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FORMACIÓN
EN UN CONSUMO RESPONSABLE AGROECOLÓGICO
Galindo, P. GAKs.
Email: juliajara13@yahoo.es
INTRODUCCIÓN
La
pauta de consumo de las sociedades desarrolladas no es deseable, ni generalizable.
Las formas de consumo de alimentos se explican en relación con
las formas de producción y distribución alimentaria. A su
vez, estas dependen de su reproducción en cada nuevo/a consumidor/a,
educad@s desde pequeñit@s por la publicidad. La consecuencia de
la producción, distribución y consumo globalizados de alimentos
es el hambre, la comida basura y las enfermedades alimentarias.
La industrialización y mercantilización de la agricultura
y la alimentación han demostrado su incapacidad para dar de comer
de forma suficiente y saludable a toda la población. Con el despilfarro
de recursos naturales y la contaminación, crecen la precariedad,
la pobreza y la inseguridad alimentaria. La generalización de la
comida basura tiene que ver con la proliferación de trabajos basura
y de una vida basura para la mayoría.
Una producción agraria sostenible exige algo más que criticar
las formas industriales de producción alimentaria. Es necesario,
además, impulsar la transición a formas agroecológicas
de producción de alimentos y afrontar nuestras formas de consumo.
Agroecología y consumo responsable agroecológico son dos
caras de la misma moneda.
La formación en el consumo responsable agroecológico es
la condición para promover formas de consumo que sostengan la producción
agroecológica de alimentos desde una defensa verdadera de la naturaleza
y la seguridad alimentaria. Las personas y colectivos comprometidos con
la Agroecología y el Consumo Responsable, defendemos nuestro derecho
a producir y consumir alimentos sanos y suficientes, pero también
nos planteamos la extensión social de nuestra actividad como respuesta
a la inseguridad alimentaria que genera la globalización. Dicha
extensión se enfrenta con la tarea de transformar las formas de
producir y consumir alimentos. Esta transformación afecta a los
deseos y valores de la población conquistados por el afán
de lucro y consumismo. Acometer este reto requiere la proliferación
de iniciativas urbanas y rurales, basadas en relaciones directas entre
consumidor@s responsables organizad@s en las ciudades y productor@s agroecológicos,
también organizad@s, en el campo.
Dentro de lo que podría llamarse movimiento por la Agroecología
y el Consumo Responsable hay distintas posiciones. En los GAKs pensamos
que la sostenibilidad de los cambios alimentarios y ecológicos
requiere cambios en otros terrenos de la actividad social como la división
del trabajo, las relaciones entre el campo y la ciudad, la propiedad de
la tierra y de los medios de producción, la educación en
los valores y principios que rigen los deseos de las personas y los otros.
Por eso consideramos que la Agroecología no debe ser entendida
sólo como la aplicación de una tecnología agrícola,
sino como un proceso de transformación de la sociedad en su conjunto.
Ninguna actividad contiene dentro de sí todas las claves para un
cambio social. Hay que buscar la confluencia, colaboración y enriquecimiento
mutuo de muchas actividades que persiguen una vida mejor para tod@s. La
más cercana a la Agroecología es el Consumo Responsable
Agroecológico. Nuestra sociedad necesita una formación en
el Consumo Responsable Agroecológico para hacer frente a la inseguridad
alimentaria que padecemos.
La producción agroecológica de alimentos no tendrá
porvenir sin el crecimiento de las redes de consumo responsable agroecológico.
Estas redes no serán lo que declaran, si no consiguen el apoyo
social a proyectos alimentarios que, al tiempo que resuelven el problema
de la seguridad alimentaria de la población, señalan a los
responsables de la inseguridad alimentaria y se enfrentan a ellos. Para
que pueda haber redes amplias de consumidores responsables agroecológicos
debemos emplearnos en la formación en todos los ámbitos
educativos, de los contenidos de un consumo responsable agroecológico
y de sus razones. En nuestra pequeña escala, los GAKs llevamos
muchos años desarrollando actividades de formación: cursos
para formación de grupos de consumo, para formación de formadores,
charlas sobre alimentación a colectivos de barrio, a niños
y niñas en centros educativos, colaboraciones con el Area de Educación-Exclusión-Menores
del Movimiento Antiglobalización en Madrid, programas de radio,
artículos en publicaciones diversas (incluidas colaboraciones mensuales
en revistas de barrio), un libro sobre la teoría y la práctica
del consumo responsable agroecológico. Pero queda mucho por hacer.
En la demanda de un espacio para la Agroecología en la formación
curricular de futur@s técnic@s agrícolas y agrónom@s
es imprescindible introducir la dimensión del consumo responsable
agroecológico.
ALIMENTACIÓN E INSEGURIDAD ALIMENTARIA
La alimentación es un derecho humano fundamental. Sin embargo,
las autoridades políticas permiten que esté en manos de
multinacionales y grandes superficies cuyo único objetivo es ganar
cuanto más dinero mejor El resultado de este secuestro es desolador:
muerte y enfermedades por desnutrición en los países empobrecidos,
pero también muerte y enfermedades por comida basura en los países
ricos.
La mercantilización de los alimentos coloca la salud pública
bajo el control de grandes corporaciones privadas. La agricultura industrial
convencional no produce alimentos sanos y suficientes para tod@s sino
mercancías alimentarias para el mercado mundial cuya distribución
está controlada por grandes superficies, redes de supermercados
y restaurantes de comida basura multinacionales. Estas corporaciones extorsionan
a l@s pequeñ@s agricultor@s, imponen condiciones inhumanas a l@s
trabajador@s de las explotaciones agrícolas e industrias de transformación,
contaminan el agua, la tierra y el aire, destruyen el pequeño comercio
tradicional y atentan contra la salud de tod@s, poniendo firmes a los
poderes públicos.
Posteriormente venden, a quien pueda pagarlo, el antídoto para
los venenos que contiene su comida: productos enriquecidos con calcio,
vitaminas, isoflavonas, acidos grasos omega 3, fibra, etc. A pesar de
que las enfermedades de origen alimentario no se solucionan comprando
remedios milagrosos a las mismas multinacionales y en las mismas grandes
superficies que nos han enfermado, muchos caemos en la trampa. Por eso
necesitamos quebrar la cadena de la inseguridad alimentaria donde realmente
podemos hacerlo, en nuestros modos de consumo que, a su vez, dependen
de nuestra (in)cultura alimentaria y nutricional, base de nuestra vulnerabilidad
frente a la manipulación publicitaria.
LA CONSTRUCCIÓN DE UN CONSUMO GLOBALIZADO Y SU RESPONSABILIDAD
EN LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA
No sería posible un modelo de producción global de alimentos
sin una distribución global que, a su vez necesita un consumo globalizado.
La concentración urbana y el modo de consumo urbano, cada vez más
alejado de la naturaleza, se expande como algo normal y deseable en el
desarrollo de las sociedades modernas. A partir de ahí, la satisfacción
de las necesidades por muy elementales o superfluas que sean, depende
del mercado.
En este ecosistema artificial, se desarrolla un consumidor acostumbrado
a que todas sus necesidades y deseos se satisfagan en el mercado. Con
la mediación universal del mercado desaparecen todas las circunstancias
que el mercado esconde detrás de los precios. El precio es la forma
económica que “resume” todas las circunstancias no
económicas, incluidas las vidas de las personas que alimentan el
proceso productivo con su trabajo. Para el consumidor que va con su dinero
a una gran superficie, el “pasado” ecológico y social
de un producto es indiferente. Lo único que importa es su precio.
Con el desarrollo de su faceta de consumidor, el ciudadano se convierte
en individuo de mercado.
En tanto que individuo de mercado, el consumidor no necesita hacer una
valoración moral, social, ecológica o política, de
sus necesidades. No tiene que plantearse si están justificadas
o son superfluas, si impiden a otros satisfacer sus necesidades básicas,
si menoscaban los derechos y condiciones de vida de los demás,
si agotan los recursos naturales y, por tanto, si debe poner límites
a sus deseos, más allá de su capacidad adquisitiva. Mientras
en el mercado haya mercancías y consumidores deseosos de adquirirlas,
lo demás es secundario.
Desde la ideología individualista de mercado, el consumidor considera
menos racional un aplazamiento de los deseos y más racional un
aplazamiento de los pagos. El consumismo y los créditos bancarios
que lo posibilitan para las clases más débiles económicamente,
activan la economía, pero las incongruencias del dinero, la desobediencia
de pueblos y gobiernos sometidos y la burbuja financiera e inmobiliaria,
preparan otra vez, un desenlace catastrófico para esta racionalidad.
El mercado legitima como la solución más racional ante la
crisis permanente de la economía global, no reducir el consumismo,
sino aumentarlo. La dinámica mercantil necesita la circulación,
es decir, que afluya dinero para comprar mercancías. Importa poco
si tienen un uso posterior, si tales mercancías son superfluas
o si han causado la muerte para llegar “flamantes” al mercado.
La producción de mercancías, aunque tiene que referirse
a una necesidad (más o menos real) y por tanto producir bienes
y servicios (más o menos útiles), se mueve para obtener
más dinero que él que se invirtió en un principio.
Producción, distribución y consumo de alimentos son sólo
momentos distintos del proceso de producción y reproducción
del capital. No habría consumo globalizado de alimentos, sin consumidores
globalizados. Luego los hábitos consumistas y los deseos irracionales
son la condición necesaria para la producción y circulación
global de los alimentos. La ruptura organizada con las formas de consumo
inadecuadas y el establecimiento de límites voluntarios a los deseos
consumistas de cada uno de nosotros es la condición necesaria,
aunque no suficiente, para acabar con el secuestro de la alimentación
por las multinacionales. La lucha por la seguridad alimentaria, pasa por
la organización política del consumo responsable.
Un relato educativo de estos hechos es la película “Fast
Food Nation”, basada en el libro de Eric Schlosser “Fast Food:
el lado oscuro de la comida rápida”, Grijalbo, Barcelona
2001.
Para más información “Agroecología y consumo
responsable: teoría y práctica”. Pilar Galindo (Coord.).
Ed. Kehaceres, Madrid 2006
No tenemos espacio para desarrollar aquí la caracterización
de la producción y distribución global de alimentos. Remitimos
al Cap. 2 “La Globalización de los alimentos. Producción
global” pags. 53-70 y Cap. 3 “La globalización de la
alimentación. Distribución Global” pags. 71-90 del
libro referenciado en la nota 2: “Agroecología y consumo
Responsable. Teoría y práctica”
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