reforma agraria

MST: Educación popular para la reforma agraria

Diego González
Programa de las Américas


El momento es delicado, y el Movimiento Sin Tierra (MST) lo sabe. Luego de la apuesta por el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva tanto en 2002 como en 2006, el movimiento ahora actúa de modo cauteloso, sin quemarse con candidaturas efímeras en las próximas elecciones brasileñas de fines del año venidero. Así las cosas, si bien no hablan de rupturas con el oficialista Partido de los Trabajadores (PT), tampoco se presentan como aliados. Es que, desde su óptica, el PT faltó a su promesa. Por eso retacean apoyos explícitos al tiempo que se abocan a la construcción interna. Su norte sigue siendo, aunque adaptado a las nuevas realidades, la reforma agraria. Y, para eso, se focalizan en la educación popular.

Luz no había en ese cuarto, ni en ningún otro del asentamiento. Sin embargo, allá, en la lejanía del horizonte, detrás del basural, la prisión y el cañaveral, tintinea el alumbrado público de Limeira, en la periferia de San Pablo. Alumbrado que no llega a las frágiles casas de las 150 familias del MST del asentamiento Elizabeth Texeira. Por lo que, esa clase de alfabetización tuvo que ser sobre el duro piso de tierra, iluminado por algunos escasos focos eléctricos que los universitarios de la Unicamp de la cercana Campinas habían traído.

En la planificación previa los educadores se habían planteado dos objetivos centrales: conjugar la alfabetización de los adultos con algunos conocimientos de aritmética. Por eso, ya en el salón, Lucas dibujó con una tiza un cuadrado en el piso y preguntó a los once estudiantes: ¿Cuánto es una hectárea? 100 metros cuadrados respondió una señora. Diez mil, retrucó Cleiton, de 17 años.

Desde hace unos dos años el asentamiento vive en lucha, resistiendo represiones y embates judiciales. La puja es con el prefecto del Partido del Movimiento Democrático del Brasil, en algunas regiones aliado al gobernante PT y en otras no. Sobre un total de 700 hectáreas que comprende el predio llamado Horto Florestal Tatu, los sin tierra pretenden una base de tres por familia. Consideran que ese es el terreno mínimo necesario para desarrollar un cultivo de subsistencia digno que a su vez permita un excedente para vender en la ciudad. Pero el prefecto se niega.

Una vez comprendidas las extensiones del territorio por el que día a día pelean, la intención de la clase fue que los militantes tomaran real noción espacial. Para eso repartieron hojas que simulaban lotes. Ahí dentro, cada cual diseñó a su antojo su añorada parcela.

Cida subdividió su terreno en seis: a la izquierda, un jardín con frutos, en el centro su casa, más allá, un lago, una granja con algunos animales y un espacio para el maíz, otro para el frijol, la zanahoria, la cebolla y la mandioca.

¿Todo eso va a entrar en tus hectáreas?, provocó Lucas. Ella dejó el lápiz y levantó la mirada. No esperaba la pregunta. Se rió: "En mi imaginación sí", desafió.

Era el turno de la escritura. Cada uno de ellos debía explicar a todos cómo y por qué planificó lo que planificó. Pero lo más importante—y dificultoso—era que además de explicarlo, pudieran redactarlo. Ahí la clase se volvió casi personalizada. Sucede, explicaron los educadores luego, que si bien la mayoría de los adultos no son analfabetos, les suele resultar complejo unir los sonidos de las letras con las palabras al momento de escribir. Por eso todas las sillas tienen un cartel que dice "cadeira" y los libros, "livros".
Las armas sutiles

"Para nosotros la escuela es todo el campamento o el asentamiento. Son escuelas las formas en que las familias se organizan para obtener el agua, la luz; también la comunicación y las relaciones entre unos y otros; las actividades y reuniones de programación; el trabajo concreto… Construimos una pedagogía diferente a partir de nuestra historia. Somos un movimiento pedagógico porque el sólo hecho de confrontar el latifundio produce una ruptura en la concepción más profunda de cada persona. Romper el cerco del latifundio es un acto pedagógico por excelencia", explicó una joven dirigente a sus compañeros de la asociación Madres de Plaza de Mayo, otro de los grandes referentes en lo que a educación popular refiere.

En clara diferenciación con el sistema formal de educación, el movimiento se concibe a sí mismo como un "sujeto educativo". Esto implica que la formación no tiene un espacio ni un momento concreto, sino que cada acción, iniciativa, reflexión u ocupación tiene una vocación pedagógica. Al concebir a la educación como una herramienta política central para alcanzar la transformación social por la que hace 25 años pelean, el método educativo, para acompañar las acciones de lucha, precisa ser dinámico. El desafío, en sus palabras, es que las escuelas estén en sintonía con el "Movimiento en movimiento".

En este debate, la escuela Florestan Fernandes ubicada en Guararema, a 60 kilómetros de San Pablo, tiene un rol vital. Nacida el 23 de enero de 2005, aspira a transformarse en Instituto de Enseñanza Superior y en la primer Universidad Popular.

http://www.ircamericas.org/esp/6120