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La grave amenaza
de los agrocarburantes.
Mientras la política pública en Colombia flexibiliza
la tenencia colectiva de la tierra, promueve la siembra de palma aceitera,
incluso, en territorios apropiados ilegalmente por la estrategia narcoparamilitar,
y se proyecta esta siembra extensiva como mecanismo de reinserción
económica de los paramilitares y este es producto de exportación,
análisis de Ecologistas en Acción, el Movimiento Mundial
por los Bosques, el CETRI, así como aportes de nuestra Comisión
de Justicia y Paz evidencian la insostenibilidad del discurso ecológico
de los biocombustibles, la imposibilidad de una auténtica ética
empresarial para la producción limpia, pues de suyo, la racionalidad
y los intereses del mercado son los que priman por encima del bien de
la humanidad y del planeta.
En el caso de Colombia millares de hectáreas de siembra de palma
se encuentran en territorios apropiados ilegalmente a sangre y fuego,
con engaño y mecanismos fraudulentos. Se han violado sistemáticamente
derechos humanos pero al mismo tiempo se has destruido ecosistemas para
imponer la siembra de palma, se han cometido crímenes ecológicos,
ambientales a sistemas de vida complejos, plurales.
Recientemente el Movimiento Mundial por los Bosques ha puesto en cuestionamiento
los cimientos del impulso de las políticas de la Unión Europea,
la misma que promueven en los mercados de los Estados Unidos las empresas
petroleras acerca de los bio combustibles.
El uso estratégico del discurso verde pretende mantener un consumidor
cautivo, que se experimente como preservador del ambiente. La realidad
es que la promoción de siembras de palma, por ejemplo, para ser
procesada en bio carburantes está generando una mayor crisis ambiental,
como crisis de todos los sistemas de vida, entre ellos los de los seres
humanos.
La salida a la crisis de fondo del petróleo y de energía
que se avecina no es el biocombustible, se requiere un cambio de mentalidad,
de las empresas privadas, de los consumidores de los países ricos
del Norte y del Sur, es un cambio estructural del sistema de suicidio
en el que habitamos.
Adjuntamos el artículo: Biocombustibles: grave amenaza
disfrazada de verde, escrito por el Movimiento Mundial por los Bosques
http://www.wrm.org.uy
Sent: Thursday, December 14, 2006 7:57 AM
Bogotá, D.C Diciembre 29 de 2006
COMISION INTERECLESIAL DE JUSTICIA Y PAZ
Biocombustibles: grave amenaza disfrazada
de verde
El
uso de los biocombustibles no sólo no soluciona el problema del
cambio climático, sino que a la vez agravará otros igualmente
serios. Centenas de millones de hectáreas de tierras fértiles
se concentrarán bajo el poder de grandes transnacionales y pasarán,
de producir alimentos, a producir combustibles, en un mundo donde el hambre
y la desnutrición son ya problemas gravísimos.
La sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles
(elaborados a partir de
biomasa vegetal) puede parecer un paso en la dirección correcta
para evitar el agravamiento del cambio climático. Sin embargo,
los planes previstos para su producción y uso no sólo no
solucionan ese grave problema sino que agravan muchos otros.
Los biocombustibles que se plantea adoptar son el biodiesel (obtenido
de plantas
oleaginosas) y el etanol (que se obtiene de la fermentación de
la celulosa contenida en los vegetales). Entre los muchos cultivos posibles
para ese fin, se destacan la soja, el maíz, la colza, el maní,
el girasol, la palma aceitera, la caña de azúcar, el álamo,
el eucalipto.
Dado que los grandes consumidores del Norte no se plantean seriamente
reducir su
consumo desmedido de combustibles y que en la mayoría de los casos
no disponen de
tierras agrícolas suficientes para autoabastecerse de materia prima
para producir sus
propios biocombustibles, sus gobiernos y empresas planean promover cultivos
para
biodiesel y etanol fundamentalmente en los países del Sur.
Es importante resaltar que en las áreas boscosas del Sur, tal política
no implicará ningún
cambio en materia de explotación petrolera o gasífera, que
no solo continuará sino que se seguirá ampliando, puesto
que los combustibles fósiles seguirán siendo el principal
componente de la matriz energética de los países del Norte.
Sin embargo, el negocio de los biocombustibles agregará nuevos
impactos a los ya existentes en los bosques.
Como prueba de lo anterior alcanza con mencionar la soja y la palma aceitera,
que aparecen como las principales candidatas para la producción
de biodiesel a gran escala. La primera se ha constituido en la principal
causa de deforestación en la Amazonía brasileña y
en Paraguay, aun antes de que se la haya comenzado a producir con fines
energéticos. La segunda es también la principal causa de
deforestación en Indonesia y estáimpactando en bosques de
muchos otros países de África, Asia y América Latina.
Por otro lado, ya se está comenzando a desarrollar tecnologías
para convertir la madera en etanol (con el uso de organismos genéticamente
modificados), por lo que la industria de los biocombustibles impulsaráuna
expansión aún mayor de los monocultivos de árboles
de rápido crecimiento, tanto en áreas boscosas – aumentando
así la deforestación –como sobre suelos de pradera.
Tanto la deforestación como el cambio en el uso de suelos de pradera
implican la liberación del carbono allí almacenado. A ello
se agregan las emisiones resultantes del cultivo, procesamiento y transporte
de los propios biocombustibles, realizados en gran medida en base a petróleo
y otros elementos que emiten gases de efecto invernadero: la producción
de la maquinaria utilizada, el combustible empleado para su funcionamiento,
la producción y uso de fertilizantes químicos y de agrotóxicos,
los camiones y barcos para el transporte a destino, etc. Es decir, que
el balance neto de carbono en las áreas destinadas a la producción
de biocombustibles puede ser hasta negativo, aumentando así la
concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera,
que es precisamente lo que se pretendía evitar con este cambio.
En definitiva, el uso de los biocombustibles no sólo no soluciona
el problema del cambio climático, sino que a la vez significa el
agravamiento de otros problemas igualmente serios.
En efecto, decenas o centenas de millones de hectáreas de tierras
fértiles se concentrarán
bajo el poder de grandes transnacionales y pasarán, de producir
alimentos, a producir
combustibles –en un mundo donde el hambre y la desnutrición
son ya problemas gravísimos. En el mismo proceso expulsarán
a millones de productores rurales y pequeños campesinos, que en
su mayoría deberán emigrar a los cinturones de miseria de
las grandes ciudades. Los bosques dejarán de asegurar el sustento
de millones de personas que de ellos dependen para ser sustituidos por
soja, palma aceitera u otros cultivos energéticos. El agua se contaminará
(por el uso de agroquímicos) o desaparecerá (por la plantación
de árboles de rápido crecimiento), la fauna local se verá
gravemente afectada por enormes desiertos verdes que no les proporcionarán
alimentos, la flora nativa será eliminada y sustituida por extensos
monocultivos y muchas especies locales serán contaminadas por los
organismos genéticamente modificados utilizados en dichos monocultivos,
en tanto que los suelos se degradarán por el monocultivo y el uso
de agroquímicos.
Resulta por tanto evidente que ésta no es una buena solución
ni para la gente ni para el
ambiente. Sin embargo, es una excelente oportunidad de negocios para grandes
empresas que operan a nivel nacional y en particular para las grandes
transnacionales. Entre ellas se cuentan las vinculadas a la producción
y comercialización de productos agrícolas de exportación,
las industrias biotecnológica y química (que aumentarán
sus ventas de material transgénico e insumos agrícolas),
la industria automotriz (que podrá seguir creciendo bajo un manto
"verde"), las nuevas empresas surgidas en la ola de los biocombustibles
y las propias empresas petroleras, que ya se están incorporando
a este nuevo y lucrativo negocio.
Es por ello que tantos gobiernos, organismos de asistencia, agencias bilaterales,
organismos multilaterales y expertos internacionales están involucrados
en la promoción de esta absurda solución: para servir los
intereses de esos poderosos grupos económicos, que son quienes
dictan las políticas globales en su propio beneficio.
Cabe aclarar finalmente, que los biocombustibles en sí no son el
problema. Es más, dentro de un enfoque social y ambientalmente
adecuado pueden servir para satisfacer parte de las necesidades energéticas
de nuestros países y en particular de las comunidades locales.
El problema central es el modelo en el que se los pretende implementar,
caracterizado por la gran escala, el monocultivo, el uso masivo de insumos
externos, la utilización de transgénicos, la mecanización
y su exportación para alimentar el consumo desmedido de energía
que se realiza en el Norte.
Se hace por tanto imperioso enfrentar esta nueva amenaza que se cierne
sobre los pueblos y ecosistemas del Sur e incorporar el tema de los biocombustibles
a la lucha por la defensa de los bosques y la biodiversidad, contra el
avance de los monocultivos y los transgénicos, or la soberanía
alimentari y por el derecho de los pueblos a decidir sus propios destinos.
Biocombustibles en gran escala: buenos para el poder, malos para la gente
y el clima
Las modalidades de consumo y producción de biocombustibles ya están
teniendo impactos negativos sobre la seguridad alimentaria, el sustento
rural, los bosques y otros ecosistemas. Todo indica que tales impactos
se acumularán rápidamente. La producción de biocombustibles
en gran escala y dirigida a la exportación requiere extensos monocultivos
de árboles, de caña de azúcar, de maíz, de
palma aceitera y de soja, entre otros. Estos monocultivos ya son la primera
causa de despoblamiento rural y deforestación en todo el mundo.
Además, se ha rebatido la alegada "neutralidad de carbono"
del biodiesel pues no tiene en cuenta, por ejemplo, cómo se establecen
las plantaciones de palma aceitera. Cálculos
realistas demuestran que la producción de biocombustibles a partir
de cultivos energéticos gasta más energía (en forma
de combustibles fósiles) que la que proporciona y que los biocombustibles
no reducen sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero
cuando se tienen en cuenta todos los factores. Por otro lado, para establecer
las plantaciones de palma aceitera se están eliminando bosques
tropicales y bosques de
pantanos y turberas, que constituyen importantes sumideros de carbono.
No obstante, la Unión Europea promueve los biocombustibles como
fuente de energía del transporte y se ha fijado para 2010 el objetivo
de aumentar su uso al 5,7% del total de la energía utilizada en
transporte. La Comisión Europea está presionando a los Estados
miembros a cumplir sus compromisos en virtud de la Directiva sobre los
biocombustibles de2003. En la reunión del Consejo de Agricultura
realizada el 20 de febrero de 2006 hubo un primer debate político
sobre la estrategia de los biocombustibles y el plan europeo de acción
sobre la biomasa. Para estos países la ventaja es que el precio
de producción de biocombustibles como el bioetanol y el biodiesel
es menor que el del petróleo. Otro beneficio para los agricultores
europeos es que la producción nacional de biocombustibles podría
proporcionar nuevos ingresos y oportunidades de empleo tras la reforma
de la política agrícola común (PAC).
En Europa, el biodiesel se usa en Alemania, Francia y Austria en distinta
medida. En
Alemania hay más de mil estaciones de servicio que venden biodiesel.
La primera bio-
refinería alemana se construirá en Emden con financiación
de una asociación holandesa. El objetivo de la fábrica es
convertir 430.000 toneladas de aceite de palma, probablemente de origen
indonesio, en más de 400 millones de litros de biodiesel anuales.
En los Países Bajos la demanda de aceite de palma crudo para generación
de electricidad aumentó este año 400.000 toneladas, de las
cuales se importarán 250.000 toneladas. Según se informa,
la compañía de energía eléctrica BIOX Bb.
piensa construir cuatro nuevos generadores a aceite de palma. La empresa
pretende vender esta electricidad a base de aceite de palma a varios países
de la Unión Europea.
En Estados Unidos los biocombustibles son bien recibidos en tanto forma
de ayudar al país a ir cortando su dependencia del petróleo
extranjero. Estos biocombustibles combinan el patriotismo con el interés
económico propio: a los agricultores les encantan porque el biodiesel
y el etanol se producen a partir de bienes de consumo agrícolas
y así colaboran con el aumento de los precios en origen; y a los
senadores republicanos les encantan porque los subsidios impositivos federales
mantienen contentos a sus votantes agricultores.
En el otro extremo, en los países del Sur, la producción
de cultivos para biocombustible ya está ocasionando importantes
impactos ambientales y sociales, que se agravarán en caso de que
la ofensiva del Norte en pro de nuevas fuentes de energía gane
terreno. Una alianza de ONG de derechos humanos y de medio ambiente está
en campaña contra el uso por parte de los países europeos
de combustibles producidos a partir de palma aceitera a expensas de los
ecosistemas forestales. En una declaración formulada en abril de
este año contra el "diesel de la deforestación",
más de treinta grupos alemanes, austriacos y suizos advierten que
un auge del biodiesel derivado del aceite de palma no haría más
que repetir el patrón de destrucción de los bosques que
el rápido crecimiento de la industria de la pulpa y el papel en
Indonesia trajo consigo.
Para estos grupos, lo que se necesita es un cambio fundamental en nuestra
aproximación al consumo de energía en lugar de simplemente
sustituir el petróleo por biocombustibles. Esto implica la promoción
del transporte público en lugar de autos particulares y tránsito
aéreo, más medidas de conservación de energía
y más fuentes de energía renovables como la luz solar y
el viento. Los grupos exhortan a la aplicación de criterios estrictos
con relación a las materias primas del biocombustible, por ejemplo:
no a la conversión de bosques primarios a plantaciones; no a las
violaciones de los derechos humanos y a las operaciones policiales o militares;
no a la quema de bosques para establecer plantaciones; no a la certificación
de plantaciones de palma aceitera, puesto que un monocultivo de palma
aceitera no puede hacerse en forma ecológica-mente sustentable
y en general provoca más problemas que beneficios duraderos para
la gente local; sí a la promoción de la agricultura orgánica
sin uso de fertilizantes artificiales ni toxinas agrícolas; sí
a la promoción de los pequeños establecimientos rurales
en los países productores. La declaración llama también
a que se respeten los derechos territoriales y consuetudinarios y al pleno
cumplimiento de los acuerdos internacionales ratificados relativos a pueblos
indígenas, biodiversidad, derechos de los trabajadores, etc, en
los países que producen cultivos para biocombustible.
Además, otras ONG, organizaciones de Pueblos Indígenas y
movimientos de agricultores exhortaron a las Partes del Convenio Marco
de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, reunidas para
su 12ª Conferencia de las Partes en Nairobi entre el 6 y el 17 de noviembre
de 2006, a suspender inmediatamente todos los subsidios y otras formas
de apoyo desigual a la importación y exportación de biocombustibles.
Dichas organizaciones declararon que "No hay nada verde ni sustentable
en el biocom-bustible importado. En lugar de destruir las tierras y el
sustento de comunidades locales y Pueblos Indígenas del Sur mediante
otra forma más de colonialismo, exhortamos a los países
del Norte a reconocer su responsabilidad en la destrucción del
sistema climático del planeta, reducir su consumo de energía
hasta alcanzar niveles sustentables, pagar la deuda climática que
han ocasionado al no haber hecho lo anterior hasta el momento y aumentar
sustancialmente la inversión en energía solar y en energía
eólica sustentable".
Extractado de Boletín 112 del WRM
Movimiento Mundial por los Bosques
http://www.wrm.org.uy
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