| El pensamiento "Qhapaq": ¿Un
modelo originario en la Constitución de Bolivia?
Las
Categorías teóricas originarias en el área
que ocupaba el Tawantinsuyu, tienden a retornar a la memoria colectiva
resistematizadas para volverse a usar en la solución de problemas
iguales a los de antes. Así lo sostiene Javier Lajo
que en su libro "Qhapaq Ñan La Ruta Inka de Sabiduría",
propone el Pensamiento Paritario o "pensamiento Qhapaq"
como el método teórico de los Inkas, con sus leyes
de pensamiento: El YANANTIN, EL TINKUY, CH'EKKALLUWA, PACHATUSSAN,
etc, así como el señalamiento de la filosofía
occidental como "pensamiento Ch'ulla"; y muchos otros
modelos teóricos que como vemos en el presente artículo
de Javier Medina, ya se intentan aplicar en la realidad boliviana
para resolver exitosa y originariamente el trabajo de la Asamblea
Constituyente
Estado plurinacional y Ayllu Plurifamiliar
Por: Javier Medina
Estoy
seguro que a los intelectuales indígenas, la expresión
“Ayllu plurifamiliar” les va a hacer ruido epistémico.
No es que no haya familias en el ayllu; las hay. No es que un Ayllu
no se pueda ver como un conjunto de familias, se puede. Entonces
¿cuál es el problema? El asunto es que en la manera
de combinar y ordenar los elementos de nuestra observación
(no en los elementos como tales) es donde se nota qué modelo
mental es el que está rigiendo, subliminalmente, la combinatoria
de los mismos.
Hay dos modelos mentales básicos. El más antiguo y
el más reciente se basan en la idea de Paridad,
de Yanantin. Es tan antiguo como el homo sapiens sapiens; entre
cincuenta y cien mil años y tan reciente como la física
cuántica: Onda / Partícula. Incluso en la tradición
judía arcaica, el dios El y su mujer Aquerah, en forma de
dos estatuillas, estaban colocadas, uno junto a la otra, haciendo
Yanantin, en el Arca primitiva. Fueron sustituidas, luego por las
Dos Tablas de la Ley. La Abstracción hace desaparecer el
Género. Así se sacó a Aquerah del juego y ya
no salió más en la foto oficial del Monoteísmo
patriarcal. (E. Nodet, Essais sur les origines du judaïsme.
Paris, 1992). ¡Ojo, pues, a las Abstracciones! El otro modelo
mental se basa en el Uno y los expertos lo datan
en 552 a. C. al regreso del Exilio de Babilonia. Digamos, 2600 años.
Si incluimos a Akenaton(/Nefertiti) unos 3,300 años, más
o menos. (J. Bottero, Naissance de Dieu. Paris, 1986). No hay Dios
sin lenguas aislantes y, luego, sin escritura, es decir, sin univocidad.
No hay Animismo sin lenguas aglutinantes. Así, pues, los
dos modelos mentales que existen, uno lo provee el Monoteísmo
y el otro lo provee el Animismo. Uno y Paridad. Ch´ulla y
Yanantin.
Me extraña, pues, mucho que los intelectuales y políticos
indígenas (sobre todo los que son Constituyentes) se llenen
tanto la boca con la palabra “Descolonización”
y, sin embargo, en su propuesta de Estado se aferren tan colonialmente
a la idea del Uno, del Ch´ulla. Ya se que se han embalado
en esta idea colonizadora, pero todavía estamos a tiempo
de rectificar. Esito más hay que descolonizar, amigos, y,
¡ahora, es cuando!
El punto es cómo se piensa la pluralidad (en este caso las
“naciones indígenas”) en ambos modelos mentales.
En el modelo monoteísta, el ideal, por supuesto, es un solo
Dios (no un Wira / Xucha), un presidente (no un Inca de Arriba y
un inca de Abajo chachawarmis), un solo territorio (no un archipiélago
vertical) una sola lengua, una sola moneda, un solo mercado …
bajo el paraguas de un Estado, único, monolítico,
centralista, patriarcal. Cuando estas sociedades se complejizan
y crecen, la idea del Uno se mantiene, pero aparece la idea de la
Descentralización. El Rey nombra su Virrey, el Presidente
su Prefecto, pero todo sigue, arquetípicamente, igual. Cuando
los hijos crecen, para que dejen la mamadera, se les da la Autonomía:
ya pueden bastarse a sí mismos, pero no se rompe el cordón
umbilical con el Uno: el Estado unitario (autonómico, federal
…). Dicho con otras palabras, en este modelo, el Uno se piensa
como exclusión de la Otra: de Aquerah, María Magdalena,
la Mujer, la otra polaridad, la otra energía (en este caso,
la Indianidad). El que este modelo mental no quiera tener en cuenta
simbólicamente a la Otra, no significa que la Otra desaparezca.
De aquí deriva la pulsión homogeneizadora, igualadora;
es decir, su pulsión fundamentalista e intolerante: hay un
solo Dios. Pero, claro, por más que se proclame al Uno, la
Otra, los Muchos están a la vista; es imposible no verlos
y, si joden, no tenerlos en cuenta. Entonces este modelo mental
tiende a comprender a los Muchos como, átomos, unidades,
monadas, substancias, siempre aisladas, que luego junta bajo su
yugo. En este caso, las naciones indígenas son entendidas
como átomos, unidades, monadas, substancias que hay que juntar
bajo el yugo del Uno; de un Estado unitario, pero diverso. Estado
plurinacional. Unidad en la diversidad.
Me asombra cómo la Extirpación de Idolatrías
y la Evangelización, sobre todo a través de la escuela
y la universidad, han posicionado tan fuertemente su idea básica:
la primacía del Uno abstracto. Sus máscaras más
personales y afectivas: Jehová, Jesús … ya han
sido relativizadas, en la vida cotidiana, y con-viven con Pachamama,
los Achachilas …, pero su faz más abstracta sigue bien
plantada en la cabeza de muchos intelectuales y políticos
indígenas “descolonizadores”.
El
modelo Yanantin (al que pertenecen las “naciones indígenas”)
piensa polarmente la complementariedad de los opuestos, Aran y Urin.
El uno es par, por así decir. No fragmenta para luego sumar.
Piensa conjuntos imantados, no individuos. Piensa redes bifásicas,
no átomos. Piensa de un jaucaso la polaridad, como Yanantin,
como Onda / Partícula, y no como suma: uno más uno,
que lleva al Dualismo maniqueo. Simón Yampara habla del método
UTA (Urin / Tinku / Aran) para dar cuenta de esta forma cuántica
de entender la realidad. El Ayllu, pues, no es la unidad de la diversidad
de sus familias. Esta sería una lectura monoteísta.
El Ayllu es el efecto cuántico del Tinku de las energías
antagónicas de Aran y Urin. Lo interesante del modelo del
Ayllu, formalizado en UTA, por Yampara, es que los monoteístas
tenemos un lugar en él, de modo estructural: somos la otra
polaridad antagónica del animismo, la energía fermiónica,
individualista, relativizada por la energía bosónica,
comunitaria de la Indianidad y viceversa. Occidente y la Indianidad
tienen cabida estructural en el modelo Yanantin. ¿Qué
más podríamos querer?
Si esto es así ¿por qué persisten los intelectuales
y políticos indígenas, que salen en los media, en
vaciar su buena idea, del mutuo reconocimiento, en un molde mental
que no les da la categoría ontológica que se merecen,
sino una forma aguada, subalterna: pluri, del modelo del Uno? Estamos
viviendo un momento estelar de nuestra historia, ante la mirada
del mundo, que busca salir de la modernidad, también políticamente,
y nosotros les podemos ofrecer un modelo de Estado absolutamente
originario y absolutamente nuevo. El, en efecto, tiene que volver
a hacerle el amor a Aquerah, pero públicamente. Sólo
así se podrá revertir la entropía del monoteísmo
y no enclaustrándose en Mea Sharins o en el latín
o en la Yihad Nada puede sobrevivir, correctamente, sólo
en base a una energía. Este es el punto. Esto también
vale para el caso de las dos Bolivias (no hay que negarlas con el
“espejismo del mestizaje”) que se pueden componer, de
un modo creativo e innovador, bebiendo, cada una, de sus propias
Pacarinas, en un Estado Yanantin. Las dos energías antagónicas
hacen a la Vida cuando se complementan, sin tener una que desaparecer
en el otro y viceversa. “Estado plurinacional”, para
los indígenas, sería desaparecer en el molde mental
del Uno. Seguiría la colonización, en el nivel noosférico.
Otra cosa es un Estado plurinacional, cuando todas las naciones,
siendo muy diferentes culturalmente, pertenecen, sin embargo, al
mismo paraguas monoteísta; es decir, comparten el mismo software
de civilización. Ahí, obviamente, no hay problema.
Pero, ese, justamente, no es nuestro caso. Aquí hay dos softwares
de civilización que tenemos que tener en cuenta, simultánea
y complementariamente, en la definición de nuestro futuro
Estado. Eso sería voltear página. Esto sería
más que “descolonización” y “postcolonialidad”;
sería ser creativos, mayores de edad, autónomos: darnos
nuestra propia norma y no seguir copiando a la Madre Patria.
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