| Antes de las armaduras brillantes, de buscar oro en
las entrañas de las minas y de que Dios se transformara en
un ser de dorado cabello rizado y ojos azules, la cosmovisión
de los hombres y mujeres de estas tierras asumía el cambio
de la tierra, la muda del pelaje de los animales, la preparación
de las semillas y la purificadora nueva mirada del sol.
La economía agraria de los pueblos quechua, aymara
y mapuche acompaña el sentido del año nuevo indígena
iniciado por el solsticio de invierno, que es el punto en el cual
el sol más se aleja de la tierra y donde el día más
corto del año y la noche más larga, marcan el inicio
del acercamiento del sol.
Este fenómeno natural marca la finalización
del período de cosecha y el principio de una nueva época
de siembra. El año nuevo o el nuevo ciclo se celebra entre
el 20 y 25 de junio, dependiendo de cada cultura originaria.
El Sol anuncia el Ciclo:
El pueblo quechua tradicionalmente celebra esta fecha
con una ceremonia denominada Inti Raymi, que se realiza en lugares
altos en medio de la fría noche altiplánica del 23
de junio en espera del amanecer. Uno de los lugares más significativos
para los quechuas en esta fecha es el volcán Aucanquilcha,
cercano a Ollagüe, donde la mayoría de los ancianos
del sector se reúnen para participar de esta celebración.
En el caso aymara y de acuerdo a su calendario, el 21
de junio se celebra el advenimiento de un nuevo ciclo, específicamente
la llegada del año 513 de la quinta era. Para el mundo andino
el tiempo está concebido de manera cíclica, en concordancia
con los cambios de la naturaleza.
Es así como el Machaq
Mara está
marcado por la ocurrencia del fenómeno astronómico,
que los antiguos aymaras, descubrieron hace cientos de años
y que en la cultura occidental se conoce como solsticio de Invierno,
en la cultura mapuche como We Tripantu y en la quechua como Inti
Raymi.
A partir de este día las noches se acortan y los
días comienzan, paulatinamente, a alargarse, siendo la noche
anterior al Machaq Mara, la noche más larga del año;
los días, por su parte, se hacen cada vez más cálidos.
Los pueblos andinos, sabios y respetuosos de los ciclos de la naturaleza,
propician este cambio de ciclo, con ofrendas, ritos y celebraciones.
El Inti es uno de los elementos primordiales en la experiencia
del aymara frente al cosmos, el astro sol, conoce y ordena todo;
fecunda a la Pachamama con su luz y calor, haciendo posible la vida.
De allí, la importancia del Machaq Mara, porque el 21 de
Junio se produce un kuti, o alternancia de contrarios, que dan origen
a el equilibrio y a el orden y hacen posible la vida.
A diferencia de la visión occidental, que se caracteriza
por la separación y segmentación de la realidad, la
cosmovisión aymara se caracteriza por ver los sucesos o fenómenos
fuertemente entrelazados. Por eso es que toda actividad social,
fenómeno climático o astral va acompañado de
una ceremonia que lo ordena, dándole un sentido en el acontecer
humano.
El Machaq Mara o Año Nuevo Aymara, es una de las
principales celebraciones del calendario aymara. Antiguamente, revestía
gran importancia y era la ocasión en que en los principales
lugares sagrados del Tawantinsuyu, se realizaban ofrendas a los
dioses tutelares [Pachamama y Tata Inti]. Con el tiempo y producto
de diversos factores históricos y socioculturales, esta celebración
fue quedando en el olvido. »
We Txipantu:
De todas las celebraciones el We Txipantu
es quizá la más conocida. Ancestralmente esta ceremonia
ha concitado el respeto e interés de los mapuches, aunque
desde hace algún tiempo varias personas no indígenas
han optado por incorporar esta fecha como un hito significativo.
Habitualmente se realiza durante la noche del 23 de junio, y se
espera hasta el amanecer la llegada del 'nuevo sol que regresa'.
La ceremonia comienza antes de que el sol se oculte en el horizonte,
entonces se realiza el llellipun con la presencia de los invitados.
En este ritual se invoca a los mely chi laku, los antepasados 'los
cuatro abuelos', y es dirigida por una machi o por el longko del
lugar. Dentro de la ruka escogida arde el fogón [kütral]
y se cocina gran cantidad de alimentos, que todos los presenten
comparten.
Los ancianos cuentan historias a los niños, y a
través del nütram conversación mapuche, los aconsejan
para que sean buenas personas y lleguen a convertirse en kim che
[hombres sabios]. Tomando mate, comiendo sopaipillas, carne de chancho
y bailando, se pasa la noche.
En el período de epewun, que es antes del amanecer,
hombres, mujeres, niños e invitados concurren al río,
vertiente o estero más cercano a bañarse y esperar
la nueva salida del sol con el cuerpo y el espíritu renovado
y limpio y sintiendo la fuerza del Dios Gnechen. Cuando el sol y
la luz cubren el espacio visible se dice Akui We Tripantu [llegó
el nuevo año] o también Wiñoi Tripantu [regresa
la salida del sol].
De esta manera en el amanecer del día 24 de junio
se inicia otro ciclo de vida en el mundo mapuche y en la madre tierra.
Durante el día continúan distintas actividades, según
la región. Por lo general es un día de reencuentro,
de armonía y equilibrio de las relaciones familiares. El
ritual culmina con el ocultamiento del sol en el oeste.
Este conjunto de ritos constituyen para los mapuches la
renovación del compromiso y las formas como se relacionan
con la naturaleza, es el periodo en que la tierra inicia un proceso
de renovación de sus energías para una nueva etapa
de producción, es un acto de prácticas conductuales
de los diferentes componentes que conforman el universo y una clara
concepción del gran newen, o energía viva, que rige
el cosmos.
La profunda significación del Machaq Mara, Inti
Raimi y We Txipantu ha logrado permear la sociedad no indígena.
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