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Perú: Las minas de Yanacocha
Eliseo León Pretell.
Qué horrible contradicción, ser tan rico, pero pobre
no tener ni un solo cobre, y caminar sobre el oro
ser dueños de un gran tesoro, que allí sus cerros
esconden
ya nada les corresponde... les dicen sin más decoro.
La gente cajamarquina, por su situación fatal
maldicen al vil metal, y al rubio invasor que engaña
vuelve al recuerdo la España, el Pizarro y sus ladrones
que cargaron a montones, nuestro oro y plata con maña.
Unos cuantos vende patria, o Judas cajamarquinos
interesados, mezquinos, nos entregaron en vida
por buenos puestos, comida, viajes, y demás regalos
vendieron en tratos malos, a Yanacocha querida.
Sin policía ni ley, se hicieron de la conquista
no apareció un congresista, ni alcalde, de mano dura
no hubo abogado, ni cura, ni teniente, ni prefecto
que evite el crimen perfecto, de asco y tremenda lisura.
Con máquinas infernales, invadieron Yanacocha
valientes abrieron trocha, entre verdes pastizales
matando los animales, con el polvo y el bullicio
condenando así al suplicio, de la gente con sus males.
Ellos no verán jamás, la perdiz y el gavilán
la vizcacha, el alacrán, el zorro y gato montés
no volverán otra vez, el picaflor y el zorzal
ya no queda un animal, en esa tierra al revés.
Ha cambiado para siempre, todo el paisaje campestre
esas plantitas silvestres, muchas de ellas, medicina
hoy los remplaza la mina, el poder y la ambición
de gente sin corazón, que con dinero domina.
Taladraron sus picachos, arroyos y bebederos
empolvaron sus potreros, el agua, el aire y la mies
el cholo cayó a sus pies, sometido y humillado
como si fuera pecado, ser pobre y rico a la vez.
Esas aguas cristalinas, del río Grande y Porcón
ahora ni siquiera son, confiables para tomar
la Quebrada Honda sin par, va cambiado de color
hasta la luna y el sol, ya no quieren alumbrar.
Unos... por dinero fácil, o las promesas bonitas
entregaron sus chacritas, su pan de generaciones
hoy rezan sus oraciones, al patrón San Sebastián
sin chacra, sueños, ni pan, solo odio en sus corazones.
Timaron a los paisanos, empresarios detestables
con cien soles miserables, que acabaron por comerse
hoy se arrepienten al verse, ya sin su tierra ni plata
con la rabia que los mata, sin saber a que atenerse.
Nuestra gente campesina, querendona y confiada
ahora no cree en nada, todo es dolo y más engaños
no han superado los daños, de Yanacocha imponente
que desfiguró su ambiente, su campiña y sus rebaños.
Estos pobres campesinos, que criaban en esos cerros
hoy pelean como perros, enfrentados por doquier
esa armonía de ayer, de ayuda y darse la mano
lo han perdido los paisanos, sin llegarse a comprender.
Si una comuna reclama, o algún líder atrevido
para ellos es pan comido, comprar honras y reclamos
dicen... hoy le regalamos, dos pizarras y una mota
seis chompas y una pelota, la escuela cuando podamos.
Dicen que regalan becas, plantas y hasta sementales
que dan trabajo a raudales, al paisanito cajacho
les engañan cual muchachos, dándoles algunos reales
los trabajos principales, son para otros con empacho.
Cajamarca ya no es más, aquella verde esmeralda
Hermosa... como guirnalda, de campiña forestal
la mujer angelical, de rostro blanco rosado
de pronto todo ha cambiado, por pálido sepulcral.
Mi Cajamarca apacible, de copla y buena comida
ganadera, puro vida, de la leche y miel, la meca
hoy es puro discoteca, hostal y prostitución
delincuencia y perdición, por esa minera chueca.
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