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Celebróse la jornada prevista
en la sede del RIDEA, sobre los mal llamados biocarburantes.
Varios alcaldes, concejalas, senador y responsables políticos compartieron
espacio con colectivos ecologistas, sociales y ONGs, para tratar de profundizar
en el tema de las ventajas y los inconvenientes de los biocombustibles.
--Inició
presentación Rafael Palacios, presidiendo el Consejo Regional de
Cooperación. introduciendo el tema en relación con su reciente
viaje a las plantaciones de palma aceitera en Colombia, y coordinando
la reunión.
--Presentó una valoración sobre los cultivos energéticos
Paco Ramos, de Ecoloxistes N´Aición, sobre bondades y perversidades
de los cultivos y su uso masivo como monocultivo, la incidencia o no en
las emisiones de ceodos, y llamando la atención sobre la procedencia
de la materia prima.
--Continuó la exposición de Tom Kucharz, de Ecologistas
en Acción del estado, con una visión mundial sobre los biocombustibles,
crítica abierta a los usos inadecuados de grandes planes que inciden
en violaciones a los derechos ambientales y humanos.
--Después se realizó una proyección fresca, realizada
la semana anterior por el equipo de Last News, en donde se entrevistan
a campesinos y afrocolombianos expulsados de sus tierras para plantar
palma, en el Chocó colombiano, y con una entrevista especial a
un ex-gerente de Urapalma, ahora perseguido y en trámite de refugio,
con explicaciones explícitas sobre el aumento vertiginoso de las
plantaciones en Urabá, los motivos del negocio, las tramas paramilitares
, los ridículos salarios a los obreros, y el destrozo de la biodiversidad
en las zonas.
Dicho testimonio en video, por sí solo, daba elementos para la
judicialización de las empresas palmeras, que tienen financiamiento
y ventajas fiscales en las administraciones europeas y norteamericanas.
--Siguió el impresionante testimonio de Yahaira Salazar, joven
de 17 años, sobreviviente de la Operación Génesis,
ocurrida justamente hace diez años, donde los bombardeos de la
fuerza pública, y las barbaridades de los paramilitares produjeron
el éxodo obligado de las Comunidades, que, cuando intentaron regresar,
encontraron sus terrenos sembrados ilegalmente de palam aceitera.
--Y la intervención de Enrique Chimonja, de la Comisión
Intereclesial de Justicia y Paz, que contextualizó las acciones
de las Comunidades de Paz, en resistencia frente a modelos depredadores
y guerreristas, que construyen Vida en medio del desastre ambiental, de
la apropiación o robo de tierras, y del exterminio físico
de comunidades.
--Varias
intervenciones más enriquecieron el necesario debate, que da paso
a otras citas, conversaciones e iniciativas pertinentes, para dar información
fidedigna de los efectos perversos del uso masivo de cultivos energéticos,
en monocultivos que destruyen la tierra, destrozan la soberanía
alimentaria, y empobrecen por el hambre a los pobladores de las zonas.
Una propuesta se traladó, finalmente, para dirigirse a la Unión
Europea, en aras de que deje de promocionar el sinsentido de las subvenciones
a biocarburantes que destruirán el medio, empobrecerán a
los campesinos, y no supondrán ninguna ventaja sensible, para el
mal uso de las energías.
Los biocombustibles: falsas soluciones
que ahondan los problemas.
Los biocombustibles irrumpen en el mundo
(rompiendo, arrollando…).
(Queremos) soberanía alimentaria, no biocombustibles.
Gasolina contra alimentos.
La UE se ha comprometido[1][1] a la reducción de las emisiones
de gases con efecto invernadero (CO2). Para ello ha tomado medidas de
política energética que promueven un aumento significativo
del uso de biocombustibles en el transporte, desarrollando una intensa
campaña publicitaria para presentar los biocombustibles como alternativas
ambientalmente sostenibles que ayudarían a combatir el cambio climático.
Las organizaciones y colectivos sociales abajo firmantes, ante los proyectos
de producción a gran escala de los biocombustibles para así
“intentar satisfacer sustentablemente” el consumo desmedido
de gasolina y gasoil con destino al transporte, y contribuir con ello
a la mitigación del cambio climático, manifestamos públicamente
nuestras resistencias a la importación de la materia prima para
la producción de biocombustibles y a la importación de biocombustibles
producidos en los países del sur.
La
UE, en su reciente plan energético, promueve el uso de biocombustibles[2][2]
para el transporte y la producción de energía, sin priorizar
la reducción del consumo ni la mejora de la eficiencia energética.
Implica la mezcla[3][3] con la gasolina y con el gasoil del bioetanol
y del biodiesel respectivamente, obtenidos estos de la caña de
azúcar, remolacha y cereales (maíz principalmente), palma
aceitera y semillas oleaginosas (soja, girasol,..). Alcanzar los umbrales
de sustitución señalados significará una demanda
masiva de biocombustibles que la UE no podrá producir[4][4]. Por
ello, gran parte de la materia prima necesaria para la producción
del biocombustible provendrá de monocultivos de los países
del sur, causa de despoblamiento rural y deforestación y engranándose
su producción en el modelo agroindustrial que sienta sus bases
en un productivismo sin límites.
Ello tendrá consecuencias medioambientales y sociales que no se
están teniendo en cuenta a la hora de adoptar estas estratégicas
decisiones. Entre ellas, señalamos las siguientes:
Su modelo de producción se basa en el uso de grandes cantidades
de fertilizantes y pesticidas, requiere de considerables extensiones de
tierra, alta mecanización, aportes externos de capital que deben
ser reembolsados, además de propiciar la completa subordinación
de las comunidades locales campesinas e indígenas a los intereses
económicos de las corporaciones energéticas y agroindustriales.
La expansión de las fronteras agrícolas que su producción
conlleva –nuevas roturaciones de superficies de cultivo- implican
deforestaciones, contaminación y degradación de suelos,
contaminación y agotamiento de acuíferos y erosión
- pérdida de la diversidad genética (biodiversidad).
La utilización en su cultivo de semillas transgénicas[5][5]
y el uso abusivo de agua, herbicidas y demás agrotóxicos,
afecta significativamente a la salud humana y animal.
La pérdida por los campesinos del control sobre la producción,
dependiendo permanentemente de tecnologías e insumos externos al
territorio donde se producen.
Más
conflictos por la tierra[6][6] necesaria para su producción, más
desempleo, el empobrecimiento y desalojo de la población rural
y el consecuente desplazamiento de los campesinos empobrecidos a las periferias
de las grandes ciudades (migración de la población rural).
El aumento de los precios de los alimentos (¡la etanoinflación
de México!) y reducción de la soberanía alimentaria.
La construcción de infraestructuras (represas, hidrovías,
puertos y carreteras) orientadas a facilitar la exportación de
las materias primas (no así el desarrollo endógeno) con
los consiguientes impactos sobre el medio ambiente.
La reducción de la superficie agrícola dedicada a la producción
de alimentos, socavando la soberanía y la seguridad alimentaria
local e internacional y provocando escasez de alimentos.
Estas consecuencias o no son tenidas en cuenta o son subestimadas por
los políticos y burócratas de la UE (Bruselas) cuando diseñan,
a instancias de las grandes corporaciones de la energía y el agrobussines,
las políticas que promueven la importación masiva de biocombustibles
de los países del Sur.
Cínicamente, la UE proclama que la producción de biocombustibles
promoverá el desarrollo rural, creando ingresos y empleos para
los campesinos en los países productores.
Los biocombustibles producidos a partir de los (mono) cultivos energéticos
son presentados ante la sociedad como la alternativa energética
renovable que reducirá las emisiones de CO2, que aminorará
la factura del petróleo y que a su vez generará desarrollo
y empleos, especialmente en las zonas rurales. Sin embargo, los cultivos
energéticos tal y como se contempla su producción e industrialización
son una nueva falacia, utilizando el discurso medioambiental para seguir
perpetuando el modelo desarrollista[7][7] que tantos quebraderos de cabeza
esta creando en la sociedad, especialmente a los personas que mas lo sufren,
las dos terceras partes de la humanidad.
En Asturias también tenemos nuestra cuota de responsabilidad en
detener esta grave amenaza que avanza rápidamente, impulsada, más
que por representar una alternativa sostenible al desmesurado consumo
de petróleo (energías fósiles), por ser un negocio
y estar basada en la expoliación de las materias primas y explotación-destrucción
de territorios ajenos.
En Asturias son 3 las plantas de producción de biocombustibles
(modelo monocultivos agroenergéticos) que están en fase
de proyecto-estudio[8], sumando una producción prevista acumulada
de más de medio millón de toneladas de biodiesel al año.
Además, el puerto de El Musel[9] servirá de entrada para
decenas de miles de toneladas anuales de cereales que se destinaran a
la producción de bioetanol (Abengoa en Salamanca).
Señalar
que las plantas proyectadas para ser ubicadas en Asturias necesitarán,
ellas solas, para abastecerse, del equivalente (en otros territorios…..)
de toda la superficie agrícola útil de Asturias plantada
de monocultivos “energéticos”.
Su instalación requiere de autorizaciones previas, evaluaciones
de su impacto ambiental y, ¡como no!, de ayudas directas con presupuestos
públicos. ¿Es apoyar la instalación de esas plantas
de producción de biodiesel la opción más conveniente
para reorientar la producción de combustibles-energía hacia
modelos sustentables y universalizables (no excluyentes)? No tenemos una
respuesta favorable y por ello demandamos a las autoridades asturianas
(gobierno regional, gobiernos locales) con competencia en la materia y
gestoras de presupuestos públicos que adopten una moratoria sobre
su instalación mientras no se revise, teniendo en cuenta los impactos
sociales, mediambientales, territoriales y humanos señalados, las
directrices energéticas guiadas por la reducción del consumo
y la eficiencia energética.
Y es por ello que exigimos la abolición de los objetivos obligatorios
establecidos por la UE para los biocombustibles y cambios en los objetivos
para reducir el consumo de energía y promover fuentes genuinas
de energía sustentable en la UE, así como la derogación
de las ayudas públicas[10][8] al fomento de los monocultivos industriales
para la producción de biocombustibles y la supresión inmediata
de todos los subsidios y otras formas de apoyo desigual a la importación
y exportación de biocombustibles.
Por el contrario, los esfuerzos deberían centrase en una reducción
drástica del consumo energético y en el apoyo a energías
renovables verdaderamente sustentable.
Las políticas de promoción de los biocombustibles no se
plantean cambiar el modelo de producción insostenible de energía
destinada a un consumo insostenible y no harán más que agregar
nuevos problemas y profundizar los ya existentes. Su peor pecado es que
se disfrazan de solución[11][9].
La solución al problema del cambio climático generado por
los países del Norte no puede pasar por la creación de nuevos
problemas, tanto en el Norte como en el Sur. La UE tiene la responsabilidad
de buscar soluciones que no agraven la ya dramática situación
social y ambiental en que viven las dos terceras partes de la humanidad.
Dicho de otra manera: el capitalismo contra el planeta.
Fin
[1][1] Protocolo de Kioto
[2][2] Aclaramos que los biocombustibles en sí no son el problema.
Es más, dentro de un enfoque social y ambientalmente adecuado pueden
servir para satisfacer parte de las necesidades energéticas de
nuestros países y en particular de las comunidades locales. El
problema central es el modelo en el que se los pretende implementar, caracterizado
por la gran escala, el monocultivo, el uso masivo de insumos externos,
la utilización de transgenicos, la mecanización y su exportación
para alimentar el consumo desmedido de energía que se realiza en
el Norte.
[3][3] La UE se ha fijado como objetivo que el 5,75% de la energía
utilizada en el transporte en el 2010 y el 12,5% en el 2020 proceda de
los biocombustibles obtenidos a partir de cultivos energéticos.
Un objetivo, que incluye el anterior de los biocombustibles, es alcanzar
en el 2020 el 20% de las energías renovables como suministro energético.
[4][4] Es inviable que la UE logre ser autosuficiente en la producción
de biocombustibles a partir de la producciones nacional de cultivos energéticos
por lo que es casi seguro que lo haga a costa de las tierras de las que
depende la soberanía alimentaria de los países del Sur.
La OCDE calcula que alcanzar dichos objetivos de sustitución de
“petróleo por biocombustibles” con la producción
interior -cultivos en la UE- requiere que el 70% de la superficie cultivada
de la UE se dedique a dichas finalidades. Siendo inviable para la UE emplear
semejante cantidad de tierra para la producción de la materia prima,
recurrirá a su importación. Las multinacionales del petróleo
(Repsol, Total, British Petroleum, Petrobras, Shell, etc.) y de los agronegocios
(Cargill, Bunge, Monsanto, Syngente, etc.) apoyan e impulsan fuertemente
estas políticas
[5][5] Ya están generalizadas las de soja y maíz. En Brasil
se plantea introducir en el mercado variedades transgénicas de
caña de azúcar, principal cultivo-fuente de biocombustible
etanol en dicho país.
[6][6] Las plantaciones de la palma aceitera se expanden a expensas de
las selvas y territorios de poblaciones indígenas y otras comunidades
tradicionales de Colombia, Ecuador, Indonesia y otros países, crecientemente
orientados a la producción de biodiesel para satisfacer “a
buen precio” las necesidades de consumo energético de los
países del Norte
[7][7] El crecimiento ilimitado de la economía no es compatible
con el equilibrio ecológico y mucho menos con el progreso social.
El modelo de crecimiento ilimitado, uno de sus pilares principales es
el consumo creciente y despilfarrador de energías fósiles
–y por ello no renovables, limitadas, escasas-, genera desigualdades
sociales y deterioros medioambientales.
[8] El grupo Jiménez Belinchon en el Musel-Gijón. Duro Felguera
en La Figar-El Museo-Gijon y el grupo Daniel Alonso junto al puerto de
Avilés. Su entrada en funcionamiento se prevé para el año
2009
[9] El Musel “compite” con mucha dificultad (infraestructuras
inadecuadas para el almacenamiento de granos y materias primas alimentarias)
con los demás puertos de la vertiente atlántica (Bilbao,
Santander, La Coruña, Vigo,..) en el abastecimiento de materias
primas (cereales forrajeros, torta y habas de soja, etc) a la potente
industria de fabricación de piensos compuestos para la alimentación
animal. En España se importaron aproximadamente 9 millones de toneladas
de cereales y 7 millones de turtos+ habas de soja en el año 2003.
Los proyectos de producción de biocombustibles a partir de materias
primas de importación profundizarían los modelos agroexportadores
de materias primas del sur al norte.
[10][8] La UE fomenta los cultivos energéticos mediante una ayuda
a tanto alzado de 45 €/ha. Esta ayuda está actualmente limitada
a 1.500.000 ha para toda la Unión. Esta superficie no se ha alcanzado
hasta ahora, sin embargo, la Comisión Europea ha previsto aumentarla
a 2 millones de ha debido a la ampliación de esta ayuda a los nuevos
Estados Miembros.
Esta ayuda está supeditada a que el agricultor firme un contrato
con la empresa que se responsabilice de la transformación del producto
en biocarburante y a la entrega del producto a la misma. Los contratos
estipulan el precio acordado y en algunos casos pueden incluir cláusulas
de revisión en función de diversos factores, como el precio
del petróleo.
[11][9] Informe del MWR (Movimiento Mundial por los Bosques).
Cambalache. Picu Rabicu. Arcu La Vieya.
Ecologistas en Acción. Coordinadora Ecoloxista d´Asturies,
Acsur-Las Segovias. Soldepaz.Pachakuti. COSAL.
http://www.pachakuti.org/textos/campanas/biocombustibles/biocombustibles.htm
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