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 Cuba 50 años de reforma agraria
Cuba: 50 años de Reforma Agraria
Paco Azanza Telletxiki
ALAI.-
La Constitución de 1940 contemplaba una reforma agraria, pero hasta
1959 ningún gobierno cumplió con su obligación de llevarla a cabo.
Comportamiento comprensible -aunque inaceptable- ya que más del 80% de
las mejores tierras cubanas estaban en manos de un grupo de compañías
norteamericanas, y, desde 1902, todos los gobiernos de la Isla –excepto
el llamado “de los Cien Días”, que por eso mismo fue derrocado- siempre
fueron proyanquis. Hubo de triunfar la Revolución, pues, para que la
Ley de Reforma Agraria se pusiera en marcha.
Aprobada diez días
antes, fue firmada el 17 de mayo de 1959, tres meses y medio después
del triunfo, en La Plata, Sierra Maestra. Y supuso la eliminación de la
cruel y enajenante explotación del campesinado cubano por parte de los
terratenientes. Esta ley tuvo su antecedente, sin embargo, ya que Fidel
firmó la Ley No. 3 sobre el derecho de los campesinos a la tierra.
Todavía en guerra, ésta entró en vigor en todos los territorios
liberados, como ejemplo vivo de lo acordado por las masas campesinas
representadas en el Congreso en Armas.
En
aquella primera ocasión, los campesinos beneficiados fueron 340, que,
junto a sus familias, se convirtieron en propietarios de la tierra que
trabajaban. Obviamente, acabada la guerra, la Reforma Agraria del 17 de
mayo supuso una mejora infinitamente superior en todos los sentidos;
aquí estaríamos refiriéndonos a más de 200.000 campesinos los
beneficiados con el reparto de las tierras -cuatro millones de
hectáreas aproximadamente-. Además las mejoras no se limitaron a la
entrega de éstas, sino que también supusieron el acceso por parte del
campesinado a servicios tan elementales como la asistencia médica, las
escuelas y los maestros, entre otros, que antes siempre se les había
negado.
La Ley de Reforma Agraria fue un compromiso recogido en
el Programa del Moncada que, cumplido en la fecha indicada tras quedar
nacionalizadas todas las propiedades de más de 420 hectáreas, supuso la
desaparición definitiva del latifundio. Posteriormente, una segunda Ley
de Reforma Agraria -1961- limitó el tamaño de las propiedades a un
máximo de 66 hectáreas, con lo que la burguesía de este sector quedó
prácticamente eliminada. Ese mismo año nació la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños –ANAP-, que tan importante papel jugó –y juega-
en la organización de los campesinos.
De
más está decir que la puesta en vigor de la ley que nos ocupa chocó
frontalmente con los intereses económicos de los norteamericanos. No en
vano, como consecuencia de aquella medida revolucionaria, las compañías
azucareras perdieron más de 674.000 hectáreas de tierras, así como
varios millones de dólares por futuras exportaciones del cultivo
comercial.
De todos modos, las medidas adoptadas por el gobierno
a través del Instituto Nacional de la Reforma Agraria –INRA-, creado en
1959 para ejecutar las políticas económicas y sociales relacionadas con
la reforma agraria, no fueron discriminatorias, ya que fueron dirigidas
contra todos los terratenientes, sin importar su nacionalidad; y
además, como ya ha quedado dicho, estaban amparadas por la Constitución
de 1940. Por otra parte, la forma de indemnización fue bastante más
generosa que en la ley agraria impuesta por Estados Unidos a Japón en
la postguerra: ésta sólo otorgaba el 2,5% de interés anual y los pagos
en veinticinco años; y con la Ley de Reforma Agraria cubana la
amortización pagadera se situó en veinte años y un 4,5 % de interés
anual.
Por
si fuera poco, el gobierno revolucionario planteó repetidas veces su
disposición a renegociar estos términos, pero Estados Unidos declinó la
propuesta renegociadora –no así el resto de los países afectados- y
prefirió mantener las indemnizaciones como una deuda aún no pagada.
Conviene
recordar que las tierras fueron compradas por los capitalistas yanquis
a precios irrisorios. En 1901, por ejemplo, un tal Preston llegó a
comprar 75.000 hectáreas en la zona de la Bahía de Nipe –hoy provincia
de Holguín- por 400.000 dólares, es decir, a menos de seis dólares la
hectárea. Amparado en la Ley de Reforma Agraria, las tierras del
central Preston fueron expropiadas por el gobierno revolucionario el 14
de mayo de 1960. Entregadas a los campesinos, esta zona adoptó el
nombre de Guatemala en homenaje al pueblo al que, en 1954, la propia
United Fruit Company había frustrado la reforma agraria mediante el
derrocamiento del gobierno legítimo y popular de Jacobo Arbenz.
Quizá
porque la familia de Fidel poseía miles de hectáreas de tierra en
Birán, provincia de Holguín y pueblo natal del Comandante, muchos
enemigos se hicieron falsas ilusiones pensando que triunfada la
Revolución sus dirigentes no se atreverían a tanto. Pero se
equivocaron. Fidel cumplió su promesa de llevar a cabo la Ley de
Reforma Agraria, y las tierras de su familia fueron igualmente
entregadas a los campesinos, tras ser nacionalizadas por el propio
Fidel con su firma como Primer Ministro, primero, y como Presidente del
INRA después.
El 19 de mayo de 1960, el periódico Sierra Maestra
publicó en una de sus páginas lo siguiente: “Los maledicentes que
siempre pensaron que la Ley de Reforma Agraria no alcanzarían los
predios de Sabanilla de Birán, por el hecho de ser de la familia del
máximo líder, tendrán ahora que morderse la lengua al contemplar cómo
la primera tierra que se reparte en el municipio de Mayarí, es la del
propio Fidel Castro”. Expropiadas las citadas tierras, éstas fueron
repartidas entre 204 familias.
Ante la necesidad de elevar la
producción y con el propósito de relanzar al sector agrícola, el pasado
año se aprobó el Decreto-Ley 259 sobre la entrega de tierras ociosas en
usufructo. La iniciativa está teniendo buena acogida; hasta el momento
ya se han entregado más de un millón de hectáreas entre los miles de
solicitantes; muchos de los cuales nunca antes habían tenido contacto
laboral con el campo. A partir de 1959, pues, el 17 de mayo siempre
está presente en la memoria del campesinado cubano, y también en la del
resto del pueblo.
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