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3ª
Sesión. Solución
Política
Colombia
Entidades sociales españolas
y europeas piden una solución política al conflicto
social y armado
La
ciudad de Oviedo, en Asturias, acogió los días
20 y 21 de octubre un encuentro por el diálogo, la justicia
y la paz en Colombia al que asistieron Víctor G. Ricardo,
ex Alto Comisionado para la Paz durante el gobierno de Pastrana;
Ángela María Giraldo, consejera de Paz del gobierno
del departamento de El Valle del Cauca; Carlos Lozano, director
del semanario Voz, y miembro de la “Comisión de
Notables” en el proceso de conversaciones gobierno-guerrilla
del Caguán; Darío Echeverri, secretario de la
Comisión de Conciliación; Carlos Alberto Ruiz,
ex.asesor de la Comisión de Humanización del Conflicto,
y Yago Pico de Coaña, ex embajador de España en
Colombia. Como resultado del mismo se aprobaron los siguientes
documentos:
1.- Solución política
al conflicto social y armado
El largo conflicto social, político y militar que padece
Colombia originado en la inequitativa distribución de
la riqueza, la tierra y el ingreso, y en el uso de la violencia
como mecanismo para resolver las contradicciones resultantes,
se ha convertido en la principal amenaza para el derecho a la
vida, a la dignidad y al disfrute cabal de los derechos económicos,
sociales y culturales contemplado ampliamente en la Constitución
Política de 1991.
Casi 60 años después de iniciada la última
etapa de la violencia, la sociedad colombiana da claras muestras
de estar saturada por los altos niveles de pobreza, violencia
y por la barbarie con la degradación del conflicto militar,
y viene expresando inequívocamente su anhelo de lograr
pronto una paz negociada.
Sin embargo este anhelo tiene obstáculos:
-
La falta de voluntad política -expresada
en el doble discurso, la doble agenda, hablar de paz y prepararse
para escalar la guerra- y el militarismo que pretende pacificación
y se opone con actos muy calculados de sabotaje al diálogo
para la paz.
-
La destrucción del estado de derecho
y la paramilitarización de la vida en las regiones
y ahora en las ciudades donde se controla con las armas a
la oposición.
-
El negacionismo que pretende ignorar la existencia
del conflicto para evitar compromisos con el cumplimiento
del Derecho Internacional Humanitario, la negación
del estatus político a la insurgencia, y la necesidad
de buscar soluciones distintas a la guerra.
-
El reduccionismo de conflicto al problema militar
desconociendo el conflicto social, su extensión y sus
propuestas.
-
La insistencia del gobierno en la vía
militar a pesar del evidente fracaso del plan Colombia con
enormes inversiones en material bélico y pie de fuerza
mientras se abandonan las responsabilidades sociales del estado
-
La realidad de que la guerra deja ganancias
a sectores del empresariado nacional e internacional interesados,
además, en una paz gratuita donde sus privilegios no
se toquen, antes pretenden tratados comerciales que incrementarían
la miseria y la exclusión social.
-
La influencia del narcotráfico en la
dinámica del conflicto militar y su presencia en los
escenarios políticos, así como el copamiento
de poderes públicos por los paramilitares en algunas
regiones.
-
La persistencia del paramilitarismo y su relación
directa con la fuerza pública, su papel en la política
de exterminio de la oposición social y política
y en la contrarreforma agraria que se extendió con
violencia por todo el país.
-
La extradición de guerrilleros a los
Estados Unidos, que da al gobierno de ese país otra
baza para seguir su injerencia en el conflicto interno colombiano
y en el urgente intercambio humanitario.
-
La existencia de presos políticos que
son defensores de los derechos humanos, no son combatientes
pero reciben trato de delincuentes y largas permanencias en
cárcel mediante montajes judiciales.
-
Las acciones armadas entre fuerzas insurgentes
y la extensión de esa confrontación a los líderes
sociales en algunas regiones.
-
La polarización de la sociedad impulsada
por los medios de comunicación propiedad de los grandes
grupos económicos, el mesianismo y la falta de seriedad
del ejecutivo con anuncios contradictorios a diario, y la
radicalidad ideológica de la oposición.
-
La impunidad estructural, la perspectiva de
que no se reconozcan los derechos de las victimas a la verdad,
justicia y reparación.
-
La imposibilidad actual para el retorno seguro
y digno de millones de refugiados internos que de continuar
tiene ribetes de limpieza social; esto se agrava con la perspectiva
de legalización a los empresarios palmeros y latifundistas
por ley del congreso nacional en curso.
-
Las violaciones del Derecho Internacional Humanitario
con minas antipersona, reclutamiento de menores, toma de rehenes,
uso de armas no convencionales, ejecuciones extrajudiciales,
secuestro y desaparición forzada.
-
La pregunta que ronda de hasta dónde
hay disponibilidad real de ceder parte del poder, esto apunta
a ver las posibilidades reales de paz negociada, si los grandes
grupos económicos están dispuestos a tocar sus
propiedades, como es el caso de las tierras. y a la predistribución
de rentas e ingresos.
También
hay acumulados, oportunidades, otros retos que son primero responsabilidad
del Estado, del gobierno, las instituciones y luego de la sociedad
comenzando por los dueños de la economía, las
tierras, el poder, pasando por la creación del espacio
necesario para que las organizaciones sociales puedan ser, sin
que su accionar y sus propuestas puedan ser estigmatizadas y
exterminadas.
La ley fue después del conflicto y éste no ha
sido superado y tiene como única salida la negociación
política, el dialogo productivo que supere lo instrumental
y aborde las reformas estructurales que se quedaron en la agenda
por provocaciones inoportunas e interesadas en que no se aborden.
Concientes de la paz no se decreta, se construye, hace falta
una política de estado para la paz que supere la temporalidad
de los gobiernos, y pasa por reconocer el estatus político
al contradictor armado.
Haría falta una comisión de paz vinculante con
poderes reales, que tenga efectos materiales concretos en las
causas del conflicto y en el seguimiento de los acuerdos.
Una vía la más expedita es la de establecer una
zona de encuentro con mínimas reglas para conversar y
concretar el intercambio, lo que generaría un clima favorable
para sentar bases de cara a una solución negociada, comenzando
por un cese bilateral del fuego que permita la expresión
social y la visibilización del consenso social que tiene
la paz negociada.
Es importante recoger la experiencia de otros procesos en varios
países teniendo en cuenta que en Colombia no será
posible ni es deseable par una paz duradera concebida como mera
dejación de armas o simple desmovilización de
combatientes sin abordar ni resolver las causas originarias
del conflicto.
Las comunidades levantan experiencias de resistencia civil popular
en territorios con mecanismos como las zonas humanitarias donde
ejercen el derecho a tener un modelo de sociedad diferente,
con derecho a la tierra, sin motocultivos, sin paramilitares
que estorban procesos democráticos y autónomos
de las comunidades y sin actores armados incluida la fuerza
pública.
Las comunidades en movimiento aportarían a la construcción
de nuevas identidades, resistencias, formas de sobrevivir y
de ocupar ordenadamente el territorio, escuelas de reconciliación
y de generación de dinámicas urbano-rurales muy
interesantes.
Colombia tiene un acervo de paz en sus organizaciones sociales
que le dan contenido a los anhelos de solución negociada
a pesar de las persecuciones, la estigmatización y la
negación de sus agendas.
La población tiene mucho tiene que decir en materia de
establecer la verdad de lo que ha ocurrido, de lo que sigue
pasando e ir a fondo en las responsabilidades empezando por
las del Estado y su agentes. La verdad es la base de la justicia
y de la reparación integral.
La existencia de agendas que apuntan a resolver problemas estructurales
como la reforma agraria integral, el respeto a las comunidades
y sus territorios, la devolución de las tierras usurpadas
a los desplazados, el reconocimiento del derecho al retorno
con garantías de no repetición del desplazamiento.
Estas reformas estructurales que están contenidas en
la agenda común acordada en El Caguán y las propuestas
de las organizaciones sociales que de aplicarse llevarían
el estado a las comunidades donde ha estado ausente, y sería
un estado reformado por la apertura democrática y por
la redistribución económica.
Es necesario impulsar la Comisión Ética para afirmar
el derecho a tener memoria y en 10 años recuperar la
historia actual.
Se trata de construir estado social de derecho y democracia
real desde la experiencia y la participación de la población
que ya avanza en construcciones de economías y sociedades
locales autogestionarias y autosostenibles.
Es un proceso largo que parte de un pacto de paz, no de un decreto,
sino de un proceso que debe tener mecanismos como el cese al
fuego para dar mejor ambiente a las conversaciones sobre los
grandes temas de las transformaciones sociales.
La comunidad internacional está llamada a apoyar el mantenimiento
de la oficina de la ONU para los derechos humanos en Colombia
con su mandato integral de monitoreo, informes y asesoría,
su papel de mediador y garante.
Estimular que la comunidad internacional participe en opciones
de paz, no de guerra, y en el seguimiento a temas como el intercambio
humanitario, el canje, y estimule caminos de diálogo
hacia una paz negociada y gestione los cambios necesarios en
las llamadas listas negras para que la insurgencia pueda enviar
sus delegados a estos espacios de conversación política
y de búsqueda de la paz negociada.
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