| Perú:
" El Socialismo andino es otro socialismo ..."
¿Qué es el socialismo andino? (Parte
II)
Por : José Mendivil*
http://www.argenpress.info/nota.asp?num=038662
Es necesario abrir las posibilidades a la existencia de mejores
y auténticos países y sociedades andinas, y para ello
es inevitable volver la mirada a las fuentes de nuestras propias
ventajas culturales y agroecológicas, sin descuidar los aportes
de una industria moderna adaptada a un nuevo modelo que sirva para
superar las inequidades y trabas del capitalismo periférico,
como de la minería contaminante y distorsionante de nuestras
economías, aprovechando las ventajas que nos dan nuestros
propios intereses que están en lo siguiente:
1. El profundo conocimiento de las posibilidades de nuestros ecosistemas
y de su biota, que nos lleven a priorizar la investigación
científica y tecnológica para permitir un uso adecuado
de recursos a la tarea del desarrollo agroecológico y pos-industrial
de nuestros países.
2. La pluralidad de los procesos de generación de riqueza,
mejorando la diversidad biológica, la adaptación de
plantas a condiciones adversas, el control de los fenómenos
naturales, domesticación de especies, repoblación
de territorios aparentemente inhóspitos, etc. Esto requiere
políticas poblacionales que nos lleven a una adecuación
de nuestro crecimiento demográfico a los fines de una nueva
economía.
3. Las potencialidades de los procesos autónomos de generación
de tecnologías, tanto de las andinas antiguas, como de las
que exige el conocimiento moderno y el desarrollo tecnológico.
4. La utilidad del conocimiento de las comunidades para la reparación
ambiental de los hábitat y ecosistemas destruidos por la
minería y la industria dependiente.
5. El desarrollo de la industria andina en función de nuestras
necesidades sociales, culturales, científicas, y tecnológicas,
y de la sostenibilidad de su competitividad en el exterior.
6 La reducción progresiva de la explotación minera
al nivel de satisfacción de nuestra demanda interna, y la
generación de divisas por la explotación de metales
preciosos y su exportación.
7. La aplicación de tecnología biológica avanzada
para producir y exportar productos de alto valor agregado, que permita
captar un stock de divisas indispensables para el buen manejo de
nuestro sector externo.
8. La organización de una sociedad de pleno empleo y estable
en la medida en que se respeten los derechos y aspiraciones étnicas
y económicas legítimas de nuestros pueblos.
9. La singularidad de una gobernabilidad democrática y responsable
con el bien común y la edificación de una sociedad
plural e intercultural.
Superando el proceso de industrialización dependiente, y
orientada la economía hacia un modelo post-industrial, la
generación de riqueza se basaría en una agricultura
de alta calidad científica y tecnológica, y en industrias
limpias y de servicios, economía que debe ser característica
de sociedades andinas que mejoran cualitativamente sus relaciones
con el mundo desarrollando aplicando un modelo de desarrollo superior
al capitalismo. Se trata de crear una sociedad pos- industrial que
corrija el proceso de deterioro ambiental y humano producido por
la industria y la competencia capitalista en los andes. Podríamos
decir entonces que las condiciones de vida de estas nuevas sociedades
contemporáneas son las propias de su cultura y su historia.
Entonces, ¿qué es lo que pueden ofrecer estas sociedades?
Hasta ahora sus posibilidades se han fijado en adaptar el capitalismo
y la modernidad a sus países, y más cercanamente en
el reconocimiento y la tolerancia a los derechos de etnias originarias.
La fijación étnica tiene sus fuentes en la antropología
y se queda en la distinción folclórica de las formas
de vida de las comunidades indígenas. El enfoque folclórico
ha sido sustituido por el culturalista que es más reciente
y que ha sido influido por la corriente multicultalista norteamericana,
y por la llamada filosofía intercultural, y que se caracteriza
por proponer el reconocimiento de etnias indígenas y el respeto
de sus derechos culturales. Desde las comunidades, el Banco Mundial
y agencias de cooperación promueven un enfoque que puede
ser denominado del etno-desarrollo, que postula que el indígena
por ser indígena tiene una visión muy restringida
o arcaizada de su existencia, y marginal de su economía en
la artesanía, el turismo, tejidos, alfarería, cultivos
ecológicos, etc., visión falsa de su economía
que tienen interés en promover por cuanto no altera las condiciones
de dependencia del capitalismo en nuestros países, y asegura
la continua transferencia de riqueza hacia el exterior.
Una ruptura con estos enfoques fue iniciada a partir de los 90 por
un grupo de intelectuales andinos, entre ellos Gerardo Ramos, Antonio
Peña Cabrera, Zenón de Paz, Javier Lajo, y Fernando
Silva Santisteban. Para ésta corriente de pensamiento la
cultura andina, que no es strictu-sensu exclusivamente indígena,
con el rebrote de su vitalidad trae consigo el despegue de sociedades
hasta ahora colonizadas por el capitalismo. Sostienen que las diferencias
culturales entre occidente y el mundo andino son tan marcadas que
lo andino, a pesar de todos los embates recibidos del capitalismo
durante siglos, ha mostrado no solo aptitud para conservar características
culturales propias, sino para desplegar la voluntad de sociedades
afirmadas en su libertad para llevar a cabo la invención
creativa del socialismo andino, un socialismo en el que participen
con igualdad de derechos y oportunidades todos sus pobladores, y
en el que no hayan preferencias o privilegios para una etnia u otra;
libertad para romper con la falsa idea de que las soluciones están
en persistir aplicando modelos que funcionan en otras sociedades,
una libertad que sirva para armonizar las diversas tendencias existenciales
de los pueblos que conforman las sociedades andinas contemporáneas.
Esta corriente intelectual propone pensar de manera diferente a
las usuales y a las que nos hemos referido, la incorporación
de toda la sociedad a la producción, abriendo paso a su creatividad
y al desarrollo de la ciencia y tecnologías adecuadas a los
ecosistemas andinos, a la geografía de nuestros países,
que nos eviten las consecuencias devastadoras de la industrialización
capitalista, particularmente de la metalurgia y la industria química;
investigar la variedad genética de la flora y fauna de los
andes sudaméricanos para desarrollar economías post-industriales
orientadas al bienestar humano y la conservación de los recursos
con que la naturaleza beneficia a las naciones andinas, y poder
ofertar al mundo tecnología y servicios para la producción
de alimento sano por una agricultura más variada, como debe
ser la de los andes por sus climas y la existencia de extraordinarios
agricultores entre su población que son de origen andino
muy antiguo. Sugieren que nuevas formas políticas de gobierno
y administración deben sustituir a las actuales para evitar
las consecuencias del racismo y de sociedades dualizadas que fueron
impuestas desde la conquista europea; superar formas de poder que
continúan deteriorando la política y la gobernabilidad
en nuestros países. Contrariamente a lo que podría
suponerse consideran que relaciones sanas y estimulantes para occidente
y los andes deben promoverse en condiciones paritarias y mutuamente
beneficiosas en la balanza de pagos, en los tipos de cambio, el
comercio, la cultura, ciencia y tecnología. 'Podemos aceptarnos
como poseedores históricos de los valores de occidente que
no hayamos recusado....Los valores incorporados a título
de positivos son nuestros, como si no nos hubieran sido impuestos...sino
como si los hubiéramos elegido libremente, con la misma libertad
con que...recusamos...los desvalores...de occidente' (Ramos, Gerardo.
Una visión alternativa del Perú, 2001. Mensaje de
1991, P 27).
En
el 2005, Javier Lajo en su libro Qhapaq Ñan: La Ruta Inka
de Sabiduría, aporta a la teoría de este grupo denominado
Proyecto Histórico, una teoría nueva sobre el pensamiento
andino, su lógica o sistema de representaciones, su sentido
e intereses. Esta teoría nos aproxima a lo que distingue
al universo cultural andino, y explora la eventualidad de una economía
distinta para los andes, a la que Ramos denomina post-industrial.
Es decir, el universo cultural andino no sería solamente
la combinación de factores étnicos, cosmogónicos,
religiosos, técnicos, productivos y sociales, sino un conjunto
de intereses muy plurales reunidos en una nueva utopía para
los andes, que supere ese falso no-lugar del estancamiento y la
dependencia del capitalismo atrasado, y el atavismo del milenarismo
inventado por historiadores, antropólogos y etnografos hispanistas
o eurocéntricos, que hicieron creer a muchos que los movimientos
indigenas o indianistas pretendieron con sus revueltas y revoluciones
entre los siglos XVI y XX restablecer el sistema social que hubiera
hasta inicios de la colonización europea del siglo XIV, sistema
que algunos historiadores han llamado la utopía andina, reduciendo
su pasado a lo que fuera su comunitarismo, y a sus reminiscencias
que todavía se observan en sus comunidades; sin comprender
que este pasado tiene importancia porque su presente es sobre todo
la continuidad de la historia con una forma original de pensar el
mundo y la vida, y que en su forma más popular se ha llamado
racionalidad andina al destacar su capacidad adaptativa a la geografía
y clima de los andes, por cierto con interesado descuido de su utilidad
para el desarrollo de sociedades que tienen todo el derecho del
mundo para distinguirse de occidente. En realidad la eventualidad
de esa falsa utopía andina quedaba reducida a una identidad
ezquizofrénica con lo andino y el pasado precolombino, como
si el trauma del primer encuentro obligara a sus pueblos indígenas
contemporáneos a ansiar el retorno del Tahuantinsuyo; y a
los no-andinos a buscar desesperadamente y sin reparo la senda embustera
de su completa occidentalización. En realidad las sociedades
andinas fueron suplantadas por el colonialismo que desprestigiaba
a lo andino en la miseria y la pobreza que se le impusiera para
evitar que el universo cultural andino recuperara la fuerza de su
continuidad, de su civilización que fue comparada con la
griega, romana y egipcia, y por lo tanto, de su aptitud para romper
y cambiar las condiciones que su cultura enfrento después
de su derrota, es decir, su capacidad para inventarlo todo casi
de nuevo, como estaban acostumbrados a hacerlo.
La utopía andina fue arcaizada, como fueron sus comunidades
y sus pueblos, como ya hemos señalado. La lógica propia
o 'forma' diferente del pensamiento andino, que constituye el principal
aporte de esta corriente intelectual, permite comprender que la
importancia de la economía andina no está solamente
en lo comunal, sino en las formas en que el hombre andino configura
y construye un sistema social en el que todo debe complementarse
y proporcionarse hasta conseguir un equilibrio, cualesquiera sean
sus diferencias sociales, culturales, intereses y fines, sistema
en el que los cambios preparan rupturas, en las que lo que se manifiesta
en la vida y la sociedad no sea lo mismo, las mismas diferencias,
sino nuevas, radicalmente nuevas; una percepción de los cambios
y la sociedad que tiene su forma ‘arcaica’ en lo que
se denominara el pachakuti, que en la cosmogonía andina guarda
relación con los cambios naturales a que se ve sometido cíclicamente
su hábitat por la Corriente del Niño, pero, que desde
su sistema de pensamiento expresa el sentido de los cambios que
el hombre andino consideraba y perseguía, y que persigue
aún. Para la lógica del pensamiento andino no es natural
la escisión entre lo individual y lo comunitario, escisión
sobre la que se funda el capitalismo y la modernidad; tampoco formas
de gobierno que favorecen una forma de vida y de conducta humana
respecto de otras, ya que asume como un supuesto existencial que
las partes están apareadas en el todo, en el que lo equitativo
y recíproco no se debe a la relación unívoca
del individuo con la naturaleza y la sociedad, sino a relaciones
complementarias y muy plurales en las que tienen el mismo valor
los sujetos individuales, la familia, la sociedad; como la naturaleza,
la producción, la reproducción y la distribución.
El bienestar (o Allin Kausay en runa simi), por lo tanto, no se
traslada a la distribución, o se reduce al simple 'desarrollo',
él bienestar es lo que son o deben ser las distintas formas
de paridad en la complementariedad y proporcionalidad que el hombre
establece con sus semejantes, consigo mismo, en la comunidad humana
y de esta con el medio natural, y con sus creaciones, sean éstas
la economía, la distribución, las instituciones de
control y represión, las creencias, las actividades reproductivas
y lúdicas, todas las que deben proporcionarse a efecto de
que la existencia del hombre sea menos incierta y angustiante en
la satisfacción de necesidades, deseos y expectativas. En
realidad esta corriente intelectual des-arcaiza a la cultura andina
y la libera de la falsa conciencia de sus detractores como de sus
defensores indigenistas, y nos permite tener otra mirada de su universo
cultural, comprensión que debe revolucionar a la teoría
social en nuestras sociedades, y permitir que la historia antigua,
colonial y republicana se rehaga para aportar a una comprensión
nueva de sus sociedades y su evolución como sociedades andinas
contemporáneas con el justo derecho para construir sus ideales
dándole forma al socialismo andino; pueblos que hablen todas
sus lenguas desarrollando la lingüística y la semiótica
de sus idiomas nativos, lenguas que como sabemos han terminado andinizando
el castellano que se habla en nuestros países.
*José Mendívil es investigador del Instituto de
Ciencia y Tecnología de la Universidad Ricardo Palma, de
Lima-Perú, dirige el programa de investigación Proyecto
Histórico para el Perú, como resultado de sus estudios
ha publicado ¿En que nación queremos vivir los peruanos
del siglo XXI?, y La Otra Libertad. Estos artículos han sido
extraídos de su libro El Socialismo Andino, actualmente en
imprenta.
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