| El Uribestialismo.
'CHIPS-CITOS'
por Alfredo Molano (escritor, periodista, sociolodo, documentalista
colombiano)
La conversación entre el Señor Presidente Uribe y
los senadores Specter y Sessions sobre política migratoria
de colombianos a USA hace parte hoy de las Memorias del Congreso
de EE. UU., quiéralo o no nuestro primer mandatario. Según
el senador Specter, el Señor Presidente de los colombianos
propuso ponerle -quizá hablo de colocarle un microchip a
cada compatriota que migre a EE. UU., antes de irse. El gringo,
sorprendido, en su frío humor trató de objetar: pero,
sabiendo como es esa gente -dijo-, terminará sacándoselo.
No importa, reiteró Uribe, Ustedes son los que tienen la
tecnología, ustedes verán qué le colocamos
a esa gente y dónde. El contenido exacto de la entrevista
-con chip y todo quedó archivado en la Biblioteca del Congreso,
para vergüenza de todos los colombianos y bochorno del Embajador
Pastrana. No le será posible a Uribe llamar al poderoso al
senador Specter -que preside ni más ni menos el Comité
Judicial de la Cámara, para decirle, como si fuera cualquier
José Obdulio- que cambie la frase, la
cifra, el dato, la fecha, los nombres.
En Bogotá, Uribe ya respondió cuando le preguntaron
sobre el asunto, "que no pero que si". O lo contrario.
¿Teme, el Señor Presidente -porque astuto sí
es- que el senador lo desautorice en público en una carta
con membrete oficial? De todas maneras, su Ministro de Salud debió
andar revolando para determinar en qué lugar del cuerpo se
les podría poner el microchipcito a los cuatro millones de
inmigrantes colombianos que hay en USA. Porque verdad es que nuestros
compatriotas tan pronto pasaran la aduana, se sacarían el
dispositivo como si fuera un nuche. Salvo que "le sea colocado"
en la columna vertebral, y en ese lugar donde uno no puede rascarse
sino con una manito china. La arrodillada y lambona iniciativa del
Señor Presidente se usa ya en EE. UU. para ponérsela
a reos que salen de la cárcel a visitar a su mujer. Refleja,
sin lugar a rectificaciones, la imagen que Uribe tiene de sus gobernados:
delincuentes. Y, por supuesto, la que tiene en mente para el país:
una enorme cárcel. Yo no sé, pero sospecho que hay
algo muy perverso y enfermizo en una mente cuando se atreve a proponer
semejante medida.
Borraría el perverso de esta columna si Uribe, en un desabroche
de esos a los que nos tiene ya acostumbrados, ordenara mañana
meterle un chip a cada uno de sus ministros. Sólo para ensayar.
A renglón seguido, y en riguroso orden de antigüedad,
pasarían en fila los generales, los coroneles, los capitanes,
y todo miembro de la llamada fuerza pública. Ahora que andan
tan robustos a punta de raciones de campaña importadas, no
sería tan difícil Y una vez hecho el implante en estos
dos lotes, deberían someterse a la operación los congresistas,
los miembros de los gremios económicos - Sabas, que no ha
dejado de ser de FENALCO, en primer lugar- y los de la Iglesia -comenzando
por el cardenal primado-.
Todos con su microchip entre pecho y espalda. No sorprendería
que Uribe ordenará, inmediatamente, que pasaran por la sala
de cirugía los periodistas, los directorios políticos
-incluidos, por si acaso, Varguitas Lleras y Santicos- y, sobra
decirlo, todos los miembros del Polo. Los fines de semana, después
de sus clases magistrales de democracia mediática, el Señor
Presidente, en compañía de los José Obdulios,
se dedicaría a espulgar las rutas, las amistades, los encuentros
de "injertados". No le serían extraños los
viajes de muchos de sus altos funcionarios -uniformados o no- a
conversar con paras, narcos y demás miembros del nuevo poder
(no les haría seguimiento por ignorancia sino por sicorigidez);
tampoco los contactos de tercer tipo entre sus más afectos
y sus más allegados, entre generales y obispos, entre políticos
y financistas, entre sus periodistas y embajadores, cónsules,
primeros secretarios de países amigos y enemigos, aunque
estos funcionarios no hubieran sido conectados a la red. La idea
no es mala y sería hasta divertida si la transmisión
de la sesiones de espionaje en la Casa de Nariño fueran públicas.
Sobrarían las procuradurías, las contralorías,
las fiscalías, los jueces, los congresistas, los periodistas,
los detectives, los escoltas. El ahorro fiscal sería prodigioso.
El Señor Presidente sería inscrito en letras de oro
en el libro de récords Guiness y en el primer lugar de clientes
privilegiados de la empresa Verichips, fabricante de los aparatitos.
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