| "Hasta los fraudes, para que
sean eficaces, tienen que contar con la esperanza, perversamente
estimulada(...) La esperanza traicionada es una de las mayores desgracias
de la humanidad."
-Ernst Bloch, en "El principio Esperanza".
Con el descalabro del gobierno Lula, se multiplican las personas
que melancólicamente recuerdan el viejo PT y piden una vuelta
al partido que supuestamente existía antes de la llegada
al poder. De nuevo reaparece la idea, tan recurrente, de que hubo
un estado original, más o menos puro, que debe ser recuperado.
En otros contextos, ¿quien no oyó historias sobre
la existencia de un hombre original, una sociedad original, una
lengua original? Se busca ahora un partido original. Son conceptos
que pertenecen al universo del pensamiento mítico. En la
vida real, no hay comienzos absolutos, descontaminados de posteriores
decadencias. No hay puntos de partida y de llegada. Hay procesos.
Los trabajos etnológicos de Bronislaw Malinowski (antropólogo
inglés nacido en Polonia, 1884-1942), fueron decisivos para
demostrar estos conceptos.
El caso del PT, por ser tan reciente, es aún más
claro. Las deformacionesque han aparecido últimamente no
comenzaron ahora ni son consecuencia de un error individual. Representan
sin más la transferencia, para la esfera del gobierno federal,
de prácticas iniciadas, con toda seguridad, en los primeros
años de la década de 1990, tal vez antes, y que jamás
se produjeron de forma discontinua. Las huellas digitales del mismo
grupo aparecen en la gestión del "Fundo
de Amparo ao Trabalhador" (FAT), en la organización
de la contabilidad de la campaña presidencial de 1994, en
la gestión de algunas alcaldías, como en Santo André,
en la búsqueda del control de los fondos de pensiones, por
citar tan solo las situaciones más notables.
Hace ya años, que se cuentan historias escabrosas sobre
todos esos acontecimientos, pues un esquema tan amplio y antiguo
jamás puede permanecer completamente invisible. Al aceptar
convivir con esos hechos y al mismo tiempo mantener para consumo
externo la bandera de la ética, el PT quedó expuesto
a la acción corrosiva de la hipocresía, lo que a su
vez le destruyó.
Duendes
Lula siempre compartió la intimidad con aquel grupo y fue
el principal beneficiado de sus acciones. Sin embargo, garantiza
que no sabía nada. Respeto a quien de credibilidad a dichas
palabras, de la misma manera como respeto a quien cree en los duendes.
Sea como fuera, por el número de conexiones ya descubiertas
y de instituciones involucradas, públicas y privadas, parece
claro que durante su gobierno, estaba ocurriendo la creación
de una red de corrupción pocas veces igualada. Una red sistemática,
planeada, colectivamente organizada. Desde la empresa pública
de Correos a la Petrobras (1), desde las empresas que recibían
créditos a los dineros dedicados a la publicidad, desde el
Banco de Brasil a los fondos de pensiones, nada estaba, en principio,
fuera de su radio de acción. Un esquema de este tipo necesita
siempre de fuertes apoyos en los altos escalones del gobierno, aquellos
que ordenan los pagamientos y realizan los nombramientos. Sílvio
Pereira, Delúbio Soares, Waldomiro Diniz y otros "operadores"
nunca tuvieron cargos que les permitiesen actuar en solitario de
forma tan eficaz. Nuevos
pasos se estaban preparando. Después de la ya anunciada reforma
sindical, el grupo podría dar el gran salto, con la transformación
de las centrales sindicales en entidades mucho más centralizadoras,
financieramente poderosas, capacitadas para gestionar bancos, planes
de salud privados y fondos de pensiones. El grupo abandonaría
la fase de "acumulación
primitiva", sustentada
en los delitos, y se colocaría dentro de la legalidad, por
medio, principalmente, del sindicalismo de los negocios.
El tránsito en dirección a una actividad empresarial
regular, muy rentable, es el sueño de toda mafia. El predominio
de este proyecto nos ayuda a explicar por que fue abandonada de
manera tan fácil, de forma tan completa, cualquier insinuación
para construir un gobierno republicano y transformador. Hace ya
mucho tiempo que los objetivos eran diferentes.
Estamos ante un fenómeno nuevo de nuestra historia. Un
fenómeno que tiene varias dimensiones. Una de ellas es la
introducción, dentro de la izquierda brasileña y a
gran escala, de aquello que, en otro contexto, Marx llamaba de
"el poder disolvente del dinero". Las sociedades
antiguas, basadas en la tradición, en la jerarquía
y en la religión, desconfiaban de los banqueros y de los
grandes comerciantes no siendo extraño que les reprimiesen,
porque percibían que el fortalecimiento de la esfera del
dinero servía para producir el desmoronamiento de otros muchos
vínculos. Eso
fue lo que finalmente ocurrió en el mundo moderno, para bien
o para mal, con la absoluta mercantilización de la vida social.
Un proceso semejante ocurrió en la izquierda brasileña
durante los últimosquince años. La hegemonía
conseguida por Articulación (2), dentro del PT y dela CUT
(Central Unica dos Trabalhadores), no puede ser desvinculada del
uso sistemático de esa nueva y poderosa arma, hasta entonces
desconocida entre nosotros, el arma del dinero. Ella acabó
destruyendo los sueños colectivos.Hizo innecesario el debate
ideológico. Transformó la militancia en un estorbo,
ante la docilidad de "los
cabos electorales" remunerados(3). Y acabó devorando
a sus propios ejecutores. Sus proyectos originales, que contenían
alguna política de interés, también fueron
disueltos por ese mismo poder.
La red de complicidades que dicho grupo reunió a su alrededor,
con variados grados de vinculaciones y responsabilidades, contaminó
tan profundamente al PT que una reforma seria del partido se hizo
inviable. Se cumplía mi profecía, realizada desde
la tribuna, cara a cara con los 600 delegados en el encuentro nacional
de 1995, el último del cual participé: al aceptar
financiamientos de bancos y empresas, realizados a escondidas de
las instancias representativas del partido, nos colocábamos
ante el huevo de la serpiente que nos devoraría.
De dicha responsabilidad histórica, gravísima, Lula
no podrá escapar. Su aptitud como líder, corroyó,
interiormente, a una parte significativa de la izquierda. No nos
dejará ningún legado político, teórico
o moral. Lula optó por la esquizofrenia: corta todos los
presupuestos de los ministerios, para conseguir materializar el
alucinante superávit exigido por el capital financiero, y
pregona que ningún gobierno realizó tantas cosas como
el suyo; dimite a Olivio Dutra, para nombrar a un protegido de Severino
Cavalcanti (4) y dice horas después que las élites
jamás consiguieron presionarlo; su hijo recibe 5 millones
de reales de una concesionaria de servicios públicos, coloca
a un abogado de dicha concesionaria en un puesto de responsabilidad
del tribunal público donde aquella responde por sus más
importantes investigaciones y todo ello no le impide anunciarse
como el más ético de los brasileños; después
de dos años y medio dirigiendo el gobierno, continua atribuyendo
las dificultades a una herencia maldita que el mismo agrava con
sus aptitudes. Renunció a una coherencia mínima entre
lo que dice y lo que hace. Apuesta en la desinformación del
pueblo, en una identificación popular con su persona de carácter
pre política, irracional, porque un día, hace ya mucho
tiempo, Lula fue pobre. Está convirtiéndose en un
"espectáculo excesivo",
según una expresión que Roland Batres utiliza para
referirse alas luchas de catch. Contrariamente a lo que normalmente
se dice, su gobierno es más conservador en lo político
que en lo económico. Lula fue la esperanza traicionada a
la que se refería Ernst Bloch.
Cerca del fin
Hace ya más de diez años que el PT se está
muriendo, pero este proceso no podía completarse antes de
materializarse el "Lula-la" (5). La agonía se prolongó
y poco a poco el PT se fue pudriendo. Se convirtió en una
experiencia efímera, y sobre todo equivocada, de la vida
brasileña. Pretendiendo convertirse en el nuevo absoluto,
rompió con la memoria de las luchas populares. Rechazó
la teoría. Se negó a ver la diversidad de Brasil.
Se relajó de sus principios, exacerbó la arrogancia.
Asumió la diseminación de un enorme conjunto de antivalores,
formando la más descualificada generación de cuadros
y líderes de toda nuestra historia. Perdónenme los
innumerables petistas honestos, pero no es el momento de utilizar
medias palabras. La inmensa mayoría de ellos fueron cómplices
de la desgracia, por lo menos por omisión.
Felizmente, el ciclo del PT está próximo de su final.
El partido continuará existiendo como una más de las
siglas políticas pragmáticas, desprovistas de utopías,
siglas con las cuales se disputan elecciones y se construyen carreras
políticas. Tan solo eso. Por más dolorosa que sea
la crisis, nos permitirá llegar al final de la pesadilla
de una izquierda sin nervio, honra y carácter, incapaz de
ofrecer a la sociedad brasileña un proyecto histórico
transformador.
Muchos temen que la derecha se fortalezca. Tienen razón,
mas solo a corto plazo. Paradójicamente, la crisis del gobierno
Lula, podría llegar a ser la crisis del neoliberalismo brasileño,
propiciando, por fin, la aparición de una propuesta real
de cambios, cuyos contornos permanecen aún oscuros. Sin embargo,
no creo que la sociedad acepte pasivamente la vuelta de los viejos
y ya conocidos esquemas, que hundieron a nuestro país en
el atolladero. La sociedad exigirá un proyecto nuevo. Nuestra
grandeza será medida por la capacidad que tengamos para construirlo.
Preferente de izquierdas. Si fuese posible con las izquierdas. Sin
las izquierdas, si ello fuera necesario, pues la crisis brasileña
es demasiado grave. Hay en juego mucho sufrimiento humano. Respecto
a mi posición personal, el compromiso con el pueblo y con
la nación está por encima de las sectas.
En este momento, nuestra consigna tiene que ser el "motto"
del último movimiento de la "opus" 35 de Beethoven:
"¿Muss es sein? ¡Es muss sein!"
- ¿Tiene que ser? ¡Tiene que ser!-
* César Benjamin fue fundador del Partido de los Trabajadores,
PT, y dirigente hasta el año 1995. Es autor de "A Opção
Brasileira "y "Bom Combate" (ambos editados por la
Contraponto). Es coordinador nacional Del Movimiento Consulta Popular.
Este artículo fue publicado en el periódico Folha
de São Paulo, el dia 7 de agosto del 2005.
(1) Nota de la Traducción, NT: Empresa
pública que controla laproducción del petróleo de Brasil.
(2) NT: Tendencia del PT que durante los
últimos años fuemayoritaria.
(3) NT: En Brasil se llaman "cabos
electorales" a las personasque tradicionalmente compran los votos.
(4) NT: Famoso personaje público
del PT y ex ministro delMinisterio de las Ciudades, del cual fue dimitido en la última
reformapolítica.
D. Severino Cavalcanti, es el actual presidente del Congreso delos Diputados, y cuyo partido (el PP, Partido Progresista),
es aliado delgobierno.
(5) NT Expresión popular utilizada
para manifestar el apoyo aLula durante las elecciones presidenciales.
17 de agosto de 2005
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