Gloria
Cuartas , testigo de 1200 crimenes.
Mujeres
muy valientes
La Entrevista : 'Me convertí en una mujer incómoda'.
El País- Cali 5 octubre 2008.
Gloria Cuartas, la
mujer que presenció los horrores de la violencia en Urabá
y levantó la voz para denunciar sin ser escuchada y sí
satanizada por quienes han sido objeto de sus denuncias, rompe el
silencio.
Por Margarita Vidal
Hace doce años, durante una visita a Cali, cuando era alcaldesa
de Apartadó, Gloria Cuartas, quien acababa de recibir un
reconocimiento mundial de la Unesco por su trabajo en pro de la
paz en el Urabá antioqueño, se emocionó hasta
las lágrimas cuando los estudiantes del Colegio Berchmans
no sólo la acogieron y le manifestaron su apoyo, sino que
la aplaudieron a rabiar durante su exposición, inscrita en
los actos de paz que se realizaban en Cali.
Gloria pedía a los caleños aprovechar la capacidad
de convocatoria, frente a los procesos de pacificación, del
obispo monseñor Isaías Duarte Cancino, quien se había
destacado por su heroica gestión en la mencionada zona bananera
de Antioquia. El prelado sería asesinado seis años
después cuando salía de celebrar una misa en la parroquia
del Buen Pastor, del barrio Ricardo Balcázar.
Gloria,
una mujer hecha de garra y valor, que presenció los horrores
de la violencia en Urabá, que levantó la voz para
denunciar y señalar sin ser escuchada, que ha sido satanizada
y estigmatizada por quienes han sido objeto de sus denuncias, que
ha sido perseguida y amenazada de muerte, que levantó cientos
de cadáveres en su condición de alcaldesa, es una
sobreviviente.
Ella ha afrontado estoicamente las duras consecuencias por su decisión
de ser la voz de las víctimas y por librar sucesivas batallas
en contra de la impunidad de los victimarios. Hoy continúa
su labor comunitaria en la capital y ve cómo se cumple esa
ley no escrita, pero inexorable de que 'el pasado no perdona': la
Fiscalía General de la Nación ordenó la captura
del General (r) Rito Alejo del Río, quizás el militar
más cuestionado en la historia reciente del ejército
colombiano y cuyo nombre aparece en varios informes de organismos
internacionales sobre violaciones a los derechos humanos.
Considerado
por ONG como símbolo del terrorismo de Estado, el general
Rito Alejo ha sido aclamado por algunos como el héroe que
logró la pacificación de Urabá, a través
de su gestión al frente de la XVII Brigada. Sólo que,
según numerosas denuncias, ésta se hizo en alianza
con los paramilitares.
Gloria Cuartas y el sacerdote jesuita Javier Giraldo, vocero de
la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, han sido
llamados a declarar en este nuevo proceso, luego de años
en que sus voces han clamado en el desierto. ¿En vano? La
justicia lo dirá.
Sé que ha tenido años de un proceso durísimo,
¿cómo llegó a Bogotá?
Vine a Bogotá porque la Red Nacional de Mujeres me acogió
ya que era difícil llegar por muchas razones: por mi posición
política, por mi manera de ver la situación del país,
porque a veces me convertí en una mujer incómoda.
Entonces me decían: me alegra mucho verte, que buena tu valentía,
pero aquí no hay trabajo. Pasé cinco años en
situaciones muy difíciles, acompañando procesos comunitarios,
más por opción personal que por vínculos laborales.
¿Quiere
eso decir que su valerosa actitud de denuncia le pasó cuenta
de cobro?
Todo tiene un costo. Podría haber optado por el silencio
y la comodidad aquí o fuera del país.
Pude haber aceptado cargos por fuera o haberme acomodado en una
estructura donde no pasara nada. Hoy tengo 48 años, y los
últimos 13 los he pasado batallando, porque Apartadó
cambió mi vida.
¿En qué sentido?
Todo lo que yo había hecho en diferentes partes del país
como trabajadora social dentro de una posición política
y ética se define en Apartadó. Haber sido testigo
de 1.200 crímenes, ver decenas de mujeres violadas y asesinadas,
de presenciar cómo le cortaban la cabeza a un niño
y me la tiraban a mí, de ver como mataban ancianos, me indicó,
en un momento determinado, que ya no tenía nada qué
perder y que iría hasta el final, fuera como fuera y sin
importar escaseces.
En el momento en que le quitan la cabeza a César Augusto,
un niño de doce años, estudiante de una vereda, Victoria,
otra niña que estaba conmigo, me indica que nos escondamos
debajo de una cama y me dice: Los niños de la escuela no
la vamos a dejar matar. Entendí que yo tenía que asumir
una actitud hacia el futuro y que ese futuro no dependía
de estar allá.
Aunque tuviera que salir de la zona, por muchísimas razones,
tenía que seguir trabajando para que se esclareciera la situación
de la región, para que se supiera qué ocurrió
allí entre 1995 y 1997 y que el país no ha querido
afrontar.
Era
la época de la 'pacificación'. ¿Cómo
analiza usted esa estrategia que, entre otras cosas, ha vuelto a
poner en la picota al general Rito Alejo del Río?
Yo me posesioné el 1 de enero de 1995, a través de
un acuerdo básico que se llamaba Consenso por la Paz, donde
estaban todas las fuerzas sociales y políticas de la zona.
Por un lado se hablaba del acuerdo regional humanitario encaminado,
supuestamente, a buscar nuevas salidas políticas en la zona
y, por el otro lado, se veía venir el diseño de una
política, de un plan estructurado, planificado y pensado
para eliminar a la izquierda.
En esa época se hablaba de la Operación Génesis,
¿qué fue?
Un plan, una estrategia de exterminio. Operación Génesis
no arranca necesariamente en el 95, ya estaba pensada desde mucho
antes y se puso en marcha en ese año porque es el momento
en que se transforma el uso del suelo en la región de Urabá.
¿Era un plan para eliminar a la izquierda y facilitar el
retorno de los partidos liberal y conservador a la zona? ¿Se
trataba de acabar con la guerrilla sin negociación y para
ello había que empezar en un campo experimental como el de
Urabá? Yo venía de hacer un acompañamiento
de la
Unión Patriótica, en la que muchos veían como
una nueva oportunidad política para el país, pero
todo se había ido derrumbando.
Era una situación terrible. Los concejales de Urabá
me decían que trabajara por el acueducto, el alcantarillado,
la energía y que no me metiera en los asuntos de orden público
porque eso estaba a cargo del gobernador, que era Álvaro
Uribe Vélez.
Hoy puedo afirmar que todo ese proceso no se trató de acciones
aisladas, ni que a un general se le ocurriera hacer alianzas con
Carlos Castaño o que Pedro Juan Moreno, por opción
personal, le diera personería jurídica a Papagayo,
la cooperativa de las Convivir o que al azar se estuvieran consolidando
las nuevas políticas de la zona. Allí había
un plan pensado, estructurado y ejecutado con precisión.
Pero también la acción de las guerrillas era aterradora...
Claro, las acciones de las Farc o del Epl en la región del
Urabá fueron muy graves, pero no creo que la decisión
de eliminar a la población civil como una forma de eliminar
a la guerrilla, haya sido la acertada. Yo creo que hubo una decisión
política de eliminar todo el movimiento social del Urabá
y hablo especialmente de
Apartadó. Las masacres se sucedían unas a otras y
veinte mil hectáreas de tierra fueron desalojadas.
Tuvimos registro oficial de cientos de familias despojadas, hombres,
mujeres y niños, y todo lo fuimos documentando con el Comité
de Medicina Legal que se estableció con distintas entidades
y todo quedó debidamente certificado.
Yo creo que la captura de Rito Alejo del Río hoy tiene implicaciones
muy serias que el país no alcanza a dimensionar ni siquiera
cuando yo misma asumo la responsabilidad de plantear que cualquier
investigación al general Rito Alejo, la que sea, necesariamente
toca al Presidente de la República, porque Rito Alejo era
el comandante de la XVII Brigada y Álvaro Uribe era el Gobernador
de Antioquia.
Bien lo dice Fernando Londoño en alguna de sus columnas:
'Gracias a la decisión del presidente Uribe, gobernador en
ese entonces, Rito Alejo logró pacificar la zona'.
Qué cree que pasará con Rito Alejo?
Hicimos un derecho de petición al Fiscal General en el que
le decimos que es muy importante que asuma personalmente el caso,
porque no puede volver a suceder que lo dejen libre por errores
de procedimiento.
Usted nombró la cooperativa de las Convivir, 'Papagayo',
¿qué tuvo que ver con el tema de la violencia de Urabá?
Tengo
este documento firmado por el gobernador Álvaro Uribe Vélez,
Resolución No.42360 de noviembre de 1996, reconociendo la
Personería Jurídica a la entidad denominada Asociación
Convivir Papagayo, con domicilio en el municipio de Carepa, Antioquia.
Como recordará,
Papagayo fue la que recibió los recursos de Chiquita Brands
para montar la estructura que desencadenó en la región
del Urabá antioqueño la eliminación sistemática
de las personas. Cuando a mí me dicen muestre una prueba,
yo muestro ésta. Es una prueba material. El Heraldo de
Urabá, un periódico local que cubría todos
los conflictos regionales, registró todos los hechos para
que los interpretara la historia y si hoy uniéramos esos
textos a las versiones de HH, a las mías y a las de tantos
otros, en la Fiscalía podrían armar el rompecabezas.
La gran pregunta es:
¿Quién se atreve a armar ese rompecabezas?
Podría ser el Fiscal, porque de lo contrario, ¿por
qué ha abierto el caso de Rito Alejo?
Yo creo que se hará hasta lo imposible para depositar la
culpabilidad de todo en Rito Alejo del Río. Y quiero manifestar
esa preocupación porque el responsable no es única
y exclusivamente el general del Río.
Suponiendo que ocurriera nuevamente -y supuestamente en contraevidencia-
una exoneración del general del Río, queda de todas
maneras una instancia más alta que es la Corte Penal Internacional,
que tiene la lupa sobre Colombia.
¿Estaría dispuesta a ir hasta allá?
Pues claro. Lo que yo le digo es que hay un grupo de abogados que
me acompañan y que no vamos a desistir. El tiempo me ha enseñado
que esto es largo y que hay que tener paciencia.
Han pasado 13 años y yo cada día recuerdo el nombre
de las víctimas y veo que en San José de Apartadó
hay hoy, nuevamente, una estructura paramilitar que tiene el control
económico, político y social de la región.
Esa es una realidad actual.
El periodista Daniel Coronel hace un año hizo una denuncia
pidiendo explicaciones para la 'racha inexplicable y fatal' que
ha ido acabando a quienes se han atrevido a atestiguar en contra
del General Rito Alejo del Río y se refiere, entre otros,
a Oswaldo de Jesús Giraldo...
Sí. Los abogados que acompañaron ese proceso están
en Bogotá y son testigos de que ya estaba toda la denuncia
lista. El CTI estaba al tanto, pero llega un miembro del equipo
de abogados del general Rito Alejo y lo amenaza diciendo que si
no se retracta acaban con su familia. Fue tanta la presión
que él advierte que lo van a matar, y a su familia, y que
él se retracta. Así lo hizo y sin embargo al salir
de la cárcel lo mataron.
Está, por ejemplo, el caso de Pedro Juan Moreno, que había
empezado a contar cosas en su periódico La Otra Verdad. Yo
estoy segura de que Pedro Juan fue eliminado por las estructuras
que rodean al presidente Uribe.
¿Pero por qué?
No
es que él no esté implicado. Está implicado.
Y le digo que si algo ha caracterizado al presidente Uribe es la
capacidad absoluta de borrar pruebas. Entonces siempre aparece impecable,
inocente, como el padre protector que trae el orden, pero de él
no se sabe nada. Por eso, que Gloria Cuartas diga cosas, que denuncie
y que acuda a las instancias judiciales, sólo significa que
habla mucho o que está loca. No se le da credibilidad a mis
palabras y a las experiencias que viví. Pero resulta que
lo mismo que yo he dicho siempre lo estaba publicando también
Pedro Juan y cuando empieza a hacerlo, en su periódico
La Otra Verdad, muy convenientemente se muere. Yo no creo en el
accidente de Pedro Juan. Él podía morirse de cualquier
otra manera, pero no por un problema de seguridad.
¿A qué le apunta usted ahora?
Vamos a trabajar muy duro en el tema de la justicia en las instancias
nacional e internacional porque todos los casos los cerraron por
falta de pruebas- entre comillas- Ni siquiera cupo la responsabilidad
por omisión.
Era sencillamente imposible que hubiera sucedido lo que sucedió
cuando había más de 16 mil hombres en las Brigadas
Móviles de la región del Urabá, a menos de
media hora entre Carepa y Apartadó y que se hubiera presentado
un cuadro criminal como el que sucedió.
A esto añádale el maltrato a las autoridades locales,
la arrogancia del ejército, la creación de las zonas
especiales de orden público. Para mí, Urabá
fue el laboratorio de lo que se conoce como Política de Seguridad
Democrática'.
¿Dónde entra Uribe?
Álvaro Uribe como gobernador hizo tres cosas: la zona especial
de orden público -entregar a los militares el control de
zonas, pasando por encima de los alcaldes y los concejales elegidos
por el pueblo-. Un poder militar por encima de todo. En segundo
lugar, las Convivir: legalización del paramilitarismo antes
de la Ley de Justicia y Paz. Una de ellas autorizada por él,
y tres: instalar todo un discurso de fuerza en la zona como vía
para encontrar la llamada pacificación de entonces.
Ese modelo lo que hizo fue replegar de la zona a la guerrilla, reordenar
el uso del suelo en una zona en la que, aún en los días
mas críticos, hubo la más alta rentabilidad económica.
En fin, es una larga y triste historia que tiene que aclararse.
Por eso creo que la vía Rito Alejo del Río puede conducir
a otro infierno. Allí están implicados empresarios,
tal como ocurrió en otras regiones del país, cuyos
nombres tienen que revelarse.
¿Dónde están hoy los políticos de la
zona? ¿Dónde están los responsables? Yo por
eso no creo en la Ley de Justicia y Reparación. Algo muy
endeble e improvisado que de todas maneras sufrió un golpe
de muerte con la conveniente extradición de los 14 jefes
paramilitares. Las víctimas piden justicia y la única
manera de conseguirla y de que el país empiece a sanar de
unas heridas tan horrendas, es que se sepa la verdad.
El episodio del niño al que le arrancaron la cabeza, ¿cómo
sucedió?
Fue entre julio y agosto del 96 en la Escuela La Cadena, César
Augusto, un niño de 12 años, vio que los paramilitares
pintaban consignas en la pared. Cuando yo llegué con el resto
de los niños me contaron que César Augusto había
sido testigo de la acción de los paramilitares.
Cuando miré hacia atrás de la escuela los paramilitares
habían cogido al niño y delante de nosotros le quitaron
la cabeza y nos la arrojaron. Yo permanecí allí como
5 horas con los niños, en medio de una balacera, porque la
Cruz Roja Internacional no entró dizque porque no había
condiciones.
El general Rito Alejo dijo después: 'Eso no pasó.
Esas son visiones suyas. Usted va a tener que buscar ayuda'. Decirme
eso a mí que había visto a la mamá con el cuerpo
del niño y a su hermanita con la cabeza. No. Ni fueron visiones,
ni estuve, ni estoy loca. Lo que vi lo vi.
Todo sucedía mientras yo le insistía al general Rito
Alejo que hiciera algo porque los paramilitares estaban acabando
con todo. 'Haga algo
General', le decía yo. Mientras tanto él se reunía
con ellos en la finca de Augura, en el Club Social, en San Pedro
de Urabá
|