el
descaro del robo de tierras en Colombia
Megaproyectos detrás
de las motosierras:
Gobierno colombiano: Carimagua, un verdadero concierto para delinquir
Alfredo Molano
En
buena hora la Procuraduría y el senador Robledo se le atravesaron
al ministro y pusieron las cosas en su sitio. Carimagua es en realidad
una chichigua de 17.000 hectáreas englobadas en el proyecto
estrella de colonización uribista bautizado como Recuperación
de la Alta Orinoquia, que busca poner en los bolsillos de megaempresarios
la bobería de 6’400.000 hectáreas entre los
ríos Orinoco, Meta, Vichada y Manacacías, y que el
señor Presidente presume despobladas —aun de desplazados—,
pero donde viven de esas “tierras ácidas” 54
resguardos indígenas y miles de campesinos y colonos.
La Embajada de Colombia en Japón hizo en 2005 el lanzamiento
del proyecto en Tokio, exaltando la fertilidad del suelo y las posibilidades
tan rentables que ofrecían las tierras para cosechar palma,
caucho, madera y, además, producir oxígeno, un plus
que se negocia en Bolsa. No fue un acto, fue una feria. Uribe le
echó el cuento a Bush y a Bill Gates, mientras el embajador
colombiano embaucaba a Gunter Pauli, de la Fundación Zeri,
comerciante de oxígeno; a la firma Daiwa House, negociadora
de aguas, y a la Cargill, la mayor comercializadora de granos del
mundo. Y, como si fuera poco, al más poderoso banco norteamericano,
el J. P. Morgan Chase, mercader de acero y de guerras.
Para
mostrar al mundo que el proyecto no era embuste, Incoder le tituló
al senador uribista Habib Merheg; a su secretaria; a su abogado
y a una docena de sus seguidores, 18.000 hectáreas, y cedió
a la Fuerza Aérea Colombiana 61.500 hectáreas –un
predio cuatro veces más grande que Carimagua– para
instalar un campo de entrenamiento de bombardeos y un gran proyecto
de “desarrollo social” para “emplear personas
que han sido afectadas por el conflicto y en primera línea
por nuestros soldados y policías discapacitados, nuestros
oficiales y suboficiales”. (¿Qué pensará
Venezuela de esta punta de lanza a pocos kilómetros de la
frontera?)
De todos modos, el Gobierno está encartado con Carimagua,
que fue un centro experimental de primera importancia, dirigido
y financiado por el CIAT y el ICA hasta por allá a mediados
del 90, cuando la guerrilla se tomó la sede, destruyó
laboratorios y se llevó unos carros. El Gobierno optó
entonces por entregar el predio al Fondo Ganadero del Huila en condiciones
que la Procuraduría está en mora de investigar. Después
todo proyecto ha fracasado, salvo la pista aérea utilizada
por antinarcóticos y la base militar con 600 efectivos, que
no son los mismos terrenos donados a la FAC. En Carimagua las construcciones
están medio destruidas; la biblioteca –llena de informes
técnicos valiosos–, enmohecida; las carreteras enmontadas
y ni qué decir de los experimentos en pasto, sorgo y marañón.
¿Qué hacer con esas 17.000 hectáreas?
En
el exterior –de dientes para afuera– se destinaron a
los desplazados para atraer recursos y lavarse las manos; en el
interior, como se sabe, se las quiso entregar el Gobierno a los
palmicultores, caucheros –¡otra vez los caucheros!–
y a los aserradores, que han arrasado nuestras selvas, ofreciéndoles
todo tipo de gabelas tributarias. La Procuraduría brincó
a tiempo y la opinión pública se enteró de
manera práctica y tangible de la política agraria
del gobierno de Uribe: conceptualmente hablando –subrayo,
conceptualmente–, es el mismo modelo patentado en el Urabá
chocoano por el ‘Alemán’, o por ‘Jorge
40’ en las tierras del Cesar: desplazar a los pobres para
meter a los ricos.
En el Vichada, el trabajo de sacar indígenas y colonos de
sus tierras lo ha hecho el Señor Cuchillo, jefe todopoderoso
de los paramilitares que continúa prestando importantes servicios
a la causa de la seguridad regional. Mirada en conjunto, la política
agraria de los últimos gobiernos ha sido en la práctica
una obra en tres actos: primer acto, entrada de los paramilitares
motosierra en mano y desplazamiento de campesinos; acto segundo,
negociación con los paramilitares, y acto final, entrega
de tierras a grandes inversionistas.

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