"estaríamos
usando las tierras fértiles que tenemos disponibles, el agua
disponible ... para producir alimentos, pero no para la gente, sino
para los vehículos de los ricos" Hugo Chávez.
Diálogo con el doctor Miguel Altieri
Por Roberto Aguirre
El especialista en agroecología conversó con APM sobre
la actualidad de América Latina. Criticó duramente el
desarrollo del etanol y destacó el rol de los movimientos sociales
en la lucha por la soberanía alimentaria.
El doctor Miguel Angel Altieri es uno de los mayores referentes de la
agroecología en el mundo. Nacido en Chile y actualmente dictando
clases en la Universidad de Berkeley, en California, el especialista
define a esta disciplina como una ciencia que plantea un nuevo paradigma
científico para el desarrollo de la agricultura, que rechaza
la dependencia de agrotóxicos y el uso de transgénicos,
y rescata los saberes tradicionales de los campesinos.
En ocasión del Seminario de Agroecología realizado en
la ciudad de La Plata, Argentina, auspiciado por el Instituto para la
Pequeña Agricultura Familiar de la región pampeana (IPAF
Pampeana) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)
y la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional
de La Plata, Miguel Altieri ofreció una conferencia donde explicó
el desarrollo de su modelo. APM pudo conversar con el académico
sobre temas vinculados a la realidad latinoamericana.
Con la visita del presidente de Estados Unidos, George Bush, a América
Latina, más específicamente a Brasil, se desató
una polémica alrededor de la viabilidad del desarrollo de los
biocombustibles. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Los biocombustibles son una tragedia ecológica y social. Con
su producción se creará un problema muy grande de soberanía
alimentaria, ya que hay miles de hectáreas de soja, caña
de azúcar y palma africana que se van a expandir, lo que va a
producir una deforestación masiva muy grande. Esto ya está
pasando en Colombia y en el Amazonas de Brasil. Además va a aumentar
la escala de producción de monocultivos mecanizados, con altas
dosis de fertilizantes y específicamente Atrazina, que es un
herbicida muy nocivo con irrupción endocrina. Digamos que los
problemas de la agricultura industrial se potenciarán de una
forma tremenda.
Por otra parte, el desarrollo de los biocombustibles no tiene ningún
sentido energético, ya que todos los estudios que se han hechos
demuestran que se necesita más petróleo para fabricar
biocombustible. Por ejemplo, en el caso del etanol de maíz se
necesitan 1,3 kilocalorías de petróleo para producir una
kilocaloría de bioetanol. Esto no tiene ningún sentido.
Lo que está ocurriendo, básicamente, es el diseño
de una nueva estrategia de reproducción por parte del capitalismo,
que está tomando el control de los sistemas alimentarios. Aquí
se está produciendo la alianza inédita de multinacionales
petroleras biotecnológicas, de autos, los grandes mercaderes
de granos y algunas instituciones conservacionistas. Entonces, hay un
conglomerado que va a decidir junto a China, debido a su demanda de
soja, cuáles van a ser los grandes destinos de los paisajes rurales
de América Latina. Yo creo que en ese sentido tenemos que tener
mucho cuidado de que nuestros gobiernos, a pesar de que quieran utilizar
esta oportunidad, prioricen la soberanía alimentaria como un
elemento de desarrollo estratégico.
Por estos días trascendieron estudios que confirman que en Estados
Unidos y la Unión Europea no alcanzan las tierras para cumplir
con las metas impuestas de desarrollo de biocombustibles. Esto implica
que ya se tomó una decisión: América Latina y los
países del tercer mundo son los que proveerán los recursos
necesarios…
Cito sólo un ejemplo. Para que Estados Unidos produzca todo el
etanol que necesita para reemplazar su petróleo, debería
cultivar seis veces su superficie. Entonces, está claro que lo
van a hacer en los países de América Latina y, de hecho,
ya están en camino; ese fue el convenio que firmó Bush
con Lula (Da Silva) y esos son los mercados que van a dictar qué
se va a empezar a producir.
¿Estamos ante una nueva forma de colonialismo?
Totalmente, es un imperialismo ecológico. Pero también
nosotros, como países, tendríamos que tener la dignidad
suficiente para meternos en este negocio, privilegiando la soberanía
alimentaria: la tierra que sobre, la destinaremos a los biocombustibles.
Tiene que haber decisiones importantes porque es demasiado lo que está
en juego.
En su disertación usted planteaba que la agroecología
tiene una dimensión política, y que su desarrollo debe
darse desde los propios movimientos campesinos ¿Concibe la agroecología
como herramienta de cambio social?
Los movimientos campesinos y los movimientos sociales rurales han aceptado
la agroecología, no es que la agroecología los haya aceptado
a ellos. Igualmente, han reconocido a la agroecología como un
medio fundamental para alcanzar la soberanía alimentaría.
Ellos ven que la propuesta agroecológica es muy compatible con
su discurso porque es una ciencia y tecnología socialmente activante
que permite y fomenta la participación social. Es una ciencia
que no está en contra de la racionalidad campesina sino que se
construye sobre el conocimiento campesino, opuestamente al paradigma
tradicional que destruye el conocimiento campesino.
Por otro lado la agroecología es un recurso económicamente
sustentable porque se basa en la utilización de recursos locales,
que le permite desarrollar una propuesta mucho más barata y no
dependiente. También es ambientalmente sana, porque no pretende
modificar el ecosistema campesino, sino que intenta optimizarlo, a diferencia
de la agricultura tradicional que tiende a destruirlo. La mayoría
de los movimientos sociales ve a la agroecología como una ciencia,
que provee las bases científicas para una transformación
de la agricultura, pero comprometida con una agenda de desarrollo social
y sustentable muy clara, o sea, socialmente justa, que contempla la
reforma agraria, el protagonista de los campesinos y el respeto por
las culturas. Por eso, los movimientos campesinos han visto que la agroecololgia
ofrece una herramienta muy importante, y que es compatible con sus objetivos
de soberanía alimentaria.
Así como destacó el rol de los movimientos sociales, usted
hizo hincapié en que la vía institucional tendría
limitaciones para el desarrollo de un modelo agroecológico.
Sí, tiene limitaciones porque las instituciones, sobre todo del
Estado, sufren los vaivenes políticos y no tienen continuidad
en los programas. Entonces no podemos pensar que el futuro de la agroecología
va a quedar en la mano de decisiones políticas que son cambiantes.
Por eso tenemos que dotar de poder a las comunidades rurales para que
reproduzcan ese modelo.
Pero aquellos procesos institucionales más abiertos, pueden ser
usados por las agrupaciones campesinas para arrancar con un proyecto.
Sí, hay varios espacios abiertos, y creo que hay que utilizarlos
y apoyarlos, pero también las organizaciones campesinas tienen
que tener un rol más activo, no tan pasivo.
Pensando a los movimientos sociales como los verdaderos actores de la
agroecología, que usted definió como una “revolución
latinoamericana”, ¿por qué cree que la mayoría
de los movimientos sociales en América Latina están ligados
a la agroecología como modelo de lucha?
Sucede que la mayor parte de la pobreza tiene origen rural, las grandes
masas de pobres en las ciudades son, en su mayoría, campesinos
que han sido desplazados. Por otro lado, hoy en día por la agricultura
están pasando todos los problemas fundamentales de la humanidad:
pasa el problema energético, el de la seguridad alimentaria y
el de la salud. Los movimientos sociales observan esto y ven que la
agroecología les da una fortaleza desde muchos lugares. Y esto
también ocurre en los espacios urbanos, donde la gente se está
dando cuenta que la calidad de vida de ellos depende de la calidad de
la agricultura. En este sentido, la gente sabe que si compra McDonald´s,
compra un tipo de agricultura que daña su salud, mientras que
si compra en los mercados locales, además de apoyar a los pequeños
agricultores, reciben alimentos sanos y biodiversidad.
raguirre@prensamercosur.com.ar