| DOS
FORMAS DE MIRAR LA LEY DE LA SELVA
Por Roberto Lay Ruiz
Hace
unos días conversando con el historiador amazónico,
José Barletty me decía que la expresión “ley
de la selva” es vista desde dos ópticas: Por un lado
los ojos de los migrantes y población externa, la comparan
con el “salvajismo y la brutalidad”. Pero desde los
ojos de las comunidades originarias amazónicas la ven como
la expresión máxima de la sabia naturaleza.
Ambos coinciden en una idea: “la vida silvestre tiene su propia
ley”. Conocida también como la ley de la vida natural
o ley de la sobre vivencia. Algunos la califican como la “ley
del mas fuerte”, donde unos se comen a otros. Durante muchos
siglos casi nadie profundizo en el tema. Y la forma de vida en equilibrio
hombre – naturaleza de nuestras comunidades indígenas
la consideraban como “salvaje”. Lo “moderno”
era gran industria, creciente urbanización, agricultura monocultural
de alta tecnología, hegemonía financiera y creciente
globalización mercantil. Hoy los resultados de esta forma
de desarrollo destructor del hombre y el planeta tienen como consecuencia
una profunda pobreza humana, deforestación y pérdida
de biodiversidad, de agua dulce y destrucción ambiental,
lo que esta acelerando el calentamiento global. Ante esta realidad
los científicos del planeta ponen hoy los ojos en la vida
silvestre y su relación con nuestras comunidades originarias.
Ellos nos hablan de las “cadenas alimenticias”. Es decir,
en la naturaleza unos seres vivos se alimentan de otros seres vivos,
guardando un equilibrio maravilloso entre ellos, de tal manera que
si, por alguna razón, disminuye o desaparece una especie,
se produce un desequilibrio que da lugar a la disminución
o desaparición de los predadores de esta especie.. Esto es
la “prelación”. Hoy los seres humanos nos hemos
convertido en los predadores de la naturaleza, causando el “desequilibrio
ecológico” en los lugares donde vivimos. Bajo la ley
natural eso significaría nuestra propia destrucción,
si es que no cambiamos nuestras formas de producción y consumo.
Es decir nuestro modelo de desarrollo consumista y excluyente.
Como nos decía nuestro amigo Barletty, “este mundo
salvaje no es, pues, tan “salvaje”. Hay un orden en
la naturaleza. La idea de los que vienen de fuera es que la “ley
de la selva” es expresión de desorden, de caos, de
“sálvese el que pueda”, de unos que se comen
a los otros.” Y eso no es cierto.
En
la Amazonía los primeros grupos humanos y muchas de nuestras
comunidades nativas, desarrollaron y desarrollan una vida armoniosa
con nuestros bosques. Y cuando hay algún desequilibrio las
comunidades indígenas se encargan de regularla. Esto lo comprendí
en la década del 70, cuando al salí libre de la cárcel
del “Sepa” por la conquista del canon petrolero en Loreto,
la policía me dejo en una comunidad Ashaninga, donde tuve
que vivir un tiempo. Una noche el rió Urubamba inundo todo
el poblado y con toda la comunidad fuimos de cacería a la
restinga. Allí ví como mataron una enorme y vieja
“yacumama”. El jefe campa me dijo que era tan astuta
el animal, que desequilibraba la vida natural y humana, ya que no
dejaba nada. Todo se lo comía. Todo lo destrozaba. Y no podían
matarla. Ahí comprendí que no conocía nada
de nuestra amazonía. La sabiduría de los pueblos indígenas,
descendientes de los antiguos pueblos amazónicos, tiene como
elemento básico no la idea del “desarrollo”,
sino de “equilibrio” en el funcionamiento de nuestros
innumerables ecosistemas amazónicos y del orden existente
entre las especies de la gran biodiversidad que allí habitan.
Hoy esta sabiduría indígena está siendo olvidada
y despreciada gracias a la escuela y a los medios de comunicación
de masa, que divorcian a los niños, niñas, adolescente
y jóvenes rurales separándolos de la vida natural
y comunal. No parten de la “escuela bosque”, de la comprensión
de nuestra realidad. Por eso es que los jóvenes huyen a la
supuesta “modernidad”. Porque aprendieron que la “selva”,
es “caos y desorden”, y no el funcionamiento de ecosistemas
amazónicos que la dan armonía y equilibrio a la gran
biodiversidad humana y natural. Ese también es el gran problema
de nuestros gobernantes, como el depredador Alan García y
sus ministros, y las empresas nacionales y extranjeras que se apropian
hoy de nuestros bosques para cortar todo y sembrar en ella producción
monocultural agroindustrial ya sea forestal u otro. No entienden
que nuestros árboles solo representa el 10% de todo el bosque
y que en su entrono hay muchas especies de la gran biodiversidad
que habita ahí y que necesitan ser descubiertas e investigadas
para el bienestar humano. Para ellos nuestra amazonia no tiene más
valor que lo que puede aportar al gran capital. No entienden que
al “vender” la amazonia está subastando por nada
el pulmón del planeta y la vida humana.
La palabra “vender” hace referencia a cambio de propiedad.
Ya no será el Estado peruano el propietario, o sea todos
los peruanos, sino un particular. El propietario puede hacer lo
que quiere con su propiedad. Los jóvenes que estudian derecho
en las universidades saben que “la propiedad es el derecho
a usar, disfrutar, abusar y disponer” de aquello que es propio
de uno. Y para ocultar su entreguismo antinacional, nos dicen que
no se venderán bosques sino “tierras eriazas”,
abandonadas, conocidas por nosotros como “purmas” o
tierras de descanso, en “barbecho”. En primer lugar
las investigaciones han mostrado que no existe tal abandono, sino
que el chacarero y nativo continúa “manejando”
su purma. Una destacada investigadora amazónica afirma que
el 98% de las especies que crecen en las purmas tienen utilidad,
pues suministran alimentos, leña, material para construcción
de las casas, medicinas, instrumentos y proteínas, entre
otros. En segundo lugar, si miramos el mapa de San Martín
veremos que todas esas supuestas zonas “eriazas” están
habitadas por comunidades campesinas o nativas. La privatización
exigirá sacar a muchos pobladores para darlo en propiedad
a uno solo, como ya se esta produciendo en el bajo huallaga con
el grupo chileno romero. Eso no solo es anti ético, sino
también anti evangélico, como ya lo denunciaron los
obispos amazónicos.
Y es que, como decía nuestro amauta José Carlos Mariategui
“los peruanos de la Costa y de la Sierra no conocen la montaña”,
por eso siempre la han visto como una despensa de donde pueden sacar
todo aquello que ha interesado a las grandes potencias extranjeras.
Los amazónicos creemos que la amazonia ya no puede seguir
siendo colonia del centralismo. Concientes de la tradición
de nuestros ancestros, nos corresponde defenderla levantando las
banderas de la sostenibilidad, la soberanía territorial,
la protección y defensa de los grandes recursos geoestratégicos
existentes en ella. Solo así estaremos defendiendo la vida
de toda la humanidad y del planeta entero, de los nuevos depredadores,
que durante siglos la vienen destruyendo.
Los tambores del “manguare” suenan hoy llamando a todos
los hombres y mujeres amazónicos y gentes de buena voluntad
a la unidad para defender la amazonía. El pulmón del
planeta tierra esta en peligro, los nuevos depredadores, conocidos
hoy como “los perros del hortelano” nos ladran buscando
confundir y atemorizar a las gentes. A ellos les decimos como el
Quijote. “Los perros ladran sancho, es señal de que
avanzamos.”
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