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Otro primero de mayo. De nuevo los trabajadores/as
colombianos llenarán las calles por millares, denunciando el terror
oficial y la voracidad del capital, gritando los nombres de sus
miles de muertos y de presos, poniendo cada cosa en su sitio, dando
nombre a la esperanza, convocando a la lucha, llamando a la solidaridad
internacional.
¡La guerra sucia contra los sindicalistas colombianos
debe detenerse, el genocidio sindical no puede quedar impune!
La
violencia contra el movimiento sindical colombiano no es fenómeno
natural, como la lluvia.
El genocidio obedece a un plan que busca eliminar opositores y
maximizar las ganancias de las empresas transnacionales y de los
grandes empresarios colombianos. Por eso matan a los sindicalistas
o los encarcelan arbitrariamente y por millares. Ocho de cada diez
sindicalistas asesinados en el mundo son colombianos.

El
capital internacional busca apropiarse de los ricos territorios
ocupados aún por los campesinos y por los pueblos indígenas sobrevivientes.
Por eso los masacran, los aterrorizan, los desplazan con violencia
y en masa. Colombia tiene hoy tres millones de refugiados internos,
una de las mayores tragedias humanitarias del mundo actual.
Las multinacionales quieren privatizar las rentables empresas públicas
de Colombia y controlar sus sectores estratégicos. Por eso el gobierno
lacayo de Alvaro Uribe Vélez ha despedido más de cien mil trabajadores
públicos; centenas han sido asesinados por defender la educación,
la salud y las empresas públicas. Miles más están amenazados de
muerte.
En
Colombia el neoliberalismo, el capitalismo salvaje, muestra su verdadero
rostro: asesinó a través de sus grupos paramilitares a 65 sindicalistas
en el año 2004. Tres dirigentes de la CUT
Colombia en Arauca fueron ejecutados extrajudicialmente,a mansalva, de rodillas y con un tiro en la nuca por soldados
del Ejército Nacional el 5 de agosto de 2004. El Vicepresidente
de la República a través de sus
medios masivos los presentó de inmediato como “guerrilleros dados
de baja en combate”. Además de asesinos, mentirosos, cínicos.
En
los último tres años 367 mujeres fueron asesinadas por motivos políticos
y 27 más fueron desaparecidas.
Ninguno de estos miles de crímenes contra el pueblo colombiano ha sido
castigado. La justicia está presa, ciega, muda, u opera a favor
de los verdugos. La impunidad campea, los verdugos no tienen rostro,
por ahora.
Pero los muertos de la clase obrera sí tenían nombre y familia y organizaciones
donde ejercían el libre derecho de asociarse y la decisión de resistir.
En
cambio sí que tienen nombre –y algunos muy prestigioso- las empresas
que cada año pese a los crímenes contra sus trabajadores y contra
campesinos e indígenas –o precisamente por ello- siguen incrementado
sus beneficios: Coca Cola, Unión Fenosa, Drummond, Aguas de Barcelona,
Repsol, Occidental Petroleum y muchas más.
Este primero de mayo el amplio corazón de la clase obrera colombiana recordará
sus muertos y levantará sus banderas, y estará presente como en
las movilizaciones del año pasado el grito solidario por la vida
de otros pueblos como el de Palestina e Iraq, todos hermanados por
su condición de gentes sencillas, todos agredidos por el imperialismo
y sus secuaces.
La
hermosa Colombia y su valeroso y resistente pueblo dan este primero
de mayo otra vez una prueba de la capacidad de los trabajadores/as
para luchar por la vida, la justicia social y la dignidad.
La Asturias internacionalista que aún
lucha y que conoció los horrores de la represión y la dignidad de
la lucha obrera, está llamada a la acción social y política contra
la guerra y contra la impunidad en Colombia.
Colectivo de Colombianos Refugiados en Asturias-.
1º de mayo de 2005.
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