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Buenos Aires, 14 de julio de 2005
CONFERENCIA DE PRENSA
Eran treinta las Madres que desde el escenario del auditorio recibieron
a los periodistas. La conferencia de prensa fue la forma que eligieron
las Madres para pronunciarse sobre el hallazgo de los cadáveres
de sus compañeras Azucena Villaflor de De Vincenti, Esther
Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, el pasado
8 de julio. A continuación las palabras de la presidenta
de la Asociación, Hebe de Bonafini:
Buen día. Vamos a dar comienzo a esta conferencia, que tiene
como motivo principal plantear la posición de la Asociación
Madres de Plaza de Mayo frente a este hecho tremendo y trágico,
que es la aparición de los cadáveres de nuestras compañeras
Azucena, Mary y Esther.
Las Madres siempre hemos tenido una posición absolutamente
diferenciada de los otros organismos con respecto a tres temas fundamentales:
reparación económica, exhumación de cadáveres
y homenajes póstumos. Con respecto a este hecho concreto,
a la aparición de los cuerpos de nuestras compañeras,
que nunca las vamos a considerar muertas, por supuesto, es otro
hecho político el que nos hizo reunir, conversar con los
familiares de nuestras compañeras y conversar entre nosotras
para ver que posición íbamos a tomar frente a este
hecho, como dije, tan trágico y tan conmocionante que es
que te digan “aquí están los cadáveres”.
Cuando aparecieron cuerpos en las playas fuimos pero no pensando
que eran nuestras compañeras, pensamos que eran algunos cuerpos
de nuestros hijos, algunas seguimos el camión rojo famoso
con las bolsas con los cuerpos.
La decisión que hemos tomado las Madres, después
de estar reunidas varias horas, es respetar la decisión de
la hijas, de los hijos, de los nietos (que algunos están
aquí) de lo que ellas hagan, vamos a respetar absolutamente
lo que ellas hagan, pero nosotras lo que queremos decir hoy, esencialmente,
es que esta sociedad se calló. Que esta sociedad no habló
de la desaparición de las Madres, que la prensa no dijo y
yo estuve recorriendo todos los periódicos porque tenemos
un archivo muy grande. Que los organismos casi no dijeron, era demasiado
pesado que este pueblo se callara frente a la desaparición
de tres mujeres, de tres Madres, de las mejores sin duda, no se
llevaron a cualquier Madre se llevaron las mejores… las que
nos enseñaron montones de cosas desde la solidaridad más
absoluta. No se llevaron a cualquiera, está sociedad calló,
esta sociedad no dijo nada, sólo habló de las monjas
francesas. Y ¿por qué las monjas francesas desaparecieron?,
una sobre todo porque estaba con las Madres. Hoy en Francia le dan
un premio a la mujer, a Ivonne, a la que dirigía a estas
monjas, que siguió trabajando en Misiones sin que nadie la
viera… alguna vez la hemos visto nosotras. Porque era una
congregación de monjas dignas y están desaparecidas
porque estaban con nosotras y sin embargo no se habló nunca,
o casi nunca se las juntó con las Madres.
Esta sociedad tiene una gran responsabilidad de no haber salido
a la calle a enfrentarse con quién sea, como debió
haber sido, como le pedimos nosotras para reclamar por nuestras
madres, que eran tres madres que lo que hacían era reclamar
y exigir por sus hijos.
Y esta sociedad está llena de milicos de curas, mejores
y peores y de Obispos y de sindicatos… nadie dijo una sola
palabra. Porque qué pasaba en ese momento: estábamos
caratuladas como madres de terroristas y esta sociedad lo aceptó
y por eso se calló porque esa era la justificación.
Si los matan… son terroristas.
Y esto fue lo grave que pasó. Infiltraron a un capitán
de la Marina para que vieran quiénes éramos las Madres,
no puedo decir que dirigían, pero que nos daban los mejores
pensamientos. Azucena que siempre nos enseñó qué
significaba la solidaridad, por qué había que estar
con el otro. Esther que ya tenía una batalla ganada en el
Paraguay y que nos decía no hay que callarse Madres, no hay
que callarse. Cuando hay otro que opina y tiene el micrófono,
aunque sea párense arriba de una mesa para gritar, eso nos
enseñaban ellas. Y Mary que estaba en la Iglesia de la Santa
Cruz trabajando con la Iglesia del Tercer Mundo, ella ya se animaba
a decir Madres tenemos que hacer algún volante, y teníamos
miedo nosotras a eso. Eran las tres mejores Madres, las que más
sabían, las que sabían hacer una carta. Y el otro
día les entregué a las compañeras, a las hijas
de nuestras compañeras, una de las cartas firmadas por Esther
y por Azucena, Mary todavía no había firmado esa carta;
y era una carta que le dirigíamos a Íllia para que
nos consiguiera una entrevista con Videla. Pero lo importante de
esta carta, más allá de todas las firmas que tiene
de las Madres, es que Azucena ponía su domicilio, ponía
su casa. Cuando nosotras, en esa época, ni sabíamos
qué apellidos teníamos cada una. Cuando lo firmábamos
ni lo tomábamos en cuenta. Todas nos llamábamos por
el nombre, ninguna o casi ninguna ponía su casa, salvo Juanita,
salvo María Adela, en La Plata Haydeé y yo. Porque
las demás no los queríamos dar porque teníamos
miedo, pero ellas nos iban enseñando, con esto de hacer el
volante, o de que Azucena ponga su casa, su dirección, era
decirnos Madres, este es el avance, por eso se las llevaron. Y por
eso hay que reclamarle a esta sociedad que se calló, que
no le importó, y que si va cuando hacen actos para las monjas
francesas. Sí que las reivindicamos, como que no.
El secuestro fue todo un operativo programado para ver a quien
se iban a llevar. Azucena estaba juntando dinero en una Iglesia
Metodista, y yo estaba juntando dinero en La Plata, por eso no estábamos
en Santa Cruz. Y qué pasaba y qué pasó, el
único que le desconfiaba a Astiz era Pedro, el marido de
Azucena, que todos los días me decía "Hebe ese
tipo no me gusta, ¿por qué está todo el día
al lado de mi mujer?"
No deja, le decíamos nosotras, es un chiquito joven.
Acá tiene que quedar claro que Estados Unidos tuvo muchísimo
que ver y que la Embajada de Estados Unidos tuvo muchísimo
que ver porque a los tres días fuimos a ver con Pedro al
embajador de Estados Unidos, Jorge Castro, y él nos dijo
"ustedes ya tienen sus primeras mártires". Quiere
decir que a los tres días él ya sabía qué
había pasado con nuestras madres. Sin embargo no hicieron
absolutamente nada, por eso las Madres cuando vino Ted Harris, que
fue muy recibido en este país, nosotras lo echamos desde
la puerta, no lo dejamos ni entrar, le dijimos "usted
no tiene derecho, porque usted era un delator, usted nos sacaba
información". Entonces por eso se confunden las cosas.
Nuestras compañeras están más vivas que nunca.
No vamos a permitir que nadie tome esto de la muerte como el final.
La historia recién empieza. Y este país que hace tantas
marchas hoy, que reclama tanto hoy, que se horroriza tanto hoy porque
una mujer se pegó un tiro porque se mató su marido;
resulta que no dijo, ni dice hoy, porque ya el tema está
desaparecido, por qué desaparecieron nuestras compañeras,
se llevaron a las tres mejores madres que teníamos. Y acá
todo el mundo creó, nadie fundó y puso una banderita.
Ellas estaban desde el 76, caminando con Juanita, como recordaba
el otro día la hija de Mary Ponce. O Esther. O Azucena.
El 30 de abril es una fecha importante, sí, que la tenemos
que recordar. Pero este país, los medios, los políticos,
los de hoy y los de antes… acá no sirve una calle que
se llame Azucena, acá sirve la reivindicación de que
un grupo de mujeres salimos a enfrentar la más feroz dictadura;
y como no sabían qué hacer con nosotras nos infiltraron
y secuestraron a las tres mejores Madres, a las que nos indicaban
lo que había que hacer, ni siquiera se sentían dirigentes.
Eran nuestras hermanas, nuestras compañeras, las que nos
hicieron mejores personas. Y esto es lo que queremos decir las Madres
hoy. No importa qué juez, ni qué
juzgado, ni si el equipo de antropólogos las reconoció.
Nosotras las reconocemos vivas, más vivas que nunca. Las
reconocemos entre nosotras, en lo que hacemos, cuando leemos las
cartas que ellas escribían porque nosotras no sabíamos
como dirigirnos. Y Azucena las hacía en su casa. Y Mary las
hacía en su casa. Y nos las traían escritas a máquina,
y cuando se la llevan a Azucena, ella tenía todo guardado
en un bolso amarillo, de cuero descolorido, el marido lo quemó
porque tuvo miedo. Y quemó mucho de nuestros principios y
de nuestras cartas. Pero la dictadura no pudo ni este país
silencioso, que sólo vivaba el mundial, no pudo apagar el
grito de nuestras Madres porque nosotras seguimos y decidimos seguir
esta lucha en que ellas nos acompañaron, nos acompañan
siempre.
La marcha de los jueves, que no es una ronda, porque rondar es rondar
sobre lo mismo. Marchamos y marchamos hacia algo. Cuantas veces
habremos hablado con ellas qué significaba la educación,
cuantas veces soñamos que los íbamos a encontrar.
En esa época en que se las llevaron, todas esperábamos
que nuestros hijos volvieran. Esther, a pesar de que su hija había
vuelto, ella quiso seguir con las Madres. ¿Qué significaba
eso? La solidaridad más absoluta, cuando había Madres
muertas de miedo que nunca salieron ni aun hoy, y que hoy sacan
un recordatorio en Página 12, pero que no salieron a la calle
a ponerle el cuerpo a la dictadura, a que nos cagaran a palos, a
que nos llevaran presas cada jueves. Por eso nuestras compañeras
nos marcaron un camino que no vamos a dejar, que no vamos a negociar,
que es el camino de la vida, de la vida de los hijos, de la vida
de ellas. Pero como enseñanza única y absoluta: qué
significa enfrentar una dictadura, qué significa dejar todo.
Todas teníamos otros hijos, todas teníamos una casa,
“pero qué es lo más importante” nos decían
ellas, esto que estamos haciendo. La lucha para siempre y por siempre.
Y este es el camino que hemos asumido las Madres.
No vamos a acompañar nada que tenga que ver con la muerte,
vamos a respetar la decisión de las familias, pero no vamos
a acompañar nada que tenga que ver con la muerte porque nuestro
pañuelo que no lleva el nombre de un hijo, que dice "Aparición
con vida de todos"
es el pañuelo que representa a más de 200.000 desaparecidos
de toda Latinoamérica. Y este pañuelo que representa
esto tiene que seguir atado a la vida. Vamos a respetar a las hijas
de nuestras compañeras y a los nietos a los que amamos y
por los que seguimos luchando, porque el mundo que estamos armando
es para ustedes chicos, no es para nosotras. Para nosotras ya no
queremos nada, pero sí queremos seguir reivindicando a nuestras
compañeras. La Casa de las Madres se llama Azucena, Mary
y Esther, y si alguno cuando sale quiere fotografiarlo ahí
está, desde hace tres años se llama Azucena, Mary
y Esther.
Nosotras no luchamos por un desaparecido, luchamos por todos. Y
ellas también nos lo enseñaron, porque si Esther se
quedó, se quedó por eso, porque todos eran sus hijos.
Y de ahí sacamos la socialización de la maternidad,
de ese hecho concreto, de esa madre que nos señaló
ese camino.
Las tres mejores Madres, a las que esta sociedad, los políticos
de hoy y de antes, le deben no un monumento, no una calle; sino
libros en las escuelas que enseñen quienes eran estas tres
mujeres. Muchas Gracias.
Pueden preguntar lo que quieran, estamos para contestarles.
(Un largo silencio.)
¿Por qué cree usted que los
medios, algunos medios, no hicieron hincapié en esta noticia?
Porque es muy duro para una sociedad que desaparezcan tres Madres,
tres mujeres que buscaban a sus hijos, y hubo un silencio brutal.
¿Cómo lo van a justificar? ¿Qué es lo
que van a decir? Que tuvieron miedo, qué es lo que van a
decir. Entonces lo tapan y lo ocultan. Ahora mostraban los restos,
todo lo que tiene que ver con la muerte les interesa, lo que tiene
que ver con la vida es mucho más complicado. Y esto de socializar
la maternidad y de ser madre de todos no es una cosa fácil.
Porque tenés que dejar a tu propio hijo para juntarlo con
los otros, que es lo que hacían los nuestros, que es lo que
hacían estas tres madres. Enseñarnos a juntar a los
hijos, y enseñarnos a juntarnos nosotras.
El primer día que fui a comer a la casa de Azucena, yo
iba a comprar algo para llevar, y ella me alcanzó por el
camino y me dijo "no, qué vas a hacer, en mi casa se
come lo que hay".
Usted decía que la sociedad se había
callado mucho tiempo y ahora está despertando de alguna manera.
No, la sociedad todavía no despertó porque no ha hecho
nada para reivindicar a las Madres que dieron la vida por sus hijos.
Hoy se va a entregar una condecoración
a una de las monjas que las acompañaron en esos primeros
años.
Nosotras la conocemos mucho, nos ha venido a visitar, nosotras
a ella también. Y sigue trabajando con el mismo sentido que
antes, pero las condecoraciones no sirven, acá lo que sirve
es que los gobiernos, Filmus, que es el ministro de Educación
a que los libros tengan esta parte de la historia. Qué pasó
en el '76 y sobre
todo qué hicimos las Madres, que pasó con estas mujeres
que fueron secuestradas porque buscaban a sus hijos, qué
pasó con este Ejército y esta Marina que sigue siendo
la misma basura.
Con respecto a las declaraciones que hubo
en el día de ayer de Chiche Duhalde que sostuvo que su marido
en el '83 fue acompañado por las Madres de Plaza de Mayo,
¿qué reflexión hace con respecto a este tema?
En este lugar tan increíblemente serio, en este momento tan
trágico para las Madres, tan fuerte para todos los que estamos
acá, esa mujer no tiene lugar.
Hebe usted hablaba de los homenajes…
Creo que el homenaje es esta Universidad donde se van a hacer
unas clases sobre estas tres Madres para que se las conozca más.
Las Madres estamos invitadas a dar clases en las universidades de
Napoli para contar lo que hacemos. No en las universidades de nuestro
país. En las universidades de nuestro país hay un
colador para invitar. Si vos vas a hablar de la reivindicación
de las compañeras que dieron su vida ya es más complicado.
Sin embargo vamos a dar clases durante ocho días en todas
las universidades de Napoli. Y esto haría falta en este país.
Acá se invita a lo más “potable”, pero
las Madres que hemos reivindicado a nuestros hijos como revolucionarios
y a nuestras compañeras, eso ya es más difícil
que lo acepten.
Respecto de la aparición de cuerpos,
ustedes como madres ¿no tienen la necesidad de encontrarlos?
Tiene que ver con la verdad…
No. La verdad ya la sabemos, no precisamos que aparezca un muerto
para saber lo que pasó. Nosotras dijimos que nuestros hijos
iban a estar desaparecidos para siempre. La socialización
de la maternidad tiene que ver con eso, ser Madres de todos es no
volver al individualismo. El capitalismo acá se unió
con Estados Unidos para llevarse todo, para expropiarnos, mandaron
los Ford Falcon para secuestrar, mandaron el dinero, mandaron las
armas, prepararon a los milicos en la Escuela de Panamá y
de las Américas. Y después el capitalismo inventó
que cada una se ocupe de su hijo. ¿Qué es esto de
las Madres todas juntas? ¿Qué es este colectivo de
mujeres? Que cada una se ocupe de su hijo, un muerto, una reparación
económica y un monumento. Nosotras dijimos no, esto no lo
queremos. Primero porque todos no van a aparecer. ¿Por qué
vamos a aceptar de a uno? Si nosotras somos Madres de todos. Desde
el principio, una vez Azucena dijo “si aparece uno será
el hijo de todas”. Por eso nosotras rechazamos todo lo que
tenga que ser individual, por eso rechazamos la reparación
económica. No hay plata para reparar el asesinato.
Y nuestros hijos, donde hayan caído, peleando, luchando,
asesinados, destrozados, ahí van a quedar porque están
con sus compañeros.
Para nosotras el encuentro más importante es el de cada jueves
en la Plaza, en la marcha. Y esta Asociación lo decidió
hace muchos años, desde 1984 decidimos que no vamos a aceptar
nada de lo que el capitalismo ofrezca. Monumentos, calles, no. ¿Qué
pasa cuando hay nombres de estudiantes? Cincuenta estudiantes en
arquitectura, parece que se los llevaron por arquitectos. No dicen
nada de que se los llevaron por revolucionarios, por haber enfrentado
una dictadura feroz, por haber enfrentado al capitalismo, por haber
creído en el socialismo. Eso es lo que reivindicamos las
Madres y quien reivindica al socialismo no puede reivindicar un
muerto.
Nosotras no hablamos de los temas personales, porque no es que me
pasó a mí. O a Cota, o a Juanita, o a María.
No. Esto le pasó a la sociedad. Nuestros hijos dieron la
vida por este pueblo. Y la dieron con una generosidad absoluta,
y nuestras compañeras también. Porque no es que Azucena
no sabía que si ponía el nombre y la dirección
en una carta la iban a ir a buscar, pero se arriesgaba y lo hacía.
¿Cómo podemos ser individualistas nosotras? De ninguna
manera. La lucha individual no es para el socialismo que queremos
las Madres.
La aparición de los cuerpos confirmó
el círculo de los Vuelos de la Muerte, ¿usted qué
opina de eso?
Ya aparecieron otros de los Vuelos de la Muerte. No son los primeros.
Son los de las Madres y esto es lo pesado. Son las tres Madres que
nunca aparecieron, de las que no se habló y no se sabía
cómo había sido el círculo, y ahora se sabe.
Pero no es que necesitamos esto para condenar, de ninguna manera.
Para condenar el sistema capitalista, a Martínez de Hoz y
a toda la lacra de políticos, sindicalistas, curas, monjas
y obispos no se precisa que aparezcan los muertos. Lo que tiene
que aparecer es la decisión política de decir vamos
más al fondo. Y no que todo quede parado cuando denunciamos
que la Pepsi prestaba los galpones, que Coca Cola prestaba los camiones,
que el Papel Ledesma secuestraba, cuando paran eso te das cuenta
que todavía la decisión política no está
tomada. Si Duhalde no va a la cárcel por el asesinato de
Kosteki y Santillán no está tomada la decisión
política. Por más que digan que Duhalde es el padrino,
como hace años lo decimos las Madres.
Si no hay más preguntas, les agradecemos mucho que hayan
venido, les agradecemos a los nietos de nuestras compañeras
que están acá. Vamos a seguir en lo mismo que hemos
hecho hasta ahora.
15 de
julio de 2005
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