Por
Manuel Vega y Martín Ayala
miembros de COS-PACC
Olvido e impunidad.
La
historia reciente de Colombia, ese pequeño país ubicado
al norte de Suramérica, es una historia de olvido y de impunidad.
Olvido, pues la memoria oficial se ha empeñado en conservar
sólo los grandes relatos de carácter nacional, los
nombres de victimas ilustres, de delincuentes y de presidentes –curiosa
selección-, dejando de lado la vida de aquellos hombres y
mujeres que constituyen la carne y el hueso de nuestra realidad.
Impunidad, porque durante años se ha entorpecido sistemáticamente
la posibilidad de hacer justicia en crímenes brutales contra
el pueblo. Crímenes que han destruido los amarres del tejido
social colombiano.
En efecto, en las últimas décadas hemos presenciado
con impotencia la repetición de violaciones a los derechos
humanos y tragedias del pasado que habíamos olvidado, entre
otras cosas, por la falta de una justicia efectiva y de una memoria
crítica. Hoy reviven esos fantasmas en una nación
atrapada entre el totalitarismo, el paramilitarismo y el reinado
del capitalismo transnacional. Ese es el verdadero rostro de Colombia,
oculto bajo la mascara de la política de seguridad democrática
del presidente Álvaro Uribe Vélez. Esos son los elementos
que explican buena parte de nuestra realidad actual: intereses transnacionales,
gobiernos corruptos de derecha y paramilitarismo.
El departamento del Casanare, ubicado en la región de los
llanos orientales, no es la excepción. Desde la década
de los noventa cuando se inicio la explotación petrolera
allí por parte de la empresa transnacional British Petroleum
(BP) hasta hoy, es posible enumerar cientos de desapariciones y
ejecuciones extrajudiciales, múltiples casos de desviación
de recursos provenientes de la economía petrolera, miles
de atropellos contra la población campesina, sin mencionar
las nocivas transformaciones que el petróleo ha ocasionado
en la sociedad y en la cultura llaneras. No obstante, todo ello
ha sido sumido en el olvido, sometido al ocultamiento, destinado
sin derecho a apelación a la impunidad. Cuando eso sucede,
la infamia se repite y es preciso sentar un precedente contra el
silencio y el olvido, contra la impunidad y el ocultamiento. Movilizar
solidaridades, sensibilizar conciencias, dar un paso para parar
de una vez por todas esta cruda realidad que ha vivido y vive hoy
el departamento de Casanare en Colombia, este es el propósito
de este artículo.
Un motivo.
El 16 de Marzo de este año, la comunidad de la vereda el
Triunfo del municipio de aguazul en Casanare informo a COS-PACC,
sobre el asesinato de los campesinos Daniel Torres Arciniegas de
38 anos de edad y su hijo Roque Julio Torres Torres, de tan solo
16. Según informo la brigada 16 del Ejército de Colombia
estas dos personas habían sido dadas de baja en medio de
un combate pues se trataba de guerrilleros. Según nos informaron
los habitantes de la región y los familiares de las victimas,
ni Daniel ni Roque Julio eran guerrilleros, tampoco murieron en
un combate. Se trataba de dos campesinos reconocidos por la comunidad,
quienes fueron ejecutados extrajudicialmente por el Ejército,
en lo que constituye una clara violación de los derechos
humanos.
Según cuentan sus familiares, ambos tenían señales
de maltrato, posiblemente tortura, y orificios de entrada de proyectil
de arma de fuego en la región temporal del cráneo,
es decir, habían recibido tiros de gracia. Los hechos, los
testimonios de la comunidad, las evidencias de los cadáveres
y el que Roque Julio hubiese sido testigo de una ejecución
extrajudicial de otro campesino a manos del ejército colombiano,
son agravantes que se repiten en los diversos casos que hemos documentados.
En casos como estos surgen numerosas preguntas: ¿Por qué
fueron asesinados?, ¿con que propósito el ejercito
colombiano, supuestamente encargado de defender la democracia y
la libertad ejecuta a sangre fría a un niño de tan
solo 16 años?, ¿Por qué suceden este tipo de
hechos -mas de 10 ejecuciones extrajudiciales perpetradas por la
fuerza publica en el municipio de aguazul en lo que va corrido de
este ano- en cercanías de los pozos de explotación
petrolera a cargo de la BP? La respuesta a ello se encuentra en
el cruce entre el petróleo, las empresas transnacionales,
el paramilitarismo y el terrorismo de Estado colombiano, actualizado
en la política de seguridad democrática de Álvaro
Uribe Vélez.
El caso del pequeño Roque Julio y de Daniel Torres es un
motivo suficiente para cambiar esta historia de la BP en Casanare…
El oro negro, o la historia de una
soberanía entregada.
Hacia principios del siglo XX, mas exactamente en 1905, comenzó
en Colombia la exploración petrolera. En ese año,
el gobierno nacional firmó un polémico contrato con
Roberto de Mares mediante el cual se le otorgaba en concesión
la zona petrolera de Barrancabermeja. Esta concesión constituiría
el primer antecedente de una historia de entrega de nuestros recursos,
y con ello de nuestra soberanía, a empresas transnacionales.
En este caso a la Tropical Oil Company.
Por su parte, la exploración en la región de los llanos
orientales se iniciaría en los años 20 del siglo pasado.
Durante los años sesenta y setenta continuaron las exploraciones
en la región del piedemonte sin resultados favorables. Pero
sólo hasta 1983 con el descubrimiento del Campo Caño
Limón, de 1.000 millones de barriles en la cuenca de los
llanos orientales – Arauca-, el país volvió
a convertirse en exportador de crudo. Hasta acá, lo que nos
cuenta la historia oficial no es otra cosa que el inicio de una
economía prospera y creciente que apalancó el desarrollo
del país. Pero lo que recuerdan los habitantes de Barrancabermeja
y Arauca es el inicio de una guerra por el “oro negro”,
el comienzo de la destrucción progresiva de la cultura, la
intromisión forzosa y violenta de un modo de vida occidental
que desgarró poco a poco el tejido social, a tal punto, que
estas dos regiones desde entonces y hasta hoy, son un polvorín,
uno de los escenarios más complejos del conflicto armado
interno que vive el país.
Algo similar ocurrió en Casanare, sólo que sobre este
extenso departamento la historia ha omitido muchos detalles. En
1980 el pozo Cusiana-1 ofreció pruebas de la existencia de
volúmenes significativos de condensado y gas en la Formación
Mirador y dio señales de grandes reservas de hidrocarburos.
Posteriormente, en 1991, el pozo Cusiana-2A penetró profundamente
los intervalos de Mirador, Barco y Guadalupe y la exploración
del pozo Buenos Aires confirmó las dimensiones del descubrimiento.
Durante el año siguiente, se anunció la viabilidad
del yacimiento Cupiagua, en el Municipio de Aguazul, al noroccidente
del campo Cupiagua. En adelante todo el Casanare, y estos dos municipios
en particular (Tauramena y Aguazul), iniciarían una vertiginosa
transformación en su vida social, política, económica
y cultural. Ahora bien, este proceso de cambio rápido se
encuentra determinado de manera importante por la relación
entre empresas transnacionales y un Estado que poco o nada se interesó
en la defensa de la soberanía nacional. Así, aunque
algunos vieron en Casanare la emergencia de una sociedad opulenta,
el desarrollo de infraestructura y el crecimiento demográfico,
en el fondo comenzaba a producirse un complejo fenómeno de
conflicto social, de imposición económica y permisividad
estatal, que hasta hoy no valoramos en toda su dimensión.
La BP en Casanare.
Pese a que la empresa British Petroleum Exploration hizo presencia
en el país desde la década de los veinte, y luego
en los sesenta con pequeños negocios, sólo hasta 1986
estableció una presencia significativa a través de
la adquisición de terrenos en el piedemonte de la cordillera
oriental, por medio de contratos “Farm In”. El pozo
de Cusiana comenzó a ser explotado en el marco del contrato
de Asociación Santiago de las Atalayas conformado por las
empresas British Petroleum Exploration, Triton, Total y ECOPETROL.
Los pequeños negocios de la BP en Colombia se hicieron grandes
en la década de los noventa. En 1991, con la transformación
constitucional que vivió el país, la intendencia del
Casanare se convertiría en Departamento y la BP encontraría
un ambiente propicio para sus intereses. En efecto, para 1993, año
en que se formaliza la explotación y producción de
petróleo en Cusiana y Cupiagua, BP contaba con el 19% del
SDLA de Tauramena, mientras ECOPETROL tenía el 50% y el 19
y 12% se lo repartían respectivamente Total y Triton. La
extensión total del terreno que comprometía el contrato
era de 50.000 hectáreas. De otra parte, la empresa británica
era dueña del 100% de los intereses privados del piedemonte
en un área localizada al norte de los campos cusiana y cupiagua
y mantenía claros intereses en el Río Chitamena, Monterralo,
Recetor y Upía. El área de estas licencias comprendía
600.000 hectáreas.
Pero en esos primeros anos, la BP no solo se hizo a la operación
petrolera en estas tierras usurpando nuestros recursos y generando
impactos ambientales negativos como la destrucción de fuentes
de agua, alteraciones del ecosistema asociadas a la quema de gas,
daños en el suelo ocasionados por la sísmica, construcción
de carreteras sin planificación. Su estrategia para enfrentar
la realidad sociopolitica de una región signada por la presencia
de actores armados de izquierda y derecha, y comunidades organizadas,
fue bastante cuestionada.
La estrategia de seguridad de BP,
el paramilitarismo y el papel de la fuerza publica en los anos 90.
A raíz de la disminución de las existencias petroleras
en Arauca, los campos de Cusiana y Cupiagua, en el Departamento
de Casanare, fueron ganando una mayor preponderancia, concentrando
la atención tanto del gobierno nacional como de los actores
armados (guerrillas, paramilitares, ejercito). Sin tratarse de una
casualidad, como lo ratifica la denuncia de Amnistía Internacional
elevada en 1996, este auge del negocio del petróleo en el
Casanare se acompañó de la proliferación de
grupos paramilitares y de seguridad privada financiados por la misma
transnacional.
En efecto, la BP dispuso y patrocinó la presencia de mercenarios
extranjeros que apoyaban las operaciones extractivas. Como lo denuncian
varias organizaciones sindicales y de derechos humanos, “durante
el desarrollo de la construcción del oleoducto, Roger Browm,
coronel retirado del Special Army Services (SAS) de Inglaterra,
figuró como presidente en los documentos. La injerencia inglesa,
así como la presencia de mercenarios extranjeros fue clara
en la región. La investigación de un grupo colombo
británico de periodistas descubrió que durante el
desarrollo de la construcción del oleoducto, Brown intentó
contratar a un grupo de oficiales retirados del Ejército
israelí para entrenar paramilitares con importantes equipos
de guerra (helicópteros, armas, uniformes y munición),
negociaciones que se vieron interrumpidas a raíz de la publicación
de los hallazgos de la investigación periodística,
en el diario The Guardian, en Londres.
Aunque todo ello se dio a conocer, ninguna acción efectiva
se tomo al respecto. Como afirmó Amnistía Internacional
en su documento AI: AMR 23/044/1997, se elevaron varias denuncias
a la compañía petrolífera, entre ellas, vale
la pena mencionar las formuladas a través del programa televisivo
World in Action emitido en el Reino Unido, donde se afirmó
que la BP había firmado un contrato con Defence Systems Limited
(empresa privada de seguridad británica) para impartir cursos
de formación en técnicas contrainsurgentes que, según
los informes, incluían manejo de armas letales, fuego de
francotirador y lucha cuerpo a cuerpo, a una unidad policial encargada
de proteger al personal de BP y sus instalaciones de la región
de Casanare.
De la mano con la operación de estos grupos se ha desarrollado
un proceso de estigmatización de aquellos miembros de la
población local que participan en protestas legítimas
contra el impacto medioambiental causado por las compañías
petrolíferas. Luego del señalamiento a los líderes
sigue el asesinato, amenazas, desapariciones y torturas; prácticas
que configuran el cuadro de acciones conjuntas de la fuerza pública,
los paramilitares y los grupos de seguridad privada.
Al respecto Amnistía Internacional manifestó: “A
la organización le preocupa especialmente que los procedimientos
de seguridad empleados por Defence Systems Colombia (DSC), subsidiaria
de la empresa privada de seguridad Defence Systems Ltd., con sede
en el Reino Unido, pudieran contribuir a cometer violaciones de
derechos humanos contra la población civil. DSC tiene un
contrato con British Petroleum (BP), para llevar sus operaciones
de seguridad en Colombia y hasta 1997 tuvo también un contrato
con OCENSA, el consorcio de empresas propietarias del oleoducto
que va desde los yacimientos petrolíferos hasta la costa,
en el cual BP tiene participación junto con otras empresas
transnacionales.”
La formación contrainsurgente se acompañaba de fuertes
sumas con las cuales la BP contrato fuerza pública colombiana
para proteger sus negocios. Soberanía a cambio de dólares.
El New York Times, publicó un informe donde se señalo
que BP contrató a 500 soldados y 150 oficiales del ejército
colombiano para intensificar y asegurar las instalaciones petroleras
a lo largo del país. Se estima que BP pago en esos años
al rededor de 54 y 60 millones de dólares para protección
privada. En el presente, según nos han informado diversas
fuentes, la BP da un bono de entre 700.000 y 800.000 pesos a oficiales
y suboficiales del ejército colombiano de la brigada XVI
por su papel en la protección de la infraestructura petrolera.
Como ya hemos visto estos militares son los autores materiales de
ejecuciones extrajudiciales como las de Roque Julio y Daniel Torres
y Ernesto Cruz Guevara, asesinado el 23 de Abril de este año.
Adicionalmente se ha descrito apoyo bélico directo por parte
de esta empresa. Como afirma Amnistía Internacional, es alarmante
que DSC/OCENSA haya comprado material militar para la XIV Brigada
del ejército colombiano, que tiene un historial atroz de
violaciones de derechos humanos. Precisamente cuando DSC/OCENSA
compró material militar en 1997, un grupo importante de militares
pertenecientes a la XIV Brigada estaban siendo investigados por
complicidad en una matanza de 15 civiles desarmados en la localidad
de Segovia en abril de 1996 y por vínculos con organizaciones
paramilitares responsables de violaciones de derechos humanos generalizadas.
Las denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos por parte
del ejército colombiano y la BP en esos años son claras
y provienen de diversas fuentes. Por ejemplo, en 1998 el Parlamento
Europeo condenó al gobierno colombiano por su permisividad
ante la situación ocasionada por la petrolera. Desde allí
se: “Pide al Presidente de Colombia que publique íntegramente
el informe de su Comisión de Derechos Humanos sobre las actividades
de British Petroleum en Casanare y pide a las compañías
petroleras europeas que observen las normas más estrictas
de respeto de los derechos humanos y de protección del medio
ambiente, en especial considerando las condiciones de conflicto
en las que trabajan”
Por su parte la Unión Sindical Obrera USO denunció
el 15 de Febrero de 1999 una serie de irregularidades en la actuación
de la BP, relacionadas con el evidente apoyo británico para
la presencia de la empresa en Colombia, los incumplimientos y componendas
en los contratos realizados entre la BP y ECOPETROL, corrupción
y anuencia del mismo gobierno colombiano en relación a la
empresa, violación de los derechos de los campesinos y trabajadores
en la región, daños ambientales y la clara relación
que ya hemos descrito: BP, paramilitares, ejercito, empresas de
seguridad privada.
Sin duda, la BP ha traído al Casanare más problemas
que beneficios. Desde el asesinato de dirigentes como Carlos Arrigí
en abril de 1995 y las amenazas de muerte proferidas contra Alfonso
Chaparro, pasando por la muerte de campesinos y trabajadores, hasta
las detenciones masivas, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales
a mano de3l ejército colombiano que hoy se multiplican en
los campos del departamento, configuran un escenario de constante
vulneración del tejido social y de los derechos fundamentales
de la población, todo por cuenta de la economía transnacional.
El extermino de las organizaciones
sociales ¿Cómo olvidar?
La suerte de ACDAINSO es un ejemplo emblemático de la relación
entre la presencia de la transnacional BP y la eliminación
sistemática de una de las organizaciones sociales mas importantes
de de Casanare creada justamente con el objeto de ejercer un control
social sobre las actuaciones de la BP y contrarrestar los efectos
de la economía del petróleo.
ACDAINSO fue creada el 10 de Agosto de 1995 para representar a los
campesinos de 17 veredas que comprendían el corregimiento
del Morro en el municipio de Yopal Casanare. En ese año,
más de 100 delegados de este sector constituyeron esta forma
jurídica para que los representara ante las diversas instancias
gubernamentales y privadas (en este caso concreto con BPX) en el
tema particular del petróleo y el desarrollo campesino.
El momento de creación de la asociación fue crucial
para los habitantes de este corregimiento. En efecto, ella constituía
un mecanismo de resistencia frente al aniquilamiento organizativo
que se vivía en el departamento a manos de fuerzas estatales
y paraestatales. Así, mientras se desmoronaba el comité
ínter gremial UNIDOS POR CASANARE, se exterminaba a la Asociación
Departamental de Usuarios Campesinos ADUC de Casanare y desaparecía
el comité Pro pavimentación del Morro que aglutinaba
a 36 veredas del municipio de Yopal y dos del municipio de Nunchía,
ACDAINSO emergía como opción de organización
comunitaria.
No obstante, esta asociación comenzó a tener problemas
un año después de su conformación debido a
que desde allí la comunidad presionaba con más fuerza
para que se cumplieran a cabalidad los acuerdos firmados en 1994
con la empresa B.P.X. El ejercicio de soberanía y ciudadanía
que suponía la Asociación, motivó a las convivir
de Casanare, comandadas por Alias Chubasco, a enviar amenazas a
los dirigentes de ACDAINSO para que desistieran de su empeño.
Dicha amenaza causo zozobra dentro la población, no obstante,
no se hizo efectiva pues en ese momento los ojos de la comunidad
internacional estaban puestos en el morro.
Efectivamente, el asesinato de los dirigentes campesinos Carlos
Arrigí y Gabriel Ascencio, el atentado al campesino de la
vereda Marroquín, Segundo Suárez, el allanamiento
a la vivienda de Fanny Núñez, la detención
carcelaria de Hernando Càceres activista de la Anuc Casanare
y del presidente de la Asociación municipal de usuarios Campesinos
de Yopal, fueron hechos que atrajeron la atención de la comunidad
internacional sobre BP y sobre la región.
Resistiendo día a día ACDAINSO impulso la realización
de varios paros, marchas, foros y eventos en donde se evidenciaba
el incumplimiento de los acuerdos firmados entre la empresa B.P.X
y los campesinos. De este modo, para finales de 2002, la comunidad
del Morro realizo un paro de 45 días (mas largo que el de
1994). Allí no solo se insistió en la defensa de los
acuerdos antes mencionados, sino también, en aspectos relativos
a las condiciones laborales de trabajadores de BP.
Pero el resultado de esta labor de denuncia no fue muy alentador,
por cuenta de ello fueron amenazados Javier Fonseca presidente de
la asociación en el 2002 y Ramiro Sánchez Fiscal de
la misma. Dos años después, en el mes de septiembre
de 2004, Javier Vargas, Fiscal de la organización comunitaria,
fue asesinado y Fassio Olguín, Tesorero de la misma, sufrió
un atentado en su casa del cual salio ileso. Solo 10 días
separaron los hechos. Como una extraña coincidencia, en Febrero
de 2003 Jorge Guzmán representante de la sección de
relaciones con la comunidad de B.P.X en Yopal había expresado
estar cansado con el accionar de ACDAINSO agregando que esta organización
no los dejaba trabajar en el Morro. A esto se sumaron las declaraciones
de lugareños de este corregimiento según las cuales
la BP, la alcaldía Municipal de Yopal y la gobernación
de Casanare habían decidido acabar con ACDAINSO y crear una
asociación que respondiera a sus intereses.
En septiembre de 2004 es asesinado Oswaldo Vargas, tesorero de ACDAINSO,
y el 10 de mayo de 2005 es asesinado Parmenio Parra presidente de
la misma asociación junto con su acompañante. Luego,
el 6 de junio se hizo pública la detención de Héctor
Orlando Camargo, junto con dos de sus hijos y 5 campesinos más
del Morro. Las muertes continuaban, no obstante la justicia desviaba
su atención de los victimarios a las victimas. En efecto,
la fiscalía inicio proceso de investigación contra
ACDAINSO como nos lo relata un campesino: “por tal hecho entonces
de ahí que ya se vinieron investigaciones y empezaron a decir,
se empezaron a escuchar comentarios que esa organización
estaba pues quizásmente, quizás era organizada o de
alguna manera manipulada por la guerrilla cosa que nunca ha sido
cierto, pero esa era una sospecha y esa fue una de las causas, para
que esto viniera hacerse una investigación hasta llegar al
momento que la fiscalía fue y recogió los documentos
y los trajo para hacer sus averiguaciones y más tarde entregarla
nuevamente.”.
Ante el exterminio sistemático de sus líderes y gracias
a la persecución del mismo Estado, en julio de 2005 se dio
por terminada la vida de ACDAINSO. En el presente y pese al miedo,
la comunidad del Morro ha intentado rehacer una forma organizativa:
ASOJUNTAS DEL CORREGIMIERNTO DEL MORRO. El futuro de Asojuntas es
un poco incierto, tal como lo expresa un campesino del lugar: “pero
que de alguna manera ahora lo obligan uno a tener otra organización
y se queda uno dudando y dice entonces de aquí a cuando nos
volverán a quitar esa organización cuando volveremos
a decir se acabo ASOJUNTAS es decir cree uno y siente uno que esos
escudos políticos como que los tienen para ponerlos y quitarlos
cuando quieren”.
Las transnacionales del petróleo
y la realidad de Casanare hoy. ¿Un cambio de estrategia?.
Del paramilitarismo a la seguridad democrática.
Es 30 de marzo de 2007. Junto con la Fundación Comité
de Solidaridad con los Presos Políticos, los encargados de
derechos humanos de COS-PACC, realizan una nueva acción urgente
en respuesta al asesinato de dos nuevos campesinos de la región.
¡Cuando parará esto!. El documento que redactan dice:
“Los campesinos que habitan en la zona de la parte del pie
de monte del municipio de Aguazul-Casanare, desde el año
de 1996 a la fecha han sido victimas de estigmatizacion y sometidos
a toda clase de abusos y tratos crueles e inhumanos como son: la
desaparición, el asesinato, torturas, judicializaciones,
amenazas desplazamientos, detenciones masivas y arbitrarias, afectando
al conjunto de pobladores del sector.”
Según informaron los habitantes de la vereda Alto Cupiagua,
“en el municipio de Aguazul, departamento de Casanare, el
día viernes 30 de marzo del año en curso siendo aproximadamente
las 12 del día, efectivos del Gaula adscritos a la decimosexta
brigada del ejército nacional, detuvieron a YEFER ARNOLDO
MORA SANABRIA de 21 años, WILLIAM MARTINEZ SUAREZ de 17 años
y GUSTAVO MORA SANABRIA de 16 años.” Posteriormente
se conoció que las personas detenidas habían sido
reportadas por el Gaula como subversivos dados de baja en combate.
Entre el 2001 y el 2006 el CINEP documentó más de
53 casos entre abusos de la fuerza pública, asesinatos, ejecuciones
extrajudiciales y desapariciones con la presunta responsabilidad
de grupos paramilitares, ejército nacional, DAS, Gaula, entre
otros. Tan sólo en lo que va corrido del 2007 se han presentado
más de 12 casos de ejecuciones extrajudiciales en el Municipio
de Aguazul. Si a esto sumamos cientos de muertos enterrados en fosas
comunes y desaparecidos a manos de los paramilitares que aún
no han sido hallados, así como múltiples casos en
los que familiares de víctimas no han denunciado por miedo,
resulta evidente que la región de Casanare vive una aguda
crisis de derechos humanos.
¿Cómo explicar esta situación cuando supuestamente
el cambio de estrategia de la BP, la política de seguridad
democrática de Uribe y la desmovilización paramilitar
han logrado una pacificación del departamento y una “sana”
relación entre la economía petrolera y el desarrollo
regional? Hoy nos queda claro que esta situación humanitaria
está relacionada con una estrategia para el área petrolera
de Casanare que ha sido concertada entre la BP y el ejército
colombiano, la cual se compone de varios elementos como la seguridad
(estrategia de guerra sucia), los programas sociales (desarticulados
al plan de desarrollo regional y asistencialistas), entre otros.
Si bien el paramilitarismo y algunos sectores del ejército
se encargaron de eliminar las organizaciones sociales de Casanare
en los años 90 y hasta el 2004; organizaciones que ponían
en jaque a la BP en materia de responsabilidad ambiental e inversión
social; en el presente la política de seguridad democrática
es la política bajo la cuál, a nombre de la lucha
contrainsurgente, se eliminan líderes sociales y campesinos
organizados que resultan un obstáculo para los intereses
transnacionales. De este modo las desapariciones y masacres del
paramilitarismo hasta el 2004 han dado paso a las ejecuciones extrajudiciales
a manos del ejército y la fuerza pública. O en otras
palabras, la defensa del petróleo en la región ha
transitado del paramilitarismo a la seguridad democrática,
es decir, que la bandera del presidente Uribe constituye menos una
política de pacificación de la nación, y más
una estrategia para garantizarle un escenario propicio a las transnacionales.
En ello tienen razón algunos miembros del gobierno Uribe.
Durante los últimos años hay un mayor despliegue de
fuerza pública en el país y un proceso de desmovilización
de paramilitares, lo cual ha significado una mayor confianza para
la inversión extranjera. Sin duda. El problema es que por
una parte, la militarización sólo ha traído
atropellos al campesinado, a los líderes sociales, incluso
a niños. Un costo bastante alto y cobarde para pacificar
un país. Por otra, la desmovilización es una profundización
de la impunidad, el tejido social no se reconstituye simplemente
con actos de buena voluntad, sino con una justicia efectiva. Y finalmente,
la afluencia de empresas e inversionistas extranjeros produce una
mejoría de la economía para los ricos, mientras que
a los pobres sólo les trae más muertes, más
daños ambientales, más sumisión.
¿Cuál es la responsabilidad de BP en todo ello? Esta
pregunta debemos responderla entre todos. ¿Qué hacer?
Es fundamental enfrentar esta problemática desde varios ámbitos.
En primer lugar se hace preciso investigar con seriedad los elementos
que explican la situación del petróleo en el Casanare
(romper el ocultamiento). De la mano con ello debemos comprometernos
a realizar campañas (actuar) dirigidas a detener el consumo
de los productos de la BP (productos manchados con sangre de campesinos
colombianos) y a organizar a nuestras comunidades para exigir un
manejo responsable de la economía petrolera.
En otro nivel, es necesario denunciar y juzgar al gobierno colombiano
y a la BP ante organismos supranacionales y ante la comunidad internacional
(romper el silencio y la impunidad). El Tribunal Permanente de los
Pueblos y la campaña petrolera que se adelanta en Colombia
son uno de los escenarios propicios para ello.
Pero si estas medidas ayudan parcialmente a cambiar la situación
de la región, lo que esta en el fondo del debate es el tema
de la soberanía de los recursos. Y hacia allá deben
apuntar en el largo plazo todos los esfuerzos de las organizaciones
sociales. Sólo en el momento en que los colombianos puedan
decidir sobre la extracción, la transformación y el
uso de sus recursos será posible detener la exfoliación
de los mismos por parte de las Transnacionales. Sólo nacionalizando
el petróleo, será posible fabricar un modelo de desarrollo
y de vida que regule el uso del crudo en función de la preservación
del ambiente, articular las ganancias de ese negocio a planes de
vida pertinentes para los colombianos y detener un conflicto social
y armado que descansa de manera importante en las inequidades sociales
y la sujeción del país a las economías y los
poderes internacionales.
Corporación Social para la Asesoria y la Capacitación
Comunitaria. Organización social y campesina de Colombia
Durante el siglo XIX Colombia vivió un sinnúmero de
guerras internas propias del proceso de consolidación de
la República. Nuestro siglo XX comenzó con la guerra
de los mil días, o la confrontación a muerte entre
liberales y conservadores que terminó con un débil
acuerdo de paz y la pérdida del canal de Panamá. Las
tensiones de una sociedad desigual se expresaron nuevamente en la
época de la violencia entre liberales y conservadores, durante
las décadas de 1940 y 1950, momento que costo miles de vidas
a lo largo y ancho del país. A principios de 1960 se configuraría
lo que hoy conocemos como conflicto armado interno. Este conflicto
consiste en la confrontación militar y política entre
organizaciones insurgentes de izquierda que surgieron en diferentes
momentos (FARC, ELN, EPL, M-19, entre otras) y el Estado colombiano.
En la actualidad las dos guerrillas más importantes que mantienen
esta lucha son el ELN y las FARC, con la aparición de grupos
paramilitares auspiciados por el Estado para combatir a la insurgencia.
Municipio de Tauramena.
En el país han existido contratos de concesión, asociación
y explotación directa por ECOPETROL. Las dos primeras modalidades
componen la mayoría de contratos y por ende, suponen un enriquecimiento
significativo de las empresas transnacionales en comparación
a lo que le queda al Estado Colombiano. Claro, es preciso decir
que los contratos de concesión fueron suspendidos en 1974
por medio del Decreto 2310 de ese año y sólo se mantienen
en el presente aquellos que se firmaron antes de dicha fecha.
Estos modelos de seguridad privada son el correlato de las iniciativas
que en materia de recursos energéticos se han trazando los
Estados Unidos y otras potencias en otros lugares del mundo: "…en
entornos inestables, las sociedades de seguridad privada pueden
tener que ocuparse de temas de seguridad, tales como ocuparse del
control de protestas y muchedumbres, coordinando con las fuerzas
estatales, ó suministrar una seguridad armada a las instalaciones
y al personal". Dicha política fue evidente en Casanare,
puesto que las protestas de los trabajadores y cualquier manifestación
de la población contra la empresa durante los años
90 fueron violentamente reprimidas por las fuerzas de seguridad
mixta.
Amnistía Internacional, “Colombia: La compañía
petrolífera British Petroleum (BP) se expone a alimentar
la crisis de derechos humanos mediante formación militar.”,
AI: AMR 23/044/ del 30 de Junio de 1997.
Amnistía Internacional, “Amnistía Internacional
renueva su llamamiento a las compañías petroleras
que operan en Colombia para que respeten los derechos humanos”,
ÍNDICE AI: AMR 23/79/98/s
13 DE OCTUBRE DE 1998.
Madrid, 3 de noviembre de 1996
Asociación Comunitaria Por el Desarrollo Social y Agroindustrial
del Morro (ACDAINSO)
Hay otros ejemplos como la eliminación de los miembros de
la ADUC de Casanare, la destrucción de ASOCOCHARTE, etc.
Organizaciones de autodefensa auspiciadas entre otros, por el hoy
presidente de Colombia: Alvar Uribe Vélez.
Cabe anotar que Orlando Camargo fue miembro de la junta directiva
del comité pro-pavientación del Morro en 1994
Entrevista a ex-dirigente de ACDAINSO.
Denuncia pública elevada por FCSPP y COS-PACC
Algunos casos incluyen varias víctimas.
Archivo de derechos humanos de COS-PACC
Hay que aclarar que varias organizaciones sociales consideramos
que dicho proceso de negociación es más una legalización
de los paramilitares que una entrega real. Muchos de ellos siguen
delinquiendo, asesinando, masacrando y extorsionando. Sus líderes
son tratados con complacencia por parte del gobierno y hasta el
momento muy pocos han sido juzgados. Adicionalmente la gran mayoría
no han entregado ni los recursos ni las propiedades que quitaron
a los campesinos y además, desean seguir participando en
política, pues desde hace tiempo la para-política
se venía desarrollando en el país.
De hecho una de las mayores críticas al gobierno de Uribe
es la ausencia de políticas sociales claras y decididas.
Si bien las cifras de la economía han subido y hay una apariencia
de mejoría en el orden público, la realidad es que
en los campos la gente sigue muriendo de hambre como en el departamento
del Choco, o bien, asesinados por el ejercito y los reductos paramilitares.
Estas muertes no se presentan públicamente, por ello nadie
se entera ni siquiera aquí mismo, en las ciudades colombianas
de tan cruda realidad.
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