Presentación del libro "Mi captura" de Felipe Quispe

Felipe Quispe Huanca

presentó el libro Mi captura, de su autoría, en el que ofrece un testimonio sobre los primeros días de su detención como miembro del EGTK y una serie de reflexiones a cerca de la organización política y militar de la que formó parte. En la ocasión comentaron el texto, el sociólogo Fernando Moya, el historiador Pedro Portugal y la periodista Claudia Espinoza.

Estos son algunos fragmentos del comentario que hizo la periodista.

El libro de la captura de los miembros del EGTK es también una captura del tiempo. Una captura del tiempo que nos lleva a un momento de la historia en el que la política se hacía desde otra perspectiva y no solamente desde la institucionalidad democrática que había sido copada por los políticos reciclados de antes. Era el tiempo en el que se hablaba de una supuesta democracia, de las supuestas libertades democráticas, pero se tenía que hacer política desde abajo, desde la clandestinidad, desde lo subterráneo si es que se cuestionaba el orden establecido. Fue la inauguración del tiempo más feroz de la represión estatal, en democracia, cuando el poder necesitaba consolidar las políticas del neoliberalismo ejercidas por unas cuantas familias que dominaron este país impunemente. Esa década de los años 90 marcó el ascenso de la lucha del movimiento cocalero, de la lucha sindical contra la privatización y capitalización de las empresas estatales, movimientos que fueron duramente reprimidos por los órganos represores del Estado. Para dar inicio a esa escalada violenta, primero se desarticuló a las organizaciones políticas clandestinas. En ese tiempo cayó el EGTK, cayó el Zarate Willka, el CNPZ, cada cual con sus objetivos, sus métodos, sus ideales y su vida propia. Estas organizaciones tuvieron procesos propios, pero a raíz de la represión, crearon un movimiento de presos políticos que ha debido ser inédito. El movimiento carcelario cambió en aquellos años y no era casual. La presencia de los presos políticos en los penales hizo que la vida fuera más organizada y productiva, además de que se expandieron, como nunca antes, principios revolucionarios que todos y todas compartían. Allí se creaban redes de hermandad y solidaridad que fueron fundamentales para soportar esos pequeños infiernos que suelen las cárceles. Viendo la historia de cada una de las organizaciones políticas de esos años, encontramos que si bien las luchas se proponían enfrentar al sistema, cuando Felipe nos habla de los “hermanos de la causa indígena”, nos lleva mucho más lejos… Nos lleva hasta el origen mismo de la guerra comunitaria de ayllus desde donde podemos entender el significado del movimiento tupakatarista. Es esa esencia presente en toda la acción política de Felipe y de los otros guerrilleros que caen con él, la que trasciende en todo el relato, dejando la evidencia clara de que la experiencia de las naciones originarias frente al Estado republicano, fue o la violencia o fue el tributo a través de varias formas, ya sea con los impuestos, los productos de la tierra, la mano de obra barata e incluso gratuita. Este es el tema neurálgico que nos propone el libro de Mi captura. Felipe cuenta desde la experiencia práctica lo que había planteado conceptualmente, como programa político, en el libro de Tupak Katari vuelve, carajo, en los años 80. Las escenas descritas en Mi captura muestran el sufrimiento y la opresión de siglos y siglos condensados en los golpes, los insultos, las celdas y las torturas, contadas descarnadamente en los “interrogatorios sangrientos”. Pero a la vez, esas escenas muestran la entereza y el coraje también de siglos y siglos de resistir y actuar, de no haber sufrido la colonización mental, como dice Felipe. Todo el tiempo que transcurre en el libro, ese tiempo capturado, lleva consigo el simbolismo vivo y activo de la nación aymara. Lleva el idioma, el valor de la hoja de coca, el valor de la confianza, de la hermandad, de la sabiduría de los viejos de la comunidad, de la franqueza y de la lealtad cuando Felipe dice “los secretos se morirán conmigo”. Pero es el otro lado de la lealtad que también se deja ver como en un espejo: la traición. No es casual la existencia de un Judas Aymara en la historia del EGTK, los hubo en tantos otros momentos de la lucha originaria y de la lucha revolucionaria en otros episodios. Al leer esas páginas, quizá ustedes se preguntarán como yo: ¿Qué hace que un hermano se convierta en Judas? ¿Qué habrá sido de ese Judas? ¿Qué suerte o azar habrá corrido su destino? A toda la tortura que los hermanos vivieron en esos primeros momentos de prisión, le siguió la perversión mediática del sistema. La Inteligencia del Estado, en ese entonces, (perdón por el contrasentido), armó el show correspondiente para estimular el espectáculo de los medios. De la tortura, Felipe tuvo que pasar a las cámaras y se hizo famoso por haber enfrentado de manera insolente a una periodista famosa con una respuesta que desnudó el sistema colonial. Cuando le preguntaron ¿por qué había elegido el terrorismo?, Felipe contestó: para que mi hija no sea tu sirvienta y para que mi hijo no sea tu cargador. Creo que todos recordamos la contundencia de esas palabras. Como ocurre en la rutina periodística, muy frecuentemente, ningún periodista indagó el porqué de esas personas detenidas, simple y llanamente las llamaron terroristas. Este tipo de complicidad de los medios de comunicación con los grupos de poder ha permitido que después cualquier acción comunaria de rebelión y protesta sea estigmatizada como terrorista. Esta fue una tendencia que se profundizó con el pasar de los años, hasta crear una especie de monstruos mediáticos a la caza de vándalos y terroristas.

Este tema de los medios, presente en el libro, forma parte de la actualidad. Es curioso ver cómo han ido aparejados la represión estatal, las políticas neoliberales y la manipulación mediática. Al mismo tiempo, desde el año 2000 hemos visto cómo las naciones originarias han cuestionado la esencia del neoliberalismo, del capitalismo, a partir de la rebelión y la insurgencia, activando las formas de organización comunal y resurgiendo con fuerza la identidad aymara. Las comunidades, a través del bloqueo de caminos, de productos a las ciudades y de la rotación, han enfrentado la violencia del Estado y han puesto en duda la credibilidad de los medios de comunicación. Desde las carreteras, los momentos de lucha fueron intensos y aguerridos. Felipe sabe bien cómo se articuló ese proceso revolucionario colectivo, masivo, comunal.

Él dice en el libro que había escrito su testimonio para denunciar a derechos humanos los acontecimientos de la represión, pero este testimonio se convirtió en la historia de la historia de una captura colectiva. Con estos elementos quisiera plantear la pregunta, ¿qué nos dicen, entonces, las páginas de Mi Captura en estos días? ¿Qué importancia tiene este libro en la actualidad? Primero, creo que hoy, en nuestros días, sigue vigente el planteamiento permanente de muchos sectores sociales y de las naciones originarias de cambiar este sistema; Felipe muestra cómo este pensamiento tiene para la nación aymara un horizonte histórico más allá del corto plazo. Segundo, creo que el libro reivindica el orgullo indígena del pueblo aymara, en una coyuntura en la que vivimos la irrupción indígena en los poderes del Estado, pero en una coyuntura donde también hay riesgos de que esa identidad se reduzca a folclore e incluso a mercancía. Creo que Felipe lanza un alerta en ese sentido. Tercero, es un libro que analiza con honestidad los descuidos, los errores, los aciertos, los compromisos y la disciplina de una organización armada y revolucionaria. ¿Qué pertinencia tiene hablar de eso en momentos donde existen personas comprometidas que dirigen el actual proceso, pero en el que también hay una mayoría de personas que recién ahora asumen la política pero la asumen como una forma de tener empleo o una forma de ascenso social sin motivación para articularse y organizarse en torno a principios políticos revolucionarios? Cuarto, es un libro escrito desde la experiencia vital del corazón de la rebeldía social-nacional en Bolivia (Umasuyus), que nos habla de un pueblo indómito e irreverente cuya lucha parece ser eterna contra la institucionalidad republicana. ¿Cuán acertado es hablar de ese horizonte político, en momentos en los que el liderazgo político de los movimientos y organizaciones sociales parece dormido? ¿Dónde ha quedado la mística de la identidad? ¿Acaso hay que dejar toda la iniciativa al Estado? Pareciera que el liderazgo político ha pasado de las manos de las organizaciones, que con su movilización lograron llegar hasta la situación actual, hacia organizaciones y movimientos que se acomodan de manera más natural a una articulación con el Estado en lugar de mantener viva la organización, el debate, la movilización social, la resistencia y también la construcción de proyectos políticos. En ese sentido, creo que las expresiones de Felipe son reflexivas, críticas y autocríticas. Finalmente, creo que el libro trata de mantener vivo ese debate y la deliberación de la política del pueblo aymara, porque fue escrito hace varios años y pese a todas las dificultades sólo ahora, tenazmente, sale a la luz con insistencia y perseverancia.

Muchas gracias.


Una voz para la historia

"El Mallku", (Cóndor que simboliza la máxima autoridad comunal en Aymara), como ya lo conocieron desde esa época, permaneció en el penal de San Pedro hasta el 17 de julio de 1997, cuando los campesinos de la Provincia de Omasuyos rodearon la cárcel exigiendo la libertad de Quispe. Durante éste período salió bachiller e inició estudios de Historia en la Universidad Estatal de la Paz. El Mallku ha escrito tres libros, "Indio en escena", "tupac Katari vive y vuelve..." y "Mi captura".

Un año después de su liberación, en un congreso nacional realizado el 29 de noviembre de 1988, "el Mallku" fue elegido Secretario Ejecutivo de la máxima organización campesina de Bolivia: la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).

Congreso del Movimiento:
Ahora Movimiento Pachakuti en el nuevo tiempo

La respuesta dada en este congreso es la constitución de un organismo político indígena abierto a todos los que estén dispuesto a luchar en pos de un objetivo común: la descolonización, la liberación social y nacional de todos los pueblos que habitan en este territorio. En este proceso el indígena se propone como guía y hegemonía política, no solo por la importancia de la cantidad numérica que tiene dentro de la población de este país, o por la legitimidad de ser pueblo colonizado, sino porque se siente la población que puede representar y repercutir con mayor intensidad y claridad los objetivos de construcción de un nuevo orden social, orden nuevo que deberá estar basado en principios sociales y culturales originarios que se ponen al servicio de todos los habitantes que quieran luchar por un ideal de bien común.

Así la cultura es una fuente de potencia transformadora y no un refugio para consolar la identidad en riesgo. Esa potencia deberá nutrirse con todo aporte nuevo para cumplir, justamente, su función revolucionaria.

Esta nueva actitud está simbolizada por el nombre que se adoptó para este renacimiento: Movimiento Pachakuti. Se elimina así de su sigla el término «indígena» pues en significado era reiterativo con el mensaje que trasmite el concepto «pachakuti», dando lugar a desviaciones que eran interpretadas por algunos como racismo o cultura-lismo.

El Manifiesto firmado al finalizar este congreso prefigura los lineamientos tácticos que en este período este movimiento político está encargado de desarrollar. Se señala la insurección del año 2000 como el inicio del proceso de autodeterminación (Pachakuti) del cual el actual gobierno es una de sus consecuencias. Se alerta sobre el hecho de que la descolonización sólo puede culminar si se es radical con los procesos de transformación. En lo económico eso significa deshacer los cimientos de los poderes feudales, oligarcas y neoliberales que aun perduran en Bolivia.

Las principales conclusiones

En este sentido el documento recuerda que las consignas del levantamiento de octubre del 2003, que logró botar del poder al gobierno del MNR, fueron: ¡NO a la exportación de gas, ni por Chile ni por el Perú! De ahí que la actual política del MAS respecto al gas sea duramente criticada, pues el gas que ahora se exporta a la Argentina es, en los hechos, gas que se envía a Chile. Por otro lado despierta sucep-tibilidad las aproximaciones entre el gobierno de Evo Morales y el gobierno Chileno, que pueden concluir en la claudicación de los imperativos de Octubre del 2003. La política del Movimiento Pachakuti en este sentido es: No a la exportación del gas, sí a su industrialización.

El objetivo político es «Hacia un gobierno propio con soberanía sobre nuestros recursos».

Sobre la espiritualidad andina, ésta tiene que ser una espiritualidad de combate, no de evasión ni de folclorización. una espiritualidad ligada a la vida social y a la lucha por la transformación: «Nuestro movimiento se ensancha de espiritualidad con ajayu, con un brazo político militar, ideológico y movimento social».

Una característica anterior de los movimientos indianistas y kataristas fue la excesiva atomización, impulsada frecuentemente por grupos políticos con-trarios. El Movimiento Pachakuti declara «una amnistía para todos los militantes que se alejaron o tuvieron discrepancias por diversas causas».

Es necesaria una nueva ética en la política, por ello se propone «Superar la cultura colonialista de aprovechamiento del cargo público, como sucede con la corrupción y nepotismo que sacude actualmente al MAS».

«Tierra y territorio para los pueblos originarios, ninguna concesión a los terratenientes: la Pachamama no se vende».

¿Cómo construir una nueva sociedad sino somos verdaderos dueños de nuestras riquezas?: «La diversificación del gas con otros sectores de la economía, como la minería, las termoeléctricas y la petroquímica no se asoma en este negocio del gobierno con las transna-cionales».

«Para (el departamento de) La Paz, como es de prioridad nacional y departamental, viabilizar en el corto plazo el complejo agroindustrial de San Buenaventura, con expropiación de las tierras que no cumplan función económica y social de la provincia Iturralde».

«Construcción de un ducto (de) mayor diámetro para la exportación del gas para la región occidental, especialmente para la ciudad de El Alto y la pequeña industria allí existente. Cobertura del 100% de gas domiciliario, para el área rural y urbana, ¡cambio de la matriz energética ya mismo!»

«Denunciamos la inoperancia de los levantamanos del Parlamento y la Asamblea Constituyente, que sólo gastan nuestros recursos a grandes cantidades con asesores, asistentes y burocracia».