Una
más de las transnacionales de la alimentación
Coca-Cola SAQUEA mejor
Por Víctor Ego Ducrot | Desde Buenos Aires
Una historia amarga de maniobras y embustes para patentar derivados
de una especie vegetal sudamericana, y obtener edulcorantes naturales
y baratos.
En muy poco tiempo, cada vez que alguien destape una botella o
lata de Coca-Cola estará siendo testigo silencioso de las
nuevas formas de saqueo que inventaron las corporaciones transnacionalizadas,
para apropiarse de la riquísima biodiversidad que atesora
América Latina.
Esta vez le llegó el turno a la estevia, una hierba sudamericana,
originaria de Paraguay, de la cual se obtienen edulcorantes naturales
de gran calidad, ya utilizados en abundancia en China y Japón,
tanto para endulzar bebidas e infusiones como para sazón
de repostería.
A tal punto es consumida en esos y otros países asiáticos
que en el gigante chino y en la isla japonesa se concentra la
mayor producción mundial de estevia.
Para adueñarse en forma oligopólica de los derivados
obtenidos de esa planta guaraní, Coca-Cola se asoció
con otra de las grandes corporaciones del sector, Cargill, según
reveló esta semana, y hasta con cierta “inocencia”,
el periódico estadounidense The Wall Street Journal.
La semana pasada, reveló la misma fuente, “Coca-Cola
registró silenciosamente 24 patentes relacionadas con el
nuevo producto. La compañía dice que busca los derechos
exclusivos para desarrollar y comercializar el uso de rebiana
– el edulcorante que se obtiene de la estevia - en las bebidas.
Cargill, en tanto, lo usará en productos alimenticios como
yogures, cereales, helados y dulces. También estudia comercializarlo
como endulzante de mesa”.
¡Más claro, agréguele agua!. Sin embargo,
detrás de esta jugada tendiente a la concentración
de patentes para garantizarse la explotación industrial
y comercial de un fruto de la gigantesca biodiversidad latinoamericana,
Coca-Cola y Cargill esconden una verdadera colección de
maniobras secretas, con la complicidad del gobierno de Estados
Unidos.
The Wall Street Journal reconoció que “para Coca-Cola,
la rebiana representa la culminación de una larga búsqueda
secreta. Sus científicos llevan más de una década
tratando de descubrir formas en que la estevia pueda endulzar
las bebidas de la compañía”.
Además de haberse asegurado ya esas 24 patentes, Coca-Cola
tuvo al respecto otra gran preocupación: desarrollar el
edulcorante justo para mantener los sabores a los que ha acostumbrado
a su mercado consumidor, ya que, según estadísticas
oficiales, la llamada Coca-Cola Diet, por ejemplo, es la tercera
bebida de mayor consumo en Estados Unidos. Para lograr ese estatus,
la compañía siempre procuró mantener sus
sabores inalterables, una especie de regla de oro en lo manuales
de mercadeo especializado.
Para cumplir con todos sus objetivos, los científicos y
ejecutivos de la firma reclamaban tiempo y exclusividad.
Fue entonces que el lobby y los millones de dólares que
Coca-Cola cuenta para comprar voluntades fueron aplicados sobre
funcionarios y agencias gubernamentales de Estados Unidos.
Así, en 1985, logró que las autoridades sanitarias
de ese país vincularan a la estevia con eventuales trastornos
hepáticos, prohibieran su comercialización y tendieran
un manto de silencio mediático sobre el producto.
Además, apoyó las iniciativas adoptadas en países
como Argentina y Brasil, para que ese producto sea legalizado,
sin mayor difusión. Así fue como, antes de lograr
la aprobación de sus 24 patentes, Coca-Cola implantó
gabinetes de estudios técnicos en esos países, para
experimentar, otra vez, con los consumidores periféricos
y desprotegidos del mundo dependiente.
“Coca-Cola y Cargill afirman que comercializarán
la rebiana primero en aquellos países donde está
autorizada como aditivo, como es el caso de Argentina, Paraguay
y Brasil. Paralelamente, las compañías buscarán
su autorización en Estados Unidos”, informa siempre
con un dejo de “ingenuidad” The Wall Street Journal.
Para Cargill el negoció representa la oportunidad de desplazar
a algunos de sus competidores históricos en el sector corporativo
de la agro - alimentación, entre ellos a Arche-Daniels-Midland,
el mayor productor estadounidense de jarabe de maíz, y
a Chicago NutraSweet, firma líder en edulcorantes.
Las andanzas conspirativas e ilegales de Coca-Cola no forman parte
sólo de su presente. Los orígenes mismos de la firma
están signados por cierta matriz delictiva, según
lo revela el interesante libro “Dios, Patria y Coca-Cola”,
de Mark Pendergrast, editado por Vergara, en Buenos Aires, en
2001.
Ya en 1916, un fallo del juez estadounidense Charles Evans Hughes
fue devastador para los primeros propietarios de la empresa.
“Mayfield (uno de los socios propietarios) había
especulado con bienes raíces, pozos petroleros y una fábrica
de vinagre. En 1909 su Celery-Cola fue incautada bajo la Ley de
Control de Pureza, por contener cocaína (…). En la
presentación del caso Koke, varias de las actividades cuestionables
de los primeros años de Coca-Cola salieron a la luz”,
cuenta Pendergrast.
Por ejemplo, la Agencia Federal de Comercio de Estados Unidos,
creada en 1914, recibió una denuncia en la que se acusaba
a Coca-Cola de “prácticas comerciales ilegítimas”
contra sus competidores, “espionaje” comercial, “incumplimiento
de contratos garantizados”, “promoción maliciosa
de litigios”, “dumping”, especulación
con negocios publicitarios y “difamación” de
empresas y empresarios competidores.
Las relaciones de la firma con el poder también son de
larga data. El mismo libro cuenta que, en abril de 1945, cuando
los representantes de 50 países convergieron en San Francisco
para asistir a una reunión impulsora de Naciones Unidas
(ONU), la dirección de Coca-Cola envió a algunos
de su mejores ejecutivos para que se pongan al frente de los agasajos
que debían ofrecer a los participantes en nombre de la
empresa y establecer vínculos y relaciones que mejoren
sus oportunidades de negocios.
“Aparentemente, algunos de nuestros amigos en el extranjero
tienen dificultades para distinguir entre Estados Unidos y Coca-Cola.
Quizá no deberíamos lamentarnos tanto al respecto”,
dijo un directivo de la firma en 1950, según consta en
el libro de Pendergrast.
En 1985, en ocasión de un lanzamiento comercial de Coca-Cola,
el periodista Jesse Meyers escribió: “¿Por
qué leer novelas? ¿Por qué ir al cine? La
industria de las bebidas no alcohólicas ofrece suficiente
material como argumento para que los novelistas puedan contar
historias empalagosas”.
31|05|2007