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Brasil: Los agrocombustibles
y la ofensiva del capital trasnacional
(Por João Pedro Stedile)*
La
prioridad del "agrobusiness" es el monocultivo a gran escala,
lo que significa la expulsión del hombre del campo mediante la
mecanización, el uso sin brida de agrotóxicos y la agresión
al ambiente.
Estamos bajo la ofensiva de una triple alianza del capital internacional:
las compañías petroleras (que quieren disminuir la dependencia
respecto del petróleo), las compañías automovilísticas
(que quieren seguir promoviendo el modelo de transporte individual) y
las empresas agroindustriales, como Cargill, Monsanto y Bunge (que quieren
seguir teniendo el monopolio del mercado mundial de semillas y de productos
agrícolas).
Y ahora este imperio del capital internacional quiere cerrar una alianza
con los grandes terratenientes del sur, especialmente aquí, en
Brasil, para usar grandes extensiones de tierras para producir agrocombustibles.
Nada que ver con nuestras preocupaciones, simples seres humanos que somos,
respecto del ambiente y al efecto invernadero global: a ellos sólo
les interesa mantener y aumentar las tasas de beneficios.
La manipulación a que, a tal efecto, nos vemos sometidos es enorme:
llamar a los combustibles de origen vegetal "biocombustibles"
es una aberración. Con el prefijo "bio" quieren ofrecer
la imagen de algo bueno, políticamente correcto. Pero el único
objetivo del capital es el beneficio, y los efectos no serán desde
luego nada buenos.
El primero de ellos será la inevitable migración de los
cultivos alimentarios –que en general tienen márgenes de
beneficio muy bajos— hacia el cultivo de agrocombustibles (ya se
ven los efectos sobre los precios de los cereales); el segundo será
la ampliación de las áreas destinadas al monocultivo –cereales,
caña de azúcar, soja– para la producción de
etanol o de carburantes diésel; el tercero, una fuerte presión
a favor de la ulterior concentración de la propiedad de las tierras.
La experiencia del Brasil es elocuente. La producción de alcohol
para autos a partir de la caña de azúcar ha tenido un impacto
positivo en la balanza comercial, disminuyendo los gastos en petróleo.
Pero las consecuencias sobre el medio ambiente han resultado devastadoras:
muchos países se han transformado en inmensos campos de caña,
totalmente dependientes de la importación de alimentos del exterior.
E incluso en relación con la contaminación, los resultados
han sido negativos, porque la producción de caña necesita
a su vez diesel y derivados del petróleo para los fertilizantes.
Es necesario que consigamos cerrar el paso al progreso del monocultivo
de la caña y de la soja. Y más en general, es necesario
que consigamos detener la ofensiva del gran capital transnacional.
* Dirigente del movimiento brasileño de los Sem Terra.
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