2ª jornada comercio justo soberanía alimentaria

EL CONCEPTO DE SOBERANÍA ALIMENTARIA DE VÍA CAMPESINA

Las políticas neoliberales dan prioridad al comercio internacional, por encima del derecho a la alimentación de los pueblos. No han contribuido en absoluto a la erradicación del hambre en el mundo. Al contrario, han incrementado la dependencia de los pueblos de las importaciones agrícolas, y han reforzado la industrialización de la agricultura, poniendo en peligro el patrimonio genético, cultural y medioambiental de la planeta, así como la salud de las personas. Han empujado a centenas de millones de campesinos(as) a abandonar sus prácticas agrícolas tradicionales, al éxodo rural o a la emigración. Instituciones internacionales como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco Mundial y la OMC (Organización Mundial del Comercio) han aplicado estas políticas dictadas por los intereses de las empresas transnacionales y de las grandes potencias. Unos acuerdos internacionales (OMC), regionales (Acuerdo de Libre Comercio para las Americas-ALCA) o bilaterales de "libre cambio” de productos agrícolas, permiten a dichas empresas controlar el mercado globalizado de la alimentación.

La Agricultura y la alimentación no deben ser objeto mercantil y no se pueden aceptar agriculturas cuyo único objetivo es la especulación en el mercado mundial, utilizando las ayudas directas para vender los productos agrarios por debajo de los costes de producción.

Los acuerdos de la OMC no van a permitir a los campesinos de los países empobrecidos comercializar sus productos en los países del norte. Serán las empresas transnacionales las que se beneficien de los precios bajos de las materias primas.

Sabiendo a qué intereses responde la OMC, quién toma allí las decisiones y las consecuencias mundiales que están generando sus acuerdos, debemos seguir defendiendo que la agricultura salga de los acuerdos de la OMC. La OMC es una institución totalmente inadecuada para tratar los temas relativos a la alimentación y a la agricultura por lo tanto Vía Campesina quiere la OMC fuera la agricultura.

El acceso a los mercados internacionales no es el problema para los campesinos (ni del norte ni del sur). El problema de los campesinos es, ante todo, la falta de acceso a sus propios mercados locales a causa de los precios demasiado bajos para sus productos y de las prácticas de dumping a la importación a las cuales están sometidos. El acceso a los mercados internacionales concierne solamente menos del 10% de la producción mundial y además esta controlada por empresas transnacionales y las principales empresas agro-industriales.

El ejemplo de los productos tropicales es a este respecto revelador: se benefician de un acceso prácticamente libre en los países del Norte y sin embargo las familias campesinas del Sur no han obtenido beneficio ni mejora alguna de su situación.

Es necesario defender el principio de soberanía alimentaria como forma de preservar el desarrollo de los pueblos a partir de su agricultura y su alimentación.

El concepto de soberanía alimentaria fue desarrollado por Vía Campesina. Se ha convertido en un concepto básico del debate agrario internacional, incluso en el seno de las NNUU (FAO) y es una de las claves para el futuro sostenible de nuestro planeta.

El concepto de soberanía alimentaria parte del principio de que es necesario subordinar los intercambios comerciales, en particular los relacionados con la alimentación de la población, a una regulación política y no a normas puramente comerciales.

El verdadero reto no es liberalizar los intercambios agrarios mundiales, sino dar a todos los países o grupos de países la capacidad de desarrollar su autonomía alimentaria. Es necesario para ello respetar el derecho de los Estados a proteger sus agriculturas frente a importaciones no deseadas

Las barreras arancelarias son las únicas políticas agrarias que los países empobrecidos pueden poner en marcha para proteger sus agriculturas, pues carecen de recursos para implantar sistemas de ayudas directas a sus agricultores.

Además, esta política arancelaria crea menor distorsión en los mercados internacionales que el dumping, encubierto o descarado, que ocasionan las prácticas de la UE y los EEUU con sus ayudas a las exportaciones o con sus ayudas directas a los productores. Cuando las decisiones políticas consisten en sostener la renta de los productores mediante subvenciones, los países pobres no pueden competir por falta de recursos para subvencionar a sus agricultores. Bajo esas condiciones la agricultura de subsistencia desaparece ante la avalancha de importaciones de unos excedentes de los países ricos que se han colocado en el mercado internacional por debajo de los costes de producción.

En el mundo entero, importaciones agrícolas a bajo precio destruyen las economías agrícolas locales; estos productos son exportados a bajos precios gracias a prácticas de dumping. Los Estados Unidos y la Unión Europea han conseguido que la OMC apruebe una nueva práctica de dumping, que sustituye a las ayudas a la exportación, que consiste en un fuerte descenso de sus precios agrícolas compensados con ayudas directas pagadas por el Estado.

Para acabar con estas prácticas resulta imprescindible el respeto del principio de la soberanía alimentaria.

El concepto de soberanía alimentaria tiene muchos componentes:

· Es el derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos en su propio territorio, a la autosuficiencia en productos alimenticios básicos y a participar en la definición de la política agraria.

· Es el derecho de los ciudadanos a decidir lo que quieren consumir y cómo, dónde y quién lo produce.

· Es el derecho de cada país, a definir su propia política agraria y a establecer sus propios requisitos de calidad y salubridad de los alimentos, así como a exigir a las importaciones el mismo nivel de exigencia que a los productos interiores.

· Es el derecho de los campesinos a tener acceso a la tierra, al agua, a las semillas y al crédito.

· Es el derecho de los Estados o sus uniones a protegerse de las importaciones demasiado baratas, es decir, a protegerse del dumping.

· Es el reconocimiento de los derechos de los campesinos que desempeñan un papel esencial en la producción agraria, en la alimentación y en la conservación de la biodiversidad y del patrimonio cultural y natural.

· La soberanía alimentaria incluye un comercio internacional justo. La soberanía alimentaria no se opone a los intercambios sino a la prioridad dada a las exportaciones: la soberanía alimentaria permite a las poblaciones garantizar la seguridad alimentaria, intercambiando con otras regiones producciones específicas. Ahora bien, es preciso dotar a los intercambios de un nuevo marco, bajo la autoridad de las Naciones Unidas que:

· Dé prioridad a la producción local, regional antes que a la producción para la exportación,
· Autorice a los Estados/Uniones a protegerse de las importaciones a muy bajo precio,
· Autorice las ayudas publicas a los campesinos, a condición que no sirvan ni directa, ni indirectamente para exportar a precios bajos,
· Garantice una estabilidad de los precios agrícolas a nivel internacional mediante acuerdos internacionales de control de la producción.


A continuación transcribimos un texto de Jacques Berthelot publicado en Le Monde Diplomatique edición española Diciembre 2005 (8-9):

Las reglas actuales del AsA (Acuerdo sobre Agricultura del la OMC) son injustas, ya que sólo los países ricos pueden apoyar a sus agricultores mediante subsidios internos autorizados, a pesar de sus efectos de dumping y de sustitución de importaciones, mientras que, al mismo tiempo, obligan a los países pobres a reducir el único instrumento que tienen a su alcance: protegerse contra las importaciones. Por eso, la soberanía alimentaria (una protección eficaz a la importación), asociada a la prohibición de toda exportación por debajo del costo total promedio de producción sin subsidios directos e indirectos es, paradójicamente, la forma de apoyo menos proteccionista para la agricultura de todos los países.

Para incitar a Europa y EEUU a comprometerse con una política de soberanía alimentaria, la estrategia es simple: poner fin a sus trampas masivas para obligarlos, bajo la presión de sus agricultores despojados de sus subsidios, a relanzar la PAC y el Farm Bill sobre la base de precios remunerativos para los productores, lo que supone una protección eficaz a la importación.

Como este enfoque es incompatible con los objetivos de la OMC, pueden considerarse dos soluciones: o bien volver al estatuto especial de la agricultura en el GATT antes de 1995 (donde todas las formas de protección estaban autorizadas de hecho), prohibiendo, en cambio, cualquier tipo de subsidios a la exportación; o bien, preferiblemente, confiar la regulación de los intercambios agrícolas a una institución que podría ser la FAO o la UNCTAD, o incluso una institución ad hoc. Esta institución tendría la función de garantizar la coordinación internacional del control de la oferta, con el fin de evitar superproducciones estructurales, e imponer precios mínimos, especialmente para los productos tropicales.

19 de Febrero de 2006