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“Los
agrocombustibles y la especulación son la causa”
http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article5773
ENTREVISTA // ERIC HOLT, DIRECTOR DE FOOD FIRST
Emma Gascó Falque, Redacción
Entrevistamos al director de la organización Food First,
Eric Holt, que desgrana las causas y los intereses que hay detrás
del alarmante incremento de los precios de los alimentos.
ERIC
HOLT.
Director de la organización por la soberanía alimentaria
Food First / Juan Carlos Rojas
DIAGONAL: ¿Por qué están subiendo cada vez más
los costes de las materias primas?
ERIC HOLT: Las causas principales son los agrocombustibles y la especulación.
Por un lado, los agrocombustibles tienden a concentrar el poder de mercado
en pocas manos (compañías graneras, empresas de transgénicos
y petroleras). Además, se crea una competencia entre los cultivos
para combustible y los cultivos para alimentación, en áreas
sembradas y en recursos. Por otro lado, las grandes compañías
compran a futuro y luego retienen. Controlan tanto los granos del futuro
como los de ahora y, como retienen, sube el precio. Esta especulación
no es nueva, pero la actual competencia entre comestibles y combustibles
la hace más fácil. Sobre todo, porque el control sobre los
granos se está consolidando cada vez más por la cultura
de los biocombustibles.
D.: ¿Cómo afecta este alza de precios a las economías
de los países empobrecidos?
E.H.: Afecta enormemente, pero no sólo a los países empobrecidos,
también a las economías más débiles de los
países del Norte y a la gente pobre en los países ricos.
Por ejemplo, les va a afectar a los 36 millones de personas que padecen
hambre en EE UU, porque la mayor parte de su economía familiar
se destina a la compra de alimentos. Esta cifra puede llegar al 80% del
presupuesto familiar, igual que ocurre para los pobres en los países
del Sur. La diferencia es que gran parte de la población de los
países del Sur, que vive de la agricultura, ahora sufre por partida
doble: están perdiendo sus terrenos por los agrocombustibles (lo
que impide el autoabastecimiento) y, además, ha subido el precio
de los alimentos.
D.: ¿Qué relación hay entre esta subida de los precios
y el incremento del PIB de algunos países pobres?
E.H.: Siempre ha subido el PIB. Hemos visto un crecimiento espectacular,
de un 8% y hasta un 10% y siguen siendo pobres. El incremento del PIB
no importa nada, porque no implica redistribución. En México,
aunque suba el precio del maíz, los campesinos no reciben ese precio
y, aunque lo recibieran, muchos ya han emigrado y están en EE UU.
Y no es tan fácil que regresen, que reinicien su agricultura, que
consigan créditos, maquinaria, etc., para participar en ese boom.
D.: ¿Qué futuro tienen los biocombustibles que no entran
en competencia con la alimentación, como el producido a base de
algas?
E.H.: Estos planteamientos de nada nos sirven mientras el boom de los
agrocombustibles arrase con nuestros sistemas alimenticios y energéticos.
Lo que está dando impulso a los agrocombustibles es que los políticos
han fijado ya los objetivos. EE UU quiere 144.000 millones de litros para
2022 en agrocombustibles, y están subsidiados. Las inversiones
subieron un 800% el año pasado. En Berkely, British Petroleum acaba
de invertir medio millón de dólares en investigación.
Ahora ya no hay interés ni dinero para ninguna investigación
que no sea a favor de los biocombustibles. Hemos denominado a este proceso
la agrotransformación porque parece que es una transformación
agraria ya en el siglo XXI. Probablemente la última que vivamos.
D.: ¿Qué relación se establece ahora entre los alimentos
y el petróleo?
E.H.: Todo nuestro sistema alimenticio industrial depende del subsidio
del petróleo; nunca pagamos el precio del petróleo real,
por todas las externalidades que no pagamos. Antes, cuando subía
el precio del petróleo, subía el precio de la comida, por
el transporte, pero ahora, cuando sube el precio de la comida va a subir
el precio del transporte, todo lo contrario. Esto nos deja una espiral
inflacionaria en los agrocombustibles.
D.: ¿Qué resistencias se están dando? ¿Hay
alguna batalla ganada?
E.H.: Hay dos tipos de batallas: en el territorio y en el espacio político.
Por ejemplo, en EE UU las comunidades han rechazado, a base de mucha movilización,
las plantas de etanol. A nivel político, la moratoria en la UE
fue fundamental para frenar la explosión de agrocombustibles. Aunque
no la haya parado del todo, por lo menos la ha frenado un poco. Pero no
sólo hay que estar en contra de los biocombustibles, sino que hay
que estar a favor de la soberanía alimentaria y la agroecología.
Tenemos que retomar el control sobre todo el sistema alimenticio. No podemos
pretender resolver los problemas de inequidad y de insostenibilidad a
través del mercado; nos olvidamos de las políticas públicas
y de las movilizaciones sociales. Si dejamos que nos arrinconen en la
categoría de consumidor, perdemos todo el poder político
que tenemos como seres sociales. Es un concepto diseñado para deshabilitarnos
políticamente.
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