, y la expansión
de cultivos para producir y exportar biocombustibles a Europa exacerbará
estos conflictos.
La solución al problema del cambio climático generado
por los países del Norte no puede pasar por la creación
de nuevos problemas en nuestra región. Hacemos entonces un llamado
a los gobiernos y pueblos de los países de la Unión Europea
para que busquen soluciones que no agraven la ya dramática situación
social y ambiental que viven los pueblos de América Latina, Asia
y África. Fuente: www.EcoPortal.net
Es tiempo de soberanía alimentaria. La tierra debe ser para alimentar
a la gente, no a los automóviles
Red por una América Latina Libre de Transgénicos, Red
Latinoamericana contra los Monocultivos de Árboles, Red Oilwatch
América del Sur, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales•