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CAMBIO CLIMÁTICO
// GRAN OPOSICIÓN SOCIAL A LAS PROPUESTAS DEL BANCO MUNDIAL
http://diagonalperiodico.net/spip.php?article5239
Los bosques, atrapados
en una ‘REDD’ comercial
Tamra Gilbertson, es miembro de Carbon
Trade Watch, Instituto Transnacional (carbontradewatch.org) - Traducción:
Beatriz Martínez / Bali
La propuesta que el Banco Mundial hizo en Bali en diciembre para combatir
el cambio climático (descontar emisiones de contaminación
por evitar la ‘deforestación evitada’) podría
beneficiar a los principales actores contaminantes.
PROTESTAS
EN BALI. Las estrategias acordadas en la cumbre de Bali contra el cambio
climático fueron muy criticadas por multitud de organizaciones
sociales / Tamra Gilbertson
El Banco Mundial (BM) encabezará proyectos piloto de esta iniciativa
internacional con el probable apoyo político y económico
del G-8. La propuesta, conocida como REDD (Reducción de Emisiones
Provocadas por Deforestación y Degradación), se está
desarrollando como otro de los instrumentos comerciales de Kyoto, y entraría
en vigor en 2012.
En el actual sistema, los beneficios económicos inmediatos de la
deforestación pesan más que las ventajas de proteger los
bosques para el futuro. El Banco Mundial afirma que reducir el índice
anual de la deforestación en los países en desarrollo costaría
entre 2.000 y 20.000 millones de dólares anuales, y el coste total
superaría los 100.000 millones de dólares al año.
Los países con mayor índice de deforestación serían
los principales beneficiados.
El BM asumió la tarea de administrar proyectos piloto en cinco
países mediante su nuevo Fondo para reducir las emisiones mediante
la protección de los bosques (FCPF), cuyo responsable, Benoît
Bosquet, manifestaba: “El objetivo final del FCPC es impulsar un
mercado de emisiones con los bosques”. No le falta experiencia al
BM con los mercados de emisiones. En 1999, la institución inauguraba
su primer fondo, el Fondo Prototipo del Carbono (PCF), que buscaba construir
un instrumento de créditos de derechos de emisión con empresas
y gobiernos. El PCF se creó para respaldar proyectos en el marco
del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kyoto. En principio,
el PCF era un mecanismo temporal, pero pasados ocho años, la cartera
de los diez fondos del Banco en este sector ronda los 2.000 millones de
dólares.
Los MDL han sido objeto de constantes críticas desde sus inicios.
Se suponía que los proyectos permitirían a las industrias
contaminantes compensar sus emisiones invirtiendo en proyectos limpios
en el Sur. En la práctica, los MDL dan carta blanca para seguir
contaminando en el Norte, donde empresas y gobiernos tienen una opción
barata para seguir sus negocios, y en el Sur, donde los proyectos MDL
que generan la mayoría de créditos garantizan subvenciones
a algunas de las empresas más contaminantes del mundo. Como sucede
con la REDD, cuando se presentaron los MDL, la información era
ambigua. Sin embargo, proyectos financiados con el MDL han desembocado
en el desalojo de comunidades enteras, y varias empresas han sido acusadas
de apropiarse de tierras, exacerbar la contaminación, generar una
emigración forzosa y destruir medios de vida.
A diferencia del MDL, la REDD funcionará por países, hecho
que propiciará nuevos problemas. Entre ellos, la cuestión
de quién posee las tierras y tiene derechos sobre ellas. En muchos
países con una densa masa forestal, el Estado no reconoce los derechos
legales de los pueblos indígenas que viven en los bosques y los
protegen. “En estas condiciones de conflictos no resueltos de tierra,
la desviación del carbono proyecta ese reclamo para reducir las
emisiones de la deforestación, pero estarían basadas en
una cuota por debajo del enfoque y pondría más poder en
las manos de gobiernos”, afirma Jutta Kill, de la ONG europea FERN.
El programa REDD aplica un enfoque estático a la deforestación,
y reduce una cuestión muy compleja a un simple mecanismo mercantil,
ajustado a los modelos de la economía convencional. “La propuesta
REDD simplifica la función de los ecosistemas forestales, como
si sólo fueran un almacén de carbono”, sostiene la
organización indonesa Wahli.
Conflictos de interés
En su reunión anual, el propio grupo de inspección del Banco
emitió un informe que denunciaba el último escándalo
forestal de este organismo en la República Democrática del
Congo. El préstamo concedido había infringido casi todas
las normativas internas del Banco al abrir la cuenca del río Congo
a madereras industriales que habían arrasado enormes zonas de bosque
virgen y acabado con los medios de vida de comunidades indígenas.
Y no es un caso aislado. Según Amigos de la Tierra-Brasil, la ganadería
representa la mayor amenaza en la cuenca del Amazonas, y el Banco es uno
de los principales responsables, al financiar la expansión de la
industria ganadera y la deforestación en la región amazónica.
Este enfoque apunta a pueblos indígenas y marginados como ‘impulsores’
de la deforestación. En la península de Kampar, en la provincia
indonesia de Riau, hay una de las mayores turberas del mundo. La papelera
APRIL propone plantar un ‘anillo’ de árboles para proteger
los bosques de la tala ilegal de la que acusa a las comunidades vecinas.
Ahora está buscando financiación para el proyecto, que pretende
presentarse al programa REDD. Pero el proyecto despejaría casi
la mitad de la cubierta forestal restante, y no abordaría el principal
problema de la deforestación en la zona: la sobrecapacidad de las
fábricas de papel de APRIL y de la empresa rival, APP. En Bali,
cientos de activistas comprometidos con la lucha por la justicia climática
mostraron su oposición a la REDD y al nuevo fondo del Banco Mundial.
Grupos indígenas, mujeres de Tuvalu y activistas indonesios se
manifestaron para decirle al Banco que sus propuestas no son bienvenidas.
Más de 59 organizaciones suscribieron una declaración contra
la REDD.
LAS MUJERES CAMPESINAS ABRAZAN LOS BOSQUES,
EL BANCO MUNDIAL LOS AMORDAZA
SORAYA GONZÁLEZ
La lucha contra la deforestación que ahora lidera el BM es ya conocida
en aquellas regiones rurales donde los bosques son la moneda de cambio
de la economía doméstica. Mujeres campesinas, principalmente,
organizadas desde los años ‘70, han interpuesto lo puesto,
su cuerpo, a las sierras de los trabajadores a sueldo de empresas que
comercian con la madera. Otras han fecundado el suelo con millones de
semillas. La extracción de madera y la deforestación por
la expansión agrícola no son sólo un problema para
el calentamiento de la tierra. Son las principales amenazas para alrededor
de 150 millones de personas, principalmente mujeres, que dependen de la
supervivencia de los bosques primarios. La erosión del suelo, provocada
por el desmonte de las montañas a manos de empresas, vuelve más
vulnerables, si cabe, a las comunidades rurales. Ésta es la lección
que aprendieron las comunidades campesinas cercanas al río Alaknanda,
en la India, cuando las lluvias monzónicas abrieron sus tierras
en 1970. Así, cuando pocos años después, el Departamento
de Montes de la India anunció la subasta de 2.500 árboles
en el bosque de Reni, junto al río Alaknanda, los y las pobladoras
salieron a defender lo que les pertenecía. Gaura Deví organizó
la resistencia no violenta de las mujeres de Lata, su aldea, que encadenadas
con sus brazos a los árboles prendieron la chispa del movimiento
Chipko (abrazar en hindú). La empresa de deportes Simon Company
tuvo que retirarse y, posteriormente, el Gobierno prohibió la tala
durante 10 años. El éxito se propagó desde un extremo
a otro del Himalaya y hoy Chipko tiene una relevancia internacional, gracias
también a la ecofeminista Vandana Shiva. Con sólo un 2%
de cubierta forestal, Kenia es otro enclave de los más afectados
por la deforestación. A finales de los ‘70, el movimiento
Geen Belt, también protagonizado por mujeres y auspiciado por una
mujer con presencia internacional hoy, Wangari Maathai (Premio Nobel de
la Paz en 2004), acometió su lucha plantando árboles. Convertido
en ONG, el movimiento se vanagloria de haber plantado más de 40
millones de árboles. En ambos movimientos, no se trata sólo
de conservar los bosques sino de apostar por la biodiversidad y la seguridad
alimentaria. La explotación comercial de los bosques por empresas
extranjeras ha prohibido durante años el acceso a sus recursos
a las aldeas que viven en equilibrio con ellos. Ahora, la conservación
de las zonas boscosas como sumideros de carbono puede perpetuar su blindaje
a las comunidades rurales, que no han sido consultadas en ese festival
de lavado verde celebrado en Bali.
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