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Este mes el índice de precios de las acciones en la Bolsa
de valores de Colombia superó los 5700 puntos. Un récord
histórico, sí, pero además una cifra impensable,
que significa un alza del 800 % a partir de la crisis pasada, en
6 años; alza del 600 % en 5 años y del ciento por
ciento en apenas un año.
Semejante bonanza bursátil no concuerda con el moderado
crecimiento productivo. El producto nacional creció apenas
3 por ciento en los últimos doce meses y 4 por ciento anual
en los últimos tres años. Esto significa que aunque
las alzas de los precios de las acciones superan a las de todos
los países de América latina (y del mundo,) el crecimiento
de la producción es inferior al de Latinoamérica y
en el último año, al de casi todos los países
latinoamericanos. Aunque el crecimiento industrial llegó
al 7 % anual en el 2003, en el primer trimestre del 2005 se frenó
por las importaciones de calzado y textiles.
A pesar de la reducción en la producción de cuero,
calzado (-6,7%) y textiles y del incremento de importaciones de
bebidas, tabaco y confecciones como resultado de la revaluación
del peso, la Asociación Nacional de Industriales ANDI sostiene
que en conjunto la industria (no en el conjunto de la producción)
ha crecido un 8 por ciento durante el 2005, al contrario de lo que
sostiene el Departamento Nacional de Estadísticas DANE, que
estableció una reducción de la producción industrial
en marzo. Pero, aun si es cierto el dato de la ANDI -cuyos socios
se han beneficiado de la sobrevaloración de las acciones,
no hay proporción entre el crecimiento productivo y el la
extrema alza de los precios de las acciones en la Bolsa, ni en el
2005 (la relación sería 10 a 1) ni en los últimos
5 años.
Está claro que el auge en la Bolsa no coincide con la realidad
productiva ¿Qué ha pasado? Hay fenómenos globales
y generales. La recuperación de la economía mundial
al son de la invasión a Iraq, los bajos intereses internacionales
y aun más, la bonanza de los países periféricos
por la devaluación del dólar y ahora del euro, han
incidido en forma clara en Colombia, pero no explican ni la dimensión
excepcional del auge bursátil ni su prolongación y
exageración durante el último año. Como en
otros países dependientes, en Colombia la emisión
de títulos de deuda pública (TES) ha sido una de las
fuentes del auge. Los gastos militares han sido un componente decisivo.
Contra la propia doctrina neoliberal el abultado crecimiento del
gasto público (30 por ciento en el último año)
ha sido vital en Colombia, donde las autocompras de TES han sido
factor fundamental, es decir, las entidades, programas y fondos
del Estado compran TES y así se inflan mágicamente
los presupuestos oficiales.
La autocompra de títulos de deuda pública, un autopréstamo,
es desde luego un juego tan rentable y tan sin futuro como las “pirámides”,
que en varias partes del mundo causaron costosas y desastrosas ilusiones
que condujeron a terribles bancarrotas, la más sonada la
de Albania. Inversiones sin respaldo real que inflan la economía
para luego desbaratarla.
Pero aun incluyendo este factor el auge del último año
no consigue una explicación completa. Y la venta de la cervecería
Bavaria a SAP Miller no es la causa, sino apenas un episodio del
auge. Habría que añadir además que el precio
del café aumentó después de años de
caída y que Colombia aun es pequeño exportador de
petróleo. Pero tampoco esto explica todo. Hay que añadir
el factor paramilitar. ¿Cómo? Pues el comandante de
la Armada, Almirante Mauricio Soto denunció que los paramilitares
de las AUC quieren vender a un ritmo acelerado sus depósitos
de cocaína, para poder lavar esas utilidades con la ley de
“justicia y paz” que acaba de ser aprobada en el Congreso
por iniciativa del Gobierno. Inusuales decomisos de varias toneladas
de cocaína son entonces una muestra de las cantidades enormes
de droga que ha salido del país estos meses a cambio de dólares
que lavados vienen a inflar desde el mercado de acciones y de TES,
hasta los juegos de azar , pasando por las importaciones subvaluadas
de calzado o arroz.
El economista Mauricio Cabrera ha hecho caer en cuenta que hay
relación entre el incremento de la revaluación del
peso [factor clave para el auge de la Bolsa] y la impunidad que
garantiza la nueva ley a los paramilitares y sus operaciones de
narcotráfico: “Las promesas que se debieron hacer en
las negociaciones, y que culminaron en la ley de ‘justicia
y paz’ son la explicación clarísima de por qué
estos ‘inversionistas’ recuperaron su confianza en el
país y decidieron traer sus ahorritos. Si en otra época
los extraditables decían que preferían una tumba en
Colombia a una cárcel en Estados Unidos, ahora pueden decir
que prefieren sus latifundios y sus millones en Colombia, y una
temporada de reposo en Ralito a una cárcel en Estados Unidos,
porque obtuvieron la garantía de no extradición a
cambio de su apoyo a la campaña de reelección”
[de Uribe como Presidente].
Esta impunidad ha sido garantizada mediante sutiles alteraciones
conceptuales de la ley uribista aprobada. Por una parte, la definición
de víctimas no diferencia entre la población civil
y los combatientes, con lo cual se colocan los ataques contra civiles
inermes al mismo nivel que los combates. Por otra parte, se tipifica
como “sedición” el delito de cometido por los
paramilitares, lo cual es consecuencia de la primera distorsión,
porque la sedición es un delito cometido contra el Estado
y no contra civiles. No es la primera vez en el mundo que se desfigura
así el concepto de sedición, por ejemplo el código
penal de Chile admite la sedición contra particulares. Pero
así lo digan Uribe o Pinochet, la “sedición”
contra particulares se llama realmente guerra sucia.
Las víctimas en Colombia han sido las comunidades rurales
campesinas, indígenas y afrocolombianas y los sindicatos
de trabajadores. Los beneficios de los autores materiales y financiadores
han sido tierras concentradas en manos de unos pocos especuladores
y una nueva legislación que derogó derechos laborales,
privatizó la salud y los servicios y eliminó el derecho
de la empresa estatal de petróleos al 50 por ciento de toda
explotación de hidrocarburos. La ley de impunidad únicamente
aumenta hasta en dos años la pena, de quien, habiendo cometido
delitos atroces o de lesa humanidad, oculte a quienes está
detrás de sus crímenes, o cuando el “sedicioso”
no declare la totalidad de los beneficios que obtuvo con su delito;
riesgo de pena mínimo por la cual seguramente ocultarán
lo esencial de su botín convertido ahora además en
acciones y títulos de deuda pública.
Se entiende por qué la ley de “justicia y paz”
uribista recibe patente de corso de los gobiernos que impulsaron
el Plan Colombia, de quienes han amparado los intereses de los grupos
de capital transnacional y sus empresas petroleras, de salud o telecomunicaciones.
Al embajador de Estados Unidos, al avalar la ley uribista, únicamente
le preocupa recoger el último y más preciado fruto
de la guerra sucia contra el movimiento popular: el Tratado de Libre
Comercio TLC; y se limita a amenazar a Colombia con “el peor
de los mundos”, si no lo firma.
“Dios no castiga ni con palo ni con rejo” dice el refrán
popular. Argentina, por ejemplo, ha visto desplomar sus leyes de
impunidad, que también tenían patente de corso de
las trasnacionales europeas y norteamericanas. La crisis económica
cíclica, abrió el espacio a lucha masiva del pueblo,
que hizo dar fruto a la resistencia diaria que por años encabezaron
las Madres de la Plaza de Mayo. También los Pinochet y Montesinos
han pasado de héroes a villanos. Fujimori y Videla ahora
en desgracia, al menos pudieron antes decir que habían derrotado
a la subversión, cosa que en Colombia no pueden afirmar ni
los paramilitares ni Uribe.
Pero por ahora la patente de corso, los dólares, las libras
y los euros alcanzan para financiar la campaña de reelección
de Uribe y podrían prolongar el auge de la Bolsa hasta el
2006. Fantasía destinada a evaporase en buenos aires.
http://www.gratisweb.com/ciclocrisis/
5 de agosto de 2005
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