DECLARACIÓN FINAL
Bruselas mayo 6, 7 y 8 de 2005
Colombia: Seguridad
Democrática o Estado de Terror.
En
Colombia el terrorismo de estado a gran escala ha sido una práctica
histórica. La conquista por España inicia el genocidio
de los indígenas a nombre de la civilización
cristiana, cuyo exterminio y expropiación continúa
en beneficio de las transnacionales. El régimen colonial con
su Santa Inquisición dejó su huella de
represión ligada al oscurantismo y los intereses económicos;
el derecho a combatir la injusticia nos presenta la cabeza de Galán
en una horqueta y los comuneros traicionados por el alto clero y
fusilados. La reconquista española con el pacificador
Morillo y su ejército, dejó una alta cuota de sangre
criolla como precio de la primera gesta independientista. El período
semi-colonial británico que no fue ningún modelo
civilista, promoviendo numerosas guerras civiles. La
dominación norteamericana se inicia en Colombia con la masacre
de las Bananeras (1928). La segunda mitad del siglo XX que comenzara
con el Bogotazo (1948) propiciado por la CIA y que en su
desarrollo subsiguiente dejara mas de 300.000 muertos para
conservatizar el país a sangre y fuego. La guerra
fría, la política contra-insurgente, el
enemigo interior, el Estatuto de Seguridad, la llamada
Seguridad Democrática han hecho de este país
un modelo de terrorismo de estado a gran escala, eliminando
físicamente la oposición, como el caso de la Unión
Patriótica, el movimiento sindical, periodistas
independientes, defensores de derechos humanos, ensañándose
contra la juventud, los indígenas, el movimiento agrario y
hasta con las comunidades de paz.
Un
ejemplo reciente de la estrategia contrainsurgente ha sido el Plan
Colombia diseñado y aprobado como Ley del Congreso
norteamericano de aplicación extraterritorial, y ejecutado
inicialmente por el gobierno de Pastrana, so pretexto de la lucha
contra el narcotráfico. La puesta en marcha de este plan
presentó el punto de quiebre de los diálogos entre el
gobierno y las FARC que se desarrollaron en la llamada Zona de
distensión. Con la llegada del actual presidente Alvaro
Uribe Vélez y ante la evidencia de que el Plan Colombia no
había cumplido su objetivo de desarticular las múltiples
expresiones de la lucha popular, el gobierno comienza a implementar
su doctrina denominada de Seguridad Democrática,
basada en el modelo norteamericano de la guerra preventiva. La
política de seguridad democrática
constituye una violación sistemática de los derechos
políticos, civiles, económicos y culturales que se
traducen en el desmonte de las garantías del Estado Social de
Derecho. Detenciones masivas, criminalización de la protesta
social, asesinatos selectivos, generalización de la tortura,
en todas sus formas e implementación de estructuras
para-estatales como la Red de Informantes, han significado para los
colombianos la pérdida de los derechos y garantías
democráticas, así como una continuada ofensiva contra
los intereses de los trabajadores. El proyecto mas importante dentro
de la política de seguridad democrática es
el llamado Plan Patriota, que se basa fundamentalmente en la
concentración de tropas en áreas determinadas que son
estratégicas para la guerra contrainsurgente que lleva a cabo
el gobierno colombiano. En su ejecución este plan omite el
principio de distinción de combatiente y no combatiente,
generando un férreo control al comercio de víveres,
combustible y medicinas básicas para la población civil
de esas zonas, la detención injustificada de pobladores de la
región bajo la acusación de ser auxiliadores de la
guerrilla, la desaparición, asesinatos selectivos de
dirigentes populares, violentando en todos los casos el debido
proceso y el derecho a la defensa técnica.
Sin
embargo y, a pesar de que el Pentágono ha incrementado tanto
el número de sus tropas como su asistencia logística y
de inteligencia, después de un año y medio, este
descomunal esfuerzo militar no ha podido presentar a la opinión
pública nacional e internacional resultados concretos de la
única estrategia militar latinoamericana que, al igual que la
desarrollada por los Estados Unidos, se lleva el 4% del Producto
Interno Bruto.
Son
sintomáticos del terrorismo de Estado la destrucción de
las instituciones políticas democráticas de mayor
arraigo popular, como la separación de las ramas del poder
público, con la sumisión del parlamento y la justicia a
los dictados del ejecutivo; la degradación del delito político
(rebelión, sedición y asonada) y la eliminación
jurídica y física de toda oposición política
y movimientos sociales. El terror está dirigido especialmente
contra los que se orientan por la transformación de la
sociedad en sentido democrático y en la medida en que los
movimientos y partidos políticos juegan un papel dinamizador
de las reivindicaciones sociales. Nos señalan este rumbo de
terrorismo de estado, las muy recientes masacres ejecutadas por las
instituciones armadas del estado colombiano en Arauca, San José
de Apartadó (Antioquia), Sumapaz (Distrito Capital de Bogotá),
y en los Montes de María (Sucre), las extradiciones hacia
Estados Unidos de dirigentes de la guerrilla, mientras se protege a
confesos asesinos narcotraficantes del paramilitarismo, los
atropellos contra la población en la ejecución del
llamado Plan Patriotas, la multiplicación de
detenciones masivas o pescas milagrosas contra centenares
de inocentes.
Algo
muy grave está pasando en un país cuyo 10% de su
población ha tenido que abandonar la patria (mas de 4000.000
de colombianos) y cuyo desplazamiento interno es el mas alto del
mundo (en Colombia hay mas de 3000.000 de desplazados
internos). El actual gobierno se niega a reconocer la existencia de
un conflicto social y armado, generalizando con descalificaciones de
terroristas y bandidos; se obstina en la exigencia de una
rendición incondicional o simple reinserción
de la insurgencia; y en contra-vía del clamor nacional e
internacional, se opone a un intercambio humanitario de prisioneros;
y, por supuesto a una salida política negociada. De otra parte
legaliza el paramilitarismo, en el camino de crear una fuerza
político-militar que imponga la reelección del actual
presidente, mientras se practica también el terrorismo
internacional con acciones encubiertas en Venezuela, Ecuador y Costa
Rica, a favor de una potencia extranjera, los Estados Unidos de
Norteamérica.
La
realidad actual colombiana se inscribe dentro de un escenario mundial
de la política antiterrorista de la derecha
internacional que corresponde al modelo neoliberal y a la
trasnacionalización de la economía, la cual ha llegado
a topes insostenibles. El fracaso de la invasión a Irak
ha creado fisuras entre sus ejecutores y la coalición se
agrieta como producto de la resistencia interna y de la movilización
de la opinión pública progresista internacional. En
América Latina se expresa en importantes desarrollos de
movimientos alternativos al neoliberalismo, de rescate de la
soberanía nacional y de ruptura del tipo de relación de
dependencia frente al imperialismo norteamericano; de integración
regional y de apertura hacia otros bloques económicos. Al
ejemplo indeclinable de independencia y dignidad de Cuba Socialista,
por la acción y confrontación de masas, ha seguido el
surgimiento gobiernos alternativos a los proyectos norteamericanos
como los de Venezuela, Brasil, Uruguay, Chile, Panamá y
Argentina que, en diversos grados, marcan rumbos anti-neoliberales,
de independencia y democracia. Bolivia presenta un cuadro de luchas
antiimperialistas agudo; en Ecuador se reagrupan fuerzas sociales y
políticas alternativas a la política tradicional
pro-norteamericana y a la exigencia de que se vayan todos!
derrocan al gobierno que traicionara los intereses populares y en
Perú el gobierno sufre un aislamiento considerable frente a su
pueblo.
Lamentable
papel juega el gobierno colombiano, como el mas firme aliado de Bush
en el continente, frente al cual actúa valerosamente una
resistencia popular con muy variadas expresiones y formas de lucha.
La derrota a la política del núcleo de poder
oligárquico agresivo en el referéndum, el retiro de la
última propuesta de reforma tributaria, la negación del
estatuto antiterrorista por la Corte Constitucional, la imposibilidad
de imponer una reforma pensional, la crisis de resultados en la
cruzada contrainsurgente, la actuación delincuencial de las
tropas norteamericanas protegidas por el gobierno de Uribe, el
anuncio del retiro sin pena ni gloria de Plan Colombia, las reservas
de la opinión pública nacional e internacional sobre la
legalización del paramilitarismo, la mostruosa corrupción,
las crisis institucionales que tienen su escenario hasta en el
estamento militar. De otro lado se operan cambios en la actitud mas
unitaria de las fuerzas de izquierda y el movimiento social, que se
movilizan en la protesta unida a los avances en la confrontación
política con expresiones cada vez mas incluyentes, hasta en el
terreno electoral, conforman objetivamente, con la insurgencia
armada, el conjunto de la oposición al régimen y al
proyecto de la derecha, con posibilidad de disputar en variados
escenarios opciones de poder.
Los
grupos que trabajan en solidaridad por Colombia desde el exterior del
país, pueden jugar un papel importante de sensibilización
y movilización de la opinión pública
internacional, en torno a la denuncia del carácter terrorista
del estado colombiano, búsqueda de una salida política
al conflicto social y armado en Colombia, que presupone la disolución
de los grupos paramilitares, el juzgamiento, castigo de los crímenes
de lesa humanidad y la reparación de las víctimas. Los
acuerdos humanitarios y entre ellos, el canje de prisioneros, pueden
convertirse en mecanismos para descongelar los distanciamientos,
propiciar acciones que vayan creando un clima favorable a la
negociación, la cual, para que sea duradera,
imprescindiblemente pasará por superar los problemas
estructurales generadores de la violencia, como la dependencia
externa, el modelo neoliberal, las imposiciones del FMI y la banca
mundial, las transnacionales, las reformas sociales e institucionales
que conduzcan a un estado que garantice a plenitud los derechos
humanos y el bienestar de todos los trabajadores. Las organizaciones
de Refugiados, los comités de solidaridad pueden jugar un
papel importante en el levantamiento de las reivindicaciones de los
emigrantes, en mecanismos para mejorar sus condiciones de vida, en la
reclamación de sus derechos, en la defensa de los mismos, en
la difusión de la realidad nacional y la promoción de
la solidaridad con el desplazamiento, con los prisioneros políticos.
Todas estas acciones, para que sean eficaces, requieren un mínimo
de coordinación, como la adopción de campañas
unificadas, el fortalecimiento orgánico y financiero de las
asociaciones y grupos, el acercamiento de los mismos en unidad de
acción por uno o varios objetivos aquí propuestos.
Aprobada
por unanimidad por los delegados de: Francia, Alemania, Austria,
España, Gran Bretaña, Suecia, Suiza, Bélgica y
Colombia.
12 de mayo de 2005