| Pueblo
originario del Ecuador deporta a minera estadounidense de su territorio
El
pueblo shuar habita en la amazonia ecuatoriana , principalmente
en la provincia de morona santiago.
Limón, Ecuador, 5 de noviembre de 2006
El
1 de noviembre de 2006 será recordado por siempre por el
pueblo de los shuar, uno de los pueblos originarios del Ecuador.
En uso de sus Derechos, ese día, más de medio centenar
de personas, entre hombres, mujeres y niños shuar, procedentes
de diversas jurisdicciones de la provincia de Morona Santiago, aprehendieron
a los asalariados de la minera estadounidense Lowell Mineral Exploration,
incrustados en su suelo, y los expulsaron definitivamente.
El suceso acaeció en la comunidad de Warints, enclavada en
la Cordillera del Cóndor, una de las zonas más biodiversas
del planeta, a donde la transnacional había llegado dos años
atrás con el cuento de que se le había concesionado
30 mil hectáreas de aquel territorio ancestral. Ya el 20
de septiembre anterior, la asamblea de la comunidad había
conminado enérgicamente a Lowell a abandonar la zona, pero
ésta, en un acto de desafiante desacato, por el contrario,
incrementó sus operaciones.
Los hombres y las
mujeres unidos en la lucha
El 1 de noviembre, en la mañana, apenas clareaba el día,
y divididos en tres grupos, se encaminaron los defensores, al campamento
de la minera gringa, en Warints; las mujeres, con sus lanzas de
madera, los hombres, con sus carabinas de caza. Partieron desde
Maikiuants, una comunidad vecina, a dos horas de camino de la primera.
En Maikiuants, se habían congregado, procedentes de toda
la región, los días 30 y 31 de octubre, para resolver
el problema. También se contaban algunos valientes representantes
de los pueblos mestizos de la provincia.
Los dos primeros grupos, compuestos sólo por hombres, se
metieron por el monte, para sorprenderle a la Lowell por la retaguardia.
En tanto que el tercer grupo, mayoritariamente femenino, tomó
el camino público. Cuando éste último llegó
a Warints, las mujeres, los hombres y los niños que con ellas
venían, ocuparon la pista de aterrizaje y ahí se quedaron
todo el día, sin agua ni comida.
A este tercer grupo le fue imposible avanzar sobre el campamento
de la minera gringa, porque a la hora a la que había sido
pactada la toma con los dos primeros grupos, tuvo que repeler a
un helicóptero que en su interior transportaba un paquete
mixto de policías y militares. Patricio González Lobo,
el cabecilla de la Lowell, al recibir los primeros informes de la
acción popular, lo había requerido, sumido en angustias.
El helicóptero pretendió más tarde aterrizar
en Maikiuants, pero las cuatro mujeres y los cuatro niños
que se quedaron ahí para evitar los peligros, con sus cuerpos
lo repelieron.
A Warints, o se llega a pie, para lo cual se necesitan dos días
de caminata, o se llega por aire. De hecho, la comunidad crece alrededor
de la pista, un amplio campo cuadrangular recubierto de una hierbita
parecida a la grama, que sólo puede recibir a avionetas o
helicópteros. No hay servicio telefónico, el único
medio de comunicación es la radio y la única radio
que funciona es la de la minera gringa. La luz es una agradable
novedad de la que Warints goza desde hace sólo dos años.
A las 17h30 de ese histórico 1 de noviembre, los defensores
llegaron a la pista de Warints, trayendo consigo a todos los asalariados.
Ahí se reencontraron con sus hermanas y empezaron una asamblea
bajo la bóveda del cielo. "¡No queremos que vuelvan
nunca más!" fue el único mandato que el pueblo
le dio a González, en su condición de cabecilla de
la minera gringa, y que éste suscribió, como signo
de haberlo entendido, asumiendo el compromiso de hacerles entender
lo mismo a sus patrones en los Estados Unidos.
Al día siguiente, y antes del mediodía, todos los
invasores habían sido sacados fuera de este suelo sagrado,
en una avioneta de uno de los servicios aéreos de la región.
Hacia las 11h00 de la mañana, descendió en Warints
un helicóptero enviado desde Quito, con aproximadamente 12
militares shuar, que contrariamente a las disposiciones que habían
recibido, apoyaron a sus hermanos. "¡Ustedes mismo tienen
que defenderse!", les dijeron.
"¡Nosotros quedamos ricos en territorio, para nuestros
hijos!", se regocijaba Mery Mashiant, una madre de 25 años
que participó en la operación. "Ellos [ la Lowell]
estaban dañando nuestra biodiversidad, nuestra agua",
dijo. "Algunos niños de Warints y Maikiuants estaban
enfermos, les salían granos."
Cristina Antun, de 29 años, madre también de una niña
de primer grado, adelantó próximas deportaciones de
transnacionales norteamericanas que quieren convertir este Templo
de la Amazonía, como se conoce a Morona Santiago, en un desierto
minero. "¡Con estas iras, vamos a seguir sacando a las
compañías! ¡Haber si cuando nosotros queremos
entrar en su territorio, nos dejan pasar!"
Comité de Prensa por Morona Santiago
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