En julio de 2004, hace un año, Soldepaz
Pachakuti y otras 14 organizaciones y redes en España y
Europa, al lado de muchas más que apoyaron de diversa manera,
editaron este texto en su primera versión.
Este modesto libro circuló como
un llamado ético. "Desde Colombia pedimos justicia"
fue un grito desde abajo. Para que más mujeres y hombres
de esta parte del planeta supieran que en Urabá y Atrato,
en Antioquia y Chocó, seguía exitosamente su marcha
un proyecto de muerte; que las resistencias de las comunidades
frente al horror no eran suficiente sin su resplandor en la conciencia
de quienes muy lejos optaran por acompañar, al menos moralmente,
esa lucha de dignidad. Los crímenes continuaron; se incrementó
la presencia paramilitar, que escolta con las unidades militares
del ejército oficial, las siembras de palma aceitera y
otros grandes proyectos depredadores, de capitales beneficiados
con el arrasamiento de estas poblaciones de afrodescendientes,
campesinos, indígenas y colonos.
Han sido asesinados en este tiempo Luis
Eduardo e Irma, dos de los testigos de cuyo puño y voz
nacieron algunas de las líneas de denuncia de este escrito.
A Luis Eduardo lo mataron junto con su compañera y sus
hijos, también a otra familia. Sus cuerpos fueron destrozados
por asesinos que hacen parte del régimen Uribe Vélez.
Irma fue detenida y desaparecida. Su cadáver contaba que
había sido violada y torturada. Dos asesinatos más
y una avalancha más de cínica impunidad.
Esta segunda edición debería
ser más amplia. Podría contener más páginas,
datos, cuadros, estadísticas y fotos. Habría capítulos
nuevos sobre cada una de las comunidades y procesos, análisis
rigurosos, como ya los hay, sobre el cultivo de la palma y sus
terribles estragos, al igual que sobre otros proyectos de saqueo
y destrucción. No obstante esa necesidad de difusión,
otra vez urge que esta constancia se divulgue, que se conozca
el recorrido de estos crímenes de lesa humanidad en el
período en que el entonces Gobernador del departamento
de Antioquia era Álvaro Uribe Vélez. El hoy Presidente
de Colombia no se ha desligado de esa experiencia de muerte. Por
el contrario, hace parte de su patrimonio político y estrategia,
que se expande hoy por todo el país mientras compensa con
impunidad a sus aliados paramilitares.
Acompaña a esta segunda edición,
un escrito de Javier Giraldo, S.J., y una carta hecha por académicos,
investigadores y juristas, suscrita ya por cientos de organizaciones
y personas de todo el mundo. Sirven para comprender la magnitud
del reto que tenemos.
Esperamos que la solidaridad se encarne
todavía más, para que no haya olvido del sufrimiento
de las víctimas, y que su aspiración de justicia
sea respaldada coherentemente por nosotros.
Pedidos a
soldepaz.pachakuti@pachakuti.org
4 de
julio de 2005