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Frei Betto
ALAI
El MST escuchó el consejo del presidente Lula y le tomó
la palabra. Ahora, apoyado por la Comisión Pastoral de la
Tierra (CPT) y otras entidades, marcha de Goiania a Brasilia a favor
de la reforma agraria La caminata comenzó el 2 de mayo. En
ella participan cerca de 12 mil personas provenientes de 23 estados.
Ella no apunta a la Tierra Prometida, como la historia de los hebreos
descrita en el Antiguo Testamento. Quiere solamente la porción
de tierra prometida por el gobierno Lula.
En 2002, el gobierno federal aprobó el 2º Plan Nacional
de Reforma Agraria. Garantizó que, hasta el 2006, asentaría
a 400 mil familias sin tierra. Y más de 130 mil recibirían
financiamiento para la adquisición de predios rurales.
Al inicio del año pasado, Lula aseguró que hasta diciembre
serían asentadas 115 mil familias. Según el Instituto
Nacional de
Colonización y Reforma Agraria (INCRA), en 2004 fueron asentadas
cerca de 80 mil. En dos años de gobierno, 117 mil. El
MST responde. Dice que la mayoría de las familias fue alojada
en proyectos creados en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso
(FHC) o solamente se les regularizó su situación.
Así, en dos años, el actual gobierno habría
asentado a 64 mil familias.
Lo mas grave es que el gobierno federal no demuestra voluntad política
de efectivizar la reforma agraria. De los 3,4 mil millones de reales
previstos en el presupuesto de este año para el Ministerio
de Desarrollo Agrario (MDA), el Ministerio de Hacienda recortó
2 mil millones para recaudar y asegurar la montaña de dinero
-cerca de 60 mil millones- del superávit primario (tijera
de jardinero en los costos e inversiones, para pagar intereses).
Hubo protestas, inclusive del ministro Rosseto, forzando al ministro
Palocci a liberar 400 millones de reales de la cantidad
retenida. Si la reforma agraria fuera, de hecho, prioridad del gobierno
Lula, los 1,6 mil millones restantes deben ser restituidos en breve
al MDA.
La marcha de 223 Km. culmina en Brasilia el día 17 de mayo.
Ella reivindica lo que el gobierno Lula prometió: asentar
400 mil familias hasta 2006. El presidente ha enfatizado que no
basta dar tierra. Es necesario que haya también condiciones
agrotécnicas de siembra, cosecha, transporte y comercialización
del producto excedente al consumo familiar. Es lo que desean los
"sin tierra", a través de un programa de agroindustrias
y de crédito especial para los asentamientos.
Todas las estadísticas comprueban que la actividad rural
es la que más emplea en el Brasil. Sin embargo, convivimos
con un
alarmante índice de desempleo. Hace la reforma agraria -una
reivindicación de 150 años- significa parar el éxodo
hacia las
ciudades, reducir el número de favelas, disminuir la desigualdad
social y, en consecuencia, la violencia urbana. En este país
de 800 millones de hectáreas cultivables, tierra es lo que
no falta.
Está probado que más del 60% de los alimentos que
llegan a la mesa de la familia brasileña provienen de la
agricultura familiar. El gobierno federal extendió los beneficios
del Programa Nacional de Agricultura Familiar (PRONAF) a todo el
país, rompiendo el monopolio de la región Sur. Eso,
sin embargo, no es suficiente. La burocracia todavía dificulta
el acceso al financiamiento.
Uno de los mayores obstáculos para la reforma agraria es
el Congreso Nacional, un nido de ruralistas defensores del latifundio.
Basta decir que, hasta hoy, no aprobó la propuesta del Planalto
de expropiación sumaria de haciendas en las que haya trabajo
esclavo. Este es uno de los factores que favorecen la impunidad
de los culpables de las muertes de los que luchan por la reforma
agraria.
¿Cuál es el proyecto Brasil del gobierno Lula? En
la economía no hay lugar para dudas: equilibrio fiscal, contener
la inflación, atraer capital extranjero, reducir las deudas
interna y externa, aumentar las exportaciones y reducir las importaciones,
ampliar las reservas y la capacidad de inversión. La meta
es positiva, el método discutible, pues infla los intereses,
reduce el crédito, estimula la especulación y asfixia
a la producción. Una difícil ecuación: promover
el desarrollo social a través de una política económica
neoliberal que favorece el capital y castiga al trabajo.
La reforma agraria es, teóricamente, la "prioridad de
las prioridades" del gobierno Lula. Junto al combate al hambre.
Es
decir, uno y otro están interconectados. Pero así
como el presidente admitió que el dragón inflacionario
no puede ser
contenido solamente con el látigo de los intereses altos,
que duele en el lomo de la nación, es hora de que el gobierno
priorice el Plan Nacional de Reforma Agraria y, por lo menos, cumplir
las metas de asentamiento anunciadas en sus dos primeros años
de gestión.
Un gobierno que tuvo el suficiente coraje para homologar en una
área continua a la reserva indígena de Raposa Serra
do Sol, en Roraima, no merece llegar a las elecciones de 2006 con
un mero maquillaje latifundista, en tanto millares de familias permanecen
acampadas a la vera de las carreteras porque saben que fuera de
la tierra ellas no tienen salvación. Ya no pueden, como la
familia Silva, subir a un camión y emigrar con la esperanza
de obtener trabajo en El Dorado paulista. Solo les resta luchar
por la tierra que perdieron. (Traducción ALAI)
* Frei Betto es escritor, autor de "Gosto de Uva" (Garamond),
entre otros libros.
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