Reproducimos
la ,( nueva ), Carta dirigida por el revolucionario dominicano Narciso
Isa Conde al presidente de su país:
a raíz
del "destino" en Dominicana de un general colombiano , como Embajador
de Uribe, signado por sus vinculaciones con los escuadrones de la
muerte, y en particular por su persecución a Narciso.
Dedicado al Jefe de Estado que pronto pretende recibir como Embajador de Colombia al general asesino Mario Montoya.
*No
hay problema, profesor*
*
**( Al presidente Leonel Fernández )*
*Por Narciso Isa Conde*
No hay problema profesor, como le dicen sus amigos.
Desde muy joven ha vivido en el filo de la navaja, permanentemente
amenazado; a veces con los nubarrones de sangre más próximos que otras.
Esta vez se acercan de nuevo con traje de embajador y todo. Pero no hay
problema profesor-presidente: así he vivido y sobrevivido, y esta vez
no habrá de ser de otra manera.
José Francisco Peña Gómez me presentó una vez como uno de los pocos
sobrevivientes físicos e ideológicos de la matanza de los doce años de
Balaguer y de tiempos posteriores (como aquellos de Narcisazo).
Yo le respondí diciéndole que estar vivo me alegraba y alegraba mucho a
mi familia. Pero de lo que más me enorgullecía era ser un sobreviviente
de conciencia, ideológico, político… sin resignar nunca una sola de mis
ideas revolucionarias, socialistas, comunistas… sin claudicar, ni
renegar una pizca de lo que desde jovenzuelo he sido.
Por eso me considero -y soy- un sobreviviente feliz, rodeado de mucho
amor y corrientes positivas. Con madre, hermano, compañera de amor y lucha,
hijos, nietos, nietas, primos y amigos/as, camaradas que nunca se han
avergonzado de mí conducta y nunca se avergonzaran de quererme y apreciarme.
Me siento –y soy- parte de un pueblo que día a día, en
calles, plazas, esquinas, colmados, casas, oficinas, edificios, ciudades y campo me
expresa una solidaridad y un reconocimiento creciente, con muchas expresiones
sinceras de cariño y afecto.
No, de ninguna manera, profesor, en mi no hay espacio para el miedo
paralizante, para el temor personal y para la vacilación; mucho menos
para el odio que no sea a lo mal hecho, a las injusticias, a la
explotación,
al crimen y a las mezquindades.
Tantas veces se ha acercado a mi la muerte vestida de generales,
oligarquía, imperialismo, agentes secretos, bandoleros, presidentes y
políticos perversos, que he decidido caminar siempre con el "ataúd
debajo del
brazo", como solía decir el profesor Ulises Domínguez, padre de mi
querido amigo Asdrúbal.
Tantas veces se ha acercado esa tenebrosa señora con esos disfraces,
que he aprendido a controlar el miedo, a tragármelo y a arrinconarlo en un lugarcito especial de mi corazón.
Son los medios de autoprotección que la pelea digna y decorosa sabe
enseñar cuando se actúa con la frente en alto.
No hay problema profesor-presidente, cargue usted con su mala
conciencia.
Lástima que alguna personas buenas que lo llaman profesor no se hayan
percatado cuan lejos se encuentra usted del Profesor aquel, que al
final de la década del 60, denunció la lista de once revolucionarios
(en poder
del jefe de aquellos generales de "horca y cuchillo"), seleccionados
precisamente para ser enviados al más allá. Del profesor aquel que
concertó con el Partido Comunista Dominicano aquella formidable
campaña internacional contra el terror balaguerista, que tan buenos
resultados
dio.
Ya fui, junto con otro camarada que ya murió por enfermedad, uno de los
dos sobrevivientes de aquella lista macabra que se llevó, entre otros, a
Amín Abel, Otto Morales, Andrés Ramos Peguero, Maximiliano Gómez…
Conté para lograrlo con una inmensa sensibilidad de mis
camaradas de partido, familiares, amigos/as, profesionales,
compañeros/as de estudio
y gente buena y sencilla que me brindó su hogar, su escudo y compañía.
Tengo, profesor, más vida que un gato, quizás por enfrentar sin
dobleces a los que hacen un mal uso del nombre de ese animal inofensivo.
Y tengo una vida que nunca habrá de morir, porque siempre será
recordada por hacer el bien. Abrazado a una concepción científica del
mundo,
apasionado defensor de la obra portentosa de Marx, Engel y Lénin,
seguidor de los valores morales y del pensamiento revolucionario del
Che, creo también
en el poder del espíritu, en la fuerza que emana de las mentes y los
corazones de los seres humanos que combaten las injusticias y aman las
liberaciones.
Siempre he tenido eso –y mucha suerte- a mi favor y por eso he durado
relativamente tanto en medio de tantos riesgos y de condiciones tan
adversas.
Ese apoyo, como también el que emana de la autoprotección y la eficacia
necesario para bloquear las amenazas, está intacto y multiplicado.
Por eso pienso que otra vez voy a salir airoso de esta segunda fase de
la conjura, en la que aquel enviado de la muerte, investido de general de
la guerra sucia, viene a aposentarse con traje diplomático como
representante del régimen que me ha condenado a muerte. No hay problema, profesor. No
hay ningún problema, distinguido seguidor del despotismo ilustrado.
Créame: a usted le va a ir peor que a mí de todas maneras, aun si por
manos del Diablo esos designios de sangre se concretan. Porque
ciertamente hay muertos que no mueren y que saben desde el más allá
mover montañas
contra sus verdugos. Y si tienes alguna duda pregúnteselo a Orlando.
Tengo la completa seguridad de que este episodio de sangre le resultará
difícil - precisamente por lo suicida- a los gestores y facilitadores
del mismo. Pero además, tengo la plena convicción de que es imposible
asesinar lo más preciado de mi ser, porque nada ni nadie tiene
poder
para matar mis principios y mucho menos para unirme eternamente a la
tristeza. Siempre
seré un alegre sobreviviente, para el pesar de quienes no lo entiendan
Alegre aquí, y mucho más, allá. Sí, alegre aquí y allá,
profesor-presidente.
22 de febrero 2009, Santo Domingo
Fotos de Narciso Isa Conde en Asturias 2007(Parlamento, Siero, La
Carrera, museo de la minería)
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