| Fernando Bermudez,
sobre la llamada crisis alimentaria, la vergonzosa cumbre de Roma
de la FAO, sus causas y su alternativa.
DECLARACIÓN
EL HAMBRE EN EL MUNDO
UN DESAFIO DE CONCIENCIA
El
hambre es hoy el principal problema del mundo. La Cumbre de Roma
convocada por la Organización de Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO), trató de hacer
frente a este problema, pero según los resultados, fue un
fracaso. No abordó en profundidad el sistema alimentario
mundial que favorece la especulación y beneficia sólo
a las grandes corporaciones. Los intereses de los países
ricos no permitieron dar pasos hacia soluciones reales para acabar
con el hambre en el mundo. La declaración final quedó
sólo en buenas intenciones con compromisos mínimos:
“luchar por todos los medios para erradicar el hambre”,
“invertir en el sector agrícola”, “buscar
un comercio más justo”…, pero sin ofrecer los
medios para lograrlo.
1.La realidad del hambre
La realidad es cruda e hiriente. Es necesario conocerla para cambiarla.
Los datos son cada vez más desafiantes. Cada día mueren
70.000 personas por hambre en el mundo. Cada cinco segundos muere
de hambre o por sus secuelas inmediatas un niño menor de
diez años. Más de 6 millones de niños murieron
en 2007. Hay 854 millones de seres humanos viviendo en situación
de hambruna (1). En el tiempo que se tarda en leer esta declaración
habrán muerto alrededor de 300 personas de hambre, la mayoría
niños.
A todo esto hay que añadir los millones de personas que se
encuentran en una situación de desnutrición crónica.
La ONU señala que 2.200 millones de seres humanos, es decir
uno de cada tres habitantes del planeta viven en estado de desnutrición
crónica. Según Ziegler, el número de víctimas
de la desnutrición crónica aumentó en la última
década en 28 millones, mientras que, paradójicamente,
al mismo tiempo aumentó la renta mundial en un 2, 5 % anual
(2).
El mayor número de personas hambrientas, 515 millones, viven
en Asia, donde representan el 24% de la población total.
Pero si hablamos de la proporción de las víctimas,
el precio más alto lo paga el África negra, donde
hay 186 millones de seres humanos en situación de hambruna
permanente y severa, es decir, el 34% de la población total
de la región. La mayoría de estas personas son niños.
Un niño privado de la alimentación adecuada desde
que nace hasta los 5 años, padecerá las secuelas durante
toda su vida. Privados de alimento, sus células cerebrales
habrán sufrido daños irreparables. El hambre y la
desnutrición crónicas constituyen una maldición
hereditaria. Todos los años, cientos de miles de mujeres
africanas severamente infraalimentadas ponen en el mundo a cientos
de miles de niños afectados por la desnutrición y
el hambre.
Las estadísticas son frías. Pero el drama humano está
ahí. Es el sufrimiento y la angustia lacerante que tortura
a cualquier ser humano ver morir de hambre a un miembro de la familia.
Hombres, mujeres, niños y ancianos que al despertar por la
mañana no encuentran qué comer. Vivir en esa angustia
es, seguramente, todavía más terrible que soportar
cualquier otro dolor.
La
muerte por hambre ocurre en una especie de normalidad estática,
todos los días, en un planeta desbordante de riquezas. Jacques
Diouf, dirigente de la FAO, constata que en el estado actual de
desarrollo de las fuerzas agrícolas de producción,
el planeta podría alimentar sin problemas a 12.000 millones
de seres humanos, es decir, el doble de la población mundial
actual (3).
Esta masacre cotidiana por el hambre no obedece a ninguna fatalidad.
Detrás de cada víctima hay un asesino.
2.Causas del hambre
El orden mundial actual, (que más que orden podríamos
llamar “desorden”), expresado en el capitalismo neoliberal,
es injusto, inhumano y salvajemente criminal. La ecuación
es simple: quien tiene dinero come y vive, quién no lo tiene
sufre, pasa hambre y muere. Cualquier muerte por hambre es un asesinato,
del cual el primer mundo y los poderosos de los países del
sur son responsables.
No se puede luchar contra el hambre y la pobreza sin cuestionar
las causas que los provocan. Partimos con este interrogante: ¿Cómo
es posible que con la ayuda extranjera, además de los préstamos
internacionales, haya aumentado de forma espectacular la pobreza
y el hambre en los países del sur? Las causas son múltiples.
* En primer lugar señalamos la injusta distribución
de la riqueza debido a las relaciones de explotación Norte-Sur,
que con la imposición de la globalización neoliberal,
se agudiza aún más la brecha entre el mundo rico y
el mundo pobre.
*En este sentido sobresale el papel de las grandes corporaciones
o compañías trasnacionales de los países ricos
que, como aves de rapiña, caen sobre los países del
sur para explotar y saquear su materia prima. Muchos países
del Sur son ricos en minerales y productos agrícolas, pero
esta riqueza es explotada por las multinacionales del Norte. Por
ejemplo, en Guatemala, la multinacional canadiense Montana se lleva
el 99% de la producción de oro, dejando para el país
el 1%. Las trasnacionales son atraídas por los ricos recursos
naturales, el alto rendimiento debido a los bajos salarios y la
casi ausencia de impuestos, regulaciones medioambientales, derechos
laborales y costos de seguridad laboral. Entre el débil y
el fuerte la libertad económica oprime.
*
Desplazamiento de las poblaciones locales de sus tierras y el saqueo
de sus fuentes de autosuficiencia por las empresas que crean mercados
de trabajo saturados de gente desesperada y forzada a vivir en villas
miseria y a trabajar duro por salarios de hambre, violando a menudo
las leyes de estos países sobre el salario mínimo.
*El comercio injusto y especulación financiera de los alimentos
y de la producción agrícola. Por ejemplo, el 55% de
la producción de trigo está controlada por la especulación
(4).
*La deuda externa que actúa como un instrumento de sumisión
de los países del norte sobre el sur. Estos países
se ven obligados a recortar los servicios públicos para ir
pagando la deuda. Por ejemplo, un país pobre solicita un
préstamo al Banco Mundial (BM) para el fortalecimiento de
algunos aspectos de su economía. Si no puede devolver los
altos intereses, se verá forzado a pedir un nuevo préstamo,
pero esta vez al Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero el FMI
impone un programa de “ajuste estructural”, que asigna
a los países la concesión de exenciones fiscales a
las transnacionales, la reducción de los salarios, la no
protección de las empresas locales de las importaciones extranjeras.
Se presiona para que privatice su economía y venda a precios
escandalosamente bajos sus minas y servicios públicos a las
empresas privadas. Estos países son forzados a abrir sus
bosques y sus tierras en beneficio de explotaciones mineras a cielo
abierto, sin el menor miramiento del daño ecológico
que pueda causarse. Las naciones deudoras también deben recortar
los subsidios para salud, educación, seguridad alimentaria,
protección medioambiental, con el objetivo de gastar menos
en su gente y para disponer de más dinero para satisfacer
los pagos de la deuda (5).
*Los
monocultivos en los países del sur (por ejemplo café,
caña de azúcar, cardamomo…), lo que requiere
grandes cantidades de pesticidas, reduciendo cada vez más
las áreas cultivadas de cientos de variedades de cosechas
que tradicionalmente servían de alimento a la población
local.
*La utilización de agrocombustibles para la producción
del etanol que so pretexto de contaminar menos el ambiente, reduce
la producción agrícola con fines alimentarios. Amplias
zonas que antes se dedicaban al cultivo de cereales para el consumo,
ahora se destinan para la producción de biocombustibles.
*La carrera armamentista. Los gobiernos del mundo en el año
2007 gastaron 1,3 billones de dólares en armas , un 6% más
que el año anterior (6). El gasto militar a nivel mundial
aumentó el 49,2 % en la última década. Sólo
Estados Unidos representó el 46 % del gasto militar en todo
el mundo, seguido por el Reino Unido, China y Francia. España
ocupa el decimoquinto lugar en la lista de los países con
más gasto militar. En el mundo se gasta 190 veces más
en armas que en combatir el hambre.
*El excesivo gasto consumista del primer mundo (el 20 por ciento
la humanidad consume el 73 por ciento de los recursos del planeta,
mientras que el 80 por ciento del sur sólo tiene acceso al
17 por ciento). La sociedad de bienestar del primer mundo tiene
más de lo que necesita. La socióloga noruega Harlem
Bruntland ha investigado y demostrado que si los siete mil millones
de habitantes del planeta consumieran lo mismo que los países
desarrollados, harían falta diez planeta como el nuestro
para satisfacer todas sus necesidades (7). En realidad lo que a
unos les sobra a otros les falta.
*El cambio climático que en algunas regiones del planeta
provoca grandes inundaciones y en otras persistentes sequías.
El sistema neoliberal se desarrolla destruyendo la naturaleza. Pues
su criterio es producir y consumir cada vez más sin medir
las consecuencias medioambientales.
*La explosión demográfica que es otro de los elementos
a tener en cuenta. Sin embargo, dijimos que el planeta, con la producción
existente, tiene capacidad para alimentar a 12.000 millones de personas.
En la actualidad no llega a los 7.000 millones. La tierra tiene
suficiente riqueza para alimentar a todos sus habitantes. “La
tierra da lo suficiente para satisfacer las necesidades de los hombres,
pero no su ambición”, señalaba Gandhi.
3. Alternativas
No
basta conocer la realidad y las causas de la pobreza y del hambre.
Es necesario, sobre todo, proponer alternativas que conduzca a un
cambio eficiente. Entre otras, señalamos:
*En primer lugar, el desarrollo de la conciencia ética y
de la sensibilidad frente al dolor de millones de hombre y mujeres,
particularmente niños que sufren y mueren de hambre, a través
de los medios de comunicación, la educación formal
y no formal. Generar, asimismo, una conciencia nueva de solidaridad
a todos los niveles y de ciudadanía universal.
*Desarrollo de la cultura de la austeridad. Se trata de consumir
menos, no derrochar sobre todo en la alimentación, para que
otros puedan vivir con dignidad. Esto está exigiendo una
revolución ética y espiritual que las iglesias, movimientos
sociales, organizaciones populares, ong,s, medios de comunicación…
deberían priorizar en su práctica y discurso.
*La solución al problema del hambre en el mundo no va a llegar
por la simple ayuda humanitaria, que en casos concretos y puntuales
será muy necesaria, sino por cambios estructurales en los
países del sur, pues son naciones ricas llenas de empobrecidos
a causa de la injusticia.
*Exigir a las instituciones del Estado que aporten el 0,7 del PIB.
La cooperación es necesaria, pero debe ser siempre complementaria
a la lucha contra la deuda externa, a las exigencias de un comercio
mundial justo y de unos mercados financieros regulados internacionalmente.
El gobierno de España, en este sentido, se comprometió
en la Cumbre de Roma a destinar 500 millones de euros en cuatro
años para paliar la crisis. Pero esto sería insuficiente
si no se afronta seriamente las causas estructurales del hambre
y el subdesarrollo.
* Implementar políticas de ayuda, de manera que éstas
fortalezcan las economías locales en lugar de debilitar las
iniciativas comunitarias autóctonas
*Mayor
control de la especulación de los productos alimentarios
por parte de los Estados y de las empresas que operan en el sur,
para que dejen de lucrar descaradamente con sus materias primas
y de explotar la mano de obra barata de sus gentes, y prioricen
el desarrollo sostenible de los pueblos del sur (8). Supresión
del IVA a los productos de la canasta básica .
*Insistir en la creación de un tribunal internacional que
haga justicia a los hambrientos, defienda su derecho a la alimentación,
reconozca el derecho a producir sus alimentos y obtenerlos a un
bajo costo y proteja el derecho a la vida. Es evidente que una política
económica, social y financiera que cumpliera al pie de la
letra todos los derechos humanos, políticos y civiles, económicos,
sociales y culturales, individuales y colectivos, rompería
tajantemente el orden absurdo y mortífero del mundo actual
y necesariamente originaría una distribución más
justa de los bienes, satisfacería las necesidades vitales
de las personas y las protegería del hambre.
*Apoyo a las organizaciones y movimientos que luchan por un cambio
socio-económico profundo en las leyes y en la estructura
nacional, en orden a la búsqueda de mayor justicia y equidad.
*Apoyar las iniciativas del Comercio Justo que ya se está
desarrollando en algunos países entre el sur y el norte.
*Sumarse a la red internacional de resistencia y alternativas a
la globalización del mercado, sobre todo ofreciendo resistencia
a la implementación de los agrocombustibles a expensas de
la producción agrícola para la alimentación.
Y Apoyo a la resistencia al pago de la deuda externa de los países
subdesarrollados.
*Oponerse organizada y enérgicamente a toda carrera armamentista
y a toda intervención militar, incidiendo en los respectivos
gobiernos para que abandonen esta absurda e inhumana política.
Es por eso que condenamos enérgicamente la guerra de Estados
Unidos y sus aliados en Irak y nos oponemos a la OTAN porque ésta
es una iniciativa de los países poderosos para justificar
el armamentismo y el control geopolítico y económico
del mundo por medio de la fuerza militar. Al mismo tiempo, generar
un movimiento de desarme y desmilitarización de las conciencias
en la sociedad civil. Este es el desafío que tenemos de cara
al futuro para recrear un mundo nuevo de vida digna, paz y bienestar
para todos.
Alguazas, Murcia, junio 2008
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1. Ziegler, Jean. El imperio de la vergüenza, Ed. Taurus, Madrid
2006, citado por José A.García, Attac, Valencia 2008.
2. Ibid.
3. Jaques Diouf, Dirigente de la FAO, citado por Jean Ziegler en
“El hambre y los derechos humanos. Attac.P.V. 2007
4. Régis Debray y Jean Ziegler, Il s'agit de ne pas se rendre
(La cuestión es no rendirse), París, Arléa,
1994.
5. José A. García, el hambre, la cooperación
y las propuestas de Attac, Valencia.
Instituto Internacional de Investigación para la Paz, SIPRI,
Estocolmo 2007.
Fernando Bermúdez, El arte de vivir, AAG, Guatemala 2003.
Miguel Mora, el País, 6.9.2008, Madrid.
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