| El Socialismo andino
es otro socialismo ...
¿Qué es el socialismo andino? (I Parte)
Por : José Mendivil*
El
socialismo andino no puede pretender encontrar una fácil
respuesta al tema de ¿qué economía debe construirse
en los países andinos que sea alternativa al capitalismo?
Es un error común insistir en dar respuestas fáciles
o generales, como aquellas de la ‘economía de los ayllus’
o una ‘economía socialista’. Es evidente que
la primera es una opción reduccionista, y la segunda muestra
su pretensión universal, que deja al socialismo andino y
su proyecto histórico en la vertiente del socialismo europeo,
universalismo que no lo niega, pero tampoco lo afirma. Si bien estas
respuestas tuvieron validez en el siglo pasado, y no se les puede
negar su importancia política y su fuerza ideológica
para las ‘guerras’ con el capitalismo neoliberal, se
ha hecho necesario actualizar su justificación no ya desde
modelos económicos de fines particulares o universalistas,
sino desde un modelo económico para el proyecto histórico
del socialismo andino del tercer milenio.
Lo primero que dicho modelo debe tener claro es que la idea de la
universalidad de la propiedad privada no es su condición
o supuesto fundamental, de lo que se desprende que el modelo económico
deberá sustentarse en formas plurales de propiedad, como
son la propiedad privada de las sociedades anónimas o de
responsabilidad limitada, la propiedad familiar y comunal, la propiedad
cooperativa, la propiedad municipal, la propiedad del estado; o
formas combinadas de propiedad accionaria y propiedad comunal, forma
ésta redistributiva de la propiedad y la riqueza que evita
la concentración accionaria y de la riqueza en uno de los
lados de la sociedad.
Un segundo atributo de este modelo es su racionalidad productiva
y reproductiva, es decir una clara identificación del rol
económico de la familia, sea esta nuclear o extensa, y de
las políticas de población, tanto de crecimiento como
de su desarrollo territorial y espacial. Si lo primero evitaría
que el modelo reproduzca la explotación capitalista del hombre
y de su trabajo, lo segundo debe permitir una distribución
equitativa de la riqueza, reduciendo las desigualdades sociales
y las crisis sociales por escasez o sobreproducción.
Un tercer atributo, es el del tipo de Estado necesario para este
modelo. El estado federal andino, funcionalmente, es decir, en relación
no ya al poder, sino a la viabilidad de este modelo económico,
debe tener la capacidad de hacer posible un desarrollo equilibrado,
sostenido y moderno, para lo cual no basta una reforma tributaria
integral y adecuada a los fines del modelo durante su período
de despegue; si no que más importante será conseguir
y conservar la soberanía sobre sus principales recursos naturales;
lo que no implica de por sí que la explotación de
los recursos naturales estratégicos de los andes sirvan a
los fines del socialismo andino que su proyecto histórico
persigue, sino, inicialmente generar el ahorro nacional necesario
para su desarrollo industrial, científico y tecnológico
durante el período de cambios que son necesarios para romper
las amarras del modelo convencional que define al capitalismo en
nuestras naciones; control nacional sobre los excedentes que permita
reforzar la transición hacia una nueva economía. Esto
saca al socialismo andino de los límites del debate de sí
el estado se hace ‘grande’ y por ello populista, o si
es solo subsidiario, es decir, sometido a los vaivenes del mercado
y los intereses de las trasnacionales del capitalismo.
Un cuarto atributo es que este es un proyecto desde los indígenas,
pero no sólo para los indígenas. Porque los acontecimientos
obligan, es un proyecto para la sociedad andina que aspira y espera
que los cambios no sólo se den desde gobiernos que levanten
este proyecto, sino que se sostengan desde la sociedad. Este es
un camino que empiezan a andar los zapatistas, que en su última
declaración de Lacandona nos dicen que para pasar del capitalismo
a otra economía, es necesario tener un proyecto nacional,
democrático y de avanzada. Afirman que después de
los éxitos que les diera su levantamiento de 1994, han ido
cambiando para resolver el problema que tuvieron entre la hegemonía
del núcleo militar y la base social de los campesinos zapatistas;
que ahora han horizontalizado las decisiones y que están
avanzando a paso seguro, al paso de la tortuga de Aquiles, y que
quieren coincidir con todo el pueblo mexicano. Reconocen que su
proyecto ha sido hasta ahora un proyecto para los zapatistas y sus
simpatizantes, y quieren cambiar con todos los mexicanos sumándose
a un proyecto que abra nuevas confianzas y compromisos más
extensos. Con esta decisión muestran que asumen la responsabilidad
de construir un proyecto para toda la sociedad mexicana, porque
si no lo hacen saben que podrán seguir resistiendo, pero
no podrán vencer todos los obstáculos del capitalismo
mexicano y del imperio que no cejarán en sus tretas para
hacerlos caer o mantenerlos aislados. Es lo mismo que está
intentando Evo Morales y el MAS en Bolivia, y Hugo Chávez
en Venezuela. Si bien son muchas las dificultades que enfrentan,
no hay mejor salida a la luz desde la oscuridad de la dependencia
y el entreguismo de burguesías criollas muy antipatriotas.
El cambio trae riesgos, que son mayores en las sociedades andinas
cuyas mayorías querrán desde el inicio que mejore
todo rápidamente. Estos riesgos son los de hacerse cargo
de un Estado desbancado y corroído por la corrupción
pública y de las empresas privadas. En esas condiciones,
un gobierno andino, que está obligado a hacer cambios radicales,
sólo podrá tener viabilidad si conserva la mayoría,
si sé re-integra con los otros países andinos vecinos
y recibe el apoyo de otros países, entre ellos de Argentina
y Brasil. Establecer nuevas sociedades en los andes no será
nada fácil. La derrota de un gobierno andino será
sin duda una derrota para todos los movimientos sociales y políticos
que aspiran a cambiar a las naciones andinas y latinoamericanas.
El
pluri-nacionalismo andino que se viene, no implica de por sí
nacionalismos xenófobos o culturalmente esencialistas. Los
zapatistas toman toda la crítica de Marx para su lucha contra
el capitalismo, sin embargo, saben que la nueva economía
no puede nacer de las comunidades de autosubsistencia, que éstas,
de acuerdo a sus posibilidades, deben avanzar hacia formas empresariales
que les permitan generar el ahorro necesario para resistir, y para
mostrar que otra economía, no capitalista, es posible y necesaria.
En general se requieren construir nuevas relaciones con las organizaciones
de izquierda que no se libran aún de sus defectos y vicios;
pero los nuevos proyectos andinos tienen que actuar con iniciativa
ante estas organizaciones y no esperar que los tengan en cuenta,
sabiendo que la ventaja está de su lado y que tienen un proyecto
cultural que ofrecer. Mientras las reformas constitucionales solo
hablen de los derechos indígenas o de un estado plurinacional.,
nada cambiara sustancialmente. Se darán nuevos derechos,
pero así no se cambia la estructura del estado, si dichos
cambios no son parte de cambios históricos en el poder y
el disfrute de la riqueza. Los andes están maduros para estos
cambios.
En economía, que es el terreno más difícil
y minado, no se pueden hacer cambios sólo desde la oposición
al capitalismo. Sólo vence lo que esta maduro en la sociedad.
La pregunta que debe responderse es con que se reemplaza ese sistema.
No basta ya suponer que resistir es el mejor camino. Es evidente
que no se salvarán las comunidades y pueblos haciendo esfuerzos
enormes por mantenerse en economías de subsistencia, intentando
prohibir que mercancías que vienen de la economía
global ingresen a las comunidades, creyendo que se puede avanzar
prohibiendo que los intercambios sean en dinero, ya que con eso
no se estaría derrotando al capitalismo, y lo único
que se lograría es mantener un foco de resistencia, una plataforma
de resistencia. Entonces una propuesta económica alternativa
no solo es un modelo de economía moderna adaptada a los andes,
sino un conjunto de políticas y estrategias orientadas a
generar empleo digno y a inducir una redistribución equitativa
del ingreso nacional, cambios que permitan avanzar hacia el socialismo
andino.
Con el siglo XX termina la esperanza de justicia de la igualdad,
libertad y democracia capitalista. Ahora, y lo sabe el liberalismo,
la esperanza de justicia ha empezado a pasar en los andes a movimientos
hasta ahora indigenistas, y que después de las lecciones
de lo que significa estar en el gobierno, aunque en condición
de subordinados, dadas por el movimiento Pachacutik del Ecuador,
devienen en partidos o movimientos políticos andinos más
abiertos, que requieren ser sostenidos por la filosofía y
la ideología de un proyecto histórico andino, y jugar
el juego del poder dentro de la democracia. El capitalismo no tiene
ya un discurso moderno, y su discurso posmoderno no deja de ser
elitista. El de la libertad y el mercado ya no le resulta muy útil.
Su discurso ahora es el de la guerra abierta por los recursos naturales
de los andes. El capitalismo, a pesar de que está en crisis
pretende resolverla tomando los más importantes recursos
que tienen los andes, y que no fueron totalmente controlados en
el siglo XX: la diversidad genética y de conocimientos de
los hábitat amazónicos y serranos, y particularmente
de sus fuentes hídricas. Hace muy poco el Consejo Nacional
de Inteligencia de los Estados Unidos publicó un documento
en el advierte que en los próximos 25 años el problema
para la política exterior norteamericana en los andes no
son los sindicatos ni los partidos políticos radicales, sino
las ‘insurrecciones’ de los antiguos pueblos andinos
contra sus estados, y que éstos levantamientos tienen posibilidades
para establecer nuevas sociedades y estados, y por lo tanto, advierte
que preventivamente tienen que prepararse para defender a los viejos
estados-nación de esas revoluciones andinas. El principal
recurso de dominación liberal en este siglo pasa a ser el
de la guerra sostenida en la capacidad militar que tiene el imperio.
Sin embargo, el capitalismo global no las tiene todas consigo, viene
perdiendo hegemonía ante el crecimiento de la economía
china e india que representan a más de un tercio de la humanidad,
economías con proyectos civilizatorios que no están
en el círculo cerrado del capitalismo moderno, y que descansan
en sus propias raíces culturales y religiosas.
En realidad los andes están pasando de un período
largo de resistencia al mercantilismo y al capitalismo, a un período
de ofensiva y de cambios liderados por los que hasta ayer fueron
excluidos del poder y el gobierno; transito complejo y muy difícil
porque el viejo y astuto capitalismo no abandonarán tan fácilmente
el escenario de los andes, como espacio de conquista y colonialismo.
A través de ONGs gigantes, institutos internacionales y con
la colaboración de otras agencias, el imperio provocó
la división de COICA, la más importante organización
de los pueblos indígenas amazónicos, y viene creando
o sembrando otras “coordinadoras regionales”, dando
pasos importantes en su objetivo de allanar el camino hacia el control
de la amazonía y los andes sudamericanos, con la participación
de indígenas colaboracionistas, previamente captados y mantenidos
con sus capitales “sin fines de lucro”.
La racionalidad andina aún subsistente, y que tiene su soporte
material en el sistema del Capac Ñan, que pone en una línea
imaginaria o “eje” a los centros religiosos del Tahuantisuyo
entre Cusco y Quito, y que lo integran sus miles de comunidades
territoriales, muestra que existe aún una profunda concepción
de la vida y la naturaleza, que no solamente se reduce al cuidado
de la tierra o de la pachamama, sino a la naturaleza como complemento
vital. Bastaría solo tener en cuenta todos los problemas
de contaminación provocados por el capitalismo, los problemas
de crisis de recursos que vamos a tener en este siglo y los siguientes
si no cambia el modelo de la economía mundial, para reconocer
que los andes son una posibilidad para el mundo. Muy difícilmente
se podrá encontrar en otras culturas una racionalidad como
la andina-Inka, que tiene una enorme utilidad para los cambios que
el mundo demanda. Una racionalidad del hombre y su devenir que privilegia
la vida y no la guerra.
No vamos a afirmar que no hubo violencia en el Tahuantinsuyo, pero
la violencia no fue el sentido o signo de su cultura. El Inka al
expandir sus dominios acostumbrada a jugar, con los curacas que
eran incorporados, el juego del Waman y el Amaru, juego de guerra
ficticio en el que el Inka siempre ganaba, o el Curaca se dejaba
ganar aceptando la supremacía de los quechuas del Cusco a
cambio de los beneficios que recibiría. La explicación
de este ‘juego’ tiene sus complicaciones, pero podemos
adelantar que tiene sus antecedentes en el mito fundante de los
Inkas quechuas y en la diarquía confederativa del gobierno
de los Hanan o descendencia matrilineal de Mama Ocllo y de las Panacas,
junto al gobierno de los Hurin, o descendencia patrilineal de los
Ayllus de Manco Capac.
Le va a costar mucho a la racionalidad occidental librarse del sistema
y filosofía de la dominación de la vida y la naturaleza.
El hombre occidental parece vivir angustiado por una violencia innata,
la de una cultura predadora, caracterizada por una desaprensión
por la vida de los otros, de los ‘bárbaros’ o
‘indígenas’, y por el poco afecto por la vida
del otro; tan violento, tan inhumano en el hombre individualista
del capitalismo, de un capitalismo al que no le interesa que el
TLC termine matando de hambre a los no-occidentales de los andes.
En cambio, Tupac Amaru II no tenía esa violencia, porque
cuando tuvo al Cusco rodeado no lo toma por la fuerza, ya que esperaba
que los ‘chapetones’ y criollos que habían aceptado
rebelarse contra la corona española se pongan de su lado
como se había convenido. Sus ‘amados’ criollos,
como los llamaba, estaban en su proyecto emancipador. Este es otro
atributo moral y ético de un proyecto histórico para
los andes, que es a la vez un proyecto cultural alternativo a occidente,
y que no puede evitar verse y mostrarse como la continuidad histórica
del proyecto cultural del Tahuantinsuyo, del proyecto emancipatorio
de Tupac Amaru; y también como continuidad del proyecto independentista
de Bolivar. Estos son los antecedentes mas remotos y valiosos de
un proyecto histórico contemporáneo en los andes,
y que deben distinguirlo por ser profundamente creativo y humano.
Por lo mismo, la nueva historia en los andes será obra de
todos, si bien en su caminar algunos irán siempre rezagados,
ya que el rumbo parecen fijarlo ahora los runas herederos de la
cultura andina y dispuestos a construir el socialismo andino sobre
su territorio ancestral, el de la gran patria de Bolívar.
*Esta serie de artículos son una
parte adaptada del libro en edición Ricardo Palma de Lima
– Perú de José Mendivil investigador del Instituto
de Ciencia y Tecnología de la Universidad Ricardo Palma de
Lima-Perú. Sus últimos libros publicados son ¿En
qué nación queremos vivir los peruanos del siglo XXI?,
y La Otra libertad. El autor es también Miembro de Ediciones
Amaro Runa.
E-mail: phistoricoandino@yahoo.es
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