| Elementos básicos
de sabiduría indígena (I Parte).
PACHATÚSSAN: VÍNCULO O “VIGA
MAESTRA” DE LA EXISTENCIA
Por: Javier Lajo (1)
Dejamos a los lectores que abunden y profundicen sobre la construcción
u obtención simple de la Cruz del Tiwanaku, en el libro “Qhapaq
Ñan, la Ruta Inka de Sabiduría”, solo reafirmaremos
acá que nuestro símbolo principal de la cultura andina
o “Tawa Paqa” (conocida vulgarmente como “Chakana”),
es producto de “las relaciones de complementación y
proporcionalidad entre el círculo y el cuadrado que representan
los símbolos de la paridad cósmica primordial: Pachamama
y Pachatata, respectivamente...”.
En
el presente artículo apuntaremos algunos temas que sobre
el uso o utilidad de nuestro emblema paradigmático hemos
explicado en el libro de la referencia, sobre todo explicaremos
el porque decimos que “Tawa Paqa” es un verdadero “teorema
de la vida” o “soporte del cosmos” o viga maestra
de la existencia”.
Para esto hemos trazado una doble línea desde un punto cualquiera
de los ocho en donde se cruzan el Hanigo Paqas (término puquina
que designa el cuadrado mayor) con el Hanigo Pacha (que designa
el círculo mayor), y lo hemos unido con su opuesto, obteniendo
la Diagonal Mayor (2),
que (en el diagrama) es la doble línea oblicua que está
a 20° 43’ de la vertical; esta diagonal mayor o “Ch’ekkalluwa”
término quechua que en español se traduce como: ‘Línea
de la Verdad’, según nuestros múltiples argumentos
su representación y coincidencia conceptual con el “equilibrio
y orden del mundo”, por su coincidencia geométrica
con el ángulo hipotéticamente óptimo de giro
del eje de la Tierra, sería pues, “Línea de
la verdad o de la vida”, es el puntal, soporte o viga maestra
de la existencia, que en runa simi se dice: Pachatússan.
Esta representación de “vincularidad” y herramienta
teórica es una proporción variable de dos medidas
que tiene su origen en la ‘complementariedad proporcional
entre el círculo y el cuadrado’
(3) ; similares ‘instrumentos’ son por ejemplo
el Tupu o la Papacancha (Earls, 1984) para el caso de las ‘medidas
de proporcionalidad’ agrícola.
Esta línea diagonal o Ch’ekkalluwa, que tiene un ángulo
de 20° 43’ con relación a la línea de la
vertical, o del eje norte-sur sobre el globo terrestre, por la fuerza
propia de esta línea de reflexión, sería el
ángulo óptimo del eje de rotación de la tierra,
esta inclinación de equilibrio o Yanan-Tinkuy, hace que la
Tierra ‘rote’ frente al sol en la forma más inteligente
para que se ‘complementen y proporcionen’ todos los
climas de los hemisferios, estableciendo turnos en cada una de las
latitudes para los ciclos estacionales. Es decir, el eje de rotación
inclinado es el responsable de la vida y la biodiversidad, el que
mantiene las estaciones y climas “normales” en todas
las latitudes; porque ese ángulo en la relación del
cuadrado y el círculo, es la zona de intersección
y contacto de equilibrio o YANANTINKUY entre el Hanigo paqas y el
Hanigo pacha (en Capac Simi o Puquina), las dos esencias que nos
hacen existir.
Existe una identidad evidente y coincidencia, entre esta conclusión
sobre “el ángulo del eje terrestre” y la religiosidad
proto-andina del Dios puquina “I”, como lo vamos a comprobar
luego. En realidad, no podemos pasar por alto la información
que da Federico Aguiló en su libro titulado El Idioma del
Pueblo Puquina, al referirse a lo largo de sus páginas a
“esa vertiente cuasi-panteística del Dios ‘I’,
como el dios panandino de la luz, el brillo, el reflejo, etc”,
y la “enorme fecundidad de los vocablos que empiezan con ‘I’
en los cuatro idiomas andinos: quechua, aymara, puquina y kallawaya”;
y que señala como:“...la huella de esa religiosidad
transmitida de generación en generación y que hoy
todavía tiene su plasmación popular, aunque en forma
muy subconsciente, pero no menos real, porque sella la idiosincrasia
andina, quechua, aymara y puquina”.
Siguiendo a Aguiló, dice: “Los puquinas
(4) , pues, en tiempos muy remotos compartieron por igual
con lo aymaras, quechuas, urus, kallawayas y muchos otros grupos
insertos en los Andes, esa creencia que se refleja en la misma gestación
de los idiomas, la toponimia del Dios ‘I’, aparece por
doquier en los Andes”. Y la demostración más
contundente es de que todo el desarrollo de nuestra cultura andina
vino a desembocar en la confederación I-N-KA, que tenía
su centro en la divinidad “I-N-TIN” (recordando el análisis
morfológico del YANA-N-TIN que realizamos en el libro Qhapaq
Ñan La ruta inka de sabiduría) que correspondientemente
y según también Aguiló, significa “La
globalidad centralizada del Dios I ”.
A este significado dado por Aguiló, se hace necesario corregirlo
o explayarlo levemente, ayudándonos con el método
develado por el entendimiento de YANA-N-TIN, según los párrafos
antes citados. Entonces, como el ‘I’, que es Dios, al
que se añade el sufijo ‘N’, es decir, “su
complemento” y finalmente ‘TIN’, como sufijo que
significa “inseparablemente juntos”, es decir: Dios
y su complemento o paridad en un TIN-KUY eterno. Además,
Aguiló dice que “INTIN” es: “...un esfuerzo
de unificación del fenómeno religioso para el control
estratégico...”, luego insiste e invoca que el tema
debe ser “retomado por especialistas en lingüística
andina hasta su plena dilucidación y exhaustiva comprobación...Por
ahora el Dios ‘I’ es patrimonio de una religiosidad
por igual puquina-kallawaya, quechua y aymara, ...¿El origen
germinal fue puquina?. Nos parece que sí...”, finaliza.
Pero, nos preguntamos, ¿Porqué un clérigo estaba
tan interesado en escarbar las raíces lingüísticas
de un Dios no-cristiano, en tierras indígenas?. ¿Porqué
tanto interés de alguna orden de frailes cristianos
(5) , en el pueblo puquina?
Para darnos respuesta a esta interesante pregunta, no hemos podido
encontrar algún hilo conductor en la doctrina “abierta”
del cristianismo, ni en la teología oficial. Sin embargo
el filósofo René Guénon en su obra: “La
Aventura Interior” (Ediciones Obelisco. BBAA 1993), dice lo
siguiente: “Una última nota concierne al nombre secreto
que los ‘Fieles de Amor’
(6) , daban a Dios..., en la Divina Comedia, Adán
dice que el primer nombre de Dios fue ‘I’, nombre que
vino a ser después Él”. Esta identidad entre
el “primer nombre de Dios” de Dante Aligheri y el Dios
‘I’ andino, además de la “información
dantesca” de que el “Paraíso Terrenal”,
habría estado –en aquellos tiempos del bate- “en
alguna parte no explorada del planeta”; nos ha dado muchas
pistas cuyas conclusiones, parciales aun, comentamos a continuación,
pero que seguiremos investigando. Aunque, son abundantes las informaciones
de la historia antigua de occidente que identifican al continente
Americano como el “lugar de las utopías”(7).
Es decir América es, para los occidentales cultos y vulgares,
sin lugar a dudas el “lugar de las utopías”,
y no solo después de Colón, sino y, sobre todo, antes
de Colón, los datos y evidencias iniciales conseguidos, así
lo demuestran. Es necesario pues desarrollar un estudio del “utopismo
europeo pre-colombino”, que desde luego será más
interesante que el conocido “utopismo post-colombino”,
pues nos dará luces sobre las innegables relaciones “globalizadas”
desde tiempos inmemoriales y también de lo que hemos llamado
“vincularidad”. Esto lo demostraremos en el análisis
y reflexión en próximos artículos, pero, sobre
todo, queremos comenzar a conocer mas certeramente las influencias
culturales entre los continentes desde mucho antes del desembarco,
invasión y ocupación de América por los europeos
occidentales; que trajeron una misión y una voluntad destructiva
tan fuerte, que despiertan sospechas tácitas de diversa índole.
¿Puede la ambición provocar esa “infinita
pasión homicida” que desatan los europeos a su llegada?;
¿Puede la ambición desatar ese impulso ciego a destruirlo
TODO?, ¿En especial las huellas del “conocimiento”
indígena?. Es evidente que su consigna era QUE NO QUEDE HUELLA
ALGUNA. ¿Pero de qué?, ¿qué era lo que
querían ocultar, o negar, destruyéndolo todo?. Este
“impulso” que se nota hasta hoy, aunque mucho mas mimetizado,
callado, solapa, está presente aún, es esa pulsión
predadora radical, que parece decir: “Del sistema indígena
no queda, o no debe quedar nada, salvo restos, como ‘ruinas’
irrelevantes para la reconstrucción de un futuro propio y
suyo, todo lo demás es imposible, idealista, el mundo indígena
actual, o los ’restos’ que quedan de ‘lo que fue’,
no tienen mas opción que alinearse detrás de occidente”.
Para muchos indígenas de América –o Continente
Andino- es indudable que la guerra que emprendió Europa contra
nuestro continente fue una GUERRA RELIGIOSA de tierra arrasada y
ocupación permanente. Pero, ¿Cuál era ese Dios
o Dioses y cuál la religión que los occidentales quisieron
destruir?. Sobre este y sus asuntos derivados escribiremos en los
siguientes artículos.
1. Este es el primero de tres artículos
que son extractos adaptados del acápite V del Primer Capítulo
de mi libro: “Qhapaq Ñan, la Ruta Inka de Sabiduría”.
2. Ch’ékka en quechua
y en aymara, significa VERDAD y Ch’ekkalúwa en quechua
es DIAGONAL (Lira, 1982: 63). “Cheqa” también
en puquina significa VERDADERO y NUEVE (o Checa-Cheqa) a la vez,
(Aguiló, 2000:49). Aquí es necesario recordar también
que ISQON, en runa simi es NUEVE.
3. Aclaro que doy el calificativo de
“Diagonal Mayor”, para diferenciarla de la “diagonal
menor” o “simple” a secas que sería la
de ángulo de 45°. Igualmente, aclaro que este concepto,
contenido en esta “línea” o diagonal “Ch’ekkalluwa”,
no puede ser comparable al PI de occidente, pues no es idéntico
o similar conceptual ni geométricamente hablando, porque
a nuestro “instrumento” no se le puede medir desde “una
unidad” o desde “la unidad”, es en si misma una
MEDIDA DE PROPORCIÓN VARIABLE. Como Viga Maestra, “soporte”
o puntal que sostiene la existencia, la hemos llamado con justa
razón EL PACHATÚSSAN.
4. Cuyo informante más importante
parece haber sido el lingüista franciscano Jerónimo
de Oré que adoctrinó en el valle del Colca en Arequipa
y que es a la vez autor del único texto catequético
puquina que se conoce; (en Aguiló, 2002: 21).
5. Es interesante la información
(Guenón, 1993: 67 ) sobre la participación del franciscano
“milenarista” Joaquín de Fiori en la logia “Fedeli
d’Amore”, seguidores de la “Fede Santa”,
que aunque no es el propósito de esta investigación,
seguiremos la pista de dicha “logia”, para futuras publicaciones.
6. Logia u “orden” religiosa
cristiana a la que perteneció Dante Aligheri. Dice Guenón:
“En cuanto a la ‘verdadera fe’...es la que es
llamada Fede Santa, ...que se aplica al mismo tiempo a la organización
iniciática misma. Esta Fede Santa, de la que Dante fue Kadosh,
es la fe de los Fedeli d’Amore...Esta designación de
los iniciados como ‘Santos’ cuyo equivalente en hebreo
es kadosh, se comprende perfectamente por el significado de los
‘Cielos’...como la morada de los Santos...con muchas
otras denominaciones análogas, ...y ello permite comprender
lo que es verdaderamente la Tierra Santa” . (en Guenón,
1993: 59).
7. Trujillo, 1998: 65, hace una cita
de Diego de Córdova y Salinas y su “Coronica de la
religiosísima provincia de los doce apóstoles del
Perú” ; Lima 1651, I:I:5., que dice: “Y en las
humanas y sagradas letras hay algunas palabras que dan a entender
había esta cuarta parte del mundo (que como se ha visto es
mayor que las tres descubiertas) pues parece que de ella hablaron
Séneca y Platón en su Timeo, que la interpretación
de la palabra Ofir, que hacen algunos autores, refiriendo las riquezas
que traía Salomón, y celebra la sagrada escritura,
dicen que se llevaba deste Occidente indiano”. Y, también
dice: “...con lo que cabía suponer que el verdadero
descubrimiento del nuevo continente databa de tiempos antiguos,
tanto como el principio de la era cristiana...en fin, para unos
terceros, el conocimiento de la existencia del continente –americano-
fue ya un asunto que lo trataron los sabios griegos...”
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