Juanito y la semilla de fríjol
Maria Luisa Mendonça
ALAI .
En
la conocida fábula infantil, Juanito era un niño pobre y no tenía
que comer. Su madre le pidió que fuese a la ciudad a vender el último
bien que les quedaba, a cambio de comida. Pero Juanito volvió a
casa sólo con algunas semillas de fríjol, que se volvieron una enorme
planta, tan alta que llegaba hasta las nubes. Juanito subió hasta
allá y encontró un gigante que guardaba un arpa y una gallina de los
huevos de oro. Con una valentía impresionante, Juanito derrotó al
gigante y se llevó la gallina y el arpa mágica, de donde salía una
bella canción. Y nunca más pasó hambre.
Uno de los debates
centrales en el Foro Social de las Américas giró alrededor de las
disputas geopolíticas sobre los recursos estratégicos en nuestro
continente, que podemos describir como el tesoro que Juanito recuperó
del control del gigante. Las semillas de fríjol pueden ser comparadas
con la importante acumulación de análisis y acciones articuladas en el
ámbito hemisférico, reflejado en la experiencia que representó la
Campaña contra el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y sus
diversos procesos de convergencia, que nos han permitido llegar hasta
aquí.
Esa articulación continental fue capaz de unir una amplia
gama de temas, en el sentido de comprender las diversas caras del
imperialismo en ese momento histórico. Con eso, fue posible percibir
las contradicciones de las disputas intercapitalistas y establecer
unidad entre diversos sectores sociales organizados, alrededor de
luchas concretas.
Hoy tenemos una comprensión de la relación
entre las propuestas de los acuerdos comerciales en los moldes que
sería el ALCA, proyectos de infraestructura como la Iniciativa para la
Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), con
los mecanismos de la dominación militar estadounidense (bases,
entrenamientos, vigilancia, entre otros) y también financiera, a través
del endeudamiento. Estos mecanismos buscan ampliar el monopolio del
gran capital sobre recursos estratégicos y, para eso, es necesario
intensificar la represión a los movimientos en lucha.
En el
centro de esa disputa están recursos energéticos - petróleo, minas,
gas, agua, tierra y biodiversidad - fundamentales para la producción y
reproducción del capital. Podríamos describir esas fuentes de energía
como la ‘gallina de los huevos de oro' del capitalismo. Por lo tanto,
las luchas de los pueblos contra grandes proyectos de represas,
monocultivos, minería, es central para combatir el avance del
imperialismo monopolista.
En su esencia, los actuales mecanismos
de dominación en nuestro continente no difieren del periodo colonial,
pues sus bases, en cierta medida, permanecen intactas, sobre todo el
monopolio de la tierra y la organización de nuestras economías a partir
de una demanda externa. Por ello, no existe contradicción entre el
viejo latifundio y las transnacionales agrícolas convertidas en
“modernas”. Lo que existe es la creación de una ideología fetichista
alrededor de las nuevas tecnologías, sumada a una idea positivista o
funcionalista que significaría el desarrollo de los medios de
producción. Esa ideología se combina perfectamente con el discurso
desarrollista conservador, con la idea neoliberal de ‘eficiencia' y con
los intereses del capital internacional.
Un ejemplo claro es la
organización de la industria de la caña en Brasil. En el período
colonial, lo que se exportaba no era caña sino azúcar manufacturada en
los ingenios brasileños, que tenían tecnología de punta. El azúcar era
una de los principales productos de la época e inclusive cambió los
hábitos de alimentación en Europa. Por lo tanto, contar con tecnología
avanzada no significa necesariamente cambiar las relaciones de
producción.
Actualmente, el modelo que sustenta la producción de
etanol en Brasil, basado en el latifundio y en la superexplotación del
trabajo, no es muy diferente. La novedad es la creciente presencia del
capital internacional en el sector. Una nueva característica de la
industria del etanol, que puede compararse con el Pro-Alcool de la
década de 70, es la alianza entre sectores del agronegocio con empresas
petroleras, automotrices, de biotecnología, minería, infraestructura y
fondos de inversión. En este escenario, no existe contradicción de
estos grupos con la oligarquía latifundista, que se beneficia de la
expansión del capital en el campo y del abandono de un proyecto de
reforma agraria.
La presencia de capital extranjero en la
industria de la caña creció de 1% en 2000 a cerca de 25% en 2010,
estimulada por recursos públicos. Entre 2008 y 2009, se estima que el
sector relacionado del azúcar y el alcohol habría recibido más de R$ 12
mil millones del Banco Nacional de Desarrollo (BNDES). Este subsidio es
extraído, en gran medida, del Fondo de Amparo al Trabajador (FAT).
Además de recibir subsidios de forma desproporcionada, el latifundio se
beneficia de “grillaje” (1) de tierras, de la flexibilización de la
legislación ambiental y laboral y de la continuidad de la práctica del
trabajo esclavo.
La expansión de los monocultivos provoca la
expulsión de los campesinos de sus tierras, impide que otros sectores
económicos se desarrollen y genera dependencia de los trabajadores de
empleos precarios y temporales. El éxodo rural crea una masa
trabajadora más vulnerable a la superexplotación, tanto en el campo
como en la ciudad, además de contribuir con la crisis alimentaria, ya
que los campesinos son responsables por el 70% de la producción de
alimentos y por el 80% de la generación de empleos en el medio rural.
Este escenario significa que la resistencia de los campesinos es
estratégica.
Los procesos de resistencia antiimperialista en
América Latina tienen como eje central la defensa de recursos
estratégicos. El caso más simbólico es el de Bolivia, donde el proceso
de cambio político se inició con la llamada ‘guerra del agua', en
Cochabamba, y culminó con grandes movilizaciones por la nacionalización
del gas. La revolución bolivariana, en Venezuela, sólo fue posible
cuando se retomó el control estatal de la producción de petróleo. En
este contexto, la estrategia imperialista en el continente intensifica
un cerco militar por el control de estos recursos, a través de bases,
tropas, flotas navales y acuerdos bilaterales para ejercicios militares
conjuntos en nuestros países.
Vivimos un momento de múltiples
contradicciones y, por lo tanto, es necesario que mantengamos espacios
de acción conjunta en la lucha por la soberanía popular, económica,
política y alimentaria. Para eso es indispensable profundizar la
construcción de unidad y análisis compartido, a partir de la memoria y
de la acumulación de conocimiento colectivo construido a lo largo de
esta caminata. (Traducción ALAI)
Ndlt: (1) Apropiación de tierras con títulos falsos.
- Maria Luisa Mendonça (desde Asunción, Paraguay) es periodista y coordinadora de la Red Social de Justicia y Derechos Humanos.
Más información: http://alainet.org | 










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