Príncipes y mercaderes
de la biodiversidad
Silvia Ribeiro
ALAI. México DF.- Según el comisionado de las
comunidades huicholas que llegó a Curitiba para participar
en las protestas contra la tecnología Terminator, la
política internacional es como una cocina: se juntan
unos pocos en nombre de los gobiernos y, con las empresas
trasnacionales, refríen los platos que nos obligarán
a comer a todos. Si luego nos parece que está demasiado
salado, amargo o picante, es lo que único hay, nos
dicen, lo hicieron los que saben y lo tienes que comer. Muy
pocos comerán pastel, otros apenas las sobras y muchos
más seguirán con hambre.
En realidad la Organización de Naciones Unidas apenas
coloca los condimentos, tratando de hacer más digerible
el menú tóxico de la Organización Mundial
de Comercio, regado con los fluidos venenosos del Foro Mundial
del Agua y otras instituciones similares, donde ni siquiera
se usa el teatro de la democracia.
Esta vez el propio escenario hizo evidente lo que había
detrás. La octava Conferencia de las Partes del Convenio
de Diversidad Biológica (CDB) en Curitiba, Brasil,
se realizó en un local de exposiciones comerciales
llamado Expotrade. Los ministros se reunieron en los locales
de un shopping mall. Como broche de oro, el último
día de la conferencia, mientras ambientalistas denunciaban
a la prensa que los acuerdos tomados en la conferencia legitimaban
el avance de la deforestación y amenazaban la biodiversidad,
se desmontaron prematuramente las exposiciones sobre el "comercio
sustentable" de la biodiversidad - donde ONG como The
Nature Conservancy y WWF pagaron 400 dólares el metro
cuadrado para mostrar qué rentable es la biopiratería-,
porque se requería el espacio para ... ¡una exposición
de las grandes industrias madereras!
Es verdad que en estas ocasiones algunos representantes gubernamentales,
sobre todo de países del sur, se sienten incómodos:
aún les queda algo de ética y sienten que han
ido a la guerra con un tenedor. Los cuchillos largos abundan,
pero los monopolizan algunos pocos gobiernos. A las trasnacionales
les alcanza con escribir el menú y luego servirse con
la cuchara grande.
A veces los hambrientos interrumpen el festín. Hace
unos años, en Estocolmo, un grupo de punks entraron
a un lujoso restaurante y comenzaron a comerse la comida directamente
de los platos de los elegantes comensales. Algo así
les sucedió en esta conferencia a las empresas, cuando,
debido a las presiones masivas de campesinos y organizaciones
sociales sobre la conferencia, se afirmó la moratoria
contra la tecnología de las semillas suicidas.
Cuatro gobiernos se destacaron por defender abiertamente los
intereses de las trasnacionales contra el resto de la humanidad.
No sólo en el tema de Terminator, sino también
en bioseguridad, transgénicos, contra los derechos
indígenas y campesinos, contra la impunidad en la deforestación
y el saqueo de la biodiversidad. Son Canadá, Australia,
Nueva Zelanda y, por supuesto, Estados Unidos. Este último
no es miembro del CBD, pero siempre tiene quien hable por
ellos.
Por ejemplo, a nuestro comisionado huichol le parecieron mucho
más chocantes las posiciones defendidas por la delegación
de México. Lamentablemente no estaba solo, es la imagen
que quedó a todos los que estaban en la sala y fuera
de ella, en el mundo. Ya en la primera semana, durante la
conferencia sobre bioseguridad, México trancó
todo el plenario final, reabriendo, cuando ya se había
llegado a un consenso, el tema del etiquetado de las importaciones
y exportaciones de transgénicos, para conseguir que
se debilitara el etiquetado y diera mayor impunidad a la contaminación
de maíz transgénico que viene de Estados Unidos.
Según declararon a la prensa, esto le conviene al país,
porque el maíz industrial de Estados Unidos es más
barato. Que eso conlleve la ruina de los productores nacionales
y la contaminación transgénica del maíz
en su centro de origen no entra en ese cálculo.
Fue una posición coherente con la sostenida por el
secretario de la Reforma Agraria, Florencio Salazar, una semana
antes, en la Conferencia de la FAO sobre reforma agraria.
Salazar manifestó - en nombre de México- que
la soberanía alimentaría no es necesaria, ya
que era mejor si se compraban los productos en otro país
donde fueran más baratos. Tener tierra tampoco es tan
necesario para los campesinos, según el secretario.
Con darles un crédito para que planten jitomates en
invernaderos de 300 metros cuadrados, "hemos tenido muy
buenos resultados", y así no tienen que seguir
plantando maíz, en lo que son terriblemente ineficientes,
abundó.
Luego de que el secretario de la Reforma Agraria defendió
que los campesinos no necesitan tierra, y que el secretario
ejecutivo de la Comisión de Bioseguridad y Organismos
Genéticamente Modificados defendiera que no es necesaria
porque afecta los intereses económicos, parecía
que no quedaba nada por ver.
Pues en la semana que se discutió el tema de la tecnología
transgénica Terminator, un representante del Instituto
Nacional de Ecología intentó hasta el último
momento, en reunión cerrada, convencer a los países
megadiversos de que no había que oponerse a estas tecnologías.
No llegó a defender la posición en público,
porque después de una desgastante discusión
con India (que tiene prohibida Terminator a nivel nacional),
los otros países del grupo le ofrecieron sacar una
declaración contra Terminator "de todos los países
megadiversos menos México", y ante tal perspectiva
optaron por callarse.
Sería para reírse. Pero es para llorar. Ninguna
de las dos, opinó el comisionado huichol, que como
Jacinto Canek, volvió a casa a sembrar su maíz
y preparar sus propios alimentos, sin pedir permiso a nadie.
- Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC .