¿un muerto muy oportuno?
Serie sobre los derechos de las víctimas y la aplicación de la ley 975*
Las responsabilidades en la masacre de El Aro: una verdad por desentrañar
Asesinado
el 23 de abril Francisco Villalba, ex paramilitar que afirmó que el hoy
presidente Uribe estuvo vinculado a la masacre.
El
16 de noviembre de 2008, el paramilitar Salvatore Mancuso aseguró, en
audiencia de versión libre desde Estados Unidos, que un helicóptero de
la Gobernación de Antioquia había hecho presencia en desarrollo de la
masacre que perpetraron grupos paramilitares en conjunto con miembros
de la IV Brigada del Ejército nacional en el corregimiento de El Aro,
ubicado en el municipio de Ituango (Antioquia), en octubre de 1997.
Este jefe paramilitar además aseguró que Pedro Juan Moreno, quien al
momento de la ejecución de la masacre se desempeñaba como Secretario de
Gobierno de la Gobernación de Antioquia y era uno de los amigos más
cercanos del entonces gobernador y actual Presidente de la República,
Álvaro Uribe Vélez, tenía conocimiento de la masacre que se iba a
perpetrar en este corregimiento. Según el propio Mancuso, Moreno y él
habían sostenido reuniones por lo menos en diez oportunidades para
planear la creación de las denominadas “Convivir”.
Salvatore
Mancuso ya había mencionado en otras diligencias de versión libre la
presencia de un helicóptero de la Gobernación de Antioquia en el
momento en el que se estaba ejecutando la masacre. En efecto, el 15 de
enero de 2007, en diligencia de versión libre ante la Unidad de
Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación, Mancuso aseguró que
con motivo de esta masacre sobrevolaron e hicieron presencia en la zona
cuatro helicópteros. Uno de ellos fue identificado por Salvatore
Mancuso como de la Gobernación de Antioquia.
Ante estas
afirmaciones surgen muchas preguntas sobre el papel que tuvieron la
Gobernación de Antioquia y el Gobernador de entonces en esta masacre,
pues ni las víctimas ni la sociedad cuentan aún con explicaciones sobre
la presencia de un helicóptero de la Gobernación de Antioquia en la
masacre y sobre su inacción frente a las atrocidades que estaban
cometiendo paramilitares y miembros de las Fuerza Pública contra la
población de ese corregimiento, máxime cuando tanto autoridades civiles
como militares estaban al tanto de la presencia de grupos paramilitares
en la zona, y además estaban alertadas sobre la posible comisión de una
masacre.
Otros testimonios que comprometen al Presidente
Estas
preguntas continúan en aumento ante otros hechos y revelaciones que
también comprometerían a la Gobernación de Antioquia y a Álvaro Uribe
en la masacre de El Aro. Desde comienzos del año 2008 se han venido
realizando una serie de señalamientos contra el Presidente de la
República por su supuesta participación en la masacre de El Aro. Los
señalamientos provienen de Francisco Villalba, alias “Cristian
Barreto”, un paramilitar que se encontraba detenido una cárcel de
máxima seguridad condenado por las masacres de El Aro y de La Balsita,
ambas ocurridas en el departamento de Antioquia en 1997, hasta el
pasado 30 de marzo, cuando le fue concedida la detención domiciliaria.
Las declaraciones que implican al Presidente en la
masacre de El Aro fueron reveladas el 23 de abril de 2008, cuando
el propio Álvaro Uribe Vélez contó, en una entrevista radial, que un
paramilitar había afirmado que él había felicitado y condecorado a los
paramilitares que participaron en la masacre de El Aro ocurrida en
octubre de 1997 siendo él Gobernador de Antioquia.
En efecto,
el 15 y el 20 de febrero de 2008, el paramilitar Francisco Villalba fue
escuchado por la Fiscalía General de la Nación, ante la cual afirmó que
el entonces Gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, había
participado en una reunión que se realizó días antes de la masacre de
El Aro en una finca del corregimiento de La Caucana, municipio de
Tarazá (Antioquia), a la cual fue invitado, según las declaraciones de
Villalba, por el propio Carlos Castaño, y en la que se habría acordado
el plan de ejecución de la masacre. A la reunión habrían asistido,
según Villalba, altos mandos de la IV Brigada del Ejército nacional así
como de la Policía, algunos jefes paramilitares como Carlos Castaño y
Salvatore Mancuso, y los hermanos Álvaro y Santiago Uribe Vélez. Así
mismo, Villalba aseguró que Santiago Uribe era el jefe de un grupo
paramilitar llamado “Los 12 apóstoles”, que operaba en el municipio de
Santa Rosa de Osos y que, incluso, este había “prestado” a 20 de sus
hombres para otra masacre ejecutada en el corregimiento de La Balsita,
en el municipio de Dabeiba (Antioquia), por grupos paramilitares en
noviembre de 1997.
En sus declaraciones, Francisco Villalba
también aseguró que la masacre de El Aro se habría perpetrado para
rescatar a ocho personas que habían sido secuestradas por la guerrilla
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Según
Villalba, en la mencionada reunión, “Álvaro
Uribe decía recomendaciones, que los secuestrados, que todos salieran
salvos y que lo que hubiera que hacer que lo hiciéramos”.
También aseguró que después de perpetrada la masacre y en la misma
finca donde habría sido planeada, el propio Álvaro Uribe Vélez lo había
felicitado a él y a otros paramilitares por la comisión de la masacre.
Según Villalba, sólo en ese momento se dio cuenta de que quien lo
felicitaba era el Gobernador de Antioquia: “supe
que era Álvaro Uribe porque él se presentó, habló con nosotros y dijo
que la operación había sido un éxito, que los secuestrados habían
salido sanos y salvos”.
El 13 de febrero de 1998, Francisco Villalba decidió
entregarse voluntariamente a las autoridades porque, según él, los
grupos paramilitares, en conjunto con miembros de la Fuerza Pública y
narcotraficantes, estaban planeando una serie de magnicidios con los
que él no estaba de acuerdo. Las declaraciones que rindió este
paramilitar luego de entregarse a la Fiscalía fueron importantes para
aclarar algunos aspectos de la masacre de El Aro. Sin embargo, al
divulgarse las afirmaciones de Villalba salieron a la luz algunas
inconsistencias que hicieron que se le diera poca credibilidad a la
declaración. Las inconsistencias tienen que ver con la fecha en la que,
según el paramilitar, se cometió la masacre, pues en su declaración
Villalba aseguró que la masacre se cometió en noviembre de 1997, cuando
en realidad ocurrió en octubre de ese año. Otra inconsistencia está
relacionada con la afirmación de Villalba en el sentido de que a la
reunión que se llevó a cabo en La Caucana, días antes de perpetrarse la
masacre, habría asistido el General Alfonso Manosalva. El Presidente
Álvaro Uribe manifestó que eso era imposible debido a que este General
había fallecido en abril de ese año. Finalmente, según el Presidente,
existe otra inconsistencia en lo que se refiere a la supuesta
participación de su hermano Santiago Uribe en la reunión de planeación
de la masacre, pues a quien Villalba identifica como hermano de Álvaro
Uribe es a una persona que tenía el alias de “el Pecoso”, mientras que
el Presidente asegura que al que le decían así era a otro hermano suyo,
que falleció en el 2001 y no a su hermano Santiago.
Adicionalmente,
luego de que se hicieran públicas las declaraciones de Francisco
Villalba que involucran al Presidente y a su hermano, se conocieron dos
cartas que parecieron poner en entredicho, aún más, las declaraciones
de Villalba. La primera fue una carta que llegó a las manos del
Presidente en mayo de 2008 en la que Francisco Villalba aparentemente
se retractaba de lo dicho y le pedía perdón al Presidente por
“mancillar su nombre”. La otra es una carta del paramilitar Libardo
Duarte, en la que este asegura que Francisco Villalba le había ofrecido
la suma de 250 millones de pesos si corroboraba las declaraciones que
él había dado contra el Presidente. Según la misma carta de Duarte,
Villalba le habría hecho esta propuesta debido a que el senador Gustavo
Petro, la senadora Piedad Córdoba y el periodista Daniel Coronell, le
habrían pagado a él 500 millones de pesos para involucrar al Presidente
en la masacre de El Aro. En uno de sus apartes, se lee en la última
carta: "Este dinero era pretendiendo
que fuera al Congreso y manifestara cosas no ciertas del señor
Presidente y debido a esto es que deseo aclarar la verdad ante la
comunidad nacional e internacional, y ante los medios de comunicación
que usted crea convenientes".
Sin embargo, en octubre de
2008 se reveló que la supuesta carta de retractación no fue escrita por
Francisco Villalba. Este paramilitar ha afirmado que él sí firmó una
hoja por petición de Jesús Amado Sarria, conocido como “el chucho
Sarria”, quien se encontraba recluido en la misma cárcel con Francisco
Villalba. Jesús Amado Sarria le habría manifestado a Villalba que lo
podía cambiar a un mejor patio en la cárcel, pero que para hacer los
trámites necesarios requería de su firma. Así las cosas, Villalba
habría firmado una hoja en blanco, en la que posteriormente se
consignaría la supuesta retractación. Adicionalmente, según lo denunció
el periodista Daniel Coronell, la otra carta, es decir, la de Libardo
Duarte, al parecer está escrita con la misma letra de la carta que
supuestamente escribió Villalba, por lo que todo apunta a que esta
carta tampoco fue escrita por quien la firmó, y que fue Jesús Amado
Sarria quien escribió las dos cartas y las envió al Presidente.
Frente
a las inconsistencias de las supuestas cartas de retractación, el
pasado mes de octubre, en entrevista concedida a un noticiero nacional,
Francisco Villalba negó que se hubiera retractado y por el contrario se
reafirmó en sus declaraciones contra el Presidente al mencionar que: “Él
me dio las decoraciones, se lo digo de frente, él me dio las
decoraciones, me dio la felicitación y simplemente yo le digo al país,
esperen el video, las fotos y yo presento eso”. Adicionalmente,
el 12 de noviembre de 2008 y ante la Comisión de Acusaciones de
la Cámara de Representantes del Congreso de la República, Villalba se
ratificó nuevamente en sus acusaciones contra Álvaro Uribe Vélez.
De
existir el video y las fotos que, según Villalba, comprometen la
responsabilidad del Presidente, será muy difícil que sean reveladas,
pues el 23 de abril de 2009, en horas de la tarde, Francisco Villalba
fue asesinado cerca de su casa ubicada en el barrio La Estrella en la
ciudad de Medellín, por sicarios que le dispararon con silenciadores en
frente de su esposa y de su hija de cuatro años de edad. Resulta por lo
menos extraño que, pese a las condenas que pesaban sobre este
paramilitar, las importantes confesiones que hizo sobre la masacre de
El Aro, y las acusaciones que había hecho contra el Presidente, el
Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) no tuviera bajo
su custodia y vigilancia a este paramilitar, quien desde que salió de
la cárcel sólo había recibido cuatro visitas a su casa por parte de
este instituto. Frente a este crimen, es indispensable que se realicen
las investigaciones tendientes a esclarecer los móviles del asesinato,
así como que se determine la responsabilidad de quienes ordenaron la
muerte de este paramilitar.
El debate sobre el paramilitarismo en Antioquia
No
es la primera vez que el Presidente de la República y su hermano han
tenido que enfrentar cuestionamientos sobre supuesto favorecimiento a
grupos paramilitares. En abril de 2007, el senador Gustavo Petro
realizó un debate en el Congreso sobre el paramilitarismo en Antioquia.
En el debate, el congresista señaló, entre otras cosas, que en dos
fincas de propiedad de la familia Uribe Vélez –fincas La Carolina y Las
Guacharacas- se habrían cometido asesinatos y planeado crímenes. En
suma, que las fincas eran utilizadas como base de operaciones de grupos
paramilitares. Además de esto, se señalaron en el debate los presuntos
nexos que tendría Santiago Uribe con el grupo paramilitar “Los 12
apóstoles” y con otro denominado “Los R-15”. Así mismo, en el debate se
mostró una fotografía en la que aparecen, muy amigables, Santiago Uribe
y el reconocido narcotraficante Fabio Ochoa.
En el debate
también se puso en evidencia la aprobación que la Gobernación de
Antioquia, encabezada entonces por Álvaro Uribe Vélez, dio a las
denominadas “Convivir”. El propio Gobernador, sin tener facultades para
ello, aprobó la conformación de muchas de estas empresas de “seguridad
privada” en las que participaban algunos paramilitares que para la
época ya eran reconocidos como miembros de esa estructura. Otro de los
graves señalamientos que se hizo tiene que ver justamente con la
masacre de El Aro, pues en el debate se hizo referencia a las
declaraciones del paramilitar Salvatore Mancuso sobre la presencia de
un helicóptero de la Gobernación de Antioquia en la mencionada masacre.
Por otra parte, más recientemente, el jefe paramilitar
Diego Fernando Murillo Toro, alias “Don Berna”, aseguró, en las
audiencias de versión libre que está rindiendo desde Estados Unidos,
que los grupos paramilitares financiaron la campaña presidencial de
Álvaro Uribe Vélez en el 2001. Lo hizo a través de su abogada, quien
aseguró que alias “Don Berna” aportó dinero para financiar la primera
campaña presidencial de Álvaro Uribe, lo cual fue confirmado por alias
“Don Berna” cuando el juez le preguntó si estaba de acuerdo con lo
asegurado por su defensora.
Las denuncias de Jesús María Valle
Pero
no sólo no es la primera vez que sobre el Presidente recaen acusaciones
sobre supuesto favorecimiento a grupos paramilitares, ni es tampoco la
primera vez que se le involucra con los hechos ocurridos en El Aro en
1997. En efecto, el abogado y defensor de derechos humanos Jesús María
Valle había denunciado desde 1996 la aparición de un grupo paramilitar
en el municipio de Ituango y sus fuertes vínculos con la IV Brigada del
Ejército nacional. Así mismo, Jesús María Valle había anunciado y
prevenido a diversas autoridades militares y civiles sobre la masacre
que se perpetraría desde el 25 de octubre de 1997 en El Aro. Fue así
como, en julio de 1997, este defensor de derechos humanos declaró lo
siguiente ante algunos medios de comunicación:
“Desde
el año pasado pedí al Gobernador, Álvaro Uribe, al comandante de la IV
Brigada, en ese entonces el general Alfonso Manosalva, que protegieran
a la población civil de mi pueblo, porque de septiembre (1996) a hoy
(julio de 1997) han muerto más de 150 personas”.
Las
constantes denuncias sobre el grupo paramilitar que operaba en Ituango
y sobre sus nexos con la Fuerza Pública nunca fueron escuchadas y, por
el contrario, fueron utilizadas por la IV Brigada del Ejército para
denunciar penalmente a Jesús María Valle por calumnia. Al ser llamado a
rendir declaración dentro del proceso que se seguía en su contra, Jesús
María Valle aseguró que:
“Yo
siempre vi y así lo reflexioné, que había como un acuerdo tácito o como
un ostensible comportamiento omisivo, hábilmente urdido entre el
comandante de la Cuarta Brigada, el comandante de la Policía de
Antioquia, el doctor Álvaro Uribe Vélez, el doctor Pedro Juan Moreno y
Carlos Castaño. Todo el poder de los grupos de autodefensa se ha
consolidado por el apoyo que ese grupo ha tenido con personas
vinculadas al Gobierno, al estamento castrense, al estamento policivo y
a prestantes ganaderos y banqueros del departamento de Antioquia y el
país”.
Frente
a la denuncia interpuesta por miembros de la Fuerza Pública en contra
de este defensor de derechos humanos, el entonces Gobernador de
Antioquia aseguró:
“He
dicho que los informes del doctor Jesús María Valle no coinciden con
los que ha dado la Brigada ni con los que ha dado la Policía. El
general Carlos Alberto Ospina Ovalle ha dado una versión totalmente
distinta. Como gobernador, tengo que apoyar a la fuerza pública, darle
crédito, salvo que un juez de la República, con base en fundamento
probatorio, diga lo contrario”.
Jesús
María Valle fue asesinado el 27 de febrero de 1998 en su oficina
ubicada en Medellín, pero sus denuncias fueron escuchadas finalmente el
1 de julio de 2006 cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos
condenó al Estado colombiano por las masacres de La Granja y del Aro en
el municipio de Ituango (Antioquia). En la sentencia, el tribunal
internacional reconoció que la masacre fue cometida por grupos
paramilitares que contaron con la colaboración, no sólo por omisión
sino también por acción directa, de miembros de la Fuerza Pública
adscritos a la IV Brigada del Ejército nacional. Adicionalmente, el 27
de noviembre de 2008 el mismo tribunal condenó nuevamente al Estado
colombiano, esta vez por la muerte de este destacado defensor de
derechos humanos, en hechos que tuvieron relación directa con las
denuncias que Jesús María Valle venía realizando sobre los evidentes
nexos entre grupos paramilitares y miembros de la Fuerza Pública.
Además
de la condena emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos
contra el Estado colombiano por los hechos ocurridos en La Granja y El
Aro en 1996 y 1997 respectivamente, ahora se cuenta con la versión de
un paramilitar que participó en la última masacre y que comandó un
grupo de 22 de los hombres que la ejecutaron, que afirma que el actual
Presidente tiene responsabilidad directa en la planeación de la
masacre. Se cuenta además con la confesión del jefe paramilitar
Salvatore Mancuso que afirma que un helicóptero de la Gobernación
sobrevoló la zona en el momento en el que se estaba ejecutando la
masacre, y que el Secretario de Gobierno del entonces Gobernador de
Antioquia sabía del plan que tenían los paramilitares, pues había
asistido a una reunión en el municipio de Tierralta (Córdoba) con
Carlos Castaño en la que se enteró de lo que iba a ocurrir en el
corregimiento de El Aro y no hizo nada para impedirlo, pues tenía
fuertes nexos con reconocidos paramilitares como Salvatore Mancuso que
lo llevaron a impulsar, junto con estos grupos, la creación de las
“Convivir” en el departamento de Antioquia. Según este paramilitar,
Pedro Juan Moreno, “era un patriota, convencido de la lucha antisubversiva y apoyó las Convivir desde el comienzo”.
También se cuenta con las afirmaciones de este paramilitar que
comprometen al entonces Comandante de la IV Brigada del Ejército
Nacional, General Carlos Alberto Ospina, quien, según Salvatore
Mancuso, habría prestado apoyo logístico a Carlos Castaño para la
ejecución de la masacre. Esto llevó a que, el pasado mes de febrero, la
Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía compulsara copias a la
Procuraduría y a la Fiscalía para que se investigue al General Ospina
por su presunta participación en la masacre de El Aro.
La necesidad de un pronunciamiento pronto de la justicia
El
Presidente Álvaro Uribe ha negado enfáticamente cualquier nexo o
vínculo con grupos paramilitares, y también ha puesto en entredicho las
acusaciones que hizo Villalba por las aparentes inconsistencias de las
mismas. Sin embargo, pese a que las afirmaciones de Villalba resulten
ser falsas -lo cual debe ser determinado por la justicia-, aún quedan
muchos interrogantes por resolver sobre la actuación de Álvaro Uribe
durante el período en el que ejerció como Gobernador de Antioquia en el
momento en el que se cometió la masacre de El Aro. En concreto,
es preciso que la justicia aclare si un helicóptero de la Gobernación
de Antioquia hizo presencia en el momento de la ejecución de la
masacre, tal como lo asevera Salvatore Mancuso y, de ser así, que se
aclare por qué estaba presente un helicóptero de la Gobernación que no
dio aviso oportuno a las autoridades para que se impidieran los
crímenes que estaban cometiendo los grupos paramilitares en conjunto
con miembros de la IV Brigada del Ejército Nacional. Así mismo, es
necesario que se aclaren los vínculos que Mancuso afirma que existieron
entre los grupos paramilitares y Pedro Juan Moreno, uno de los amigos
más cercanos del actual Presidente, quien además se desempeñó como
Secretario de Gobierno de la Gobernación de Antioquia en el período en
el que Álvaro Uribe ejerció como Gobernador.
Todos los
anteriores son interrogantes que deberán ser resueltos por la justicia,
así como deberá establecerse la veracidad o falsedad de las
afirmaciones de Villalba y de Mancuso, pues el hecho de que quienes las
estén haciendo sean paramilitares no necesariamente las invalida. Esto
lo deberá determinar con claridad y prontitud la justicia en aras de
que se conozca la verdad sobre lo sucedido en El Aro y sobre los apoyos
políticos y militares con los que contaron los grupos paramilitares que
perpetraron la masacre. Por ello, y por tratarse de crímenes de lesa
humanidad que comprometen directamente al Presidente de la República,
el esclarecimiento de las acusaciones es de interés no sólo de las
víctimas de la masacre de El Aro sino de la sociedad en su conjunto. En
este sentido, el esclarecimiento de la verdad, aun si con ello se
devela la responsabilidad de altos funcionarios del Estado, resulta de
vital importancia para el desmantelamiento efectivo de los grupos
paramilitares y para garantizar que no se volverán a cometer este tipo
de crímenes ni a pasar por alto los evidentes nexos que desde siempre
han mantenido los grupos paramilitares con empresarios, militares y
políticos colombianos. |