DeVer 224 CRIMEN DEL TESTIGO OSWALDO DE JESUS
Golpe de gracias para los victimarios en el Chocó y el
Urabá
El artículo de IVAN CEPEDA, una carta del Padre JAVIER
GIRALDO vuelve a traer en el presente el mecanismo de impunidad,
bajo el cual se ha pretendido sepultar las responsabilidades institucionales
en Crímenes de Lesa Humanidad, es la persecución
y el crimen del testigo
El 9 de marzo de 2004 el Fiscal General de la Nación de
Colombia LUIS CAMILO OSORIO ISAZA profirió resolución
de fondo ordenando precluir la investigación a
favor del General ® RITO ALEJO DEL RIO ROJAS dentro de la
investigación penal que adelantó directamente
en su despacho por crímenes perpetuados entre 1996 y 1997
contra comunidades campesinas afrodescendientes, mestizas e indígenas
del Urabá antioqueño y bajo Atrato chocoano.
Una vez más se evidenció que en Colombia la impunidad
es estructural, cuando se trata de investigar y sancionar a los
responsables de crímenes de Lesa Humanidad, y mucho más
si sus responsables tienen altísimos cargos en la Brigadas
Militares. La decisión del Fiscal General de la Nación
en nada sorprendió. Era la consecuencia lógica de
un expediente que se fue hilando como un "monumento procesal"
a demostrar con la “verdad” jurídica que el
alto oficial del ejército era inocente, ajeno en la ejecución
de los crímenes que perpetraron él y sus hombres
pertenecientes a la Brigada 17 en estrategias combinadas de regulares
con estructuras de "civiles" armados de la estrategia
militar encubierta del Estado.
Este año, uno de los testigos, que valientemente, en medio
de presiones a él y a su familia en un acto de libertad
de conciencia denunció inicialmente el desarrollo de la
estrategia paramilitar y la responsabilidad del General RITO ALEJO
DEL RIO en crímenes de Lesa Humanidad, OSWALDO DE JESUS
GIRALDO YEPES, el pasado 2 de abril de 2005, luego de ser presionado
para ser parte de la filas de la estrategia paramilitar fue asesinado.
Si bien OSWALDO se retractó de las acusaciones que formuló,
su decisión no obedeció a que afirmó mentiras.
La verdad por el sustentada coherentemente, sin contradicciones,
diafana y transparente y precisa, trato de ser desvirtuada por
mecanismos dentro del proceso penal, pero también, con
amenazas de muerte a él y a su familia. Esa situación
lo colocaron en la situación limite de salir con vida de
la cárcel para vivir con sus seres queridos por un tiempo
o morir en ella.
Luego de negarse bajo la persistente presión a hacerse
al lado de los victimarios y de la estructuras de impunidad OSWALDO
DE JESUS fue asesinado.
En la memoria de OSWALDO, se trae del pasado y del presente, el
crimen de DANIEL ARCILA en Trujillo, o de los testigos en el caso
del Padre ALVARO ULCUE CHOCUE, o el de los testigos del asesinato
de YOLANDA CERON, perseguidos, y asesinados.
Quien se negó a investigar a fondo al General RITO ALEJO
DEL RIO y el Crimen de OSWALDO, hoy goza el privilegio de ser
embajador en Italia, el ex Fiscal LUIS CAMILO OSORIO. Y quién
es el responsable de crímenes de lesa humanidad se prepara
para participar en una de las listas uribistas para llegar al
Congreso de la República, el ex general RITO ALEJO DEL
RIO…. No es de extrañar, hoy quiénes son responsables
de crímenes de lesa humanidad, quienes gozan de impunidad,
quienes dejaron de investigar son activos en el espacio de la
política. La justicia es la impunidad, la reparación
es el victimario y el responsable de la impunidad en cargos públicos.
Adjunto el artículo de Iván Cepeda en el
Semanario El Espectador, 13 de noviembre de 2005
OSWALDO DE JESUS GIRALDO YEPES
Iván Cepeda Castro
El sacerdote Javier Giraldo me envía un revelador testimonio
que ilustra la perversión de la verdad en casos de crímenes
atroces cometidos bajo las órdenes de altos mandos militares:
“Un hecho que ha permanecido oculto ante el país
es el asesinato, el 2 de abril de 2005, en Yarumal, Antioquia,
del ex soldado Oswaldo de Jesús Giraldo Yépez. Había
sido uno de los testigos más valerosos en el proceso penal
que se siguió contra el general Rito Alejo del Río
por su apoyo al paramilitarismo en Urabá y por los centenares
de crímenes relacionados con esa estrategia.
Oswaldo ingresó al Ejército en 1991. En 1993, fue
adscrito a la Brigada XI de Montería, donde vivió
la práctica del accionar conjunto militar-paramilitar bajo
la comandancia del coronel Carreño Sandoval, quien, según
su testimonio, albergaba en la brigada a Castaño y a Mancuso.
En 1995 pasó a la Brigada XVII en Carepa, comandada por
el general Del Río. En esa época presenció
los horrores que más le repugnaron y que denunció
ante la Fiscalía y la Procuraduría, pues sus comandantes
actuaban en unidad de acción con los paramilitares. Fue
testigo de masacres que se hacían figurar como enfrentamientos
armados, táctica que entre sus compañeros llegó
a tomar el nombre de ‘legalizar muertos’.
Escapó a un atentado en Mutatá luego de expresar
su inconformismo con ese tipo de acciones. Logró que lo
reubicaran, primero en la Brigada Móvil Nº 3 y después
en la Cuarta Brigada de Medellín, descubriendo en ambas
unidades idénticas estrategias de alianza con el paramilitarismo,
lo que lo llevó a pedir la baja. A poco tiempo de retirarse
del Ejército presenció la muerte violenta de un
hermano suyo en Yarumal, por haber denunciado la connivencia de
la Policía con los paramilitares. Luego fue detenido por
‘concierto para delinquir’, pues sus propias declaraciones
se usaron para acusarlo. Desde la cárcel de Santa Rosa
de Osos siguió formulando denuncias. En las numerosas notas
que envió desde la prisión a la Fiscalía,
quedaron huellas de intentos de soborno y de amenazas de paramilitares
que le tendieron también un cerco de terror a su familia.
Allí mismo reveló que estaba al borde del suicidio.
Esas enormes presiones le obligaron a retractarse el 9 de diciembre
de 2002. Si el precio de ello fue su vida o su libertad, es un
misterio, pero quienes lo encontraron en la cárcel esa
semana lo vieron llorar, afirmando que se sentía el ser
más miserable del planeta porque lo habían obligado
a mentir. Para quienes conocimos el expediente y cotejamos sus
denuncias con otros numerosos elementos probatorios, era evidente
que tal ‘retractación’ era fruto de una extrema
violencia.
El 15 de diciembre de 2003 fue dejado en libertad y regresó
a su tierra, donde ya su madre había sido sepultada agobiada
por el dolor. Esa ‘libertad’ era sin embargo vigilada
de cerca por los paramilitares. Un grupo de ellos le hizo una
visita para obligarlo a trasladarse a la hacienda La Carolina,
ubicada en el corregimiento de Los Llanos de Cuivá, que
ha sido mencionada como centro de actividades paramilitares supuestamente
dirigidas por familiares del presidente Uribe. Oswaldo se negó
rotundamente a unirse a los paramilitares.
Al día siguiente le dispararon por la espalda. El fiscal
general Luis Camilo Osorio rehusó investigar las presiones
que obligaron a la ‘retractación’. En cambio
se pronunció por la preclusión en favor del general
Del Río. Ciertamente Oswaldo no es el primer testigo incómodo
que termina así su vida. Miles lo han precedido. Ojala
un día el país reaccione frente a esta ‘justicia’,
que de justicia sólo tiene su reverso”.
Javier Giraldo, S. J..
Bogotá, D.C 13 de noviembre de 2005
COMISION INTERECLESIAL DE JUSTICIA Y PAZ