“Los agrocombustibles y la especulación son la causa”

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ENTREVISTA // ERIC HOLT, DIRECTOR DE FOOD FIRST
Emma Gascó Falque, Redacción

Entrevistamos al director de la organización Food First, Eric Holt, que desgrana las causas y los intereses que hay detrás del alarmante incremento de los precios de los alimentos.

ERIC HOLT.
Director de la organización por la soberanía alimentaria Food First / Juan Carlos Rojas

DIAGONAL: ¿Por qué están subiendo cada vez más los costes de las materias primas?

ERIC HOLT: Las causas principales son los agrocombustibles y la especulación. Por un lado, los agrocombustibles tienden a concentrar el poder de mercado en pocas manos (compañías graneras, empresas de transgénicos y petroleras). Además, se crea una competencia entre los cultivos para combustible y los cultivos para alimentación, en áreas sembradas y en recursos. Por otro lado, las grandes compañías compran a futuro y luego retienen. Controlan tanto los granos del futuro como los de ahora y, como retienen, sube el precio. Esta especulación no es nueva, pero la actual competencia entre comestibles y combustibles la hace más fácil. Sobre todo, porque el control sobre los granos se está consolidando cada vez más por la cultura de los biocombustibles.

D.: ¿Cómo afecta este alza de precios a las economías de los países empobrecidos?

E.H.: Afecta enormemente, pero no sólo a los países empobrecidos, también a las economías más débiles de los países del Norte y a la gente pobre en los países ricos. Por ejemplo, les va a afectar a los 36 millones de personas que padecen hambre en EE UU, porque la mayor parte de su economía familiar se destina a la compra de alimentos. Esta cifra puede llegar al 80% del presupuesto familiar, igual que ocurre para los pobres en los países del Sur. La diferencia es que gran parte de la población de los países del Sur, que vive de la agricultura, ahora sufre por partida doble: están perdiendo sus terrenos por los agrocombustibles (lo que impide el autoabastecimiento) y, además, ha subido el precio de los alimentos.

D.: ¿Qué relación hay entre esta subida de los precios y el incremento del PIB de algunos países pobres?

E.H.: Siempre ha subido el PIB. Hemos visto un crecimiento espectacular, de un 8% y hasta un 10% y siguen siendo pobres. El incremento del PIB no importa nada, porque no implica redistribución. En México, aunque suba el precio del maíz, los campesinos no reciben ese precio y, aunque lo recibieran, muchos ya han emigrado y están en EE UU. Y no es tan fácil que regresen, que reinicien su agricultura, que consigan créditos, maquinaria, etc., para participar en ese boom.

D.: ¿Qué futuro tienen los biocombustibles que no entran en competencia con la alimentación, como el producido a base de algas?

E.H.: Estos planteamientos de nada nos sirven mientras el boom de los agrocombustibles arrase con nuestros sistemas alimenticios y energéticos. Lo que está dando impulso a los agrocombustibles es que los políticos han fijado ya los objetivos. EE UU quiere 144.000 millones de litros para 2022 en agrocombustibles, y están subsidiados. Las inversiones subieron un 800% el año pasado. En Berkely, British Petroleum acaba de invertir medio millón de dólares en investigación. Ahora ya no hay interés ni dinero para ninguna investigación que no sea a favor de los biocombustibles. Hemos denominado a este proceso la agrotransformación porque parece que es una transformación agraria ya en el siglo XXI. Probablemente la última que vivamos.

D.: ¿Qué relación se establece ahora entre los alimentos y el petróleo?

E.H.: Todo nuestro sistema alimenticio industrial depende del subsidio del petróleo; nunca pagamos el precio del petróleo real, por todas las externalidades que no pagamos. Antes, cuando subía el precio del petróleo, subía el precio de la comida, por el transporte, pero ahora, cuando sube el precio de la comida va a subir el precio del transporte, todo lo contrario. Esto nos deja una espiral inflacionaria en los agrocombustibles.

D.: ¿Qué resistencias se están dando? ¿Hay alguna batalla ganada?

E.H.: Hay dos tipos de batallas: en el territorio y en el espacio político. Por ejemplo, en EE UU las comunidades han rechazado, a base de mucha movilización, las plantas de etanol. A nivel político, la moratoria en la UE fue fundamental para frenar la explosión de agrocombustibles. Aunque no la haya parado del todo, por lo menos la ha frenado un poco. Pero no sólo hay que estar en contra de los biocombustibles, sino que hay que estar a favor de la soberanía alimentaria y la agroecología. Tenemos que retomar el control sobre todo el sistema alimenticio. No podemos pretender resolver los problemas de inequidad y de insostenibilidad a través del mercado; nos olvidamos de las políticas públicas y de las movilizaciones sociales. Si dejamos que nos arrinconen en la categoría de consumidor, perdemos todo el poder político que tenemos como seres sociales. Es un concepto diseñado para deshabilitarnos políticamente.