
Palestina, Líbano, Irak, Afganistán, Somalia,
Sudán, Uganda… Colombia. Desde las guerras que salen
cada día en las noticias, hasta las olvidadas. Todas y
cada una de ellas tienen como consecuencia la destrucción
y la muerte de millones de personas, el desplazamiento de otras
tantas; el hambre, las enfermedades, la contaminación y
destrucción de todo.
En ellas se pisotean impunemente derechos y libertades, se asesina
de forma salvaje a quienes no pueden ni quieren mirar a otro lado,
tragar bilis y seguir como si nada. Se expulsa a aquellas que
creen en eso de que otro mundo mejor es posible.
Luciano estaba entre ellas, entre las personas que luchan por
que no todo siga igual. Él sabía –como sabemos
nosotras- que entre las causas de la mayoría de esas guerras
(y de tantas que han sido y serán) están las desigualdades,
las luchas de poder por los recursos naturales o por las áreas
de influencia económicas y políticas.
Vino aquí perseguido y amenazado, pero el miedo no le tapó
la boca. Sabía que atrás quedaban muchas compañeras
y compañeros en peligro, en prisión, acusadas de
terroristas por un gobierno -el de Uribe- terrorista. Sabía
que su tiempo aquí serviría para alejarlo de las
dianas, pero también para que su voz llegase alta y clara
hasta nosotras y comprendiésemos y abriésemos los
ojos y los brazos y alzásemos las voces desde aquí.
Su asesinato nos hizo ver más claro aún. Ya no eran
miles de rostros sin nombre como los de los telediarios y las
estadísticas. Eran una cara y una voz conocidas, familiares
y cercanas.
Era Luciano, que nunca se nos olvide.
Ni él ni las miles de personas como él.
Cambalache
No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.
No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.
No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.
(…)
No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.
(…)
No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO...
Ángela Figuera Aymerich
NO QUEREMOS OLVIDAR A LUCIANO
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