¿SUPRIMIR EL MST O EL LATIFUNDIO IMPRODUCTIVO?

Frei Betto

Una de las grandes cualidades del gobierno de Lula es el no criminalizar a los movimientos sociales, reprimidos durante el gobierno de Cardoso hasta por las tropas del Ejército. Si Lula los tratase como caso de policía, y no de política, estaría condenando su propio pasado.

Muchos son los que recuerdan las huelgas y manifestaciones obreras lideradas por el actual presidente de la República en el ABC paulista: los helicópteros del Ejército sobrevolando el estadio de Villa Euclides y apuntando sus armas hacia la asamblea de metalúrgicos; las tropas de la Policía Militar en el cerco de la matriz de São Bernardo do Campo, donde se encontraban los dirigentes obreros; los vehículos del DEOPS llevando capturados a dirigentes sindicales.

Eran los tiempos de la dictadura. Hoy hemos recuperado el Estado de Derecho, en el cual la huelga, las manifestaciones y las reivindicaciones son derechos asegurados por la Constitución Federal. Excepto en Rio Grande do Sul, donde aún impera la arbitrariedad. En setiembre del 2007 la Brigada Militar, como es conocida la PM gaucha, trató de impedir la marcha de tres columnas de sin-tierra hacia el municipio de Coqueiros do Sul. En un informe entregado al comandante general de la BM, al Ministerio Público del RS y al Ministerio Público Federal, el subcomandante Paulo Roberto Mendes Rodrigues describe al MST y la Vía Campesina como 3movimientos criminales2.

En diciembre del 2007 el Consejo Superior del Ministerio Público gaucho designó un equipo de promotores para 3promover acción civil pública con vistas a la disolución del MST y declararlo ilegal2. ¿Cuándo exigirá el poder judicial el fin del latifundio? Entonces se decidió la 3intervención en las escuelas del MST, a fin de tomar todas las medidas que fueran necesarias para la readecuación a la legalidad, tanto en el aspecto pedagógico como en la estructura de influencia externa del MST2. Esta decisión es contraria al Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos reconocido por el gobierno brasileño (Decreto 592, 6/7/92). Además de irrespetar la Constitución Federal.

El 11 de marzo de este año el Ministerio Público Federal denunció a ocho integrantes del MST por 3integrar agrupaciones que tienen por objetivo el cambio del Estado de Derecho2 y acusó a los campamentos del movimiento de constituirse en 3Estado paralelo2, apoyado por las FARCS¹ Lo cual contradice las conclusiones de la investigación penal de la Policía Federal, que investigó al MST en el 2007, concluyendo que no había vínculos del movimiento con las FARC ni comisión de crímenes contra la seguridad nacional.

El MST es un movimientos legítimo, que mantiene a cerca de 150 mil personas acampadas a la orilla de las carreteras, evitando que engrosen el cinturón de miseria de las ciudades. Y defiende el derecho de acceso a la tierra de 4 millones de familias que, en las últimas décadas, fueron expulsadas del campo debido a la expansión del latifundio y del agronegocio, y por la construcción de represas y el aumento de los intereses bancarios.

Por principio el MST adopta en sus acciones el método de no violencia, como lo hacían Gandhi y Luther King (quienes, por lo demás, recibieron acusaciones semejantes y murieron asesinados). Las áreas ocupadas son improductivas o invadidas por acaparadores que se adueñaron de tierras pertenecientes al poder público, como sucede en el caso de muchas haciendas del Pontal do Paranapanema (SP).

Brasil y Argentina son los únicos países de las tres Américas que nunca hicieron reforma agraria. Nuestro país es el que posee más tierras cultivables en el continente: cerca de 600 millones de hectáreas, de las cuales 710.2 mil km2 (59% del territorio nacional) se encuentran en situación irregular, invadidas por acaparadores y latifundistas. El MST lucha por la democratización de la tierra, de modo que se priorice la producción de alimentos para el mercado interno (con 120 millones de potenciales consumidores), a través de pequeñas y medias propiedades, fuera del control de las empresas transnacionales, garantizando la soberanía alimentaria en nuestro país. Un cambio sustentable de la estructura agraria requiere un nuevo patrón tecnológico capaz de preservar el medio ambiente e implantar en el interior agroindustrias en forma de cooperativas y facilitar a todos el acceso a una educación de calidad. No es posible admitir que las tierras del Brasil pasen a ser propiedad de extranjeros sólo porque tienen dinero. Debieran estar al alcance de las familias beneficiarias del Proyecto Bolsa Familiar. De ese modo el gobierno ya no tendría que preocuparse por aumentarles sus entradas. Más que comida, estufa o nevera, esas familias necesitan tener condiciones de acceso a la tierra, de modo que puedan emanciparse de la tutela federal y producir sus propios ingresos.

Todos los derechos de la ciudadanía -voto de las mujeres, legislación obrera, jubilación- fueron conquistados por los movimientos sociales. Y la historia de todos ellos, en cualquier país o época, no difiere de lo que hoy enfrenta el MST: incomprensiones, persecuciones, masacres y asesinatos (Eldorado dos Carajás, Dorothy Stang, Chico Mendes), etc. Si el precio de la libertad es la eterna vigilancia, el de la democracia es socializar el poder, evitando que sea privilegio de una casta o de una clase.

Frei Betto es escritor, autor de 3Calendario del poder2, entre otros libros.

QUIÉN ES FREI BETTO

El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 53 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Asesor de movimientos sociales, camo las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 45 años. En los años 2003 y 2004 fue asesor especial del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva y coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero.

Traducción de J.L.Burguet


El MST y la completa destructividad del capital (Parte I)

Lunes 30 de junio de 2008 por CEPRID

Maria Orlanda Pinassi Revista Herramienta

"La basura resplandece cuando el sol puede brillar". Goethe, Máximas y reflexiones.

En la actualidad del mundo regido por el capital, algunos consideran que vivimos en plena era cibernética, con el predominio de la ciencia y la tecnología, en la sociedad informática, pos-industrial, pos-moderna, de monumental producción de mercancías, que alcanzamos el apogeo glorioso de un mundo "sin desigualdades", "sin clases sociales", "sin trabajo", de un mundo en definitiva que anuncia -con fondo de trompetas- la "superfluidad de la ideología y de lucha de clases". Ante mundo tan promisorio, tan sintonizado con el sueño iluminista del progreso civilizatorio, causa extrañeza que pueda haber algún antagonista contra tanta "maravilla" junta y, más aún, que ese antagonista sea en muchos casos particularmente amenazador precisamente por plantear la contradicción más primitiva: la expropiación del expropiador por medio de nuevas formas de ocupación de la tierra. Es como si el capital, en el punto más alto de su evolución, con todas las contradicciones que eso implica, evocase su punto de partida. De un modo, sin embargo, significativamente modificado por la historia.[1]

Me refiero a la actualidad de la lucha por la tierra, de la lucha por la reforma agraria, que aún hoy constituye no solamente una de las más apremiantes necesidades sociales de Brasil, sino también y principalmente, su más antigua deuda histórica. Con un significado despreciado por la cultura de los reaccionarios de todo tipo y pelaje, esclavócratas de hecho y de alma, desde sus primeras manifestaciones en las insurrecciones del Imperio y las experiencias de Canudos y Contestado la lucha por la tierra ha sido una marca indeleble de nuestra especificidad histórica, de nuestra expresión colonial, de nuestro desarrollo periférico. Por eso mismo, la reforma agraria ha sido considerada a lo largo de los últimos dos siglos, el principal tema de lucha de los "enemigos internos", enemigos contra los cuales se justificó el uso de una violencia siempre desmedida, tanto sea por el aparato militar del Estado como por las incontables milicias paramilitares organizadas en todo el territorio brasileño. Más recientemente, y a pesar de todo el progreso, la historia reprodujo y en grado aún mayor el tradicional encarnizamiento en el tratamiento de la cuestión. Sin embargo, desde 1964, con la promulgación del Estatuto de la Tierra por el recién auto-impuesto gobierno Castelo Branco, el Estado comenzó a asumir la función de promoverla, tratando obviamente de quitarle su contenido político-ideológico. El costo altísimo de la truculenta y decidida acción de la dictadura consistió en el desmantelamiento de los grandes movimientos de masas, representados principalmente por las Ligas Campesinas y por la acción del PCB [Partido Comunista de Brasil] en los sindicatos rurales, las ULTAB’S [Unión de los Trabajadores Agrícolas de Brasil]. Las consecuencias, como registra nuestra historia más reciente, fueron ciertamente muy dolorosas, pero no definitivas. A pesar de la violencia contra las organizaciones populares, los militares no sólo no consiguieron erradicar sino que, de hecho, ampliaron la gravedad de los problemas y la potencialidad contenida en el llamado a la Reforma Agraria.

Los mismos procedimientos fueron seguidos por los sucesivos gobiernos civiles, de manera que la cuestión trasciende, y con mucho, el carácter autoritario o democrático del Estado, distinción que además tiene en Brasil fronteras imprecisas. La gravedad del asunto tiene raíces en una elite cuya concepción de enriquecimiento inmediato y en muchos casos parasitario, està regida fundamentalmente por la renta especulativa de la tierra. Y más recientemente, esa práctica lejos de extinguirse, comparte la escena -según un antiguo truco prusiano- con la "racionalidad" altamente lucrativa del agro-negocio. Así, en la balanza del Estado el fiel sigue y seguirá inclinado, independientemente de su fachada -truculenta, yuppie, ilustrada o conservadora-, hacia las necesidades contingentes del capital. En el caso brasileño, el espacio del latifundio y las viejas prácticas de exterminio está garantizado, en la medida que cuenta con un Estado absolutamente condescendiente y sin aspiraciónes que vayan más allá del apego a las expresiones meramente retóricas y los paliativos morales. Lo prueba el chocante cinismo con que se trata la cuestión.

Sobre esto dice Plinio de Arruda Sampaio:

El gobierno federal creó, años atrás, un "kit" de disposiciones para manejar las crisis provocadas por las masacres de ocupantes, sin tierra, seringueiros e indígenas -que ocurren con frecuencia en el país profundo. El "kit masacre" incluye: declaraciones indignadas del Presidente y sus ministros, presencia de los ministros del área en el lugar de los incidentes (de ser posible asistiendo al entierro); promesa de castigo "implacable" a los criminales con encarcelamiento de tres o cuatro sospechosos (luego liberados por falta de pruebas); y el anuncio de "pseudo-hechos" destinados a dar ante la opinión pública la impresión de que el gobierno está actuando enérgicamente. La vida media de un "kit masacre" es de 15 a 20 días. Después de eso, el tema sale de las nobles páginas de los grandes diarios y, consecuentemente, el "kit" se guarda en el cajón hasta la siguiente masacre. El gobierno Lula heredó esa metodología y la está aplicando a fondo.[2] Otra prueba es que hoy Brasil ostenta uno de los más altos índices de concentración y desperdicio de tierras en el planeta. Lo demuestran los datos: sumadas 35.083 propiedades, el 1% del total de los inmuebles catastrados, los latifundios ocupan 153 millones de hectáreas, casi la mitad del área de todas las propiedades rurales sumadas. Y más insensato aún es que esas pocas propiedades tienen un número mucho menor de dueños. Además, sólo se cultiva 14% del área cultivable, el 48% se destina a la crianza de ganado y lo que sobra se encuentra en absoluto estado de ociosidad. Datos de 1997 revelan que 4,5 millones de agricultores familiares, dueños de la cuarta parte de las tierras utilizadas para la agricultura, garantizan el sustento directo de 18 millones de personas, o sea casi el 12% de la población del país. Sin recursos ni tecnología, un buen número de pequeños productores rurales sobrevive en una economía de subsistencia, recogiendo poco más que lo necesario para que la familia no muera de inanición.

MST: una alternativa confrontativa

Para marcar un contrapunto, hacer visible y desafiar la tragedia de la desigualdad brasilera, nació en el año 1982 en Ronda Alta, Río Grande do Sul, lo que podría llamarse "embrión" del Movimiento de los trabajadores Sin Tierra (MST). Pero es en 1984 cuando surge no sólo una de las mayores y más disciplinadas organizaciones de Brasil, sino también la más ofensiva. En función de las acciones de su militancia, la lucha por la reforma agraria parecía finalmente imponer una forma de tratamiento muy diferente a la acostumbrada testarudez paternal y caritativa del Estado. En consonancia con un proyecto basado en el crecimiento económico y la distribución de la riqueza, despertaron temor y respeto por el planeamiento milimétrico de sucesivas ocupaciones de áreas improductivas, así como los asentamientos organizados. Se combinan acciones de naturaleza pragmática con una resocialización inspirada en los idearios zapatista y bolivariano, con fuerte influencia de la Teología de la Liberación.

No es sorprendente que desde el inicio el MST fuera tratado como un "caso de policía"; sin embargo, el espacio que en poco tiempo ocupó en el escenario nacional, desencadenando una serie de reacciones y confrontaciones, logró dividir a la opinión pública y presentar un horizonte imprevisto. En el plano legal, dividió al Congreso, en donde dos bancadas "ruralistas" se afirman defendiendo polos opuestos. Al mismo tiempo, la represión viene siendo reforzada por la violencia de tropas formadas y financiadas por los grandes propietarios y sus organizaciones, algunas descaradamente fascistas. Juntos, Estado y capitalistas privados continúan generando los hechos más sanguinarios de la historia brasileña: asesinatos recurrentes -aislados o en masa- de trabajadores sin tierra en ejercicio legítimo de sus reivindicaciones y de aquellos que aceptaron el desafío de defenderlos.[3]

Hasta ahora, ninguna medida de castigo o intimidatoria fue capaz de enfriar los ánimos de su militancia, dispuesta a continuar y perfeccionar los métodos de lucha. Así, la reforma agraria ganó con la osadía rebelde de las elecciones del MST su más concreta y oportuna expresión. Reforzando el compromiso político-ideológico que la causa requiere, muestra al país y al mundo que pueden existir puntos de partida alternativos para una efectiva transición socialista.

Esta es una opinión que, sin embargo, está lejos de ser unánime, incluso porque es muy difícil hacer afirmaciones categóricas con respecto a algo que está aún en pleno proceso de definición histórica. Sin embargo, más difícil es acordar con algunos de los más prestigiosos estudiosos del tema en Brasil, como es el caso de José de Souza Martins, quien se ha lanzado en una verdadera cruzada contra el MST. Recientemente, este reconocido profesor, interrogado sobre la autonomía político-partidaria del movimiento con respecto al Partido de los Trabajadores, respondió que "no" y agregó que lo considera una manifestación típica de países en los que poblaciones retardatarias de la historia emergen en las brechas del sistema político y presentan, de forma ritualmente tradicionalista, sus demandas sociales aparentemente extemporáneas. Estamos enfrentados a la realidad política de poblaciones que intentan saldar cuentas con la historia. [4] Efectivamente, es un ajuste de cuentas, que me parece por lo demás muy justo. Pero debo expresar mi desacuerdo con su concepción histórica. En primer lugar, no hay ningún indicio de que los militantes del MST y demás movimientos sociales brasileños sean fruto del atraso al que se refiere el profesor. En su inmensa mayoría, son individuos surgidos con el trágico y muy actual desempleo estructural, fenómeno contemporáneo, tanto en Brasil como en todo el mundo regido por el capital, incluso en el centro desde donde se irradian las más profundas contradicciones.

En segundo lugar, si la lucha por la tierra es antigua, de ninguna manera es extemporánea; su actualidad se encuentra en su fuerte desafío crítico e ideológico que, resistiendo al tiempo y a las descalificaciones, aún representa una poderosa fuerza de captación de masas alcanzadas no por el progreso o por el éxito del sistema de capital, sino por su fracaso en mantenerlas ("aunque sea") con el trabajo alienado, fetichizado.

Para ilustrar lo dicho es significativo el ejemplo de la Marcha nacional por la reforma agraria, "fruto de la solidaridad nacional e internacional", que el 2 de mayo del 2005 partió de Goiania hacia Brasilia para "protestar y llamar la atención de la sociedad brasileña ante la grave situación de pobreza y desigualdad en el campo". Durante 17 días, 12.000 trabajadores, mujeres, hombres, viejos y niños de los 23 estados del país recorrieron a pie los 200 Km. que separan las dos ciudades para representar a las 200.000 familias acampadas y a las 350.000 familias asentadas, y representar incluso, como lo afirmaba la convocatoria a los desempleados, los pequeños agricultores, las mujeres campesinas, la juventud, los estudiantes, los profesores, los indígenas, los movimientos sociales y todos aquellos que claman por transformaciones y exigen cambios para mejorar la vida del pueblo brasileño.

El episodio llama la atención, entre otros aspectos: 1º) por la multiplicidad -positivamente diluida- de las categorías profesionales de trabajadores implicados en la marcha; 2º) por la centralidad de la lucha por la reforma agraria en cuanto elemento aglutinador del descontento y de las necesidades más inmediatas de la clase trabajadora brasileña; 3º) por la capacidad del MST de reunir organizadamente a todos los organismos sociales, sindicales y político-partidarios allí representados; 4º) por trascender el carácter campesino del movimiento, dado el evidente carácter clasista del abarcativo pliego de reivindicaciones entregado al presidente Luiz Inácio da Silva.

Esa amplia movilización liderada por el Movimiento de los trabajadores Sin Tierra constituye una buena base para el debate sobre el papel de los movimientos sociales de masa en la actualidad de la transición socialista. Y es bueno comenzar por recordar que el contexto de lucha más inmediata no corresponde precisamente a un mundo de armonías abstractas, sino a lo concreto de una actualidad profundamente problemática en lo que hace al funcionamiento del sistema socio-metabólico del capital.

Estamos ante el auge de una crisis estructural iniciada ya en la década de 1970, crisis que tira por tierra el más mínimo optimismo sobre los beneficios de la modernización, y menos aún a su supuesta universalización hacia las áreas no desarrolladas del planeta. Más aún, si el actual patrón de acumulación y consumo se mantuviese, no habría manera de vislumbrar ningún horizonte para la humanidad. Esa es la razón por la cual

[…] dada la forma en que se ha concretado -y continúa imponiéndose- la aberrante tendencia globalizadora del capital, sería suicida concebir la destructiva realidad del capital como la presuposición del tan necesario nuevo modo de reproducir las condiciones sustentables de existencia humana. Como se plantean hoy las cosas, no puede ser tarea del capital la "expansión del círculo del consumo", en beneficio de los "individuos sociales ricos" de que hablaba Marx, sino sólo expandir su propia reproducción ampliada a cualquier costo. Y puede ser asegurado esto último, de momento, mediante varias formas de destrucción.[5]

Esto significa que estamos ante un cuadro que plantea al MST el desafío (trans-histórico) de enfrentar los crónicos problemas del prusianismo brasileño -entre los cuales se destaca la fuerte concentración de la propiedad de la tierra (hábilmente transformada por el capital en la mina de oro del agro-negocio) y lidiar directamente con algunos de sus más graves síntomas actuales, que se personifican en su misma militancia alcanzada por el desempleo estructural. En esa medida, es posible que el MST, así como otros muchos movimientos sociales que estallan en América latina, vengar a saldar viejas deudas específicas de la constitución del capitalismo en este rincón del mundo, al mismo tiempo que tratan de responder a sus contradicciones más contemporáneas. El desafío está en la predisposición y en las condiciones potenciales para superarlas radicalmente.

Notas:

[1] En este sentido se considera que "la historia es un proceso irreversible; por eso, parece obvio tomar como punto de partida, en la investigación sobre la historia, esa irreversibilidad del tiempo". Georg Lukács, "Os principios ontológicos fundamentales de Marx", en Ontologia do ser social. San Pablo, Editora de Ciencias Humanas, 1979, pág. 77.

[2] Folha de Sao Paulo, 23 de febrero de 2005.

[3] No es admisible olvidar, entre otros repugnantes ejemplos, la tragedia de Eldorado de Carajás, los asesinatos de Chico Mendes, de Dorothy Stang...

[4] Folha de Sao Paulo, 21-4-2005.

[5] István Mészáros, El Siglo XXI ¿socialismo o barbarie? Buenos Aires, Ediciones Herramienta, 2007, pág. 17. Maria Orlanda Pinassi es Socióloga brasileña, es integrante del consejo de redacción de Margem Esquerda, donde se publicó la versión original de este trabajo, presentado en el Tercer Coloquio Internacional Teoría Crítica y Marxismo Occidental, Buenos Aires, del 5 al 9 de noviembre de 2007. El artículo fue enviado por la autora y traducido para Herramienta por Aldo Casas.

Centro de Estudios Políticos para las Relaciones Internacionales y el Desarrollo (www.nodo50.org/ceprid)


El cerco al MST y la crisis política local

Bruno Lima Rocha

Rebelión

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) tiene sus orígenes en las luchas por la tierra de los últimos años de la dictadura militar (1964-1985) en Brasil. Surgió de la cultura campesina del minifundio en el campo del estado más sureño, Rio Grande do Sul. Tiene ahí sus raíces y buena parte de sus líderes nacionales. Es justo en este estado donde sale el último plan para su desmonte, desde que el mayor movimiento de masas de la democracia brasileña fue creado.

No si trata del horror represivo como en las matanzas de Corumbiara (Rondônia, agosto de 1995) ni de Eldorado dos Carajás (Pará, abril de 1996) pero sí de un accionar montado desde el aparato jurídico-represivo. Sería digno de una película de Costa Gravas, más cercano a Z (1969, filmado en Grecia anterior al Golpe de los coroneles). Intentó ser un golpe contundente y no lo fue, justo porque en Brasil, aún la derecha orgánica es demasiado cortoplacista.

Todo empezó en el año de 2006, precisamente en la jornada de lucha de las mujeres campesinas por el 8 de marzo. En un vivero de bosque perteneciente a la transnacional Aracruz Celulosa, en la ciudad de Barra do Ribeiro, a 80 kms. de Porto Alegre, las militantes del campo destruyeron las mudas de eucalipto. En la Universidad Católica había en ese momento una conferencia mundial de la agricultura, y la acción directa fue impactante. Se abrió una nueva etapa de la lucha popular brasileña, más fuerte, y apuntando a algo que podría ser un Proyecto Popular para el Brasil. La contraofensiva del aparato represivo estadual comenzó ahí mismo.

Según el relato de los defensores legales del MST, el hecho político con lenguaje policial sería un informe reservado, hecho en Mayo de 2006 por el coronel de la Brigada Militar (BM, policía militar estadual, todos los estados tienen dos policías, una Civil y otra Militar) Waldir João Reis Cerutti. Este policial militar, entonces era comandante del Comando Regional Ostensivo del Planalto, un área del estado donde hay mucha plantación de soya, pensamiento conservador y permanentes ocupaciones del MST. Este mismo coronel Cerutti, escribió el informe 60 días antes de licenciarse para concurrir a un cargo electivo como diputado estadual (provincial) por el Partido Progresista (PP, ex PDS y Arena, era la sigla que apoyaba la dictadura militar, representa la derecha agraria gaúcha). En este informe, Cerutti (alias “Toninho”, ex servicio que operaba junto al Ejército en los últimos años de la Dictadura ) crea una pieza publicitaria donde acusa los militantes sin tierra de recibir entrenamiento de las FARC, de practicar la violencia sistemática y de ser una ofensiva real en contra del Estado de Derecho.

El informe es la típica obra mal hecha del servicio reservado de las policías militares (PM2). En teoría, las investigaciones en el nivel estadual de los conflictos y amenazas del orden político y social son tarea de la Policía Civil (judiciaria). Pero, siempre pasa justo al revés. La Policía Civil es sindicalizada y muchas de sus bases votan en la “izquierda”. Por más raro que pueda sonar, en Brasil hay mucha promiscuidad entre el aparato represivo y las concepciones de “izquierda”. Retomando, la pieza publicitaria está escrita en los términos ideológicos de la gente que lee poco y utiliza nombres y significados del período de la Guerra Fría. La BM entregó el trabajo de “inteligencia” a la Fiscalía Estadual (Ministerio Público del Estado de Rio Grande do Sul, MPE) que por su parte, hizo un pedido formal de investigación a la Policía Federal (civil, judiciaria, subordinada al gobierno nacional, de elite y de investigaciones).

Los federales, investigaron a lo largo de un año, entre agosto 2006 y mitad de 2007 y no encontraron nada ni parecido a lo dicho en el informe. Especialmente en los asentamientos, acampamientos y escuelas de formación gaúchas, justo donde Cerutti había dicho que existían prácticas de guerrillas. Cuando salió el resultado de la investigación, ya había cambiado el gobierno estadual. En las elecciones generales de octubre de 2006, Lula se reeligió en el país y en Rio Grande do Sul la economista Yeda Crusius, del mismo partido de Fernando Henrique Cardoso –el PSDB– ganó. Tenemos entonces otra curiosa coincidencia. El superintendente estadual de la PF cuando apareció el resultado de la investigación de los federales, era el Comisario Francisco Mallmann, el mismo hombre responsable por las investigaciones del esquema de corrupción que casi llevó al impedimento de Yeda. El Comisario Mallmann desde mediados de 2007 es el secretario de seguridad (ministro del interior de la provincia), y por lo tanto, comanda las dos policías. Bajo su mando, los federales habían llegado a la conclusión que los sin-tierra no están entrenando guerrilla ninguna. Aún así, el comando de la BM desobedeció el resultado de la investigación y continuó con la tesis de la conspiración.

Los fiscales y el coronel Paulo Roberto Mendes, actual comandante de la BM y de comportamiento fascista, pidieron otro “trabajo de inteligencia”. Este, el número 1124-100-PM2-2007, retoma todos los términos del coronel candidato, Cerutti, y avanza más. A lo largo de 2007, dos fiscales estaduales organizan una denuncia para ser llevada al Consejo Superior de los Fiscales Estaduales (Conselho Superior do MPE, estadual). Este mismo Consejo, en la fecha de 25 de junio de 2007, hace requisición de otro trabajo de “inteligencia”, justo por no estar de acuerdo con lo que constataron los federales. Supuestamente sería un trabajo propio, pero los fiscales Luciano de Faria Brasil y Fabio Roque Sbardelotto, pusieron sus firmas bajo las palabras del fascista Coronel Mendes. Esto rindió, en otra reunión del Consejo Superior de los Fiscales Estaduales de fecha de 03 de diciembre de 2007, un voto por escrito, una cosa absurda de más de 100 páginas, donde el Fiscal Gilberto Thums hace citaciones a sociólogos críticos del MST (como Zander Navarro) que caracteriza al movimiento como “izquierdista y anticapitalista”.


De esta misma reunión salen decisiones, algunas de ellas con base al proceso hecho por Thums (16315-09-00/07). Las más importantes serían lo que sigue. La primera es que se hace un acuerdo entre los fiscales de que las actas de la reunión serían secretas y que nada iba a ser mencionado a la prensa. La otra, que un equipo de dos fiscales estaduales iba a plantear una medida jurídica (Acción Civil Publica, ACP), pidiendo la EXTINCIÓN del MST. No sólo sería eliminado el movimiento, sino que también la idea era impedir que se negociara en el Rio Grande do Sul entre el MST y los órganos del estado. Recomienda también el fiscal Thums que todos los miembros de los sin tierra sean fichados y por cada desobediencia civil cometida, se haga una denuncia y se los juzgue. El aspecto conspirativo se nota también en la articulación, utilizando argumentos ideológicos, entre la Brigada Militar bajo las órdenes de Mendes, el MPE y la Justicia Estadual (en Brasil hay dos niveles de Justicia, un estadual y otro federal). Iba a ser un gran secreto y el intento sería no publicitar esta intencionalidad durante algunos años.

El asunto explotó después y fue por cálculo político sencillo. En la Región del Planalto (la misma del coronel candidato y del fiscal que quiere acabar con los sin tierra), dos fiscales estaduales y otros dos fiscales federales hicieron una denuncia al juez local pidiendo el desalojo de una propiedad que había cedido terreno para un acampamento de los sin tierra. Sí, es verdad, las dos Fiscalías denunciaron una propiedad por mal uso de la tierra y apoyo a hechos criminosos. ¡El proceso tenía unas 20 hojas y el juez leyó y dio la sentencia por los fiscales en el mismo día!

Quién conoce la Justicia en Brasil sabe como las cosas son morosas. Este tiempo de morosidad siempre fue el momento de crear el hecho político por los Sin Tierra. La situación es sencilla. La reforma agraria no se hace pero es una ley desde diciembre de 1964, promulgada por los militares en su primer año de dictadura. Por lo tanto los campamentos son legales, así como hay una figura jurídica del sentido y uso social de la tierra. La rutina era: el MST construye un campamento, después hace una ocupación, los fiscales piden el desalojo, el juez oye las partes, hay una conmoción social en la zona, viene la policía, el MST sale y vuelve a acampar y vuelve a ocupar y el juez oye las partes y así seguía. Seguía, por que en Rio Grande do Sul la cosa cambió.

A partir de 2007, cuando empieza a operar la conspiración institucional, el MST ocupa, el fiscal estadual o federal hace la denuncia y el juez da el desalojo. Entran las tropas del coronel Mendes y hay confrontación y mucha violencia policial. Todo eso pasaba como una nueva política de seguridad del gobierno del estado (que repito, fue acusado por corrupción y casi cayó) hasta que saltó la información “secreta”. ¿Y como saltó? Porque dentro de las recomendaciones del voto del Fiscal Thums, habría que construir la normatividad jurídica de zonas especiales donde serían prohibidos los campamentos. Una de esas, es justo la región donde los fiscales hicieron la última denuncia. Esto fue en el 16 de junio de 2008, y en las pruebas del proceso, habrían los dos trabajos, el de la PM 2 (servicio de la BM ) y el de Gilberto Thums.

No por azar, el 11 de junio hubo una batalla en Porto Alegre, cuando el MST y más de 15 movimientos sociales hicieron una protesta en un supermercado de la red Wall Mart. El resultado fueron 12 militantes presos y otros doce más heridos y hospitalizados. Del lado de la BM , unos diez policías cobraron también. Los Sin Tierra acusaron el golpe represivo y si acercaron otra vez al aparato institucional, donde actúa el reformismo, o sea, los parlamentarios estaduales y los federales. Durante esas semanas, habría una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) en el parlamento estadual (Assembléia Legislativa) donde saltaban datos de corrupción fruto de una larga tarea de inteligencia de la Policía Federal. Era factible esperar que la gobernadora iba a ser implicada (y casi lo fue) y con la oportunidad real de caer. Nada pasó porque hubieron vueltas y contragolpes de la política institucional (en otro artículo voy a explicar ese ambiente local, la industria del eucalipto y la relación con los sin tierra) y cada partido o sector jugó para sus intereses particulares.

Como había acuerdo de parte del actual comando de la BM y una serie de fiscales estaduales y federales en salvar al gobierno de Yeda Crusius (PSDB) y sus técnicas gerenciales, la conspiración pasó a un segundo plano y lo más importante fue la creación de un hecho político nuevo. El blanco mediático pasó de la corrupción estructural de los últimos dos gobiernos del estado hacia el ¡“peligro de los Sin Tierra” actuando como fuerza guerrillera! Esto sólo fue posible por que hay un pacto de los empresarios dueños de la media estadual y los poderes de hecho, del cual este sector de la clase dominante también es parte. Luego tamaño disparate fue recusado y tiene sus argumentos jurídicos desmontados todos los días. Aún así, sirvió para cambiar el blanco, frenar la línea de acción directa de los Sin Tierra y dejar en pánico a toda la militancia social de Brasil. El MST es la espina dorsal de la lucha de clases en Brasil y aunque tengan vínculos con el PT, y por lo tanto, con el gobierno de Lula, son la mayor y más expresiva experiencia de protagonismo de masas que hay en el país desde los ’80.

El contragolpe legal del MST vino rápido. La primera mentira que cayó fue la afirmación que el Consejo Superior de los Fiscales Estaduales habría aprobado todo por unanimidad y votado por el secreto. El Fiscal General del Estado, Mauro Renner, publicó un artículo desmintiendo la unanimidad –que está en el texto del acta– y también la característica secreta –por lo tanto conspirativa– de la decisión. El ministro de la Justicia –gaúcho Tarso Genro, del PT, ex candidato a la gobernación y probablemente candidato en 2010– afirmó que era un absurdo pedir la extinción de un movimiento social. La Assembléia , en su mayoría votando con el gobierno de Yeda, abrió el rito para una Comisión de Investigaciones Externas, justo para hacer una auditoría sobre las cuentas de las ONGs del MST y el monto de dinero que reciben de organismos internacionales, del gobierno nacional, del gobierno estadual y las intendencias. Los diputados estaduales de la oposición –que son situación nacional con Lula– pidieron una Comisión semejante para investigar el agronegocio y el eucalipto. Y así siguen las maniobras jurídicas y los apoyos políticos para los Sin Tierra. La acusación de fascista al fiscal Gilberto Thums ya llegó hasta en la ONU. Hay capacidad de respuesta institucional de parte del MST y las batallas van a seguir en este campo por todo el año.

Habría muchos otros aspectos para relatar y debatir sobre el mismo tema, pero para un primer pantallazo, es suficiente. La conspiración no llegó a ser un problema jurídico absoluto pero hay otro factor de fondo y con esto cierro el artículo. En el estado de Rio Grande do Sul, zona lindera al Uruguay y las provincias de Corrientes y Entre Ríos (Argentina), ya no hay mucha tierra sin utilización económica. Hay un obvio avance del agro como plataforma de exportación, más que nada de la soya para China, y ahora con las pasteras y el eucalipto. De parte de los sin tierra hay una perplejidad. El Instituto de Colonización y Reforma Agraria (INCRA, órgano del gobierno nacional), que es visto por los latifundistas y los medios de comunicación comerciales como pro MST, no asentó una familia siquiera desde el inicio del año. De su parte, los sin tierra tienen que promover ocupaciones cada vez más riesgosas, actuando en los límites de la lucha de masas, denunciando a las pasteras y los latifundios de la soya.

La respuesta policial es peor desde que salió ganadora la neoliberal confesa Yeda Crusius. El estado de Rio Grande do Sul, que siempre fue muy bien dividido y disputado políticamente, ve a su “izquierda” como tonta. Esto porque casi todos los partidos que son enemigos en el estado, son aliados en el gobierno nacional. No es poca cosa ver a los adversarios históricos como aliados estratégicos. Esto alcanza a los líderes sin tierra y los deja con muy poco margen político de maniobra. Una salida estratégica sería un alejamiento de la política oficial y una posición más cercana a lo que fue la Otra Campaña , encabezada por el EZLN, empujando mucha fuerza social y política alternativa en todo México. Las bases para defender a Lula son cada vez menores en el interior del movimiento. Las papeleras (pasteras) están violando una ley constitucional y comprando tierras en la llamada Faja de Frontera (150 kms de la línea con otro país) y el gobierno nacional no hace nada; es del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, órgano federal) que sale la mayor parte del dinero para la instalación y expansión del eucalipto; el presupuesto para el agronegocio es seis veces mayor que el para la agricultura familiar; Lula aprobó la ley que autoriza a los transgénicos; una serie de políticos del PT recibieron y usaron en sus campañas dinero y materiales del eucalipto (esto es comprobado con una simples verificación en el sitio de la Suprema Corte Electoral – www.tse.gov.br); por fin, la perspectiva de otra forma de democracia todavía esta lejos de la cabeza de los Sin Tierra.

El MST vive la paradoja por un lado de encabezar la lucha popular en el país y por otro lado, la estrechez de los límites impuestos por su propia opción de alianzas, que los lleva a contener sus posiciones. Volviendo al tema de la conspiración, todas las izquierdas en Brasil tienen la conciencia que si se aprueba la extinción del mayor movimiento, la cosa se pone muy difícil para los sectores menores o más débiles. Por eso, y también por solidaridad, es el esfuerzo común por la denuncia y la reacción inmediata que todos los movimientos y corrientes tuvieron para defender a los sin tierra. Esta no fue la primera conspiración entre la Fiscalía estadual, la policía militar y las cortes estaduales, siempre con apoyo y soporte del gobierno de turno del estado. En los dos gobiernos de Jaime Lerner en el estado sureño del Paraná (1995-1998 y 1999-2002), el MST sufrió un ataque igual o peor. La diferencia de esta conspiración gaúcha es que la misma prepara el terreno para construir una verdad falsa. El fiscal Gilberto Thums dijo: “!ya no hay más tierras para la reforma agraria en el Rio Grande do Sul!”. O sea, hay un pacto de elites, donde se incluye el gobierno de Lula, que se asegura las tierras fértiles de la Pampa para el uso propio y el agua para las transnacionales y el agronegocio.

Este es el condicionante de fuerza de la conspiración contra el MST según el análisis interno de este movimiento. El interés de fondo es el de las empresas como Aracruz, Bunge, Stora Enso, VCP, Boyse, ADM, Monsanto y otras pocas más. Viene de ahí el soporte a la derecha agraria local y sus reaccionarios agentes políticos, judiciales y policiales. Como este es un estado legalista, a diferencia del norte de Brasil, acá la conspiración tenía que pasar por el interior del aparato jurídico-represivo. Frenar a este avance de la reacción es una preocupación y actitud urgente y permanente de todos en Brasil y en América Latina. El MST es la columna vertebral de la lucha popular en este país y por eso debe ser defendido.


Bruno Lima Rocha, politólogo y periodista
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