Por: Pablo Jofré Leal* (especial
para ARGENPRESS.info)
El día 14 de mayo de 1935, nace en
San Salvador, capital de la República de El Salvador, uno de los
más brillantes poetas y ensayistas latinoamericanos : Roque Dalton
García.
Comprometido con la lucha de su pueblo,
vivió las penurias, alegrías y las contradicciones de una época
que marcó igualmente su muerte, a manos de sus propios compañeros
en la guerrilla, el día 10 de mayo de 1975.
Hace unos días, mi hijo mayor, demandó explicaciones respecto
a su nombre. El por qué de él, de donde provenía tal manera de
llamar a alguien. Por qué se llamaba Roque y no Juan por ejemplo.
No tuve que hacer mucha memoria para recordar a un poeta y su
vida, que llenaron mis horas por largas jornadas y que influenció
esta elección a la hora de dar un nombre significativo a este
hijo que hoy interrogaba por su patronímico. Roque Dalton García
es el nombre del ejemplo. Un hombre al cual podemos perfectamente,
asimilar la paráfrasis de su propio homenaje a la muerte del Che.
Roque Dalton es: 'la encarnación de los más puro y lo más hermoso
que existe en el seno de esa actividad grandiosa que nos impone
nuestra época: la lucha por la liberación de la humanidad; la
profunda lección moral y política de su vida y de su muerte forma
parte inapreciable del patrimonio revolucionario de todos lo pueblos
del mundo, y cuya desaparición física es un hecho irreparable
para el cual no debemos escatimar lágrimas de revolucionarios;
la actitud fundamental a que nos obliga su actual inmortalidad
histórica es hacernos verdaderamente dignos de su ejemplar sacrificio'
Un Hombre como Nosotros
'La poesía no se escribe con ideas, sino con palabras' declaraba,
a fines del siglo XIX, el poeta francés Guillaume Mallarmé. Esta
sentencia, errada en Latinoamérica, y supongo que en el resto
del planeta, sobre para todo aquel que tenga como arma de combate
la escritura contra las injusticias que se cometen, cae estrepitosamente
ante la obra vital y literaria de poetas, narradores y todos aquellos
hombres y mujeres que han hecho de la literatura el modo de expresar
verdades, sentimientos, deseos, anhelos e igualmente fracasos.
Uno de esos hombres: vital, vigoroso y tenaz fue Roque Dalton
García, una de las figuras cimeras de la poesía Latinoamericana
del siglo XX. Tan genial como desconocido, tan brillante como
comprometido con las causas de justicia y libertad de su pueblo:
El Salvador, país en el que nació el 14 de mayo de 1935. Hijo
de un estadounidense afincado en esas tierras centroamericanas
y una enfermera salvadoreña, estudió en un Colegio de jesuitas,
que le entregó las armas de la disciplina y la constancia. A pesar
de esa formación religiosa supo empaparse de la realidad trágica
de su pueblo y abrevar su espíritu inquieto con letras de Neruda,
Vallejos y los representantes de la escuela Surrealista. Los poetas
franceses como Billón, Saint John Perse, Kafka, Salarrué y hasta
Henry Miller allegaron agua a ese molino creativo, inquieto, pleno
de un humor desbordante y de extremo rigor intelectual, como solía
caracterizarlo el fallecido escritor argentino Julio Cortázar.
Roque Dalton se definía como uno de nosotros, sin más ni menos:
'Yo como tú amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas,
el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle
y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos.
Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de
los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el
pan, la poseía de todos'. Poeta y revolucionario son dos conceptos
que en Roque Dalton se conjugaron con perfecta armonía. Demostró,
mediante su temática como escritor y en la vida práctica como
intelectual comprometido con las causas justas de su pueblo y
de Latinoamérica, que la verdad sí podía ser encerrada en palabras.
Mediante la poseía, sostenía Dalton, era posible decirlo todo
'... Poesía, perdóname por haberte ayudado a comprender que no
estás hecha sólo de palabras...'. '...agradecido te saludo poesía
porque hoy al encontrarte (en la vida y en los libros) ya no eres
sólo para el deslumbramiento, gran aderezo de la melancolía. Hoy
también puedes mejorarme, ayudarme a servir, en esta larga y dura
lucha del pueblo...' Para Roque Dalton el trabajo poético le permitía
expresar su propia vida, de la que era testigo y coautor, su tiempo,
los hombres, el medio que compartían con todas su interdependencias:
'Camino para tal intento, desde el hecho, aparentemente simple
de ser salvadoreño, o sea, parte de un pueblo latinoamericano
que busca su felicidad luchando contra el imperialismo y la oligarquía
criolla y que, por razones históricas bien concretas tiene una
tradición cultural sumamente pobre. Tan pobre, que solamente en
una debilísima medida la ha podido incorporar a esa lucha que
reclama todas las armas'.
Un Poeta Revolucionario
Todo tipo de temas ocupó su mente. Sus letras, opiniones y acciones
son expresión de diversidad basada en la riqueza en el uso del
lenguaje, y el compromiso político que lo embargaba. Su riqueza
oral y escrita se demostraba verbo a verbo, en una poesía de rompimiento
con los moldes y usanzas de la época. Sus poemas son verdaderos
edificios elaborados con insólitas relaciones, entre elementos
disímiles en una lucha dialéctica de unión y lucha de contrarios.
Viajó, al igual que su referente político y modelo de hombre:
El Che, por gran parte de Latinoamérica. Vivió en Santiago de
Chile, donde estudió la carrera de leyes y en México, donde se
empapó de periodismo y tertulias literarias. A pesar de militancias,
luchas, y avatares políticos su visión de la poesía era firme:
'El poeta debe ser, fundamentalmente fiel con la poesía, con la
belleza. Dentro del caudal de lo bello debe sumergir el contenido
que su actitud ante la vida y los hombres le imponga como gran
responsabilidad de convivencia, Y aquí no caben los subterfugios
ni la inversión de los términos. El poeta es tal porque hace poesía,
es decir, porque crea una obra bella. Mientras haga otra cosa
será todo lo que quiera menos un poeta. Lo cual, por supuesto,
no implica con respecto al poeta una privilegiada situación entre
los hombres, sino tan sólo una exacta ubicación entre los mismos
y una rigurosa limitación de sus actividades, que también sería
eficaz en el caso de particularizar la calidad de los médicos,
los carpinteros, los soldados o los criminales'.
'La ventana en el rostro' escrita en el año 1961 fue su primer
libro, y en él están contenidos las características de lo que
sería todo su trabajo futuro: Un lenguaje fulgurante y de ruptura,
la voluntad conceptual y una estructura innovadora que empieza
a abrirle paso en la gran camada de poetas, cuentistas, ensayista
y novelistas que ha dado Latinoamérica en el siglo XX. Le siguió
'El Turno del Ofendido', donde comienza a perfilarse con mayor
nitidez su poesía plena de ironía y crítica no sólo frente a otros
poetas, sobre todo los adoradores del soneto, que para Dalton
significaba, en ese momento 'una poesía conservadora, anacrónica
y no sólo por el formalismo esencial que el sonetismo conlleva,
sino porque los problemas de la vida actual no caben en vasos
tan puros y estrechos' (Carta de Roque Dalton a los autores de
la Revista 'De aquí en adelante'. En el Poema 'Canto a Nuestra
Posición' dedicado a su amigo y compañero Otto René Castillo,
expresa su crítica afilada a esos llamados de hacer florecer todo
en el poema ya que el hombre parecía ser un pequeño dios: '...¿Cómo
pudisteis cantar infamemente a las abstractas rosas y a la luna
bruñida, cuando se caminaba paralelamente al litoral del hambre
y se sentía el alma sepultada bajo un volcán de látigos y cárceles,
de patrones borrachos y gangrenas y obscuros desperdicios de vida
sin estrellas?...Ay poetas que os olvidasteis del hombre, que
os olvidasteis de lo que duelen los calcetines rotos, que os olvidasteis
del final de los meses de los inquilinos, que os olvidasteis del
proletario que se quedó en una esquina con un bostezo eterno inacabado,
lleno de balas y sin sangre, lleno de hormigas y definitivamente
sin pan... ay poetas ¡como duelen vuestras estaturas inútiles!.'
Estudió e investigó con rigurosidad y con originalidad la historia
de El Salvador a través de la publicación de un libro de testimonio
fundamental, para el estudio de los acontecimientos relacionados
con las luchas obreras y campesinas en El Salvador: 'Miguel Mármol:
la insurrección en El Salvador: año 1932'' donde a través de la
historia de este personaje real se da cuenta de la represión al
levantamiento campesino y que ocasionó 20.000 muertos en apenas
tres meses. Su quehacer literario lo colocó al servicio de su
pueblo y cuando este reclamó su presencia en esa Inmensa estepa
verde que son las montañas de Morazán, y ellas se convirtieron
en su hogar no dudo un minuto en convertirlas en una nueva trinchera
de palabras y balas. Morazán se convirtió en el último centro
de su creación, no sólo de dardopalabras maravillosas lanzadas
al centro de la injusticia, golpes de ideas, de agudezas sustantivas,
verbales y adjetivas, bofetadas de realidad, sino también de plasmación
de ese hombre nuevo, que años atrás, en montañas de la sierra
boliviana se empezó a visualizar en forma de pájaro de fuego llamado
Ernesto. Morazán sería su escalón más alto en la vida de un revolucionario,
su vida plena pero también su muerte, tan brutal como absurda
a manos de una fracción de la organización guerrillera en la cual
militaba, en el trágico 14 de mayo del año 1975.
Este hombre, bajo en estatura pero gigante como poeta y rebelde
en una conjugación práctica y , estaba convencido que una de las
vías fundamentales, posibles de transformar al intelectual en
intelectual revolucionario era la acción social. Una práctica
que le daba temor, tan presente junto al miedo y la pérdida de
la inocencia en cada uno de sus poemas: '27 años: Es una cosa
seria tener veintisiete años, en realidad es una de las cosas
más serias. En derredor se mueren los amigos de la infancia ahogada
y empieza a dudar uno de su inmortalidad'. Esa praxis social debía
hacerse en el seno de la lucha de los pueblos que llevan a cabo
su combate por dejar sólo de sobrevivir y llegar a conocer lo
que es vivir como un verdadero ser humano. Su paso por Cuba, donde
dejó a sus dos hijos, para dedicarse a la lucha guerrillera le
dio la formación necesaria, no sólo desde el punto de vista político
sino que literario y de reconocimiento expresado en su Premio
Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 1969, por su poemario 'Taberna
y Otros Lugares'.
Este libro de poemas es la expresión de lo que fue Roque Dalton,
un insurrecto permanente, un visionario, un hombre dotado de gran
sutileza. En plena efervencia pre- Primavera de Praga en el año
1968, Roque Dalton solía visitar las viejas tabernas del centro
de la capital de la ex Checoslovaquia, después de su trabajo en
la Revista Internacional, que reunía la crema y nata de los ideólogos
comunistas de ese entonces. En esas visitas llenas de espumosos
brebajes, Roque, armado de una vieja máquina grabadora se deleitaba
escuchando las conversaciones de estudiantes, obreros y soldados.
De ese trabajo salió Taberna y Otros Lugares, pero también el
convencimiento que el socialismo, en aquellos grises países de
Europa del Este no eran el modelo natural de esa visión de mundo,
que tarde o temprano reventaría por sus propias contradicciones,
y que Latinoamérica no debía trasladar mecánicamente las experiencias
políticas allende el Atlántico.
El Gran Habitante del Pequeño Pulgarcito
Uno de sus hijos, Juan José Dalton lo describe como un tipo genial,
poseedor de sentido del humor inigualable, un hombre que sabía
esconder las tristezas bajo una permanente sonrisa y con una decisión
inquebrantable. Así, cuenta Juan José: 'En la Habana teníamos
un vecino que se llamaba Fernando Martínez, era un experto en
marxismo-leninismo. Como en su casa se había roto el refrigerador,
mi papá le guardaba la carne y le pollo a cambio de clases de
materialismo. Cuenta Fernando que en una de esas calurosas tardes
de 1972, había salido a la verja de su casa. Bajando por la calle
J, del Vedado (donde aún está nuestra casa en La Habana), venía
rodando mi padre. El poste de la esquina lo detuvo. Fernando se
le acercó. '¿Roque, que te pasa chico? Mira como vienes...' 'No
voy a seguir bebiendo Fernando, porque si no, no voy a poder ser
guerrillero', le contestó a modo de autocrítica. 'Efectivamente,
nunca más lo volví a ver tomado... Fue la última vez. Nunca creí
que esa la despedida', me contó aquel cubano'. Era la última vez
pues su próximo paso era integrarse a las fuerzas guerrilleras
que actuaban en El Salvador.
Roque era también un escritor del más íntimo lirismo, capaz de
expresar los dolores que llegaban del testimonio práctico de las
heridas de su pequeño pulgarcito, como una vez definió la poetisa
chilena Gabriela Mistral a El Salvador. Sus letras venían del
pueblo, de la herida vallejiana que carcomía la vida de ese Salvador
suplicante de ser salvado. Nos legó la policromía de su estilo,
la riqueza y vivacidad de su prosa refulgente y dinámica, la belleza
de sus ideas y lenguaje. Nos dejó un arma defensiva a la cual
recurrir, cuando los significados y significantes nos amenazan
con evadir sus responsabilidades. Sus escritos no marcharon nunca
al margen de la hoy tan vilipendiada lucha de clases pero, esa
contradicción vital era transmitida en forma tan sugerente y pedagógica,
tan finamente irónica y genial, que podía enseñar más con el corazón
que con manuales, con su experiencia más que con citas de sesudos
personajes. Roque, a su manera, mostró el escalón más alto del
ser humano, para llegar a tener los derechos nunca alcanzados
de su pueblo: 'El escritor y el artista latinoamericano promedio,
lucha en distintos niveles contra el régimen que lo discrimina,
lo humilla y lo persigue; y más, que el poeta y el escritor, es
el subversivo, el perseguido, el preso, el torturado. Y comienza
a ser el asesinado junto a miles de su pueblo, y el que combate
con las armas en la mano, en consecuencia los nombres de Javier
Heraud, Edgardo Tello, Otto René Castillo encabezan la lista.
'Su pequeña amada patria era un tema constante en sus letras.
Mezclaba en ello la rabia y la ternura, el amor y el odio más
profundo. Mientras su madurez biológica avanzaba inexorable, su
florecimiento intelectual, nutrido en tierras latinoamericanas
y europeas, desbordaba los cauces poéticos conocidos hasta la
época. Su amor por ese pedazo de tierra de 20.000 kilómetros cuadrados,
no tenía los límites señalados en mapas y acuerdos políticos,
pero se había transformado, con el paso de los años y el exilio,
en un dolor que laceraba todo su ser, y lo convencía que la redención
de su Salvador, pasaba por liberarlo de todo aquello que roía
su existencia. Roque estaba convencido, que la libertad de su
diminuta tierra era parte de la construcción de múltiples patrias
dispersas por la mestiza Latinoamérica. La edificación de un verdadero
Nuevo Mundo, con hombres nuevos era considerada por Roque Dalton
como un camino plagado de dificultades, una senda difícil, dura
y terrible, que necesitaba de inéditos y más penetrantes dolores
para lograr erradicar su enajenación: 'Necesitas bofetones, electro-Shocks,
Psicoanálisis, para que despertés a tu verdadera personalidad...
habrá que meterte a la cama, a pan de dinamita y agua, lavativas
de cóctel molotov cada quince minutos, y luego nos iremos a la
guerra de verdad, todos juntos, novia encarnizada, mamá que parás
el pelo'
Ser Fuerte sin perder la Ternura
Roque fue también periodista, de aquel que desolla, que enseña
y no hace de la lisonja el pan de cada día. Se alejó y burló del
dogmatismo obnubilante, verdadero opio del deseo y práctica de
cambios. Los esquemas incuestionables, hayan sido políticos o
literarios no eran su alimento. No existía disyuntiva entre su
creación artística y su actividad política, entre versos y reforma
agraria, entre ensayos literarios y prácticas guerreras ¿Su máxima?
La duda, siempre la duda en lugar del dogma que adormece. La crítica
que construye en lugar del acatamiento incondicional. El aprendizaje
de esto fue un proceso doloroso: 'Mi actitdu ante el contenido
ideológico y la trascenedencia social de la obra poética está
determinada fundamentalmente por dos hechos extremos: el de mi
larga y profunda formación burguesa y el de la militancia revolucionaria
que mantengo desde algunos años. La práctica en las filas del
partido ha organizado mi preocupación e siempre por los problemas
de la gente que me rodea, del pueblo, en último grado y ha ubicado
con exactitud ante mi atención, las responsabilidades fundamentales
a las cuales deberse, así como a la forma concreta de realizar
esos deberes a lo largo de la vida. Pero los largos años en el
Colegio Jesuita, el desarrollo de mi primera juventud en el seno
de la chata burguesía salvadoreña, el apegamiento a formas de
vida irresponsables, alejadas con santo horror del sacrificio
o de los problemas esenciales de la época, han dejado en mí sus
marcas, las cicatrices que aún ahora duelen'.
Estas palabras escritas en su Ensayo 'Poesía y Militancia en América
Latina' son ese ejemplo de autocrítica que animaba a Roque Dalton
y que resumen esa vida plagada de contradicciones pero siempre
honesta. El destino con la revolución marcó su existencia, era
un indiscutible compromiso de pareja. En un mundo como el que
se nos presenta en este nuevo milenio requiere de nuevos honores,
de nuevas formas de enfocar los cambios necesarios para los pueblos
subdesarrollados, pero igualmente se necesita de un conciencia
de revolucionarios, de poetas como Roque que si la muerte no lo
tuviese en su seno, seguiría convocando a esta generación de móviles
y globalización en la necesidad de ser revolucionarios hoy, en
la época dura, la única que da posibilidades de ser sujeto de
epopeyas: 'Ser revolucionario cuando la revolución ha eliminado
a sus enemigos y se ha consolidado en todos los sentidos puede
ser, sin lugar a dudas, más o menos glorioso y heroico. Pero serlo,
cuando la calidad de revolucionario se suele premiar con la muerte
es lo verdaderamente digno de la poesía. El poeta entonces la
poesía de su generación y la entrega a la historia'. Roque Dalton
García entregó su poesía a toda una generación de latinoamericanos
que a 27 años de su asesinato, tan brutal como absurda a manos
de un grupo de dogmáticos que jamás conocieron al verdadero Roque,
camuflado bajo el nombre de Julio Delfus Marín en las montañas
de Morazán. Quienes lo asesinaron jamás le perdonaron su humor,
su desparpajo ante las más insólitas situaciones, su imaginación
llena de optimismo por el mejoramiento humano.
El poeta Nicaragüense Julio Valle al saber sobre la muerte de
su amigo dijo a su hijo Juan José 'Mirá hermano, quienes mataron
a Roque no tenían humor' una ingeniosidad tan permanente y vital
que hizo exclamar a Eduardo Galeano que Roque era capaz de hacer
reír hasta las piedras. Capaz de sacar sonrisas, pero recordarnos
sobre el sufrimiento de sus hermanos en el Poema de Amor: 'Los
que ampliaron el Canal de Panamá (y fueron clasificados como 'silver
roll' y no como 'gold roll') los que repararon la flota del pacífico
en las bases de California, los que se pudrieron en las cárceles
de Guatemala, México, Honduras, Nicaragua, por ladrones, contrabandistas,
por estafadores, por hambrientos... los sembradores de maíz en
plena selva extranjera, los reyes de las páginas rojas, los que
nunca sabe nadie de dónde son, los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera, los que
murieron de paludismo o de las picadas del escorpión o de la barba
amarilla en el infierno de la bananeras, los que lloraron borrachos
por el himno nacional, los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta... los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, los primeros
en sacar el cuchillo, los tristes más tristes del mundo, mis compatriotas,
mis hermanos'
Roque Dalton murió, y ahora que El Salvador luego de muchos años
de guerra civil empezó una nueva y enigmática caminata por inéditos
derroteros, es imperativo recordar a aquellos, que regaron con
su fresquísima sangre el camino que hoy transitan otros nuevos
hombres. El murió, pero está encarnado en muchas vidas, que encuentran
en su ejemplo, la luz que guía y alecciona. Ha resucitado en este
nuevo El Salvador, tal vez un poco mejor que aquel sangrante país
que conoció sus pasos terrenos. Roque Dalton, hombre pequeñito
de estatura pero gigante y feroz con la pluma y el fusil está
riendo, y lo hace henchido de placer a pesar de las masacres y
las lágrimas jamás recuperadas. Roque es el recuerdo de la sangre
joven prodigada por salvadoreños e internacionalistas que lucharon
por un Salvador más justo, que entregaron sus vidas por una causa
que no importaba tener como norte la muerte si de verdad se moría
entre pájaros y árboles, como decía el poeta Javier Heraud. Roque
ha triunfado y pronto será: Parques infantiles, escuelas, hospitales,
será nuevos poemas por venir, un continente reidor y feliz por
tener en su vientre a millones de nuevos Roques por nacer.
* Pablo Jofré Leal es periodista y escritor
chileno.