
ORGANIZACIÓN NACIONAL INDIGENA
DE COLOMBIA
ONIC
DIA INTERNACIONAL DE LOS PUEBLOS
INDÍGENAS
La resistencia
guía nuestros pasos… no más palabras vacías,
cañones ni fusiles
La sistemática y múltiple vulneración
de los Derechos Humanos de nuestros pueblos, se ha convertido
en una constante que no disminuye. Esto contrasta con lo que
viene ocurriendo durante el último trimestre respecto
del aumento en la conculcación de los derechos colectivos,
en particular mediante las infracciones del DIH; lo primero,
por obra del desconocimiento que hacen las autoridades gubernamentales,
los actores armados y algunas multinacionales acerca de los
mecanismos de Consulta Previa y del ejercicio ancestral de nuestros
derechos y autonomía dentro de los territorios indígenas;
y lo segundo, por el recrudecimiento del conflicto armado.
Violaciones A Los Derechos Humanos E Infracciones Al
Derecho Internacional Humanitario Cometidas Contra Pueblos Indígenas
De Colombia, Enero A Junio De 2006, Onic-Sindho (08/08/2006)
(1)
| Violaciones
e infracciones |
2006 |
Porcentaje |
| Amenaza |
10818 |
7,551 |
| Ataque
a bienes civiles |
33219 |
23,187 |
| Combate |
15504 |
10,822 |
| Confinamiento |
63000 |
43,975 |
| Desaparición
forzada |
28 |
0,020 |
| Detención arbitraria |
279 |
0,195 |
| Desplazamiento
Forzado Interno |
5731 |
4,000 |
| Herido/a |
75 |
0,052 |
| Homicidio |
32 |
0,022 |
| Muerte por mina
antipersona |
2 |
0,001 |
| Reclutamiento
forzado |
2 |
0,001 |
| Secuestro |
12 |
0,008 |
| Señalamiento |
12532 |
8,748 |
| Sindicados de
rebelión |
3 |
0,002 |
| Tortura |
7 |
0,005 |
| Violación sexual |
13 |
0,009 |
| Total general |
143263 |
100,000 |
En este panorama, nuestros pueblos indígenas
no han podido adelantar sus planes de vida, toda vez que han
debido estar atendiendo el conflicto armado, sus enormes impactos
en nuestras comunidades, y los intereses económicos que
fungen como causas estructurales y se ciernen sobre nuestros
lugares sagrados, cultivos y territorios ancestrales.
Un breve análisis del conflicto armado evidencia la creciente
responsabilidad del Estado en las violaciones e infracciones,
como de la conculcación de derechos por omisión
o acción institucional respecto de los derechos colectivos
y del medio ambiente, debido a su respuesta frente al cambio
en las estrategias bélicas de los actores armados. Todo
ello, en un momento en que se presenta la profundización
del programa de “Defensa y seguridad democrática”
del reelecto presidente Alvaro Uribe Velez, caracterizado por
un proceso de paz ficticio –impune, sin memoria y antidemocrático—
que le abrió las puertas al TLC; y en un contexto de
desdoblamiento de las acciones bélicas de las FARC, después
de un periodo de retaguardia estratégica.
Presunta responsabilidad general por
violaciones a los DDHH, infracciones al DIH, y conculcación
de derechos colectivos y del medio ambiente, en contra de los
pueblos indígenas de Colombia, Enero A Junio De 2006,
Onic-Sindho (08/08/2006)
| Presunta
Responsabilidad |
Subtotales |
| Estatal |
92,052 |
| Guerrillas |
2,2 |
| Paramilitar |
2,7 |
| Conjunta-Fuerza
Pública/Guerrillas |
1,42 |
| Sin
información |
0,003 |
| Total |
98,464 |
Esta coyuntura está caracterizada por
el aumento del pie de fuerza y el aligeramiento y mayor movilidad
de las unidades bélicas de los actores armados, con el
propósito de aumentar el control territorial, de la población
rural, en buena parte del territorio. Es una situación,
que ha permitido que el conflicto tienda a desdibujarse y a
ser percibido como un accionar difuso, de violencia sin rostro
y sin rastro, que ha sido visibilizada ampliamente (en los medios
masivos del país) como un contexto de terrorismo, ayudando
a justificar las detenciones arbitrarias, las amenazas, la estigmatización
y la incursión en nuestros resguardos y lugares sagrados.
Es por ello que hoy rechazamos con vehemencia las prácticas
de guerra indiscriminada adelantadas por las FARC, entre ellas
el reclutamiento forzado, el secuestro colectivo y el asesinato
de nuestros hijos e hijas; infringiendo el Derecho Internacional
Humanitario; desarticulando, desmembrando, desintegrando y contribuyendo
a la extinción de innumerables pueblos en la amazonia.
De igual modo, rechazamos la estrategia militarista de la política
de Seguridad Democrática que recurre a la presencia de
la fuerza pública como única solución de
los problemas sociales, cuando asienta sus “Bases militares”
y “Batallones de Alta Montaña” dentro de
nuestros resguardos indígenas y zonas sagradas, convirtiéndonos
en “objetivos militares”, como viene ocurriendo
en la Sierra Nevada de Santa Marta, y en los departamentos de
Caquetá, Cauca, Chocó, Guajira, Guaviare, Putumayo,
entre muchos otros.

Del mismo modo rechazamos tajantemente la crítica
situación humanitaria que viene padeciendo las comunidades
del pueblo Embera, asentadas en la zona rural de los municipios
de Juradó, Riosucio, y Carmen del Darien (Departamento
del Chocó), donde el Estado ni el gobierno garantiza,
ni protege ni permite el goce de los derechos individuales y
colectivos de los pueblos indígenas del Bajo Atrato;
toda vez que los grupos paramilitares y guerrilleros continúan
desplazando, masacrando, amenazando, y secuestrando a nuestros
Jaibanás, hombres y mujeres, niños, niñas
y jóvenes. El paramilitarismo en el Chocó, no
hace parte de los procesos de negociación con el gobierno,
deambula por todo el territorio sin ser controlado por la Fuerza
Pública, no obstante las miles de hectáreas usurpadas,
arrasadas y sembradas con palma africana, los procesos de testaferrato
y la tala indiscriminada de los árboles en nuestros territorios
indígenas.
De igual manera, los procesos de desmovilización y legalización
paramilitar han transformado sus efectivos en agentes auxiliares
de la fuerza pública, reconvirtiendo su capacidad de
control territorial, mediante el establecimiento de cordones
agroforestales orientados al aislamiento de los grupos insurgentes,
y al confinamiento de la población civil, especialmente
en las áreas donde están ubicados nuestros pueblos
indígenas, buena parte de ellas situadas en ecosistemas
estratégicos, mismos que han sido proyectados para la
explotación por parte de compañías multinacionales.
Areas en las cuales muchos de nuestro niños están
adquiriendo altos grados de desnutrición, e incluso muriendo
de inanición, o donde los y las adolescentes terminan
suicidándose en medio del silencio, la desesperanza y
la tristeza.
Además de lo anterior, continúa la política
de abandono del campo y las fumigaciones aéreas de cultivos
de uso ilícito, precedidas de ametrallamientos, no obstante
los reiterados pronunciamientos y sentencias de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos de la OEA, las recomendaciones del Sistema
de Naciones Unidas, y los reclamos de innumerables ONG de DDHH
y amplios sectores de la sociedad civil. A estas alturas del
gobierno Uribe, después de terminar su primer mandato,
no hay una política contundente para promover la erradicación
manual de los cultivos, pese a los impactos negativos que genera
sobre la vida y la naturaleza.
En este sentido, insistimos en llamar la atención sobre
la falta de reconocimiento y concertación con nuestras
autoridades y organizaciones nacionales, tanto en la realización
de Consejos Comunitarios, en los contenidos y aplicación
del Censo Nacional 2005, y con respecto del desarrollo de megaproyectos
y la explotación de recursos sin acudir a los mecanismos
nacionales e internacionales de Consulta Previa, en el marco
de la Ley 21/91 fruto de la ratificación del Convenio
169 de OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales.
Esto es particularmente visible en el reiterado incumplimiento
del gobierno colombiano frente a los acuerdos establecidos en
el marco de la XIV sesión de la Comisión Nacional
de Territorios, (decreto 1397 de 1996), sobre la construcción
de los estudios de caracterización conjunta e integral
acerca de la situación territorial de los pueblos indígenas,
bajo el supuesto de que las decisiones de la Comisión
Nacional de Territorios no son vinculantes para el gobierno.
Así mismo, en la permanente intención de convertir
aquellos procesos de socialización sobre la política
territorial, minera y petrolera en nuestros territorios, y cada
foro de discusión, en velados escenarios de consulta
o en mecanismos de validación de los contenidos de diversos
proyectos, como por ejemplo: “Discusión y análisis
del proyecto de ley General Forestal”, “Manejo Sostenible
de Bosques Naturales”. (2)
Por eso rechazamos, el tratamiento discriminatorio que las autoridades
civiles del departamento del Quindío le han dado a las
necesidades territoriales de los hombres y mujeres del pueblo
Embera Chamí, quienes están viviendo en condiciones
infrahumanas a lo largo de las áreas públicas
urbanas de los municipios de este departamento, después
de haber sido expulsados de las fincas donde permanecían
desde 1955.
De igual modo, sentamos nuestra más enérgica protesta
frente al tratamiento que se le viene dando a una parte del
pueblo Nukak Makú, desplazado de su territorio ancestral
y asentado en el resguardo barranco del pueblo Guayabero de
San José del Guaviare. En poco tiempo, han sido objeto
de un proceso de sedentarización que ha sido avalado
por las autoridades civiles y militares regionales, ONG y algunas
entidades Estatales. En dos días serán reubicados
en un territorio distinto al ancestral pese a las recomendaciones
de funcionarios gubernamentales y estatales que no estuvieron
de acuerdo, debido a los intereses vedados que se ciernen sobre
su territorio y sus recursos de transferencia.
Este panorama viene asociado al incumplimiento de los acuerdos
que el gobierno viene pactando en todas las regiones del país,
no obstante los compromisos precisos para todas las partes,
situación que nos ha llevado a movilizarnos con más
frecuencia, recibiendo cada vez mayor respaldo de otros sectores
de la población colombiana, como de las organizaciones
de la sociedad civil, debido a que nuestras reivindicaciones
se fundan en clamores generalizados frente al irrespeto gubernamental.
En este sentido, el respeto por las cosmovisiones de nuestros
pueblos indígenas constituye un Derecho Fundamental del
cual somos sujetos y no se nos puede desconocer bajo el argumento
de un estado unitario que persigue un supuesto “interés
general”; mediante la instrumentalización de nuestras
tradiciones para poner en escena intereses electorales, burocráticos
o económicos de unos cuantos, ni acudiendo a la falsa
concepción de la autonomía individual en desmedro
de nuestros derechos colectivos, intentando con esto propiciar
divisiones internas en nuestras comunidades y pueblos.
De allí nuestro más profundo convencimiento para
denunciar y resistir el Tratado de Libre Comercio y las reformas
constitucionales que trae consigo, lo cual sólo pretende
la pauperización de nuestra sociedad, la extracción
de los “recursos” que se encuentran en nuestros
territorios, y la conversión de nuestros conocimientos
en mercancía. En esta dirección, es preciso recordar
lo que ha significado el periodo que comenzó con la promulgación
de la nueva Constitución Política de Colombia
(1991), pues pese a tener el mejor marco normativo en beneficio
de los pueblos indígenas, no ha pasado de ser letra muerta;
toda vez que el reconocimiento legal ha sido opacado por el
desconocimiento politico, la negación cultural, el despojo
territorial y el aumento del riesgo de extinción de nuestros
pueblos más pequeños.
Por ello no olvidamos el continuo proceso de recorte de nuestros
derechos, garantías y libertades, mediante reformas constitucionales
y leyes inconsultas, con estrategias que intentan convertir
nuestros derechos colectivos en derechos individuales. Basta
para ello citar solo unos ejemplos: 1) La ley 100 que recortó
nuestros derechos adquiridos con el decreto 1811/1990, la cual
nos garantizaba la atención integral en salud; 2) La
ley 715 que fraccionó el proyecto propio de educación
integral, fomentando la fusión de las escuelas indígenas
con los colegios de educación formal; 3) La aplicación
irrisoria de la ley de reforma agraria y su artículo
reglamentario 2164, frente a la constitución, saneamiento
y ampliación de resguardos para pueblos indígenas.
En este último caso, según la Defensoría
del Pueblo habían para el año 2004, 423.472 indígenas
con escaso territorio o sin él.
Finalmente, frente a este escenario y sus implicaciones hacemos
pública nuestra resistencia y nuestra disposición
política para proteger la vida, la diversidad biológica,
la integridad de nuestras culturas; para defender nuestros territorios
y recursos naturales y para realizar nuestros derechos colectivos
e individuales, desde nuestra autonomía, dignidad y cosmovisión
propias. De allí que optemos por la concertación,
el dialogo y las alternativas no violentas para la solución
de nuestros conflictos, como se lo hemos hecho saber al Gobierno
Nacional y al Estado en reiteradas oportunidades, siempre amparados
en instrumentos internacionales.
Bogotá, D.C. 9 de agosto de 2006
COMITE EJECUTIVO
ORGANIZACIÓN NACIONAL INDÍGENA DE COLOMBIA ONIC
(1). Se tomaron
en cuenta también las personas afectadas por combates
(2). Convocado
por los Ministerios de Agricultura y Desarrollo Rural, Ministerio
de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, y la Corporación
Nacional de Investigación y Fomento Forestal –
CONIF, (25 de agosto de 2.005).