Vandana Shiva
Znet
El artículo principal del 14 de marzo de 2005 del Time
Magazine estaba dedicado a "Cómo acabar con la Pobreza".
Se basaba en un ensayo de Jeffrey Sachs, "The End of Poverty",
de su libro del mismo título. Las fotos que acompañan
el ensayo retratan a chicos sin hogar, recogedores de basura en
vertederos, heroinómanos. Son imágenes de gentes
de usar y tirar, gentes cuyas vidas, recursos y medios de vida
les han sido arrancados a través de procesos de exclusión
brutales e injustos, que generan pobreza para la mayoría
y prosperidad para unos pocos.
La basura es el derroche de una sociedad de usar y tirar –
las sociedades ecológicas nunca han tenido basura. Los
chicos sin hogar son consecuencia del empobrecimiento de las comunidades
y familias que han perdido sus recursos y medios de vida. Son
imágenes de la perversión y las externalidades de
un modelo de crecimiento insostenible, injusto y falto de toda
equidad.
En mi escrito "Staying Alive" yo me había
referido a un libro titulado "Poverty: the Wealth of the
People" (la Pobreza: Bienestar de la Gente), en el que un
escritor africano traza una distinción entre la pobreza
como subsistencia, y la miseria como carencia. Es útil
separar un concepto cultural de una vida simple y sostenible entendida
como pobreza, de la experiencia material de la pobreza como resultado
del desposeimiento y la carencia.
La pobreza percibida como tal desde una perspectiva cultural
no necesita ser una pobreza material real: las economías
de subsistencia que satisfacen las necesidades básicas
mediante el autoaprovisionamiento no son pobres en el sentido
carencial del término. Sin embargo, la ideología
del desarrollo las declara pobres por no participar de forma predominante
en la economía de mercado, y por no consumir bienes producidos
en el mercado mundial y distribuidos por él, incluso aunque
puedan estar satisfaciendo las mismas necesidades mediante mecanismos
de autoaprovisionamiento.
Se percibe a la gente como pobre si comen mijo (cultivado por
las mujeres) en lugar de la comida basura procesada que es producida
y distribuida de forma mercantil por los agronegocios globales.
Se les ve como pobres si viven en viviendas hechas por ellos mismos
a partir de materiales ecológicos como el bambú
y el barro en lugar de hacerlo en casas de cemento. Se les ve
como pobres si llevan ropa hecha a mano a partir de fibras naturales
en lugar de sintéticas.
La subsistencia percibida culturalmente como pobreza no implica
necesariamente una baja calidad de vida física. Por el
contrario, porque las economías de subsistencia contribuyen
al crecimiento de la economía de la naturaleza y de la
economía social, aseguran una elevada calidad de vida en
términos de alimentos y agua, sostenibilidad de los medios
de vida, y una robusta identidad y significado social y cultural.
Por otro lado, la pobreza de 1 billón de personas hambrientas
y de 1 billón de personas deficientemente alimentadas,
víctimas de la obesidad, adolece tanto de pobreza material
como cultural. Un sistema que crea la negación y la enfermedad,
mientras acumula trillones de dólares de megabeneficios
para los agronegocios, es un sistema diseñado para crear
la pobreza para la gente. La pobreza es un estado final, no un
estado inicial de un paradigma económico, el cual destruye
los sistemas ecológicos y sociales que mantienen la vida,
la salud y la sostenibilidad del planeta y de la gente.
Y la pobreza económica es sólo una de las formas
de la pobreza. La pobreza cultural, la pobreza social, la pobreza
ética, la pobreza ecológica, la pobreza espiritual
son otras formas de pobreza con mayor prevalencia en el así
denominado rico Norte, que en el Sur, denominado pobre. Y estas
otras pobrezas no se pueden borrar con dólares. Necesitan
compasión y justicia, cuidados y formas de compartir.
Poner fin a la pobreza requiere conocer los mecanismos por
los cuales se crea. De todos modos, Jeffrey Sachs considera la
pobreza como el pecado original. Cuando declara:
“Hace unas pocas generaciones, casi todo el mundo era pobre.
La Revolución Industrial creó nuevos ricos, pero
gran parte del mundo fue dejada atrás”.
Ésta es una historia de la pobreza completamente falsa,
y no debe ser la base para una historia de la pobreza. Jeffrey
Sachs lo ha entendido mal. Los pobres no son los que quedaron
atrás, sino los que son empujados hacia afuera y excluidos
del acceso a su propia riqueza y sus propios recursos.
Los "pobres no son pobres por ser vagos o porque sus gobiernos
sean corruptos". Son pobres porque otros se han apropiado
de su riqueza, destruyendo su capacidad para crearla. Las riquezas
acumuladas por Europa se basaron en las riquezas arrebatadas a
Asia, África y Latinoamérica. Sin la destrucción
de la rica industria textil de la India, sin la aparición
del comercio de especias, sin el genocidio de las tribus indígenas
americanas, sin la esclavitud africana, la revolución industrial
no habría creado nuevas riquezas para Europa o los Estados
Unidos. Fue la violenta absorción de los recursos del Tercer
Mundo y de los mercados del Tercer Mundo lo que creó la
riqueza en el Norte – pero simultáneamente creó
la pobreza en el Sur.
Dos mitos económicos facilitan el separar dos procesos
ligados íntimamente: el crecimiento de la opulencia y el
crecimiento de la pobreza. En primer lugar, se ve el crecimiento
sólo como crecimiento del capital. Lo que se deja de percibir
es la destrucción de la naturaleza y de la economía
de subsistencia de la gente que crea este crecimiento. Las dos
"externalidades" del crecimiento creadas simultáneamente
– la destrucción medioambiental y la creación
de la pobreza – son vinculadas luego de forma incidental,
no a los procesos de crecimiento, sino entre sí. Se afirma
que la pobreza crea destrucción medioambiental. Y se ofrece
la enfermedad como remedio: el crecimiento resolverá los
problemas de la pobreza y la crisis medioambiental, a los que
inicialmente dio lugar. Éste es el primer mensaje del análisis
de Jeffrey Sachs.
El segundo mito que separa la opulencia de la pobreza es suponer
que si produces lo que consumes es que no produces. Ésta
es la base en que se trazan los límites de la producción
para las contabilidades nacionales que miden el crecimiento económico.
Ambos mitos contribuyen a la mistificación del crecimiento
y del consumismo, pero también ocultan los procesos reales
que crean la pobreza.
En primer lugar, la economía de mercado dominada por
el capital no es la única economía; no obstante,
el desarrollo se ha basado en el crecimiento de la economía
de mercado. Los costes invisibles del desarrollo han sido la destrucción
de otras dos economías: la de los procesos de la naturaleza
y la de la supervivencia de la gente. Ignorar o descuidar estas
dos economías vitales es la razón por la cual el
desarrollo ha planteado una amenaza de destrucción ecológica
y una amenaza a la supervivencia humana, habiendo permanecido
ambas, sin embargo, como "ocultas externalidades negativas"
del proceso de desarrollo.
En lugar de verse como resultados de la exclusión, se
presentan como "dejados atrás". En lugar de verse
como los que sufren la peor carga de un crecimiento injusto bajo
la forma de pobreza, se les presenta erróneamente como
aquellos que no han sido tocados por el crecimiento. Esta falsa
separación entre los procesos que crean la opulencia y
los que crean la pobreza se encuentran en el corazón del
análisis de Jeffrey Sachs. Por eso sus recetas agravarán
y profundizarán la pobreza en lugar de ponerle fin.
El comercio y el intercambio de bienes y servicios siempre
han existido en las sociedades humanas, pero estaban sujetos a
las economías de la naturaleza y de la gente. La elevación
del dominio del mercado y del capital creado por el hombre a la
posición de principios organizadores supremos ha llevado
a descuidar y destruir los otros dos principios organizadores
– la ecología y la supervivencia – que mantienen
y sostienen la vida en la naturaleza y en la sociedad.
Las economías y conceptos del desarrollo modernos apenas
cubren una ínfima parte de la historia de la interacción
humana con la naturaleza. Durante siglos los principios de la
sostenibilidad han proporcionado a las sociedades humanas la base
material para sobrevivir, obteniendo sus medios de vida directamente
de la naturaleza a través de mecanismos de autoaprovisionamiento.
Se han respetado los límites de la naturaleza y éstos
han marcado los límites del consumo humano. En la mayoría
de los países del Sur, gran cantidad de personas continúan
obteniendo su sustento en la economía de supervivencia
que permanece invisible al desarrollo orientado hacia el mercado.
Todas las personas en todas las sociedades dependen de la economía
de la naturaleza para su supervivencia. Cuando el principio organizador
de la relación entre la sociedad y la naturaleza es la
sostenibilidad, la naturaleza se ofrece como propiedad común.
Se convierte en un recurso cuando los beneficios y la acumulación
se vuelven principios organizadores y dictan imperativamente la
explotación de los recursos para el mercado.
Sin agua limpia, suelos fértiles y cosechas y diversidad
genética botánica, la supervivencia humana no es
posible. Esta propiedad común ha sido destruida por el
desarrollo económico, dando lugar a la creación
de una nueva contradicción entre la economía de
los procesos naturales y la economía de supervivencia,
porque la gente privada de sus tierras y medios de supervivencia
tradicionales por parte del desarrollo es obligada a sobrevivir
en una naturaleza cada vez más degradada.
La gente no muere por falta de ingresos. La gente muere por
falta de acceso a los recursos. También aquí se
equivoca Jeffrey Sachs cuando dice: "En un mundo de abundancias,
mil millones de personas son tan pobres que sus vidas están
en peligro." Los indígenas en la Amazonía,
las comunidades montañesas en el Himalaya, los campesinos
cuyas tierras no han sido expropiadas y cuyas aguas y biodiversidad
no ha sido destruida por la deuda para crear una agricultura industrial
poseen riqueza ecológica, incluso aunque no ganen un dólar
al día.
Por otra parte, incluso con cinco dólares al día
la gente es pobre si tiene que comprar los productos más
básicos a precios elevados. Los campesinos indios convertidos
en pobres y empujados hacia la deuda durante las pasadas décadas
para crear mercados para las costosas semillas y productos agroquímicos
a través de la globalización económica están
poniendo fin a sus vidas por millares.
Cuando se patentan las semillas y los campesinos han de pagar
un trillón de dólares US en concepto de royalties,
su pobreza aumenta en un trillón de dólares USdólares
US. Las patentes médicas aumentan los costes de los medicamentos
para el SIDA de 200 $ US a 20.000 $ US, y los medicamentos para
el cáncer de 2.400 $ US a 36.000 $ US para un año
de tratamiento. Cuando se privatiza el agua y las corporaciones
mundiales ganan un trillón de dólares US por convertir
el agua en un bien negociable, los pobres aumentan su pobreza
en 1 trillón de dólares US.
Los movimientos contra la globalización económica
y el maldesarrollo son movimientos para poner fin a la pobreza
poniendo fin a las exclusiones, a las injusticias y a la insostenibilidad
ecológica, raíces de la pobreza.
Los 50.000 millones de dólares US de "ayuda"
del Norte al Sur son una décima parte de los 500.000 millones
de dólares US que fluyen del Sur al Norte en concepto de
pago de intereses y otros mecanismos injustos de la economía
global impuestos por el Banco Mundial y el FMI. Con la privatización
de los servicios esenciales y la globalización injusta
impuesta a través de la OMC se convierte a los pobres en
más pobres.
Los campesinos indios están perdiendo anualmente 26.000
millones de dólares US por la caída de los precios
agrícolas debidos al dumping y a la liberalización
del comercio, aresultas de una globalización injusta, que
está haciendo que las empresas se hagan cargo de la comida
y del agua. Más de 5 billones de dólares US van
a ser transferidos por la gente pobre a los países ricos,
sólo por la comida y el agua. Los pobres están financiando
a los ricos. Si nos tomáramos en serio lo de poner fin
a la pobreza, tendríamos que poner fin seriamente a los
sistemas injustos y violentos que para crear riqueza crean pobreza
robando a los pobres sus recursos, medios de vida e ingresos.
Jeffrey Sachs pasa por alto deliberadamente estos actos de
"tomar" y sólo habla de "dar", lo que
significa un mero 0,1% de lo que "toma" el Norte. Poner
fin a la pobreza es más una cuestión de tomar menos
que de añadir una cantidad insignificante a lo que se da.
Para convertir la pobreza en historia se necesita primeramente
elaborar una historia real de la pobreza. Y Sachs lo ha entendido
rematadamente mal.
6 de junio de 2005