| Chile:
El pueblo mapuche de pieRaúl Zibechi
ALAI
Montevideo.-Una larga huelga de hambre de cinco presos políticos
mapuche, rodeada de importante solidaridad, parece estar mostrando
la profundización de la larga lucha de un pueblo por la recuperación
de sus tierras y el control de sus territorios. “Denunciamos
que Chile es el único país de América Latina
donde se persigue y encarcela a miembros de un pueblo originario
ancestral que lucha por sus derechos”, señala la Carta
Abierta enviada el 11 de noviembre por los cinco presos en huelga
de hambre desde el 10 de octubre en el penal de Angol. Patricia
Troncoso, Jaime Marileo, Juan Millalen, José Huenchunao y
Héctor Llaitul asumieron la representación de los
18 presos mapuche en diversas cárceles de Chile y lanzaron
una huelga de hambre “líquida e indifenida” con
dos objetivos básicos: la libertad de todos los presos que
se definen como “presos políticos”, y no como
terroristas como apunta el gobierno de Michelle Bachelet, y “la
desmilitarización y el fin de la represión hacia las
comunidades movilizadas por sus derechos políticos y territoriales”.
Los
presos se consideran “rehenes del Estado chileno” y
denuncian la gran cantidad de carabineros estacionados en las zonas
de Lleu Lleu, Ercilla, Vilcún, Chol Chol, Traigen y Alto
Bio Bio. En esta ocasión la represión no está
consiguiendo aislar la lucha mapuche. En las ciudades sureñas
de Temuco y Valdivia se han realizado manifestaciones y acciones
en solidaridad con los presos, así como en Santiago, y se
han desarrollado varias jornadas de solidaridad en países
europeos. El 12 de noviembre una delegación de parlamentarios
venezolanos visitó la cárcel de Angol y manifestó
su preocupación por el estado de salud de los presos que
habían perdido entre 15 y 20 kilos. La Coordinadora Andina
de Organizaciones Indígenas (CAOI) envió una carta
a la presidenta Bachelet, a través de su coordinador Miguel
Palacín, en la que le exige abrir un diálogo con las
autoridades del pueblo mapuche.
Hasta ahora el gobierno chileno mostró total
indiferencia, pero el 19 de
noviembre la Gendarmería interpuso un recurso para intervenir
la huelga
de hambre e internar a los presos en algún centro asistencial
en caso de
que se registre un deterioro mayor de su salud. El 21 de noviembre,
familiares y amigos de los presos políticos mapuche iniciaron
una huelga
de hambre en la catedral de Cañete. En un comunicado recuerdan
que bajo
los gobiernos de la Concertación Democrática (desde
1990) han sido
procesados 400 mapuche por la Ley de Seguridad Interior o la Ley
Antiterrorista, ya que el Estado chileno considera la resistencia
mapuche por sus tierras como terrorismo.Una nueva etapa de la lucha
mapuche
Según el historiador Víctor Toledo Llancaqueo, el
actual movimiento
mapuche que emerge en los años 80, en la etapa final de la
dictadura de
Augusto Pinochet, “ha protagonizado por lo menos tres grandes
ciclos de
movilizaciones por sus derechos”[1]. El primero se registró
bajo la
dictadura con el objetivo de defender las tierras comunitarias.
Luego,
al comienzo de la transición democrática, en 1989,
se realizó el acuerdo
de Nueva Imperial por el cual la Concertación se comprometió
a impulsar
una nueva ley indígena a cambio de que los mapuche renunciaran
a la
movilización. Muchos temían, señala Toledo,
que se repitiera el proceso
de tomas de tierras masivas de los años 1970-1973 durante
el gobierno de
Salvador Allende.
En
respuesta a la cooptación que supuso ese acuerdo, nace en
1990 el Consejo de Todas las Tierras que exige autonomía
y participación política y realizan tomas simbólicas
de tierras. En 1992, el gobierno detiene a 70 comuneros y los acusa
de “delincuentes”, y la justicia procesa a 144 mapuche
por “usurpación” y “asociación ilícita”.
El proceso estuvo plagado de vicios y fue considera una aberración
jurídica. Hacia 1997 se abre un nuevo ciclo a través
del estallido de múltiples conflictos que afectan a las grandes
empresas forestales y de energía. El Estado, aliado incondicional
de las empresas, ve desbordada su política indígena
ya que las dos organizaciones estatales de asistencia (la Corporación
Nacional de Desarrollo Indígena y el Fondo de Tierras y Aguas
Indígenas) colapsan al no poder responder a las demandas
de las comunidades. Sin política y sin querer conceder derechos,
el gobierno endurece la represión.
El
caso Ralco (1997), un megaproyecto energético en tierras
mapuche en el Alto Bio Bio, supuso un parteaguas ya que el gobierno
violó la legislación para echarlo a andar. “El
murallón de Ralco levantó una frontera política
entre los mapuche y el Estado”, asegura Toledo. Ese mismo
año, el caso Lumaco, dos millones de hectáreas de
plantaciones forestales artificiales y una planta de celulosa, se
convirtió en “un enclave que ha transformado la geografía
y el poder en el sur del país, alterando el medio ambiente
y empobreciendo a las regiones”. Forzado a la movilización
ante la inexistencia de vías legales para el pueblo mapuche,
el movimiento se fortalece y despliega iniciativas culturales, artísticas
y de medios de comunicación propios. Surgen nuevas organizaciones
territoriales como la Coordinadora Arauco Malleco y la Asociación
Nankucheo de Lumaco. Fruto de la movilización se recuperan
tierras, a tal punto que los fondos estatales de compras de tierras
para las comunidades pasan de unos 5 millones de dólares
en 1995 a más de 30 millones en 2001, bajo el gobierno de
Ricardo Lagos. Nuevamente la respuesta a esta nueva oleada de movilizaciones
fue la criminalización de la protesta. Se abrieron procesos
ante la Justicia Militar durante los años 2000 y 2001, hasta
que a fines de este año se comienza a aplicar la Ley 18314
o Ley Antiterrorista, en el marco del clima generado por los atentados
del 11 de setiembre de 2001 en Estados Unidos. Se combina represión
con labores de inteligencia y cooptación de la intelectualidad
indígena. Entre noviembre de 2001 y octubre de 2003 son procesados
209 mapuche sólo en la región de la Araucanía,
mientras cientos son detenidos en manifestaciones, golpeados y maltratados.
Según Toledo, se trata de una verdadera “guerra sucia”.
En
noviembre de 2004 los mapuche ganan una batalla jurídica
en un terreno en que no cosechaban más que derrotas. Uno
de los pilares de la criminalización de la protesta se desmorona
ante la estrategia de los defensores que demuestran que “terrorismo”
no son daños a bienes sino “desprecio de la vida humana,
o poner en peligro el orden constitucional”. Los incendios
y lanzamientos de artefactos, que son los medios que utilizan las
comunidades, no pueden ser considerados terrorismo. Los acusados
son absueltos.
Hacia la profundización de las luchas
Con el gobierno de Michelle Bachelet (1996) las cosas no cambiaron.
La
represión se mantiene intacta aunque ya no se aplica la Ley
Antiterrorista. “El movimiento mapuche logró sortear
los embates de la
criminalización, con movilización social y una activa
apelación al
sistema internacional de derechos humanos, abriendo oportunidades
para
un cambio de marco de la política indígena y profundización
de la
democracia”, sostiene Toledo.
Iván
Llanquileo, lonko de la comunidad Juana Millahual, quien estuvo
dos meses en prisión y fue puesto en libertad el 9 de noviembre,
sostiene que recién a partir de las luchas de 1997 “se
pasa a otra etapa en la lucha mapuche que consiste en entrar a un
fundo, trabajar, defenderlo y en definitiva ejercer control territorial”[2].
A través de la acción directa, su comunidad ha conseguido
recuperar cientos de hectáreas de las 10 mil usurpadas por
los colonos y traspasadas luego a las forestales. En esta nueva
etapa ya no se ocupan las tierras de forma simbólica como
a comienzos de los 90, sino de forma permanente y para producir
su vida cotidiana. Y ya no piden tierras sino territorio. Esto los
lleva a un enfrentamiento frontal e inevitable con las multinacionales
de la minería, la energía y el papel. Ellos mismos
aseguran que no tienen otra opción. Los mapuche se definen
como “un pueblo que se resiste a desaparecer”. La Coordinadora
Arauco Malleco, que se define como “anticapitalista, antiimperialista
y libertaria”, difundió un comunicado en el que asegura
que “nos encontramos en una coyuntura histórica de
extinción o continuidad cultural, social y territorial, es
decir, entre la vida o la muerte de nuestro mundo mapuche”[3].
Notas
[1] Víctor Toledo Llancaqueo, “Prima
ratio. Movilización mapuche y
política penal”, en revista OSAL No. 22, Buenos Aires,
septiembre de 2007,
[2] “Entrevista a Iván Llanquileo”, 19 de noviembre
de 2007, en
www.eutsi.org
[3] “Los mapuche en pie”, revista Ojarasca,
México, noviembre de 2007.- Raúl Zibechi es miembro
del Consejo de Redacción del semanario Brecha
de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales
en la
Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de
varios grupos
sociales.
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